Límites confusos

Sin hacer uso del patriotismo, que huyo de todos los símbolos como de las moscas, es verdad que uno se siente molesto cuando ve a su comarca o a su pueblo enclavado dentro de otras comunidades o provincias.


Es una discusión vieja que no tiene remedio, pues aunque parezca pasajera, vendrán otros más tarde que oficialmente den un vuelco a los límites; y si no es oficialmente, tochos no faltan en ningún lugar que, sin conocer el pueblo del que hablan, enseguida le hacen un hueco en cualquier sitio.

Y está bien que amemos nuestra tierra, nuestra patria, pero está mejor que vayamos adentrándonos en ella, en sus caminos, entre sus gentes, para presentarla debidamente a quienes quieran conocerla.

Durante años, nuestro alejamiento ha contribuído a unas anexiones y cambios que no han hecho más que confundirnos. El 28 de Agosto de 1857 el obispo de Palencia, a la sazón, Jerónimo Fernández, manda que el Arciprestazgo de Cardaño se llame a partir de entonces Arciprestazgo de Pernía. No sabemos qué idea tenían de la montaña y si alguna vez la visitaron, porque lo que sorprende de verdad es los pueblos que formaban el Arciprestazgo de Pernía: Areños, La Lastra, San Juan de Alba, San Justo de Alba, Loma, Pisón de Castrejón, Recueva, Roscales, Traspeña, Villanueva de la Peña.

El Arciprestazgo de Ordejón, que pasa a denominarse Arciprestazgo de Salinas de Pisuerga en 1894, pierde lugares que pasan a formar parte del de pernía y recibe en compensación tres pueblos que pertenecían al Arciprestazgo de Ojeda; por su parte, el de Castrejón recibe las Parroquias de Cardaño de Abajo, la Lastra y las de Alba y Camporredonde que habían pertenecido, como es lógico, a Cardaño. 
En el Arciprestazgo leonés de Cervera se separan las parroquias de Tremaya y Verdeña, para unir las de San Salvador de Cantamuda y Celada de Roblecedo.

Como ya hemos comentado en otras entradas, esas confusiones se siguen prodigando ahora, de manera que, el desconocimiento de los límites y la situación de cada pueblo sólo contribuye a alejarnos más de quienes ostentan el poder y deben aportar en muchos casos los remedios para que sigan latiendo.

Imagen: José Luis Estalayo: Puente de Tremaya

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