Remojemos las barbas

"A la montaña hay que tratarla bien y mimarla y hacer como en Suiza y otros países, donde se apuesta por la protección resuelta de los montes con criterios muy diferentes a los simplistas que usan los ecologistas españoles".




Son palabras recientes del jurista lebaniego Eduardo García de Enterría, premio Príncipe de Asturias 1994 y miembro de la Real Academia de la Lengua. A mediados de marzo de este año vino a su rincón a recoger el premio "Vecero", creado por la Agrupación lebaniega de Santander para distinguir a los paisanos que luchen por su tierra. Este insigne montañés, que ya nos demostró a los palentinos su valía, cuando ganó el pleito de la dehesa Leeres y Linares que ya venía de hace seiscientos años, autor entre otros libros de "Liébana, tierra para volver", ha luchado tanto que se niega a admitir un Parque Natural en los Picos de Europa, donde -dice- "se aplicarán normas parecidas a Doñana" y se ridiculizaría a los ciudadanos asignándoles guías" para el conocimiento de una tierra que se abre al visitante sin necesidad alguna de marcar unas pautas.

Si en todas esas reflexiones me muestro al lado del jurista, como entiendo que le pasa a una gran parte de la gente de mi tierra -porque metámonos hasta las últimas consecuencias en su piel-, mayor sensación de acercamiento a su figura me dan las soluciones que vislumbra para esta comarca y que hace unos días me entregaba en Pernía un lector amigo, para que, si lo consideraba oportuno, las mencionase en esta columna.

Propone, entre otras cosas: 
  • Atender a los derechos de los pobladores de los valles, que viven allí desde hace siglos. 
  • Realizar planes de Urbanismo, absolutamente rígidos, con normativas exhaustivas de uso, para evitar desórdenes". 
  • Que no sea una reserva con hombres dentro, que no se pongan puertas a la expansión lebaniega, centrada hoy en el turismo rural de calidad, como sucede en los Alpes".
Pero no tendría razón de ser este comentario si me limitase a reflejar su pensamiento, importantisimo -desde luego, pero basado únicamente en la defensa de "su tierra, de su montaña".
Si es verdad que en Covadonga no ha cambiado nada, y que Doñana se muere y que en tantos otros Espacios Naturales, la única diferencia es la burocracia con la que se administra, me temo que aquí estemos condenados a lo mismo. De otro modo, ¿van a enviamos especialistas para proteger las especies que ahora corren peligro? ¿Van a estar más protegidas que ahora mismo?

Cuando este avispado lebaniego, que conoce las leyes, que conoce la tierra -una tierra que por tantos conceptos se parece a la nuestra, o pone el grito el el cielo y se niega a admitir una reserva donde los habitantes sean admirados por los turistas como simples trofeos, a mí se me hace una bola en el estómago y quiero intuir un final parecido si el Parque Natural se lleva a cabo en la montaña palentina, ahora que también -como en el caso lebaniego- estamos empezando a sacar la cabeza mediante el turismo.
Puede que después de sus declaraciones entienda mejor el No que impera en el contorno, pese a la voluntad inquisidora de la Junta y de los políticos que vuelven otra vez más a mostrar su arrogancia y su desprecio a la gente que habita desde hace tantos siglos esta bendita tierra.

@De la sección del autor en "Diario Palentino" Fuente Cobre.
Imagen: Camasobres, por José Luis Estalayo

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