Lo mejor de los demás

Cuando alguien nos defrauda, por la razón que sea, aunque sea por una razón muy personal y en cierta medida justificada, tendemos a olvidar todas las cosas buenas que recibimos de ella. No importa que nos cayera bien, que nos cuidara divinamente durante años. Basta un día malo para mezclarlo todo y romper de una tirada todo aquello que nos mantenía unidos.

 

Buscando argumentos para esta entrada sobre la convivencia, planteada por dos blogueros inquietos y altruístas como José A. Senovilla y Angel Cabrera, me vienen a la memoria muchas escenas vividas en una residencia de ancianos en la que trabajé unos meses a mediados de este año. Allí se necesita, más que en ningún otro lugar, la comprensión y la ayuda de todos. Los ancianos entre sí; los asistentes entre ellos y hacia las personas a las que cuidan... Y en qué medida tan escueta nos entregamos todos, bien por la presión de nuestro trabajo, bien por la prisa que parece contagiarse en los ancianos, que todo lo quieren al momento... Uno aprovecha lo mejor de los demás, lo mejor de uno mismo, ya sea en los métodos de trabajo: cómo mover con más seguridad a una persona dependiente, cómo tranquilizar a otro, cómo mediar con tino en un conflicto, ya sea en la buena sintonía de los usuarios cuando relatan retazos de sus vidas, donde sienta mejor una conversación que un medicamento y cómo influye para su motivación.

Y es que los demás, con sus vidas distintas, están hechos a imagen y semejanza nuestra -o al revés-. Piensan diferente, pero hay muchas semejanzas ante el dolor, ante el amor.

La convivencia exige un equilibrio y suele ocurrir que recibimos según damos. A veces, el premio o la compensación se hacen de rogar, como si alguien tirase del otro lado de la cuerda para impedir que se manifieste, como si alguien fuera juez y parte de eso que se nos niega… Hay días que vemos enemigos por todas partes. Enemigos a los que no conocemos, que no han tenido la oportunidad de conocernos, salvo por referencia de terceros que se creyeron todo lo que dijeron de nosotros sin molestarse en deshacer cara a cara el entuerto.

Uno ha de abrir bien los ojos y el corazón. Tomar lo mejor de los demás.. Dar lo mejor de uno mismo.


@Diario Palentino, Nueva Época, 2010

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