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08 octubre 2013

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En agosto del año pasado se reparaba el puente de Polentinos. El puente fue contruído en 1940, al mismo tiempo que el embalse de Requejada, cuando quedaron sumergidos unos metros más abajo el pueblo de Villanueva de Vañes y la Venta de Santa Lucía, donde según la copla que se hizo popular por estos pagos, acudían las mocitas de la Castillería a rezar a la Virgen.



Polentinos es un pueblo que en los meses de verano, como el resto de los pueblos del contorno, se llena de veraneantes. La obra era necesaria y, aunque el tiempo de ejecución se fue demorando, por fin se le cambió la cara, reforzando su estructura y dotando al conjunto de un sistema de drenaje para evitar la acumulación de nieve y mejorar la visibilidad al sustituir los pretiles de ladrillo por una barandilla de metal.

Hasta aquí, todo normal, salvadas las molestias que toda obra origina y teniendo en cuenta la época de mayor trasiego. Para darle paso a quienes allí moran o descansan, las autoridades habilitaron un desvío provisional por la Abadía de Lebanza. Dado que fue un verano de tormentas y lluvias torrenciales, aquel camino que, habitualmente, te introduce en el monte y te enseña el Carazo por un lado, hacia otro el Peñalabra y, a intervalos, asomando las crestas de nuestro Curavacas; un camino que, de excursión es como una profunda introducción a los anales de esta tierra, en esas circunstancias se convirtió en un valle de lágrimas por el barro acumulado y las dificultades añadidas en un camino provisional de tierra y grava.

 La cosa no tendría otro interés que el de un simple desvío, si no fuera por la historia que se difundió luego y en la que estaban involucrados los ecologistas, quienes trataron por todos los medios, y al final consiguieron, impedir que se levantara un puente provisional unos metros más arriba, labor de la que se encargaría un destacamente del ejército.

Ya es de dominio público. Quienes se afanan por transmitir las disciplinas de esto que llaman ciencia, aunque en clara minoría, tienen poder para explorar y, en su caso, impedir que una obra pueda dañar las acequias de un río.
No aportan una solución alternativa.

¿Qué ocurrirá –nos preguntamos– el día que deban hacer lo mismo con el puente de Vañes, una vía principal que comunica Potes con Cervera?

Los mismos que mostraron su oposición a levantar un puente provisional, se oponen al trazado de la carretera que comunica La Castillería con Barruelo, una obra sobre la que ya ha realizado un estudio previo la Diputación de Palencia.

Es importante que se tengan en consideración todas las manifestaciones. Las de los ecólogos también. 

Lo de la prioridad ya es otra cosa. 

A los que viven aquí les van a decir cómo se cuidan las plantas o cómo se arreglan los caminos. Y no estamos hablando ya de unas obras de gran envergadura. Hablamos de una solución puntual para comunicar un pueblo o del asfaltado de un camino ya hecho, lo que no implicará grandes movimientos de terreno y, fastidia que sin consultarle a quienes viven allí, se decida dar prioridad a lo argumentado por una asociación que como tantas otras sigue sin ver y considerar en su justo punto a las personas.

Que es muy bonito exhibir un talante de admiración hacia las flores y los campos. Que hasta los más indisciplinados llevan algo en sus venas de disposición  a levantar lo que se cae; Que hasta quienes reprochamos su presencia en todos los lugares, sentimos un poco de envidia por ese humo que levantan sus críticas, pero la victoria, como bien asumió uno de ellos en la prensa, ha de ser algo secundario.

¿Significa que quien no lleva un carnet en su cartera, está a favor de la voladura de todos los puentes? ¿qué todos los que viven aquí aman menos que ellos esta tierra porque hayan decidido aprovecharse de las nuevas técnicas para restaurar una propiedad en ruínas o limpiar un camino cerrado por la maleza?

¿Y qué es lo que proponen o lo que muestran en su cartas para que la mayor parte de la sociedad esté en su contra?

No es cuestión de satisfacer la curiosidad. Es cuestión de aprovechar las nuevas tecnologías para que no falte lo necesario. ¿A quién sino a los propios habitantes les va a interesar conservar con ciertas garantías y decoro el medio en el que viven, el medio que sus antepasados les legaron, el medio del que todo el mundo habla como uno de los espacios mejor conservados de Europa?

De la sección del autor "Fuente Cobre", en Diario Palentino
Imagen: @Toño Gutiérrez

23 agosto 2013

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En el salón de plenos del Ayuntamiento de Potes, se presentaba hace unos días una Guía realizada por Elsa Suárez y María Alonso, técnicos del Grupo de Acción Local Liébana, que lleva por título "La sabiduría de los pueblos".


Estaba yo pasando unos días en San Salvador con dos  amigos, Gorka e Íñigo, y de camino hacia la localidad cántabra, donde degustaríamos un estupendo cocido lebaniego, les iba yo hablando, precisamente, de eso, de lo mucho que había aprendido a la sombra de estos rincones de provincia. Historias que se van repitiendo en el tiempo, de padres a hijos, de abuelos a nietos; lecturas que, aunque ya no deparen grandes impresiones, porque hemos perdido con tanta carrera el lujo de emocionarnos, siempre te ayudan a comprender mejor todo lo que se mueve en éste y en tantos pequeños universos rurales.

Elsa y María han recogido en la Guía de la que hablo, testimonios de un centenar de personas de los siete municipios lebaniegos, formas de vida y de trabajo en los años 50.
No olvidemos la "Merindad de Liébana y Pernía", integrada por ambas comarcas y el Valle de Polaciones, y cuya capital durante algún tiempo fue Cervera de Pisuerga, lo que sin duda marcó un tiempo y dejó huella y lo que comunica unos caminos paralelos que recorrimos con idénticas pautas.

A los testimonios, entre los que se encuentra el de Julia Pesquera,  una mujer de 102 años, natural de Beares, se suman una serie de talleres de campo, como el de leña a suertes, lo que anualmente se viene dando en nuestros pueblos; el arreglo de los caminos, las vecerías... Se menciona también por allí el trigo. Recordemos que por los años del estudio muchas casas no tenían dinero para poder pagar el pan o era más barato producir el trigo y hacerlo en el horno. Cada mes de septiembre había que declarar el trigo cosechado y una vez verificado se les devolvía para el consumo familiar.

La impresión que aflora, después de esta experiencia que no se difunde en papel, no sólo es la historia de estos lugares, sino lo que te aportan emocionalmente, lo que se aprende en la universidad de la vida, lo que te ayuda a entender el por qué de muchas normas, el por qué de los viejos Concejos; cómo sobrevivieron aquellas gentes con lo mínimo, dejándonos como bien observó David Redondo, el director de Medio Ambiente a propósito de esta iniciativa en la villa cántabra, un paraíso en economía verde y sostenibilidad. 

Para la sección "La Madeja", en "Diario Palentino y Globedia".
Imagen: Bosque de Piedrasluengas, Froilán de Lózar

26 julio 2013

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Una de mis seguidoras en facebook, "La Rosario Yucatán", desde Valberzoso, me participa su inquietud, que es la de la comarca entera, por el proyecto de la ampliación del Parque eólico "El Pical".

Me llega su angustioso grito en medio del desalojo del pueblo cántabro de "Los Llanos" por el corrimiento del argayo, donde esperemos que cuando vea la luz este articulo se hayan puesto los medios para impedir que esa lengua de barro cubra el pueblo como si se tratase de un volcán.

"De no remediarlo, -escribe mi seguidora y amiga- lo primero que verán los vecinos del pueblo de Valberzoso al despertarse cada día, será una enorme barrera metálica (molinos) que recorrerá todo lo que es de larga la sierra que está situada justo enfrente de sus casas".

Aunque los responsables en Palencia se han lavado las manos, al recurrir la sentencia que permitía la ampliación del citado parque eólico, para que sea la Adminitracción Autonómica la que decida sobre el asunto, vuelven a reproducirse, también en este apartado, las controversias: «podemos estar orgullosos de que la región esté entre los primeros puestos en España», y a la vez son conscientes de que «se deben salvaguardar otros intereses patrimoniales y medioambientales».

En Junio de 2004, un grupo de intelectuales encabezados por Peridis y la poetisa Amalia Iglesias, además de catedráticos, profesores y periodistas firmaban un manifiesto contra este tipo de invasión. Yo expuse en aquella entrada mis razones y gustoso hubiera firmado si alguien me lo hubiera pedido. Como los de aquí, los palentinos de la diáspora no queremos que esta tierra muera y sobre todo no queremos invasiones de ningún tipo, porque lo que ahora pretende el Gobierno Cántabro, según la "Plataforma para la Defensa de los Valles del Sur" es la invasión de los montes con este tipo de energía, una invasión en toda regla, justo al lado de la raya de la comunidad vecina, y cuyo impacto nos pegará en la cara.

Pero sucede una cosa curiosa. Ocurre que el asunto en cuestión no parece preocupar a todos en la misma medida. En una manifestación convocada por el movimiento "Cantabria no se vende" que agrupa a 38 asociaciones cántabras, acudieron 30 personas, lo que nos deja siempre en manos de lo que arguya el ejecutivo, siempre lejos, casi siempre ajeno a nuestros miedos.

Imagen: "Asociación Arcera".
@Para Diario Palentino y Globedia, 2013

25 septiembre 2008

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Es grato leer un artículo de un grupo ecologista de la tierra que, es “consciente de que lo que conservamos ha sido gracias al binomio hombre-naturaleza, y que romper ese equilibrio sería perder aquello que hemos heredado desde hace décadas”.Esa es una de las reflexiones –muy ocasionalmente citada por ustedes- en la que más he insistido durante los últimos años y a lo largo de mi trabajo. Pero sus preferencias les delatan.

  • Sobre el Oso Pardo
“El oso pardo ha visto invadido su hábitat natural por el hombre y sus animales, siendo reelegado a espacios cada vez más reducidos, pese a ser una especie que necesita de grandes áreas por las que desplazarse y alimentarse, por las que reproducirse y morirse”.

Yo creía que era el oso el que estaba invadiendo poco a poco el hábitat del hombre, pero ustedes piensan lo contrario, como si el oso tuviera el don de la organización, el don del raciocinio y todos esos valores que por algo y con razón nos diferencian de los animales.

El oso parece inteligente y me produce asombro que ustedes citen a todo el territorio de la montaña palentina como terreno insuficiente y diminuto para que medren una docena de animales, casi justificando sus ataques a las colmenas y a las vacas, y acusando en plural al hombre de contemplarle como una fiera a la que hay que derribar a cualquier precio. Creo que a estas alturas ya nadie justifica la muerte de un animal de esta especie a manos de los furtivos. Las autoridades, los guardas, los guardias y, probablemente ustedes, saben quienes son los que están abonados a esta práctica y cómo se les puede pillar con las manos en la masa, de manera que se les convenza como sea para que se abstengan de recurrir a tales métodos.

Por otra parte, que yo tenga noticia, ninguno de los hombres que ha visto atacada su propiedad, ha salido detrás del bicho con la escopeta. Aquí, cuando interesa se cierran los ojos y los oídos y a otra cosa.
  • San Glorio 
Yo no quiero, en lo que se refiere a San Glorio, que ustedes alcen ninguna copa todavía. El partido se está jugando y, en el descuento, si el gobierno regional se lo propone, puede dejar para las efemérides su triunfo virtual.

Piensen una cosa: yo estoy al lado de la mayoría en ésto y la gente de la montaña votó de forma contundente a favor del proyecto. 
  • La embotelladora 
Sobre este particular no hacen ustedes más que repetir lo que ya plenteé yo en un artículo publicado aquí mismo a primeros de año y que pueden encontrar en las hemerotecas o en el blog de periodista digital. Tampoco se trata de vivir siempre con las espadas levantadas, porque tendremos que mirar hacia el futuro; si es como preconizan sus gestores, junto con notas que abordaré en un próximo artículo, esta empresa, única en la provincia de este género, se irá ampliando en años sucesivos hasta rozar la treintena de empleos, lo que para esta tierra es una pequeña recompensa.

Si como dice Patricia May, ser ecologista es expandir la conciencia más allá de nuestro ombligo, de nuestros deseos e intereses; si ser ecologista no se fundamenta en tener miedo a lo que pueda ocurrir con el clima o el agua, sino en respetar a todo ser viviente, sabiendo que en el aire que respiro están los árboles del mundo, y en el alimento que me nutre está la persona que lo sembró y la tierra que lo acunó y la lluvia que lo regó; si eso es así, esta tierra está llena de ecologistas, porque no hay nadie que la haya cuidado mejor que ellos.

05 abril 2008

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Mi buen amigo Amando Vega, profesor de la Universidad del País Vasco en Donosti, que tantas bellas imágenes de la Ojeda proporciona para mi web de la montaña y que sigue mis comentarios a través del diario digital, me hace un guiño sobre un texto que publica Luis Mateo Díez, y donde se recoge el frescor y la leyenda de los valles leoneses: Babia y Laciana, que lo ostentaron primero y Luna y Omaña que reciben el nombramiento en el verano de 2005.

Los títulos no siempre dicen la verdad de lo que se esconde detrás de ellos. Son más bien, entiendo, una disculpa para protegernos en el sentido más ambiguo y cumplir así con todo el mundo, porque sabemos que de poco sirve renombrar algo que ya hemos valorado suficientemente, si no le dotamos de energía, que a saber también hasta dónde queremos llegar, sin olvidar que a veces son los propios habitantes de los pueblos los que no quieren ni oir hablar de emprendimientos.El título les aporta a quienes lo emiten, una especie de garantía, como el que dice, nosotros ya sabemos lo que ustedes atesoran. Y lo que verdaderamente nos molesta e inquieta es que el título se extienda para que sirva de advertencia a propios y extraños, de manera que se valore y se preserve algo, sin considerar que ha sido precisamente el esmero de quienes allí viven, lo que ha posibilitado esa declaración con su medalla.

Hay una llamada del autor leonés que da de lleno en la diana. Es la que se refiere a la visita, al viaje que realizamos al corazón de estos rincones y que, aunque breve, siempre nos sugiere alicientes extraordinarios, siempre nos remueve ese rincón de la memoria donde se acumulan los recuerdos, no concibiendo que ese mundo tan cercano en nuestras experiencias tenga su futuro en el pasado.

Cuando el escritor recuerda el mito pastoril, y aunque hace referencia a la versión más extendida, que sitúa a los reyes de León en los cazaderos de Babia, lejos de las obligaciones y compromisos cortesanos, entregados al “dolce far niente” y al nada quiero saber, se fija sobre todo en la mirada perdida de los pastores:

“Estaban en Babia”, ensimismados, transpuestos.

Yo releo y cito en el libro que preparo estos días, la experiencia de los pastores en nuestros puertos de Pineda, donde los valles y las leyendas se entremezclan con una majestuosidad incomparable.

Si los comisarios de la Unesco tuvieran la ocasión de visionarlo, lo añadirían sin contemplaciones a esa biosfera de los valles leoneses. Y conste que no es cuestión de envidia ni recelos, porque los títulos como ya dejé dicho, no implican un cambio en lo más básico, en lo que es a la vista de todos, en lo que se conserva sin priorizar obligaciones, en las sensaciones que aportan a quienes con respeto lo contemplan.

Alfonso X el Sabio ya otorgó al Valle de Laciana un fuero de reconocimiento que establecía el Señorío de su Concejo para que los depredadores feudales no pudieran cometer sus tropelías. Mucho más que un título, que también se agradece, porque lleva implícito el reconocimiento a ese patrimonio tan abundante y rico, es importante que autoridades y vecinos con ayuda de las Instituciones, recuperen los caminos, se nieguen a la demoledora práctica del cielo abierto, aúnen fuerzas para soldar todas esas trabas y malentendidos que van socabando la convivencia y, sobre todo, que nunca dejen de abrir su corazón al mundo.

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