La vida que te espera

“El valle de Pas, aunque está a pocos kilómetros del mundo moderno, sigue manteniéndose igual que hace siglos, y seguirá así, o desaparecerá, porque es un universo que no puede transformarse”.




Estas declaraciones del cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, a propósito de “La vida que te espera”, son la puntilla a todo lo que aquí llevamos comentado. El trabajo de tantos años, el rayo de esperanza que algunos presintieron con el nacimiento de las últimas asociaciones, la declaración de Parque Natural, todo se ha borrado del mapa con el pensamiento de este intelectual que un día tomó un valle como el nuestro, con los mismos atributos, con el mismo código genético de grandeza y autosuficiencia y lo llevó a la pantalla grande para que, en lugar de rescatarlo, denunciar sus carencias, buscar la dignidad y el acomodo de sus gentes, pasen a la historia como una forma de vida condenada al estudio antropológico.

Y para que no queden sobrevolando dudas, unos días más tarde, Juan Diego, el actor principal, repite en una entrevista los pasos de su amo, cuando apostilla:

“La relación con mis padres era trasladable a la sociedad pasiega. Ellos me dieron una infancia libre. Y eso lo sentí cincuenta años después en las montañas cántabras: era el dios de la creación en aquellos valles con niebla”.

¿Qué vida les espera a estos paisanos nuestros?

En agosto de 1998, el que eran entonces director del Parador Fuentes Carrionas viene a corroborar el pensamiento que subyace en una gran parte de la élite. “La ventaja competitiva que tiene la Montaña Palentina, es que el cliente que viene aquí se encuentra que es muy auténtica”. Es otra manera de decirnos que quienes vienen ahora no volverán si este lugar que ellos consideran como privilegiado, se pone a la altura de las circunstancias, toma vuelo, alcanza las cuotas de progreso que cualquier ciudadano exige en su lugar de residencia. Es una forma de asegurarnos que todos los que han venido no volverán si cambia.

Todo esto que se dice y que incluso nosotros hemos confesado a veces, rompe el sueño de aquellos que pensaron en el regreso para vivir el resto de sus días en el valle de su amores. Las palabras de quien tuvo en su mano la ocasión para rescatarlos de la postracción y del olvido, rompe también la escasa fuerza de quienes se quedaron y viven en la eterna espera de que algo cambie su situación, de que alguien venga y, sin romper del todo la vida que ahora llevan, dignifique el espacio, dote de medios técnicos y humanos al hospital que prometieron.

Yo creo que los escritores, los publicistas, los cineastas, tenemos que mirar hacia el futuro. Es obvio que el pasado está lleno de esencias importantes, que no por ello lo olvidamos, que enriquece nuestra vida, que nos obliga a defender la vida de los que aquí quedaron, pero si queremos que esto cambie no podemos tomar como ideal un reino donde no viva nadie.

Me sumerjo en el discurso pronunciado por Emiliano Vega en Cervera de Pisuerga, con motivo del II Encuentro de Montañeses Palentinos. Emiliano, con quien comulgo en casi todo, se rebela ante la situación de nuestra zona, que es la situación de toda la montaña: demográficamente decadente, socialmente desestructurada y con una base económica débil y precaria. La llegada del Parque Natural complica aún más las cosas.

Creo que todos apuntamos al turismo como el único revulsivo para conseguirlo. Hace muchos años que lo venimos apuntando.

Y aunque parezca increíble, hay un tren esperando. Todos debemos involucrarnos en planificar y priorizar. Todos los que somos de aquí, los que viven en la montaña, los que tienen en ella sus raíces; todos aquellos que deben a los suyos, que la conservan, ese poso de vida. Todos deben ser la voz honesta pero crítica que ha de exigir a la administración los medios económicos, que los hay, para que nuestra situación se equipare a la que ahora mismo tienen otras zonas de nuestra comunidad y del Estado.

Naturalmente, ese cambio tiene varias lecturas. Estaremos más o menos de acuerdo con ellas, pero que nadie espere la solución de fuera.

Hacer habitable la montaña, acercarla las últimas tecnologías, dotarla de aquellos servicios prioritarios, ese debe ser el objetivo que nos guíe. Que la adecuación mutile algunas costumbres, no implica un cambio en el paisaje, que sigue mostrándose exhuberante, que sigue siendo un Universo, que forma parte de esa libertad que el actor siente al fundirse con ella.

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Ficha de la película que se cita:
Dirección: Manuel Gutiérrez Aragón.
País: España.
Año: 2004.
Duración: 100 min.
Interpretación: Juan Diego (Gildo), Luis Tosar (Rai), Marta Etura (Val), Clara Lago (Genia), Celso Bugallo (Severo), Víctor Clavijo (Parrondo), Xosé M. Oliveira (Párroco), José Luis Bernal (Marino), Rei Chao (Rafael), Alfonso Agra (Paco), Rosa Álvarez (Milagros).
Guión: Ángeles Gónzalez-Sinde y Manuel Gutiérrez Aragón.
Producción: Gerardo Herrero y Pancho Casal.
Música: Xavier Capellas.
Fotografía: Gonzalo Berridi.
Montaje: José Salcedo.
Dirección artística: Félix Murcia.
Vestuario: Estíbaliz Markiegi.
Estreno en España: 30 Enero 2004. 



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