Ahora toca despoblarse


Revisando escritos de otras gentes, he visto mencionada muchas veces la obra de Barrio y Mier. En ella se citan los enclaves y la situación de muchos pueblos desaparecidos; los monasterios, las ventas, alguna Casa de Misericordia.


El político de Verdeña describe en algunos casos lo que el boca a boca ha difundido, porque ya entonces hay costumbres e historias que deben intuírse, y que sólo la sagaz mirada de algunos historiadores posteriores puede atraverse a imaginar muchos años más tarde.

Porque hubo aquí un orígen que nadie puede precisar.

Después de viajar con todos los sentidos alerta por la historia de nuestra tierra, una tierra de raíces tan profundas y matices tan ricos, como ellos, sólo acierto a intuir una pequeña parte de aquellos momentos donde se va escribiendo el despertar de cada pueblo.

Junto a la historia que no vimos, junto a la historia que los antepasados se vieron obligados a escribir, al extremo de sus fuerzas, en condiciones tan adversas, nos llega fresca todavía la que vivieron nuestros parientes más cercanos, escenas que alcanzamos a ver nosotros y, en algunos casos, a vivir, no siempre preparados. Empujados por las circunstancias, llámese orografía, llámese distancia, también nos equivocamos a veces interpretándolas, asumiendo la historia cada uno para sus adentros con matices que, de haber sido descubiertos temprano, acaso hubieran evitado la muerte prematura de muchos pueblos.

Pero la vida cambia, cambian las costumbres y, aunque se vislumbre un repunte del regreso anunciado por muchas personas que quieren huir de la masificación, del stress de la ciudad, del feroz consumismo, hay un desfase total entre lo que allí se nos muestra y lo que aquí ni siquera se percibe en su modo más básico.

Aunque en algunos aspectos, como la misma leyenda de “Viarce”, donde nuestro paisano describe un milagro, no han de ser tomados al pie de la letra, la “despoblación de Carracedo” es un síntoma claro de lo que ahora se está viviendo en la montaña palentina.

Se pensó en el turismo como un revulsivo a este fenómeno que no ha cesado desde el cierre paulatino de las explotaciones de carbón. Y durante algún tiempo se habilitaron espacios y con esa perspectiva se fueron abriendo nuevas casas. Hasta la “Venta Morena”, en otro tiempo “Del Esgovio”, se recuperó, de manera que, donde antaño buscaban refugio y descanso los carreteros, sirve ahora para el encuentro con otras gentes de la zona o la degustación de un plato típico. Pero de la explosión a la caída. No es la panacea que augurábamos. El repunte y el mantenimiento de muchos de estos pueblos, sigue latiendo bajo mínimos.

Hace 25 años, pueblos como Polentinos, Lores y Celada, mantenían una población que permitía dedicarle una mirada esperanzada al futuro. Pero en estos tiempos, una carcoma acelerada está poniendo fin a nuestros sueños. Ni las instituciones, ni los expertos han sabido detenerla a tiempo y, salvo esa visita ocasional o temporal, no queda nada.

Todo apunta a un lento e inexorable fin. Aquellas bellas historias de los repobladores Sisnando y Guiduigia, el abad Vítulo, el obispo Juan, los foramontanos... volverán acaso a retomarse algún día en otros lugares que parecen puestos allí para salvarnos o, para alargarnos la visión o la vida. Nada de cuanto las autoridades hacen ahora para salvarlos, me permite hoy ser optimista.

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Guardo