Vuelvo hacia el norte retomando el rastro de las viejas palabras

No vives en el pueblo, mandan las historias, pero te llegan los periódicos y algo de lo que pasa te provoca para que tomes parte de vez en cuando en la vida que dejaste, ahora muy mermada, como gran parte de las cosas que ayer fueron noticia.



Ahora todos hablan de "La Montaña Palentina", pero pocos la entienden y casi todos se repliegan y callan cuando desde las altas instancias regionales (cuatro o cinco individuos vestidos de un poder temporal) nos anuncian una serie de medidas que se pondrán en marcha para "preservar" -dicen- este espacio natural que han descubierto.

Ahora los descubridores pretenden marcarnos con un hierro, señalarnos los caminos que debemos tomar, habilitarnos pistas para llegar a los lugares, siempre, eso sí, dejando retozar al oso pardo, que es la causa primera y fundamental para este nombramiento. Se sabe que los descubridores nunca dejaron buen sabor de boca allí donde clavaron la bandera. No conformes con visionarlo y saberse partícipes de su hallazgo, trataron de romper a la brava muchas de sus costumbres, algo parecido a lo que aquí tratan de hacer estos paisanos nuestros. Y ya te lo puedes tomar con optimismo, porque no existe oposición, ni agentes que puedan impedirlo, porque los pocos agentes que tenemos se pondrán a sus órdenes.

Desde lejos sigo observando las cantidades astronómicas de dinero que nos asignan (6.500 millones para carreteras y recuperación ambiental), sin discernir claramente si estas asignaciones son nuevas, o corresponden más bien a las viejas que se hicieron y que no sé por qué razones nunca se llevaron a la práctica, como aquellos millones que prometió Jambrina para la Ruta de los Pantanos. Y la cuenca minera se detiene en Guardo y en Velilla, no se habla de compensaciones para Barruelo y La Pernía.

Los descubridores utilizan la belleza de los lugares para impresionar y estimular a los viajeros y, tal vez, para que subsista su hazaña en la memoria histórica, establecen unas normas de uso para que no se dañe el Parque, y por otro lado, para mitigar la desaprobación de un hospital, envían especialistas temporeros.
Una de las normativas más curiosas, que cita en este diario José Benito Iglesias a mediados de junio, es la que habla de impedir la cinematografía, radio, tv, vídeo... , si antes no se cuenta con el permiso de los administradores.

En fin, que leo y medito y no puedo por menos de exponer lo que pienso. Si los montañeses han hecho el camino y en él se han mantenido pese a los contratiempos y el injusto olvido, no es lícito que los descubridores impongan sus leyes sin contar con ellos. Que una cosa es la publicidad, y otra bien distinta la existencia.

Título original: Hablar de ella, entenderla.
Publicado en la sección del autor "Impresiones" en "Diario Palentino" el 5.7.1998.
Imagen: @José Luis Estalayo

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