Redondo en los ojos de Isabel Pesado



Con el título "Semblanzas y Poesía: México y Palencia a través de la familia Mier y Pesado", el miembro de la Tello Téllez Manuel Revuelta González abrió el curso académico 2000/2001. Isabel Pesado estaba casada con Antonio de Mier, y ya en 1957, el canónigo Laureano Pérez Mier, tío carnal de José María Pérez, "Peridis", publica en el "Diario Palentino" el expediente de filiación e hidalguía, donde se descubre la semblanza de Gregorio de Mier y Terán, nacido en San Juan de Redondo, que emigró a Méjico.


Una de sus nietas, Luisa de Mier, se casa con el Príncipe Magencio de Polignac, de Mónaco (luego tomarán el apellido Grimaldi) y su nieto, Ignacio, con la hija del Presidente Mejicano Porfirio Diaz.

Quienes se han adentrado en la vida de estos ilustres paisanos y, más concretamente, en el caso de Laureano, se documenta en los libros parroquiales de San Juan y Santa María de Redondo, en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid; en el protocolo notarial de Cervera de Pisuerga, que pasará posteriormente a conservarse en el Archivo Histórico Provincial de Palencia y, finalmente, en el interesante libro "Apuntes de viaje: De México a Europa", que en su opinión merece ser inscrito entre los raros bibliográficos".

Los padres del financiero fallecieron en San Juan de Redondo en 1809, cuando Gregorio contaba 12 años y su hermano José, el primogénito, de 25, figura como regidor en el padrón del mismo año y en 1820 aparece como Alcalde constitucional de Redondo en la escritura de "recorrido de la mojonera", tradición que se verifica cada nueve años entre Redondo y Brañosera.

1904 fue un año venturoso para los pueblos de Redondo y Piedrasluengas, gracias a la generosidad de Antonio de Mier y Terán (tal vez más, incluso, a la generosidad de su esposa), hijo y sucesor de don Gregorio, casado con Isabel Pesado, la autora de ese interesantísimo viaje en la que ahora voy a fijar mis comentarios. Lo cierto es que Antonio repartió entonces medio millón de pesetas (4000 pesetas por casa) –que alcanzó por igual y sin excepción– a todos los cabezas de familia de los pueblos expresados y que sirvió, en aquella época en que casi todo se contaba por reales, para paliar la escasez de muchos hogares.

Isabel Pesado era prima política de Matías Barrio y Mier. Metido en un pequeño ensayo sobre la trayectoria política de mi ilustre paisano, don Matías, y recabando datos en el arzobispado de Toledo, donde el político anduvo al cuidado de su tío Celestino de Mier, dean de la catedral, con resultados infructuosos, vine a toparme con datos importantes de su vida privada en las reflexiones de su prima política Isabel Pesado, que relata su viaje desde Camesa, donde acude Matías a recibirlos, hasta Redondo. El viaje lo realizan en carreta con toldo y colchón, tirada por los los bueyes gemelos Cástor y Pólux. Se apeó Isabel cerca de Tremaya, donde contemplaría el mundo maravilloso que el franciscano José Luis Estalayo describe en Internet y al que hacía referencia en mi anterior artículo.

En el ensayo del académico Manuel Revuelta, aparece la figura de Isabel, de paso y reflexión por el pueblo de los antepasados de su esposo, tomando un baño de mañana en el Pisuerga y cenando truchas pescadas en el mismo río (quién las pillara hoy), conversando o jugando a las cartas con los vecinos, visitando los pueblos cercanos y, al fin, después de dos meses de estancia, despidiéndose de aquella tierra el día 27 de agosto.

La historia está llena de curiosos caprichos, como el que le toca en suerte a estos viajeros generosos. Cuando el 29 de agosto de 1870, después de haberse detenido dos días en Verdeña, llegan a Aguilar de Campoo y presencian la expulsión de las Clarisas, en aplicación del decreto anticlerical que se había dado durante la revolución de 1868.

La mujer ve con pena –y así lo cuenta en su diario– la situación de la montaña palentina. Este canto, como ven mis queridos lectores y, sobre todo, algunos que remiten sus comentarios a la redacción de este diario, es un canto que se repite generación tras generación, lo que parece condenarnos a una reclamación eterna, a un lamento que no obtendrá justa respuesta.

Aunque algo ha cambiado desde que la Pesado describe el campo de esta comarca, con multitud de valles y colinas, con sus rústicos pueblos recostados a las faldas de los montes.

Algo ha cambiado desde que Isabel fue de excursión a caballo al pueblo de Los Llazos o a Castro Pintado, donde describe la explanada tapizada de fresco césped, o el cerro formado de piedras de jaspe de diversos colores como "obra del artífice divino".¿Desde cuándo hablamos de la emigración?, porque al decir de quienes recogieron las impresiones de los mejicanos con sangre nuestra, encuentran en el Condado de Pernía una sociedad muy tradicional, con una población diezmada por la emigración de los más capaces.¿Quién no se ha visto sorprendido por el trababajo de las mujeres?.

A Isabel le admiraba: "para un hombre que trabaja, se ven seis mujeres, sin que por esto abandonen los quehaceres domésticos, ni sus deberes de madres y esposas".

Algo ha cambiado en los inviernos, cuando la nieve se colaba por las cerraduras.Pero, con qué agrado se sumerge uno en sus pensamientos, cuando las mujeres gastaban falda corta oscura, que los domingos era verde o roja, corpiño, delantal y pañuelo y, cuando los hombres lucían sombrero de felpa.

Qué nobles sentimientos nos provoca el recuerdo de aquellos que, a pesar de vivir con tantas privaciones, nos legaron virgen esta tierra, limpios los ríos, intactas las tradiciones. Es por eso que quiero sumarme a la llamada del académico Manuel Revuelta que, entiende como un deber de gratitud recuperar la memoria histórica de estos ilustres viajeros, que conservaron desde la lejanía el amor a la tierra de sus antepasados.-


Para saber más: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar. Editorial Aruz, segunda edición, Julio de 2009

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