Los curas de Celada

Uno de los artículos de esta serie, publicado en diciembre de 2003, recordaba la última carta que escribe Frco. Gutiérrez de Celis desde la Clínica Universitaria de Pamplona y dirigida al obispo de Palencia.
Paco fue sacerdote de Celada de Roblecedo desde 1977 hasta su fallecimiento, y aseguran en estos lugares de la Castillería que supo aunar a un pueblo en la querencia a la tierra y a sus gentes. Los más activos del lugar le encomiendan el pregón de 1981 y mi amigo aprovecha para desempolvar algunos documentos de los que quedaron después de que, en 1917, reunidos en concejo los vecinos, decidan quemar parte de los papeles porque no los entienden.


De la importancia de esta parroquia da fe un documento de 1775 donde se la señala como lugar de asilo con exclusión de todas las demás que existen en la zona. Era cura don Pedro de Quevedo y conde de Pernía don Juan Manuel Argüelles.

Paco va desgranando testimonios curiosos como el que vive Sebastián de Cáscara, que procedía de Perapertú y a quien el visitador del obispo por aquella fecha de 1569, le canta las cuarenta por no tener libro de difuntos.

Se sabe también que don Gaspar de Brañosera le sucede a don Francisco de la Cuesta en 1623. Se trata de un hijo del pueblo, ya mayor, que había sido cura de Polentinos y Prior de la Abadía de Lebanza y a quien se le atribuye “la capellanía”, ya desaparecida y mal llamada de los Quevedo, que llegarían más tarde. Don Gaspar procedía de una de las familias más pudientes y distinguidas de este valle y a su muerte deja buena parte de sus bienes a la Abadía de Lebanza y a los monasterios de El Brezo, Biarce y San Agustín (este último en Cervera)

Uno de los sacerdotes que más tiempo regentó esta parroquia fue Marcos Fernández, que procedía de San Salvador y murió en Lores.

La parroquia de Celada llega a su máximo esplendor en el tiempo de Francisco García de la Vega. El obispo Fray Alonso Laurencio Pedraza visita el lugar y autoriza la construcción de un granero para recoger los diezmos, la fundición de una campana y la colocación de la verja del batisterio, además de la adquisición de utensilios como la naveta o el incensario (1696). Su paso deja profunda huella y así consta en los manuscritos, destacando su gran labor social.

Se funda en su mandato el llamado “arca de la misericordia” que consiste en recoger centeno en el mes de agosto a precios bajos para dárselo en el mes de marzo a los vecinos que lo necesiten, con la condición de devolver el cuarto entregado, más un cuartillo a mayores para el sostenimiento de la obra, cuando hiciera la recolección.

Funda así mismo la “obra pía para pobres” que tenía como ingresos una tierra para una carga de sembradura en “La Calzada” y un prado de carro y medio en “Las Lastras de la Loma” cuya producción de venta se entregaba a los pobres. Estas fundaciones desaparecen en 1773, cuando el visitador Apostólico Alonso de Váscones, canónigo de Palencia, viendo el crecido número de chicos (60 ó 70) manda que se emplee todo en la manutención de un maestro.

La lista es interminable. Sirvan estas líneas de recuerdo a todos y especialmente a Paco que las rescató de los baules.

 De la sección: "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino.
10.11.07 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, La historia.

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