Cuestión de carácter


Cuando el presidente de una gran cadena de establecimientos recurrió a la fábula de la rana y el escorpión, pensé inmediatamente en trasladársela a ustedes para dibujar la situación que padecemos, que amenaza con encallar ese inmenso barco de ilusiones que durante los últimos años hemos venido manejando. Cuentan que una rana y un escorpión se encontraron un día a la orilla del río. Los dos querían cruzarlo. El escorpión no sabía nadar, pero le ofreció protección a la rana para que le ayudara.


—¿Cómo sé que no me picarás mientras cruzamos el río? —le preguntó la temerosa dama.
—Pues, muy sencillo –respondió el escorpión–. Yo no sé nadar y si te picara moriríamos los dos.

La rana, convencida, dejó que el escorpión se subiera encima y comenzaron a cruzar el río. Hacia la mitad del recorrido, el escorpión clavó el aguijón en el cuerpo de su portadora, que incrédula, mirándole, acertó a exclamar:

—¿Por qué lo has hecho, si sabes que tú también morirás? Y el escorpión le contestó:
—Porque soy así. Es mi carácter.

Aunque no comulgo con los técnicos, he de confesar que las explicaciones que maneja Fernando García me han dejado de piedra y no parece descabellado aventurar que todas esas asociaciones (escorpiones al efecto que aquí procuro) morirán sin haber cumplido su objetivo, que parece parte del carácter de este pueblo.

Cuando se ha venido avanzando a buen ritmo en el asunto turístico, nadie piensa en el fracaso, pero hemos de reconocer que hay un riesgo, como en cualquier empresa, y que el riesgo se multiplica a la par que van creciendo los intereses y los interesados.

He tomado un respiro. He buscado en estas páginas una respuesta a las duras acusaciones de quien fuera gerente del Consorcio, que trata a Acade de alimaña, de infiltrado nefasto, acusando a la mencionada asociación de un carácter desestabilizador que no puedo entender por más que lo procure. Porque, por muchos intereses creados que se susciten, por más politicastros que se infiltren, más allá de todos los intereses personales que pudieran mover a la asociación (niña bonita del organismo provincial presidido por Mañueco), me parece exagerado pensar que Acade haya pretendido con su actuación desmontar la imagen que estaba ofertando de nuestra Montaña. Que me lo expliquen. Que lo desmientan. Ya sabemos que la política es el arte de enredar las cosas, porque existe la política, se respira por la política, esperamos que la política nos resuelva lo que se hubiera zanjado una tarde en Concejo, que era otra forma de hacer política más cercana, donde no había siglas, ni apoderados, ni presidentes...

Digo yo que los representantes mirarán mucho en estos días al pueblo para ofrecerle otra vez suculentos manjares y que, el pueblo, ¿aprendida la lección? Les mostrará los dientes y las uñas. Siempre decimos que no se logra nada, pero por experiencia –cuando alguien con razón nos echa el rapapolvo– algo se mueve en nuestro interior, y de la misma forma entendemos que ello conduce por otros derroteros la perorata de aquellos representantes que se limitan a buscar su asiento en la política sin mirar después el cumplimiento de sus promesas.

En el fondo, también al pueblo le vienen bien estas convocatorias para gritarle a sus alcaldes que cambien, que se muevan, que se unan, que busquen soluciones a este paulatino deterioro; que revisen la viga de sus ojos, porque hay una estridencia que nos pega en la cara: no podemos buscar fuera ( hermanamiento con otros pueblos, que es bonito) lo que estamos rechazando dentro.

Aquellos “escorpiones” que llegan al poder, aquellos que asumen la tremenda responsabilidad de defender los intereses de “la rana” (el pueblo que los elige y que los teme), a veces se desvían tanto de los propósitos para los que fueron llamados, pasean tan gratuitamente el bastón de mando que les dejaron que, aunque deban sufrir los aguijones de la parte contraria, puede mas, en muchas ocasiones, la satisfacción de verse agasajados.

Nos encontramos de ese modo en una encrucijada. Somo como la rana de la fábula llevando sobre nuestras espaldas a los escorpiones, hoy curiosamente erigidos en representantes y defensores nuestros. Su carácter no les permite retroceder. Agarrados a ese bastón de mando que les dimos se permiten el lujo de rechazar fusiones que el pueblo necesita para fortalecer su posición y es un hecho evidente que nos están clavando su aguijón a sabiendas de que morirán si morimos nosotros.

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