Románico en vivo y en directo

Mañana hablaré en Vallespinoso de Aguilar de los canteros de nuestra tierra, de los canteros del románico. Esto no requiere gran esfuerzo, ni voy a descubrir ninguna cosa, porque la mayor parte de los que levantaron los templos se fueron sin firmar sus obras, abducidos en muchos casos por quienes las patrocinaban, personajes ligados a la iglesia o a la nobleza, que vieron en el hecho un motivo para perpetuarse.


El ejemplo más cercano a nosotros lo tenemos en la Abadía de Lebanza, donde el conde Gustioz, parece que deformación de Bustio, aunque hay todo un galimatías montado en torno a los Condes -que explicaré en otro momento-, aparece como benefactor de un arco de la misma.
Y lo mismo hace el prior Pedro Caro que patrocina otro capitel de la misma iglesia.

La cuestión es que a excepción de unos pocos que lo escondieron en los signos, y de algún otro como Miguel,  en la iglesia de San Cipriano y San Cornelio de Revilla de Santullán, se desconoce la verdadera personalidad de los canteros y se juega entre los investigadores a intuir de dónde procedían, si venían solos o en familia, si pertenecían a algún colectivo determinado o recibían el encargo de los distintos promotores para construirlas, o si se dirigían al poblado cercano para levantar otra ermita de igual porte que aquella, pues la gran obsesión, la principal premisa entre los canteros de aquel tiempo era la copia y reproducción, lo que ahora mismo sería causa de juzgado, tan dados vomo somos a considerar como únicos y auténticos nuestros pobres y limitados pensamientos.

Lo cierto es que, de aquellas consignas, viene la similitud que se nos muestra en muchas de las obras de aquel tiempo.

Aunque en el recorrido dominical, en la sección "la más bella canción de la naturaleza", ya aparece dentro de poco la iglesia del despoblado de Frontada y se hace alusión en este encuentro a la ermita cercana de Santa Eulalia, situada en el pueblo vecino de Barrio de Santa María o a la ermita de de Villanueva de Pisuerga, pueblo desaparecido bajo el pantano de Aguilar, que fue recuperada y puede admirarse hoy en la Huerta del Guadián de nuestra capital, conviene recordar a los verdaderos autores de las mismas, a quienes dedicaron buena parte de su vida a levantarlas, en ocasiones miembros de la misma familia, cuyos grabados en las piedras estamos todavía tratando de descifrar.

De la sección La Madeja, en "Diario Palentino".

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