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25 febrero 1994

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Todos no somos iguales. Ni ante los demás, ni ante la ley. Un joven de la localidad de Urbaneja, Mariano Ruesga, mantiene desde hace varios meses un contencioso con la Administración, habiéndole prohibido todo tipo de actividad en la cantera de arenisca de "Campulebrel", situada en el término municipal de la vecina población de San Cebrián de Mudá, apoyándose en el decreto 108, que trata de la protección del oso pardo.




La Junta de Castilla y León, sólo ha encontrado a un enemigo, Mariano Ruesga, y se ha librado, como por arte de magia, al diputado provincial del Partido Popular y concejal de Barruelo de Santullán, Luis Angel Gómez Maestro, que unos metros más allá explotaba una cantera similar.

Al citado decreto de protección del oso tampoco le molestan los cuatro mil kilos de dinamita que hacen temblar la cuenca, por razones de peso, en la llamada explotación a cielo abierto.

Con razón dice Mariano Ruesga que el decreto del Oso Pardo lo han elaborado personas ajenas a la zona, que no conocen al Oso y sólo les preocupan los mil doscientos millones que para tal fin ha dispuesto la Comunidad Europea. Porque una cosa parece clara: si la ley es buena, ha de ser buena para todos y algo bueno lleva la protesta cuando se van sumando a ella muchas personas que han permanecido aletargadas durante años...

Ruesga, que nació en la montaña y que ha visto en buena medida cumplido su objetivo en las múltiples edificaciones del contorno, incluídos los Ayuntamientos de Salinas de Pisuerga y ahora el de La Pernía, no alcanza a comprender la orquestación que contra él se ha preparado en la Junta de Castilla y León, y dice con razón lo que todos pensamos sin vernos afectados: "Todos no somos iguales".


©1994. De la sección "Eco Montañés", publicada en el Norte de Castilla




18 febrero 1994

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"...Quedan entre estas ruínas hombres?" -se preguntaba Unamuno en el Alto de las Tuerces. Hay agua en el fondo, en el hondo del corazón rocoso, y una ruína puede ser una esperanza. El Oso ha vuelto. Dicen los ganaderos de Sarceda que los osos que vieron ya pasaron de Sejos y aseguran que ahora están en Pernía, cerca de Polaciones, tal vez hacia los montes de Redondo.




¿Qué hubiera ocurrido si los ganaderos cántabros, asustados como estaban, temerosos de recibir un golpe mortal de la fiera adulta, hubiesen atacado? No vamos a establecer ahora conjeturas basándonos en viejas y polémicas historias, léase el caso de Brañosera, pero me sorprende la manera en la que los diarios cántabros se han apresurado a destacar el hecho, que al pie de la letra me transmite un vecino de Polaciones.

La historia, a mi modo de ver, tiene connotaciones que van más allá de la simple transmisión de la noticia. Es por ello por lo que, acaso inocentemente, se crea alrededor de la misma un ambiente propicio, como de cuento, donde el corresponsal, desde Tudanca, concluye: "El episodio terminó gracias al osezno, que tras observar las hazañas de su madre, se debió de aburrir y se puso a correr".

¿Acaso no se nos trata de transmitir un mensaje, en el que se ponen de manifiesto ciertas dosis de valentía por parte de los hombres que esperaban en jarras la resolución de un animal que le cuentan "muy agresivo"? "La osa se me echó encima -declara uno-, posó sus manazas sobre mis hombros y me olfateó de arriba a abajo, introduciendo el hocico por debajo de la chaqueta".

Quedan entre estas ruínas hombres y Osos amables todavía, porque la agresividad se ostentaba, si acaso, para salir en defensa de sus hijos.

Escribe Miguel Delibes: "ahora en un pueblo completamente abandonado, yo creo que la resurrección de la vieja comunidad, a base de gente nueva, sería factible..."

Gente nueva... y osos nuevos, maestro, para que, siquiera, podamos enviarles un mensaje a nuestros vecinos.

En toda esta historia, esperanzadora en el fondo, porque nos afianza en la existencia de una raza que parece a extinguir, tal es el ánimo de quienes se empeñan en defenderla, se me ocurre una pregunta escueta para poner el punto a la presente reflexión. La prensa nacional que escriba lo que quiera y que reflexionen los cántabros y los ecologistas que desde la cornisa nos varearon las espaldas, porque los animales, que en ciertos aspectos nos llevan la delantera, no salieron de estampida ante tantos tropiezos y trampas como les tienden a diario: voladuras infernales en Barruelo, la muerte de un compañero en Brañosera, el envenenamiento de otros...

De verdad, que me contesten si es que pueden: ¿Por qué los osos vuelven a la montaña palentina...?

1994. De la sección "Eco Montañés", publicada en el Norte de Castilla
Imagen: diarioanimales




09 febrero 1994

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Parafraseando a mi amigo Jaime García Reyero, que desde la localidad de Guardo se duele muchas veces del olvido, diré que es cierto, que tiene toda la razón del mundo, que se han escrito muchos libros, se han proyectado cintas de video en los colegios y que se ha silenciado mucho a Guardo.



Pero leyendo estos días a Alvaro Vargas Llosa, el hijo del último "Planeta" de Lara, en un reportaje para la prensa sobre "Los Chiapas", he reconsiderado mi actitud sobre la revolución que proponía. Nosotros no hemos llegado todavía a tamaño despropósito. Nuestra gente no vive en la miseria.

El olvido se combate de otra forma, pero eso sí, que los programadores, los jefecillos locales, los rostros pálidos de la capital estén alerta porque, el pueblo, también este pueblo, se está cansando de palabras bonitas, de promesas ambiguas, y puede estallar en cualquier momento la descarga de la ira general que se soporta.
  • Guardo, olvidado 
Yo también he olvidado un poco a la villa de Guardo en mis escritos, porque he nacido y he vivido más adentro, más arriba, más olvidado que ellos todavía, en lugares aún desconocidos por muchos palentinos. No es pasión desmedida ni ruego caprichoso. Lo cierto es que, apenas me propongo el silencio, alguien me llama para que siga machacando. A mi, lo demás no me interesa. Ni las literaturas deslumbrantes de las primeras páginas, ni las florituras del Gobernador Civil de la provincia, Esteban Egea; ni los mensajes encendidos de Jesús Mañueco y Gabriel Castañeda apoyando sus propias y consabidas consignas... 

Aquí, vamos a ir por partes, vamos a ir a lo positivo, lo que para mi sigue siendo el lamento apagado de mi gente, porque sé que hay una queja antigua y soterrada que nadie se ha molestado en apagar, haciendo realidad unas atenciones y cuidados a los que todo ciudadano parece que tiene reconocido derecho.

Dejo para terminar lo que escribió en su día el poeta Octavio Paz: "He aquí la noche de dientes largos y mirada filosa, la noche que desuella con un pedernal invisible, oye a los dientes chocar uno contra otro, oye a los huesos machacarse por los huesos".

©1994. De la sección "Eco Montañés", publicada en el Norte de Castilla
Imagen: Casa grande o Palacio del Arzobispo Bullón, en Flick

"El Norte de Castilla"




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