Farmacias de Guardia

A nadie se le escapa que estáis librando una batalla perdida de antemano, la lucha contra la despoblación. Aquí no sirven ya paños calientes. Es una muerte lenta, que avanza inexorable, que recibiréis en soledad, y nadie pondrá un remedio eficaz para detenerla. Es más, vais asistiendo al cierre de las escuelas, de los Centros de Salud y ahora de las farmacias, que empezarán cerrando por la noche y terminarán cerrando por el día.


Frente a tanta gente que prometió defenderos, y que os defendieron mientras llenaron las alforjas, sólo queda una tierra preciosa, que vivió feliz cuando lo poco era bastante y empezó a morir a medida que los hijos se fueron buscando los horizontes de ciudad que venían con tantos auspicios de futuro.
Sn recursos, lejos de unos gestores que movieran aquello, agotadas sus minas, diezmada su ganadería, los pueblos siguen año tras año cerrando casas. No hay esperanza de un resurgimiento a corto plazo.  Y es ahora cuando alguno levanta la cabeza sorprendido del silencio que impera en la administración regional. ¿Ustedes oyen algún grito? ¿Creen ustedes que aquellos en quienes confiaron vendrán a poner la solución a estas pequeñas cosas que son las que están matando a nuestros pueblos?

Ellos saben de sobra que una solución pasa por enviar a los médicos de lunes a viernes a varios centros de salud a punto de cerrarse.

Una embotelladora de agua, de una calidad extraordinaria, en la que tanto dinero del contribuyente invitió la Junta y que ahora, por otro lado, desde otra institución se la prohibe hacer movimientos, abocada al cierre definitivamente. Con una mano te lo dan y con otra te lo quitan.

¿Ustedes no creen que los diputados deberían pagar una sonada multa por mantener en este estado durante medio siglo las carreteras que sirven para comunicarse y adquirir víveres? Pues el siguiente paso, acabar con las farmacias de guardia. Sí, cabe una solución, que en los Centros de Salud medianamente equipados, como es el de Cervera, se habilite una farmacia para que al menos los ciudadanos que alli siguen resistiendo contra todo pronóstico, encuentren el fármaco que puede devolverlos a esta guerra.

Pero seguro que eso tampoco lo arreglarán. No malgasten sus gritos, que ya verán que esto es una guerra perdida y aquí la belleza de la que se jactan, los carteles que anuncian nuestro patrimonio, las medidas que estudian... todo llega excesivamente tarde como para detener esta desigual guerra que acaba con los pueblos.

Para la sección "La Madeja", @Marzo de 2017

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