Venir y vivirlo

“Desafío a poetas y pensadores, a contables y mercaderes, a sabios e ignorantes, a teólogos y moralistas a que encuentren un tesoro más basto, al menos entre lo mirable. Que traigan hasta nuestra percepción un solo caso de alguien de este mundo que sólo aporte y sume, que nada dañe o reste...”




Miguel Delibes, que ha vuelto a sus orígenes, escribe:
“Al hombre se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje y el paisaje en que transcurre su vida, lleno de referencias personales.”
Desde Almería hasta Asturias, Mallorca, Badajoz, Guadalajara..., en todos los lugares hay lagunas, postigos empujados por el viento, pueblos muertos a todos los efectos. Definitivamente. Los expertos que trabajan en el Ministerio de Agricultura ya han hecho cálculos y apuntan en su libro blanco que hasta 2009 desaparecerán medio millón de explotaciones agrarias. Desde la Presidencia de la Asociación Española de Municipios contra la Despoblación, se confirma lo que todos venimos observando: Disminuye el número de habitantes y se pierden los servicios mínimos y, con ellos, la posibilidad de desarrollo.

Pero no todo es de color de rosa, ni mucho menos. No se vuelve a los pueblos y se respira aire puro para siempre, porque suele decirse, y desgraciadamente es cierto, que a medida que disminuye el número de habitantes, aumentan los problemas de convivencia y se agravan, como señalan los expertos, los ya de por sí denigrados servicios.
Alvaro Carrasco y quienes lideran el colectivo “País Románico”, repobladores en potencia, que a lo que pensaban le pusieron ruedas, aseguran por doquier que “La sostenibilidad depende de la gente” “No hay otra receta”.

Aquella vieja campaña que invitaba a venir y vivirlo, es un proyecto todavía factible y vienen a afirmar que un mínimo resquicio servirá para dar el empujón definitivo a quienes lo único que necesitan, a lo único que aspiran, es a respirar un poco de aire. El asunto se ve como un proceso reversible, porque la tierra, lo que prima de ella, siempre permanece y hay etapas de la vida que te permiten regresar y hacer bueno el lema de quienes así lo vieron antes que nosotros y lo dejaron todo para engancharse a esta tierra. Eso se llama predicar con el ejemplo. Lo que les ilusiona a estos repobladores es insistir sobre las garantías de un cambio que no viene dado en forma de lujos y servicios. Es una especie de goteo donde no caben grandes cambios. Me refiero a los cambios de poder y grandeza con los que casi todos alguna vez hemos soñado. Para estos programadores es un milgaro considerar que no hay lucha más bella que aquella que se emprende contra lo irremediable.

Hace unos años yo escribía esperanzado sobre algunas iniciativas que auguraban el regreso a los pueblos de personas jóvenes y activas, que puedan comprometerse con el medio y aunar esfuerzos para poder obtener un mínimo de servicios que pueda animar a otros a imitarles. Algunos se atrevieron y lo dejaron todo.

Y sí, es cierto, nos damos cuenta que estos actos no sólo alivian la salud global de la tierra, usando recursos y energías con una moderación que ahora mismo no se contempla, sino que, sobre todo, regenera la vida de estos núcleos abocados sin remedio a la desaparición.

@De la sección "Vuelta a los Orígenes", en "Diario Palentino".

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