Hija de la anorexia y la bulimia

Escribe una mamá enfrentada al drama que esta plaga moderna plantea en muchos hogares:

"Querida X: Disculpa mi ausencia a la sesión de hoy, pero creo que es positivo para Elina, para que vea que estoy cansada de ir al consultorio y repetir siempre lo mismo. Fue una semana en que no estuve tan estricta y ella se aprovechó. Ahora estoy más dura que nunca, porque se está burlando. Creo que detrás de esa carita que pone de nena buena y angelical, hay una persona inteligente que me está desafiando. "Engordé un kilo, qué contenta está mamá, bueno, esta semana hago lo que yo quiero". Me encantaría que la vieras en la nutricionista, la cara de víctima que pone".


No son enfermedades fruto de la necesidad. No es algo que pueda asociarse con el hambre que se padece en los países subdesarrollados por la ausencia real del alimento.

Quienes vivieron bajo la amenaza y hoy pueden contarlo, describen la experiencia como si se tratara de una caminata por un túnel, al que se adentraron para buscar adornos que realzaran su cuerpo y que luego no pudieron abandonar porque no encontraron la salida. Los expertos califican a estas enfermedades nuevas como trastornos de la mente, provocados por la televisión, por la sociedad de consumo, por la imagen. La anorexia suele empezar con una dieta aprentemente inofensiva. La protagonista somete el cuerpo a un hambre atroz y lo habitúa, llevada por los halagos de quienes se mueven en su entorno. Las bulímicas, por el contrario, comen varias veces al día, casi hasta reventar, y luego, para evitar el aumento de peso, se provocan vómitos y hacen ejercicio. "A veces, unas desembocan en el mal de las otras: las anoréxicas desembocan en la bulimia al fracasar en su voluntad férrea de no comer" –explica el doctor Ginés Salido.

Pero no se pierde peso por necesidad, ni siguiendo la tabla de un nutricionista. La imagen muestra, a veces, la respuesta de la persona ante conflictos familiares, su ansia de ocupar un lugar en una actividad que para ellas adquiere una importancia enorme, y otras veces darle la vuelta a sus relaciones afectivas. "Ellos las prefieren gordas, gordas…" —que cantaba Gurruchaga—, es una forma de ingerir con humor lo que la mayoría detesta. "¡Qué guapo estás. Qué gordo te has puesto!" –te dicen, y no sabes si te lo dicen para que reflexiones y adelgaces, o porque, simplemente, es cierto y queda bien. En cambio, he observado muchas veces lo que se le dice a la mujer: "¡Chica, no sé cómo te lo montas. Has tenido tres hijos y te conservas de maravilla…!" Hay como cierta envidia y admiración hacia la gente que come menos, o que mantiene su peso con el ejercicio o, a la que cualquier tipo de ropa le sienta bien.

En los países desarrollados, un alto porcentaje de mujeres han estado alguna vez a dieta, influídos de alguna forma por el constante soniquete de los que triunfan en el mundo de la moda. Muchos de los productos que hoy mismo se recomiendan desde los medios de comunicación, hablan de un cuerpo esbelto y sano y ofrecen la misma calidad con menos calorías. De hecho, el mismo cuerpo de la mujer/anuncio interviene de cebo: "Así consigo mantener mi línea". Tomarse al pie de la letra ese y otros planteamientos, han llevado al martirio a muchas jóvenes y por consiguiente a sus familias. He aquí algunos testimonios:

"Tengo miedo… Hace mucho tiempo estuve internada en una sala psiquiátrica, a los quince años, donde había chicas que tenían 34 y llevaban con anorexia desde los 16. Las veías así, que no podían tener más hijos y, a pesar de ello, seguían con la misma locura por la comida… Me quedé con la sensación de que de esto no se salía. Y aún ahora sigo teniéndola. No sé hasta qué punto puede cambiar una cosa que uno lleva tan adentro".

La trágica historia de las gemelas Kendall, de nacionalidad británica, conmocionó años atrás al mundo. El 20 de abril de 1994, a los 27 años de edad, moría Michaella, y tres años y medio después, el pasado 20 de octubre de 1997, fallecía su hermana Samantha. Todo comenzó en bromas, porque en el colegio sus compañeras hacían alusiones de contínuo a sus kilos de más.

"Se querían tanto, se identificaban tanto –explicaba su madre–, que era como si fueran prácticamente una sola". "Siempre me ha parecido que la anorexia es una forma de decirle "no" a la vida, al menos en el caso de mis hijas, y así fue como labraron su propia muerte. Una muerte lenta, que a Michaella le llevó quince años de agonía y dieciocho a Samantha".

Se sabe que en los sectores profesionales, como modelos, actrices, bailarinas, gimnastas, y azafatas se detectan numerosos ejemplos. Marta Bobo, la gimnasta olímpica, sufrió en su adolescencia problemas de anorexia. Diana de Gales comenzó a manifestar síntomas de bulimia y la modelo Mandy Smith, casada con el rolling Bill Wyman lució un cuerpo esquelético.

En Europa y Norteamérica, a primeros de siglo, las mujeres que se prestaban a esta fórmula, recurrían a métodos dolorosos, llegando en ocasiones a romperse las costillas con el corsé. Los expertos aseguran que estas enfermedades llevan camino de convertirse en una verdadera epidemia para las adolescentes y jóvenes de nuestro país. De las que padecen la enfermedad, hasta un 15% mueren como consecuencia de la falta de alimentos, infecciones causadas por la mala nutrición, deshidratación por el uso excesivo de laxantes o el suicidio al que finalmente las conduce la depresión.


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