Villablino, por ejemplo

Cuando Felipe González justificaba los ocho mil millones de gastos en el Congreso de los Diputados, yo me acordaba de los pueblos de la montana palentina. Quizá sea una parábola lo que voy a exponer, pero confío que alguien me entienda. En el Congreso de los Diputados hay más o menos, -más menos que más-, la misma gente que en cualquiera de las cuatro comarcas del norte palentino, eso contando a ujieres, limpiadoras, taquígrafos, estenotipistas etc...





En las dos partes hemos de hablar de minorías.
Ahora bien -que me reprendan si me equivoco: representar al pueblo no implica una diferencia, ni una consideración especial, pues cobran religiosamente un buen sueldo que entre todos pagamos y a nadie le han pedido explicaciones para invertir tal suma de dinero en arreglar asientos y adecentar en general los salones del Palacio.

Nosostros, yo creo que con 4.000 millones, o sea, con la mitad, nos arreglábamos para poner en movimiento estas zonas deprimidas de la provincia. Pero como no puedo revelarme de otra forma y comprendo que todavía ne hemos ganado crédito para influir sobre el estado de ánimo de nadie, me sumo a la rebelión de los de Villablino, donde un alcalde (no importan siglas) ha tomado la iniciativa y se ha levantado con toda la energía contra la Junta de Castilla-León, hasta que aquella se decida y resuelva el contencioso.

En este país ya de poco sirven las palabras, ni los arreglos amistosos y confieso que me desagrada reconocerlo cuando tanto dinero nos hacen gastar cada año en libros para nuestros hijos.

Las mejoras que nos prometieron hace lustros han caducado y sólo se renuevan promesas, sólo se remiendan agujeros y sólo se respira intranquilidad porque vemos con pesar que las empresas siguen cerrando y no hay una alternativa seria que nos devuelva la esperanza, la poca esperanza que nos queda.

Ocho mil millones hubieran dado aquí para unas cuantas obras, para mucha gente, para un hospital, una carreteras, el arreglo de unas estructuras que nos capacitasen para el turismo que se apresuran a anunciarnos ... pero, no, es más fácil cerrar las minas, es mejor cerrar el Parador de Fuentes Carrionas en invierno, no interesa poner en marcha el parador del Golobar en Brañosera y así, mil cosas que están hechas se deshacen y los proyectos se alargan hasta una nueva convocatoria de elecciones...

Eso sí, sabemos que la vida seguirá igual para las minorías privilegiadas que se saturan de champán celebrando los cómodos asientos.

Si alguien se apunta a la revolución que cuente conmigo, porque ya hemos visto el resultado que nos da la demagogia.

De la sección "Fuente Cobre", en "Diario Palentino.

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