Pequeños dioses

Mi memoria es muy limitada, se me pone el corazón a mil por hora aunque haya pisado un montón de veces los escenarios y no entiendo para nada esa superioridad que manifiestan tantos hombres y mujeres. En un mundo donde circulan millones de historias cada día, nuestro conocimiento es tan limitado que no debiéramos mostrarnos como abanderados, capitanes o expertos ni tan siquiera de uno solo.



Concibo este capítulo como un recuerdo hacia muchas de esas personas que no conocí, esas gentes de las que te hablan otros por recuerdos de terceros, lo que viene a ser una especie de álbum con rostros, sin nombre, donde vas anotando las impresiones que te causan a primera vista, la que vale a veces, pero no siempre; la que tienes de los viejos montañeses, que es la que te han contado y que, según las versiones, viene corregida, aumentada, distorsionada en ocasiones, según y cómo quien la cuente.

Antxón Urrosolo, periodista menudo, que durante varios años firmó en las páginas del Grupo Correo entrevistas y reportajes a personajes curiosos, y que llegó a saborear su propio programa en la primera de televisión española (hasta el día en que Francisco Umbral fue vituperado por una invitada y se armó la gorda), reaparece ahora en la edición del País Vasco del diario "El País" con una sección titulada "Personajes insólitos".

Segundo Villarías es el Alonso Quijano de una de sus historias. Antiguo y próspero empresario de mármoles, decidió desprenderse de sus bienes, convencido de que el dinero no tendría valor en un mundo dominado por los inteligentes, lo que –presume Antón– debió alarmar a familiares, herederos y deudos en general.

El marmolista, convencido de sus teorías, decidió erigirse un monumento a sí mismo e instalarlo en el alto burgalés de "La Mazorra". Se trata de una estatua de mármol en la que un tipo desconocido eleva los ojos al cielo mientras sostiene un frutero vació. El periodista vasco afirma que "Villarías, desde la inmortalidad, espera que llegue el momento en el que reine el derecho a la pereza, en un mundo sin amos ni cardenales, sin armas ni dinero, sin patrias ni parias..., en un país gobernado justamente por un primer mandatario mundial conocido como "El inteligente" y auxiliado por un amplio consejo de inventores, soñadores, visionarios y sabios que vendrían a reemplazar a políticos, consejeros, ministros, portavoces....etc.

Un lector que sigue fielmente esta segunda etapa de "Vuelta a los orígenes", hace un ligero repaso a los personajes curiosos que, por su forma de ser, por sus logros, por sus excentricidades o locuras, ocupan hoy un lugar destacado en la memoria de los montañeses. El lector cita, efectivamente, a personajes populares como "el dios" de San Salvador, el "zorro" de Verdeña, Pedro "leyes" de Camasobres, el capador Oliva, El Resiste, Manolo Nestar, Mariano Doce...

Pedro "leyes" fue el hombre solo y llegué a tiempo de oir sus peroratas, allá, cerca del puerto, llenas por otro lado de una rancia y estilizada sabiduría. Si como dice alguno, la mitad de un hombre es su expresión, el "zorro" era todo expresión: inquieto, activo, un inmenso anecdotario que tocaremos otro día.

Y, desde luego, llegué a tiempo de conocer al "dios"de San Salvador, sabio apodo para un perniano que, sin erigirse un monumento en el puerto de Piedrasluengas, al estilo de Villarías, soñó con un mundo mejor:

"Yo mismo, que soy perniano,
aunque me sea feo el decirlo,
llegaré a Presidente 
en el Consejo de Ministros, 
de un barrio de Cantarranas,
o un barrio de los Cossíos, 
o de un barrio de La Campa, 
La Urbaneja o El Molino...

Debo reconocer que aquellos versos salieron de una entrevista a traición, como las que ahora desatan las polémicas en las televisiones privadas, alimentando así el morbo de la ciudad, los desmentidos de los protagonistas, la fiebre de un amarillismo que rebosa con creces la paciencia de cualquiera.

Lo cierto es que, sabiendo lo reacio que era a las entrevistas, metí en un bolso la grabadora que puse en marcha así que traspasé el umbral de su puerta, y lo demás fue coser y cantar. Salió a flote el artista, el poeta, el publicista, el "dios" que era.

El sábado, 23 de Julio de 1983, bajo el título de "El sueño de un perniano" y ocupando dos páginas completas veía la luz en el diario "Noticias de Palencia".

Fue la historia robada de un hombre que apuró los días gobernado por una gran cadena en la que pudimos reflejarnos los que llegamos a tiempo. Sueños e historias que nos hacen ver la vida de otro modo a quienes pasamos por ella como meros y sorprendidos espectadores.

"Y ahora, con las nuevas leyes, 
si nos dan la Autonomía
como a Gallegos y a Vascos,
arreglaremos Pernía.

Pero, para repoblarla, 
lo que sería bonito, 
no hacer grandes las ciudades, 
sino barrios, muchos barrios pequeñitos..."

De la sección Las Gentes en "Diario Palentino" 12/06/2004

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