La prensa necesaria

Nunca he necesitado exhibir ante nadie un carnet de periodista. Lo he tenido, lo he conservado y ahora mismo los responsables de éste y otros medios reciben y publican mis trabajos apoyándonos ambos en la necesidad de darle vida a estas comarcas palentinas que esperan una respuesta digna y urgente que ya no podrá darse.



Ese al menos es mi planteamiento, cuando conociendo en profundidad la zona norte, la visito a menudo, converso con la gente y extraigo lo más urgente de lo que oigo, veo y presiento. No perdamos la esperanza, pero seamos realistas, pisemos ya la tierra, porque pese al rigor de los últimos informes, pese al fervor de los últimos cánticos, aún cuando depositemos nuestro mejor deseo en el futuro de este pueblo, lo lógico es, parece, mantener una cierta distancia, esperar un tiempo más propicio, sugerir en todo momento una buena dosis de paciencia porque nuestro camino debe todavía abordar muchas dificultades.

Todos los asuntos que venimos abordando en este espacio han sido por lo general comentarios breves a una situación que pese a seguir demandando atenciones ha ido ganando enteros poco a poco, hasta verse consolidada la respuesta en un plan de proyectos que no dudamos puede y debe consolidarse como una vía de futuro.

En mi contra, tengo la distancia. A mi favor, todos los amigos y toda la familia que reside en este marco y sobre todo el apoyo de la prensa que ha entendido mi entrega desinteresada a exaltar el patrimonio y la palabra de la gente. Pero sin buscar condecoraciones personales -que nunca las admitiré- soy consciente de que las palabras no sirven si quienes las reciben se limitan a comentarlas mientras toman café, que han de afrontarse colectivamente, quitándole de esta manera el hierro a nuestro grito. Pongamos un ejemplo: en San Salvador, un buen número de vecinos estuvo dispuesto a firmar la negligencia de un médico. Se cursó la denuncia y cuando llegó el día de firmar los papeles, nadie dio el primer paso. El miedo es libre, pero somos arrieros y podemos encontrarnos mañana por esas jugarretas del destino padeciendo una situación similar y esperando el apoyo de un pueblo que no se hará efectivo nunca, porque tampoco nosotros cumplimos cuando llegó el momento.

Una escritora novel, que publica a la sombra de un prestigioso movimiento cultural mejicano, me envía un libro donde se incluye este pensamiento: "Se puede luchar contra todo, menos contra el tiempo". Y aunque sea cierto que el tiempo se lleve poco a poco a personas inquietas -recientes quedan los casos de Valentín Sánchez y José Luis Sardina, dos empresarios que colaboraron activamente en el auge y la promoción de la montaña-, aunque el tiempo se lleve a personas mayores, por esa ley de vida, siempre queda un aliento, una voz, una esperanza y a ellas debemos remitirnos.

Por eso es necesario que la prensa, quienes manejan las noticias en la provincia, traten con la mayor equidad todos los asuntos e insistan una y otra vez en la montaña palentina. Que sus voces no se apaguen, que no se duerman sus protestas, que se visiten y se cuiden sus pueblos, que se relancen sus tradiciones, que la historia tan ejemplar de muchas de sus gentes sirvan de aliento a otros, que todos los Estamentos e Instituciones colaboren con esta promoción y en conocimiento de tantos pequeños pueblos que viven esperando un futuro mejor, donde acaso puedan regresar quienes se fueron y nadie tenga que marchar dejando a la deriva sus raíces.

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