Introducción al verano

Se acaba la leyenda. Repetimos un día tras otro las frases que ayer se hicieron tinta fresca. Importa que se citen, que vayan y vengan de unos labios a otros, que se extiendan como la vieja publicidad, de boca a boca, y alcance la montaña su verdadero lugar en esta historia.




A lo mejor estamos sacando brillo a unas ilusiones que no tienen futuro, que no serán mañana, porque la montaña se mueve con las gentes que habitan en ella y allí sigue brotando silencio y mudas resonancias. Cuesta mucho, es verdad, hacer que suene algo, pero tengo el presentimiento de que lo estamos consiguiendo. Por eso se doran las palabras, que se vayan incrustando en el alma de los gobernantes las necesidades, para que no se olvide lo que fuímos o lo que tuvimos y aportamos; para que no echemos más desaliento sobre esta tierra que goza, —lo digo convencido—, de un prólogo para la paz. Está escrito en el aire, está escrito en esos rostros arrugados, está presente en esa cantina de la esquina, en esas fiestas del verano, en esos bolos del domingo, en esos juegos de la escuela.

Todo se repite en la mente, en los escritos, y da la impresión de que el mensaje queda ahogado, como materia desechable. La montaña palentina —repetimos—, es un verso, una canción, una esperanza. Pocos caminos existen que conduzcan al cielo, ¿qué es el cielo?. Aquí se palpa la belleza en toda la extensión de la palabra y el pecado de omisión es una ofensa permanente. Hay lugares preciosos, hermanos nuestros, castellanos; nos consta que existen pueblos de idénticas raíces y que también están sufriendo, por lo mismo, olvidos similares.

El futuro nos reserva muchas sorpresas, aunque a menudo me griten: “esto no da para más”. La crónica de una muerte anunciada es un hecho palpable, sólo que, en medio de toda esa laguna, por encima de ese “rumiar” escenas miserables, hay algo todavía auténtico que permanece, que abrasa la garganta de los viajeros más selectos: la belleza.

El paisaje sintoniza con todas las corrientes, con todos los gestos. Nunca pasa de moda. Pueden pasar los ritos, las leyendas, pero la esencia permanece. La imagen está clara. Yo la comparo con el Grupo de Danzas de Arbejal. Hay infinidad de grupos en nuestra provincia con más experiencia, con más categoría, pero nuestra comarca habla por sus bocas, por sus manos, entre panderetas y dulzainas, entre sardinas a la brasa y viento nuevo:

No compres mula en Logroño
ni en Santo Domingo el paño,
ni mujer en La Pernía,
ni amigos tengas en Guardo.

La mula te saldrá falsa
y el paño te saldrá malo,
la mujer será celosa
y los amigos contrarios.


Agua —que ya cantó una compañera que hace versos—, quiero agua que me cubra todo, que lleno de verdor estos huertos. Porque el agua en la montaña es como el vino en la taberna. Y estamos en la ruta de los pantanos. Tengo ante mí la copia de la construcción del pantano de Camporredondo. Mampostería del Espigüete. "La ejecución —señala el autor del proyecto— fue bastante rápida, permitiendo el sistema de mampostería mamportado y el empleo de gran volumen de piedra de cantera". “El presupuesto total se elevó a 10.181.746 pesetas. Del citado importe deberá resarcir al Estado en la cantidad de seis millones que ha de reintegrar la Sociedad Española de Explosivos cuando tenga terminadas las siete concesiones de saltos de agua en el río Carrión, en el recorrido del pantano hasta Saldaña.”

Aunque por diversos motivos me muestre contrario a nuevas presas (el paisaje está ya calculado) perderían estos pueblos todo su efecto mágico sin este componente. Y digo que el terreno ya está medido. Nuestros ojos se han empapado de él y lo necesitamos como está, sin suprimir ni aumentar nada. El viajero que llegue hasta Camporredondo se encontrará compensado de las molestias naturales de la excursión, con la contemplación de un panorama espléndido.

El agua es, como las bicicletas, para el verano. Que nadie tema por él, porque la escasez no es consecuencia de la ausencia del animal, sino de la mala recogida en muchos casos.

Desde la Fuente del Cobre, en los Redondos, pasando por la fuente del “Piojo”, en Polentinos, hasta las “fuentes de la salud”, “fuente de la buena madre”, “fuente de El Col”, “fuente de hierro”, “Fuente de San Roque”, y, acaso, la más pura de todas, “la Fuente de Lebanza”.

Sirvan estas letras de invitación a ese verano que ya se palpa en el ambiente. Metámonos en el verano. Sacudamos esas briznas de hipocresía que sin querer campean en nuestros labios. Demos esa alegría a nuestro cuerpo, porque la paz empieza por uno mismo y aquí la paz está reñida con el aire…


Lo +visto el último año

Pueblos desaparecidos y despoblados (II)

El Santuario del “Carmen”

Guardo

Usamos cookies que recogen datos sobre sus hábitos de navegación. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK Más información | Y más