De monsergas y olvidos

Parafraseando a mi amigo Jaime García Reyero, que desde la localidad de Guardo se duele muchas veces del olvido, diré que es cierto, que tiene toda la razón del mundo, que se han escrito muchos libros, se han proyectado cintas de video en los colegios y que se ha silenciado mucho a Guardo.



Pero leyendo estos días a Alvaro Vargas Llosa, el hijo del último "Planeta" de Lara, en un reportaje para la prensa sobre "Los Chiapas", he reconsiderado mi actitud sobre la revolución que proponía. Nosotros no hemos llegado todavía a tamaño despropósito. Nuestra gente no vive en la miseria.

El olvido se combate de otra forma, pero eso sí, que los programadores, los jefecillos locales, los rostros pálidos de la capital estén alerta porque, el pueblo, también este pueblo, se está cansando de palabras bonitas, de promesas ambiguas, y puede estallar en cualquier momento la descarga de la ira general que se soporta.
  • Guardo, olvidado 
Yo también he olvidado un poco a la villa de Guardo en mis escritos, porque he nacido y he vivido más adentro, más arriba, más olvidado que ellos todavía, en lugares aún desconocidos por muchos palentinos. No es pasión desmedida ni ruego caprichoso. Lo cierto es que, apenas me propongo el silencio, alguien me llama para que siga machacando. A mi, lo demás no me interesa. Ni las literaturas deslumbrantes de las primeras páginas, ni las florituras del Gobernador Civil de la provincia, Esteban Egea; ni los mensajes encendidos de Jesús Mañueco y Gabriel Castañeda apoyando sus propias y consabidas consignas... 

Aquí, vamos a ir por partes, vamos a ir a lo positivo, lo que para mi sigue siendo el lamento apagado de mi gente, porque sé que hay una queja antigua y soterrada que nadie se ha molestado en apagar, haciendo realidad unas atenciones y cuidados a los que todo ciudadano parece que tiene reconocido derecho.

Dejo para terminar lo que escribió en su día el poeta Octavio Paz: "He aquí la noche de dientes largos y mirada filosa, la noche que desuella con un pedernal invisible, oye a los dientes chocar uno contra otro, oye a los huesos machacarse por los huesos".

©1994. De la sección "Eco Montañés", publicada en el Norte de Castilla
Imagen: Casa grande o Palacio del Arzobispo Bullón, en Flick


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