El gentilicio montañés


En 1833, bajo la regencia de María Cristina y siendo ministro Javier de Burgos, Cantabria pasa a ser provincia con el nombre de Santander y a incluirse en la región de Castilla la Vieja junto con Burgos, Logroño (La Rioja), Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia. Ciento cincuenta años después, en 1980 recobra con las Autonomías el nombre con el que ahora se la conoce.


Para los estudiosos cántabros, el gentilicio “montañés”, desde hace más de un siglo, se entiende referido a la antigua provincia de Santander.

La montaña en los siglos pasados no constituye ninguna demarcación territorial, no es territorio administrativo, es una especie de fórmula hecha al azar, apoyada en el sentimiento, cuyos límites coinciden con la Cantabria romana o el territorio medieval “Peñas Amaya fasta el mar”, entonces constituido por las primitivas merindades de Asturias, Santillana, Vecio, Castilla la Vieja, Aguilar de Campoó y la nuestra de Liébana y Pernía.

Lo curioso es que el término “Montaña” lo manejan ellos de otro modo, haciéndolo más suyo, sirvan como prueba las “actas de las Juntas de Puente de San Miguel”, donde se alude a “este país de la montaña”. La Casa de Juntas se encuentra en Puente de San Miguel, antes Bárcena de la Puente y estaba abierta mediante tornos al este y al sur (solano y ábrego) para facilitar a los habitantes del lugar el seguimiento de los debates, y cerrada en su parte norte y oeste (cierzo y regañón). Presidían las reuniones o las Juntas el Diputado General, el Alcalde Mayor y el Alcalde de Reocín.

Por otro lado, cuando en México se cita a los montañeses emigrados en el siglo XVIII, se dice que son “de la nación de la montaña”. Los términos de “País” o “Nación”, no implicaban un sentimiento independentista que es como se entiende hoy día en otros puntos de la geografía. Un montañés de México, al mencionar su “Nación de la montaña”, añade que sus paisanos son “verdaderos españoles”.

A fuerza de uso, con los cambios experimentados en las últimas décadas, lo estamos haciendo también nuestro y ya se habla en los distintos medios del territorio de “La montaña palentina”.

Ese mismo concepto se maneja en la zona de estudio con frecuencia. En el Catálogo Monumental de la Provincia de Palencia (1939), en la página dedicada a Celada de Roblecedo, se dice: “Forma Celada parte del País llamado La Pernía”.

Pero lo cierto es que en aquel momento de la historia, se margina de ese gentilicio a aquellos valles que a partir de entonces se llamarán burgaleses, asturianos y palentinos.

Por otro lado, en Cantabria, diversos sectores expresaron su malestar cuando el Estado planeaba a principios del siglo XX una división administrativa: incluso, en 1936, los Republicanos santanderinos pretendían un Estatuto de Autonomía para Cantabria, donde se hablaba de incorporar a la misma municipios que están en provincias limítrofes y que se consideran cántabros.

Imagen: Escuela de niños de Casavegas, en 1928

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