Los céntimos de Fontaneda

En la correspondencia que mantienen nuestros pueblos con la familia Fontaneda en los albores del pasado siglo, se encuentra también una buena muestra de la historia del comercio en aquellos tiempos.

 

El 25 de abril de 1924, desde Fontaneda se le remite una carta a Don Vicente Llorente, que regentaba en Vañes una tienda de comestibles, anunciándole que ya disponen de jabón “toral” en trozos de 460 grs. Y que la caja de cien se la cederán al precio de cincuenta y siete pesetas.
“Mucho celebraré verme favorecido por sus gratos encargos”

Ese mismo año, desde La Venta Urbaneja, se pide a la empresa les confirmen si tienen treinta sacos de un producto que necesitan, “para telegrafiar a Isidro, el carretero de Cervera, que vaya y se los carguen”.

Ya con anterioridad, en una carta fechada en la Abadía en el mes de Noviembre de 1918, Raimundo Blanco responde a alguna misiva del empresario aguilarense en la que le cita las 890 pesetas recibidas en valores declarados. “Me extraña diga en la suya que le envíe lo antes posible el pedido de alubias; digo esto porque no hay ya alubias en casa y entendí a mi cuñado que no se las podía ceder a usted al mismo precio que las primeras y se las vendió a otro”.
En la misiva se da cuenta de un error “al cargar en la factura, en vez de 16 pesetas, como usted dice, veinte, según lista que tengo yo a la vista”.

Uno lee las cartas, las relee, se detiene sorprendido ante las preocupaciones que los errores de los contables de aquel tiempo provocan en los comerciantes de estos pueblos. No hemos de pasar por alto tampoco el momento que viven aquellas gentes, para quienes unos céntimos reclamados injústamente –según se desprende por las cartas– tanto daño implicaban.
En Octubre de 1918, Manuel Gómez, de San Salvador de Cantamuda, remite una carta a Fontaneda para recordarle que se le cobran cuatro arrobas y media de fideos y al abrir la caja sólo encuentra media.

En Agosto de 1923, el vecino de Areños, Ceferino Diez, escribe indignado a los hijos de Eugenio Fontaneda:
“En este momento recibo la suya por la cual he recibido grandes molestias, por cuanto estoy segurísimo que no le debo cinco céntimos, pues tiene que ser un error muy grande suyo, puesto que hace doce años que no le compro”.

Ya en 1912, a Gregorio Duque, vecino del mismo pueblo, se le venía reclamando una cantidad que según sus cuentas no adeudaba y se le sirvieron dos fanegas de garbanzos un real más caro del precio convenido.

Por esas mismas fechas, al vecino de Camasobres Francisco García le reclaman ocho pesetas, cuando, asegura, no le debe nada y siempre le ha pagado al contado. El hombre parece tan seguro que invita al empresario a que pregunte al público por su criterio, emplazándole para el día de la Feria de Cervera.

Para quienes me siguen en los foros y en el diario digital, decirles que hasta aquí ha llegado el adelanto de nuestra historia, que es la suya.

Una historia intensa y sorprendente que iremos puliendo y ampliando en sucesivas ediciones. Los editores están trabajando estos días para que el libro sea una realidad en los primeros meses de verano.

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