El Condado de Pernía

El pasado mes de agosto tuve la ocasión de saludar personalmente a Valentín Ruesga Herreros. Llegaba acompañado de su hermano Laurentino, ambos nacidos en el pueblo de El Campo. Los dos profundos conocedores del devenir de estas comarcas, en cuyos apuntes y trabajos están documentados varios capítulos de mi último libro.




Laurentino es autor de “Las leyendas del lago Curavacas”, publicado en el núm.68 de la Tello Téllez y del trabajo “Por la Cantabria romana de Vellica a Cantabria” publicado en Altamira en 2007. Valentín ha escrito poco pero se ha documentado en todo lo que hace referencia al pueblo de “El Campo”. En una de las fotografías remitidas por él para este trabajo, se puede ver a varios hombres sujetando a dos toros en un círculo. Era tradición que los toros de este pueblo se enfrentasen a los de la vecina localidad de Lebanza en el paraje de “El Cuquillo”. Fue precisamente Valentín el lector intrigado por la doble titularidad del Condado de Pernía.

Desde mediados del siglo XII existían en este lugar pueblos e iglesias bajo el señorío temporal de los obispos de Palencia y al mismo tiempo pueblos bajo el señorío laico. Dos títulos diferentes, uno concedido a los obispos por Juan II en 1410 y el otro creado en 1718 por Luis de Pernía y sus descendientes. Barrio y Mier aborda este asunto con cautela en el manuscrito que daba a conocer oportunamente el académico Santiago Francia. Al hablar de Munio Gómez y de Rodrígo Bustios, que existieron, que fueron condes, y que dominaron de alguna forma estas comarcas, aclara que no hay ningún documento donde se les cite exprèsamente como condes de pernía. Una cosa es el señorío jurisdiccional sobre un territorio y otra la concesión de un título nobiliario anejo al mismo señorío, aspecto este último que para nuestro paisano carece de fundamento.

El citado condado tenía su capital en la villa de San Salvador y de los pueblos dependientes de su jurisdicción, que en los últimos tiempos fueron tan sólo Areños y Casavegas. No obstante, en el manuscrito datado en Verdeña el 30 de Junio de 1878 Matías da por hecho que a dicho condado pertenecen el conjunto de pueblos pernianos que hallándose situados en las montañas cantábricas pertenecieron en los antiguo al señorío feudal del obispo de Palencia. Este título honorífico parece llegar a su término a la muerte de Ramón Barberá Boada el 11 de septiembre de 1924. En Octubre de ese mismo año la Gaceta de Madrid hace pública la vacante del título de conde de Pernía.

Valentín Ruesga quiere despejar todas las dudas, e investigando, descubre que lo que la Gaceta de Madrid publica en realidad el 9 de mayo es la solicitud de Rafael de Mazarredo y Tamarit de rehabilitar el título de conde de pernía de 1718. En ese tiempo, al simultanearse la petición con la muerte del obispo, el vicario capitular, Anacleto Orejón, consigue hacer valer los derechos de los obispos de Palencia, de manera que, Agustín Parrado, el sucesor de Ramón Barberá fue considerado Conde de Pernía, como lo confirma el boletín de Movimiento Nobiliario. El título de Conde de Pernía de 1718, fue rehabilitado en 1950 por Manuel Cencillo de Pineda y a su fallecimiento en 1964, pasó a su hija María Cencillo González, que es quien lo ostenta en la actualidad.


© Froilán de Lózar – DIARIO PALENTINO, 2006


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