Patrimonio público, no político

Saber es bueno. Todos queremos saber, pero hay todavía por esos mundos gente atrevida y malintencionada que lo confunden todo, que opinan sin saber, a ver qué pasa, por decir algo, y así uno se va encontrando con pueblos que no están donde dicen, con lugares a los que se les atribuye servicios que no dispensan y apelativos que rompen el concepto mágico que estos lugares atesoran para quienes tuvimos la suerte de corretear por ellos.






Una de estas perlas la encuentro cuando buscaba información en la web sobre San Salvador, “San Salvador tiene un apellido –Cantamuda– que ha dado pie a algunas de las leyendas más zarrapastrosas de nuestro acervo popular. Así que mejor no seguir por esa senda”.

Seguramente no se lo contaron bien, o no puso el mínimo interés, o el tío confunde leyenda con historia, que la historia habla de “cantamuga”, como término, mojón, y eso es en definitiva lo que marca su verdadero origen.

En Mayo de 2005, la Diputación provincial hace público un informe donde se menciona el expolio de diversos bienes patrimoniales de la provincia, invitando a los alcaldes de las localidades afectadas a reclamarlos.

Curiosamente, desde Aguilar, en anteriores legislaturas ya se pidió al Museo Arqueológico Nacional la devolución de los capiteles y sepulcros del Monasterio de Santa María la Real. Otras localidades como Santibáñez de Ecla y de la Peña no se pronunciaron en aquel momento sobre documentos y tallas de sus Monasterios de San Andrés de Arroyo y San Román de la Cuba.

Allí se cita Lebanza, más en concreto La Abadía, lugar fundado por los condes Alfonso y Justa en el año 932. La primera lectura que extraigo habla de Don Raimundo, el primer conde episcopal de La Pernía, quien manda levantar un edificio románico en el siglo XII. Sabemos que en 1185 el conde Rodrigo de Gustios restauró el monasterio original que se utilizaría como residencia y seminario.

Pero es en el siglo XVIII, durante un viaje de control al Canal de Castilla, cuando Carlos III encomienda la construcción del cenobio al arquitecto Francisco Sabatini y en cuya iglesia interviene el turinés Francisco Valzania. Según los eruditos, se da en este escondido lugar una de las obras más notables de aquel siglo en nuestra comunidad. Quienes interpretan esta segunda lectura, mencionan un par de vistosos capiteles incorporados por Valzania al panteón de la Iglesia, uno representando al Salvador y el otro a las tres Marías, y añade que fueron vendidos por el dueño de la finca en 1927, exponiéndose luego en la universidad americana.

No sé por qué motivo los responsables del Organismo palentino lo publican y hacen la invitación correspondiente para recuperarlo. Tampoco tiene que haber motivo especial para reclamar uno aquello que nos perteneció y ahora se muestra en otros lugares. El alcalde de Aguilar lo interpreta en aquel momento como una iniciativa para desgastar al Gobierno. ¡Pobre pueblo¡ Los políticos, en general, no entienden esa parte de la Constitución donde se dice que el poder reside en el pueblo y que a ellos se les otorga el mando temporalmente para que, entre otras cosas, protegan, restauren y rescaten el patrimonio. ¿No reclamaron los demás los Archivos de Salamanca? ¿No se los hemos entregado?

Pues con la lección bien aprendida, que nos devuelvan lo que es nuestro y que paguen por venir a admirarlo.

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