Crónica de una década



No importa mucho quién vuelva sus ojos sobre la historia para rememorarla. Lo que importa de verdad es escribirla, sacarla del olvido, mostrar los tiempos convulsos que nuestros paisanos sortearon a veces con lo mínimo en unos días complicados para todos, como los que preceden a la Revolución minera de 1934 en Guardo y los que culminan con la Guerra Civil.

Me reía al comentarlo hace unos días con Wifredo, nuestro editor, que califica a mi amigo Reyero de imprescindible, palabra casi prohibida en nuestro diccionario, porque nadie lo es, por buenas que sean las intenciones y digno el rescate de la historia de otro tiempo.

El 4 de agoto de 1930, Camporredondo es una fiesta, porque se inaugura el pantano Principe Alfonso y a la misma acuden entre otras distinguidas personalidades de la época, Abilio Calderón y el alcalde de Palencia, Carlos Martínez de Azcoitia. Lo más curioso es que el Ministro de Fomento se había desplazado desde Madrid en un brack (coche adaptado para circular por las vías del tren). A Cervera llega a las doce de la mañana una comitiva acompañando al Rey Alfonso XIII, que veraneaba en Santander.

No sé si la prensa es en realidad el Cuarto Poder, dependerá de los momentos, del lugar que ocupe lo que trate, pero a comienzos de esta convulsa época, el corresponsal de este diario en Guardo habla de la mala situación de los caminos que comunican con los pueblos leoneses.

En 1932, el jefe de la Guardia Civil pide a las autoridades que solucionen la habitabilidad del Cuartel. Desde la izquierda se les contesta que en peores situaciones viven muchas familias de la localidad y tal vez sea ese un detonante que había de influir en los acontecimientos posteriores. En 1936, tres concejales del Ayuntamiento, inician una enérgica protesta contra los abusos que la Guardia Civil viene ejerciendo sobre los obreros y ciudadanos sin causas aparentes. Protestas que irán aumentando hasta culminar en Junio con la propuesta de la Corporación que pide a la primera autoridad de la provincia el traslado de la Benemérita, nombrando su propia policía.

El libro está lleno de curiosidades, como la que nos describe del “Tío Paco” que vigilaba en octubre sus manzanas para que no se las llevaran los chavales del pueblo; Eutimia, la primera guardense que llegó a cien años; Emilio Martín, el médico que opera con éxito a un joven minero, ayudado por el hijo del farmacéutico, que sería el fundador de la clínica guardense “El Santo Angel de la Guarda”.

A primeros de abril, un perro que rabia siembra la alarma entre el vecindario y los pueblos limítrofes y causa asombro el accidente que tiene como protagonistas a Moisés Barreda, primer Oficial Administrativo del Ayuntamiento y a una mujer que circulaba en bicicleta.

En 1936 nacen en Guardo 108 niños, once de los cuales ilegítimos y mueren 29.

La militante comunista Rufina Miranda “La Rufa”, huye por los montes hacia Asturias, llega a Fracia, viaja a Méjico y se casa por poderes con el novio que había dejado en Guardo.

El maestro gerundense Timoteo Galí es acusado de ateo cuando está de vacaciones en zona republicana.

En 1937 se vuelve a abrir la iglesia de Aviñante, cerrada al culto dos años antes por el fuerte pensamiento de un pueblo al que se conoció como “El pueblo rojo de la Peña”.

En fin que, nadie vivía al margen, a todos alcanzó la guerra y este libro es una contribución a nuestra historia.

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