18 diciembre 2004

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En 1984, el Fapas crea el proyecto Oso. Ocho años más tarde, en 1992, nace en Oviedo la Fundación Osdo Pardo, cuyo lema es: "contribuir al conocimiento y a la conservación del oso pardo y de su hábitat".

Me parece bien y lo apunto como parte de esa diversidad que enriquece los caminos del hombre. Pero no dejamos de felicitarnos por el lema que aparece en la cabecera de nuestra Asociación: "Por un desarrollo sostenido y armónico de nuestra zona en el que, la mejora de vida de las personas sea el objetivo primordial e irrenunciable".

Marc Alonso, un técnico de la Generalitat encargado de seguimiento del oso en unas declaraciones a un diario nacional a finales del siglo pasado, pide a las gentes que no crean en las historias mitológicas que se cuentan, que no hagan caso de esas leyendas negras donde el oso es la alimaña que se come todo lo que encuentra.

El hombre, aunque mermado por la losa de la emigración, gana por goleada al oso. Los defensores del animal saben que para tener más osos hay que aumentar el número, y para cumplir esta premisa, en 1996, los franceses sueltan a Giba y Melba, dos magníficos ejemplares capturados en el sur de Eslovenia. Giva, de unos seis años de edad y 100 kilos de peso; Melba, un año más pequeña. Cada animal llevaba entonces dos emisores que permitían conocer con un margen mìnimo de error, dónde se encontraban, qué comían y de qué modo se iban integrando en el paisaje.

El técnico que me sirve hoy de base, formaba parte del programa Life, un proyecto de la Comunidad Europea en el que participaba Francia, Navarra, Aragón y Cataluña. Dentro de ese programa se contemplan diferentes medidas, muchas de las cuales se citan también en nuestro término: mejora de los hábitats, gestión de las zonas oseras, ayudas a los ganaderos...ect. Los franceses fueron los únicos que se comprometieron a la liberación de osos importados, mientras que por detrás, desoyendo las mejoras que prometían, los ganaderos y agricultores dijeron que "matarían a la bestia, si pudieran". En el lado español fueron más prudentes y se conformaron con que los defensores, los guardianes o el Estado (quien quiera que fuese el responsable), les resarciera de los daños que el animal causara en las colmenas y el ganado, no sin advertir que, si fuera necesario, se haría se haría uso de la escopeta y el veneno.

No se miden esfuerzos para la conservación y el acomodo del oso. Las patrullas se encargan de buscar pieles y excrementos que envían a los laboratorios de Madrid. De eso modo, cada día se saben más cosas de ellos: se estudia a conciencia su ADN, se pretende conocer con exactitud el número exacto de ejemplares, su grado de parentesco, su variabilidad genética, de manera que ningún furtivo pueda escapar a la justicia. Guillermo Palomero, que hace unos días concedía una entrevista a la Agencia ICAL, con motivo de la apertura del Museo de Verdeña, ya dijo entonces:

"Vivimos un momento histórico: o salvamos ahora al oso pardo, o nos despedimos de él para siempre".

Y para compensar de algún modo aquellas impresiones donde el oso era el rey y nada sobreviviría a él, el reportero suaviza el asunto con la intervención de Marc Alonso, quien asegura que: "el futuro pasa porque el oso y el hombre sean compatibles y complementarios".

Yo soy consciente de que todos los que están involucrados en este programa de defensa del oso han hecho bien su labor. Lo hacen bien, coño, reconozcámoslo. La muerte de un oso conlleva un duelo largo, que siempre lleva por testigo a la estadística.

Se pretende sensibilizar a la población, hasta que el lamento del peligro de su extinción se haga una coletilla imprescindible en todos los escritos y referencias. Dentro de poco, nadie se acordará de los hombres y mujeres que hicieron posible la vida en esta tierra, sobrellevando tantas cargas y dificultades con la mejor sonrisa.

Me pregunto: ¿qué ocurrirá el día que los investigadores den con la clave para que la población osera se reproduzca y crezca?

Si los naturalistas siguen haciendo su labor como hasta ahora, pronto se hablará de habilitarle al hombre un hogar nuevo en torno a las villas más pobladas, para que uno de los animales más tímidos y solitarios de nuestra fauna se acomode y viva a cuerpo de rey en el contorno.

Miedo me da pensarlo.

04 diciembre 2004

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La Asociación de Amigos del Valle de los Redondos, recupera estos días el discurso de Luis Redonet, pronunciado en la Real Academia de la Historia el 28 de Marzo de 1852.
El citado documento se publicará como separata unos meses más tarde con el título "Cambio de Capitalidad y de nombre del Ayuntamiento de Redondo".




El Académico somete a la aprobación de la Institución el cambio de capitalidad, que de la villa de Redondo ha pasado a su agregado Areños, más que por el hecho en sí, por el modo en que se hizo, discurriendo acerca del alcance y la legalidad del referéndum.

Para defenderse de este cambio, que muchos no aprueban, en base al factor histórico y a que fue Redondo, con sus dos barrios de San Juan y Santa María, quien ofició de árbitro e impuso siempre su nombre al municipio, el académico hace hincapié en una serie de factores que, aunque no le devuelvan la capitalidad que ha pasado a ostentar Areños, sí deba conservarse la denominación exclusiva de Redondo o la dúplice "Areños-Redondo" o viceversa.

Resulta que, Redondo fue la villa de mayor número de habitantes respecto a sus agregados y en ese momento no ha perdido la superioridad demográfica. Para aseverarlo, Redonet hace alusión a los estudios monográficos, a las crónicas, a los diccionarios geográficos y a la obra de Gerardo Monge y Amando Gordillo: "España Término Denomniada", obra a la que recurre también el concejal Luis de Mier para combatir el cambio de capitalidad. Otro de los puntos que barajan los partidarios de enmendar ese nombramiento es que de 250 ayuntamientos que tenía la provincia de Palencia en el año 1908, carecían de ordenanzas propias 197; es decir, únicamente las tenían 53, entre los que figuraba Redondo, lo que se apunta como un hito, dada su topografía, su áspero territorio, su cruelísimo clima y sus rudas condiciones de vida. Otro de los apartados habla de la estadística de la Diócesis palentina mandada hacer en tiempos del obispo don Vasco, en el Sínodo Diocesano de 1345 y donde aparece ya el pueblo de Redondo como cabeza del Arciprestazgo, con la correspondiente jurisdicción y primacía que esto supone sobre los curas e iglesias de su respectivo territorio.

Insistiendo en la defensa de su nombre, el académico recurre a la figura de Sebastián Miñano que, sin citar de dónde toma la noticia, expone en 1827:

"En el término de Redondo está el convento franciscano de Corpus Christi sobre la cima de un cerro.../ La casa e iglesia son bastante capaces; el número de religiosos, de cuatro a seis, con dos legos. Regularmente van allí por penitencia o corrección. Es un lugar muy frío y lóbrego y se intitula: Nuestra Señora de Biarce."

El Diccionario Geográfico Universal, confeccionado al parecer por una Sociedad de Literatos (1833) se limita a copiar a Miñano, y coinciden estos con Garma y Salcedo en el nombre de la villa y en el del convento. Pero el apartado más curioso, que me sirve para cerrar este capítulo, es el que se refiere a los hidalgos. En aquel momento nada existe de tan rancia prosapia como los hidalgos, tan vinculados a nuestra legislación, a nuestra historia, a nuestras costumbres y a nuestra literatura.

Ya lo decía la copla:

"En el lugar de Redondo,
donde los hidalgos son,
cuanto más largos los días
más se acorta la ración."


Fueran o no "tochos", según reza otro cantar, y no hidalgos de sangre de cuatro costados ni siquiera de privilegio, sino simplemente de gotera, aunque atribulados por la pobreza agrícola y ganadera de la comarca inclemente y pedregosa en que vivían, todas las pruebas presentadas tratan de demostrar que los hidalgos de Redondo concedieron a esta villa un rango que merece conservarse a través de su nombre.

De la sección "Impresiones" publicado en "Diario Palentino".

13 noviembre 2004

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“Los jóvenes ya no huyen de su pueblo” –afirma el demógrafo Benjamín García Sanz en su libro “La sociedad rural ante el siglo XXI”. Para el director del Departamento de Sociología de la Complutense de Madrid, “la España rural empieza a repoblarse, pasada ya la crisis de los años 70,y la tendencia es que las entradas de los pueblos están aumentando”.


Frente a tanto experto como nos augura un resurgimiento, quienes hacemos un contínuo seguimiento del medio rural, no dejamos de vaticinar la muerte irremediable y próxima de muchos pueblos. Lo hemos escrito muchas veces. Somos precursores de la catástrofe y, aunque no bajamos la guardia, no tenemos a mano ni se deja ver en las manos de quienes pudieran hacer algo, una señal que nos desmienta. Con razón asistimos ahora a ese levantamiento de los sorianos, que ya desde 1983 encabezan la lista de las provincias de nuestra región con más baja natalidad. Y es loable el alzamiento, que no va a detenerse en este manifiesto, porque ya estamos hartos y en algún momento tendremos que coger nuestras pancartas y unirnos a ellos, y que tiemblen de una jodida vez las Cortes Castellanas.

Porque si se habla en muchos circulos de nuestro pasotismo, y aquí parece que no nos mueve nadie a una protesta en firme, sabemos que la paciencia tiene un límite, que quien espera desespera y que si hay una pizca de entendimiento y nos unimos todos, la sentada puede hacer historia. Que hablen los políticos, pero que vayan resolviendo, que vayan cerrando de una vez heridas. Si ellos que tienen el poder y la capacidad de gestionar y resolver siguen dándonos largas, tendremos que pincharles para que no se duerman.

Aunque parece que soplan buenos aires y en un corto periodo de tiempo hemos asistido a declaraciones de importantes mandatarios que invitan a una esperanza. De un lado, la inversión de 70 millones de euros que el departamento de Medio Ambiente destinará a los Espacios Naturales y, de otro, el elocuente gesto de Zapatero en Lugo, frase que se recoge en varios rotativos:

“Quiero estar más cerca y más veces en aquellos territorios, ciudades y ciudadanos que necesitan más apoyo, inversión, desarrollo y solidaridad”

Entre estos territorios figuran las cuatro comunidades autónomas del noroeste peninsular –Galicia, Asturias, Castilla y León y Cantabria– que, según el presidente serán destinatarias de un especial esfuerzo inversor en los próximos Presupuestos Generales del Estado.

Pero, de momento, no dejan de ser proyectos que para nada despejan la incertidumbre que vuela sobre los pequeños pueblos.

Para conocer más de cerca el fenómeno de esa bola de fuego que va dejando desierta nuestra comunidad, nada mejor que ir tras los pasos de toda esa gente que ha pateado sin descanso los pueblos para trasladarnos el resultado de sus investigaciones. El investigador burgalés Elías Rubio, viaja por “los pueblos del silencio” y apunta entre las causas de la despoblación las mismas que a diario vemos en los nuestros: aislamiento, pésimos accesos, mala relación vecinal, falta de servicios, dureza del clima, familias abultadas, efecto dominó…

En Cuzcurrita de Aranda, pueblo perteneciente al Ayuntamiento de Brazacorta y al partido judicial de Aranda de Duero, que en 1940 llegó a tener 111 vecinos, se cita como la casua de la despoblación total (1973) la adquisición por un particular de todo el pueblo-coto.

Mucho se habla y se estudia el fenómeno de la despoblación rural en Castilla y León. Las administraciones se han pasado la vida haciendo estudios de tan significado drama. Cuando todos los montañeses vemos una posibilidad de futuro con la instalación de algunas empresas, ¿no consideran ustedes que todas la administraciones debieran implicarse de verdad para facilitarle al empresario terrenos y acondicionar los accesos al lugar?

Sinceramente creo que quienes nos estudian y nos gobiernan, no quieren para nada que se detenga esta bola de fuego.
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Dicen que gobernar es poblar
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Desiertos, desolados
Desaparecidos y rehabilitados



06 noviembre 2004

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A medida que avanzan los días, la nostalgia me devuelve al encantado valle de Redondo. Yo estoy emocionado por este Universo de colores, por esta sinfonía variopinta que lo mismo te muestra una pared pintada en un Ribero, que te abre los ojos a la Sierra, donde Tres Mares se evidencia como un clamor acurrucándose sobre la mesa de nuestro Peña Labra.


Seguro que este retintín mío les suena a quienes han tenido la paciencia de seguirme, y les seguirá sonando mientras me queden fuerzas, porque, como en el amor, en la promoción ha de existir un diálogo constante, repitiendo miles, millones de veces, nuestro mensaje, que estimula y advierte, que refresca las ideas y va apoderándose poco a poco de la ambigüedad y el desinterés de los más reticentes. Si quienes llevamos el mensaje nos mostramos excépticos y desencantados, mal revulsivo transportamos.

Como ya anunciamos en la pasada primavera, el pasado mes de agosto se paseaba por Santamaría de Redondo, Luis Domingo Gaya, natural de Soria y, desde hace un año, rector del Monasterio de Santa María de Liébana, lugar de oración y peregrinaje que, curiosamente, se reconstruye a mediados del pasado siglo (1959), alcanzando la fama gracias al fragmento de la Cruz de Cristo que un monje decide traer desde Jerusalén a España.

El propósito de la Asociación de “Amigos del Valle de los Redondos”, es despertar la conciencia de estos pueblos y, en este caso concreto del Monasterio de Viarce (lo que se traduce como Camino del Castillo), ubicado entre “Amargoso” y “Serbales”, promover una exhaustiva investigación que vuelva a poner en pie tan importante legado histórico.

Según la historia que ha llegado hasta nosotros, cien años después de la muerte de San Francisco de Asís (1320), se funda el convento del Corpus Christi, conocido más tarde como el convento de Viarce. Su fundación se atribuye al moro Juan Peña que, descontento de su vida, llega a estos valles buscando algo que diera sentido a su existencia. En otros textos se pone en entredicho que fuera Juan su fundador; lo que no cabe duda es que el moro existió, intervino en su reforma y fue una pieza importante en su mantenimiento.

En la “Aventura Política de Matías Barrio y Mier”, un ensayo sobre nuestro ilustre paisano de Verdeña (en manos ahora de quienes parecen decididos a editarlo de cara al centenario de su muerte) hago un extenso recorrido por una de las leyendas con la que Matías da testimonio de estos lugares y sus gentes. Allí habla de cómo se le aparece la Virgen a este moro y le manda en penitencia que peregrine a Roma. Juan Peña toma el camino de Roma y allí visita las tumbas de San Pedro y San Pablo, los lugares que dan motivo a las leyendas, las catacumbas... En definitiva, allí se convierte al cristianismo, influyendo en la decisión el fraile Alvaro Pelayo, confesor del Papa Juan XXII que le anima a fundar en Viarce un Convento. El moro toma el hábito franciscano, orden religiosa que surge al norte de Italia y que se extenderá rápidamente por Europa: alojados en casas sencillas o en conventos pequeños, con unas normas que les permitirán moverse por las cercanías, predicar, hacer misiones populares. En el citado convento vivieron seis u ocho frailes y hoy todavía puede verse la distribución: el altar mirando al este, por donde sale el sol; un pequeño claustro y las celdas. Sus moradores entregados a la oración, sin descuidar la visita a los pueblos del contorno, el cultivo de la huerta alrededor del monasterio, ayudando en los oficios a los sacerdotes de las parroquias vecinas, hasta que en 1836, son expulsados por la famosa ley de Mendizábal.

El último fraile se hizo sacerdote, vivió en Santa María y la imagen pasó a la iglesia de este pueblo.
Se sabe que un antepasado, Arnao de Velasco, emparentado con los Condes de Siruela o Condestables de Castilla, legó sus bienes al Convento y aquellos regalaron la talla de la Virgen que ahora se exhibe en la Iglesia de Santamaría (aunque no es la verdadera, y esta explicación desbordaría el espacio de que disponemos). Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía no tenían hijos, pero eran muy devotos y amigos de los frailes. La historia más probable es que fuera un regalo de ellos. Fue importante la imagen y la devoción que suscitó la misma en todo el Valle, lo que viene a invitarnos a cuidar nuestra historia, tanto como cuidamos nuestra vida.-

De la sección del autor "Impresiones", publicada en Diario Palentino.
Imagen: @Ribero Pintado, por José Luis Estalayo

30 octubre 2004

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Los tiempos cambian. Se supone que avanzan deprisa y hay un momento en la vida en el que a todos nos pilla desprevenidos el futuro, por más gimnasia y adaptaciones que ensayemos. Miro la portada del libro “Sentir y potenciar Palencia”, donde más de cien autores intentan en un relato desesperado cantar las enormes posibilidades de nuestra capital y provincia.

 

No obstante, a mi lo primero que me entra por los ojos, son las cartas de nuestros lectores, que vienen a ser como los remos nuestros, que se sienten heridos por nuestro tratamiento de la noticia, que aportan a su vez historias a las que el diario no ha llegado, que discrepan o apoyan nuestros planteamientos. Una de estas cartas que te invita a reflexionar, la escribía hace unos días Jesús González Ruiz, el alcalde de San Cebrián de Mudá. Allí se habla del cambio que han experimentado nuestros pueblos, de las respuestas tan ambiguas y lejanas de nuestra administración para darle una asistencia cualificada y ágil a lo que denominamos ayuda a domicilio.

Allí se habla sobre todo de la ocultación.

Hay un miedo latente que se deja entrever en todos los rostros, que sale a colación en todas las conversaciones. Es un miedo que se percibe ya en lugares como Los Llazos, donde te hieren los ojos las tenadas hundidas, las casas a punto de caer, lugares semiabandonados como el potro o la Iglesia de San Martin de Tours y las calles desiertas. Sólo un vecino de guardián y señor que soporta el mal tiempo estoicamente, que sobrelleva las tareas del verano, y que, cuando en lo más alto del invierno, los reporteros de televisión llegan hasta las puertas de su casa y le preguntan que cómo se siente un hombre solo, rodeado de tanta soledad, cercado por ese lobo blanco, les responderá como responden los castellanos viejos, que esto es así y que nadie conseguirá cambiarlo.

Desde la parte más elevada del pueblo, la visión es sobrecogedora: Tremaya al fondo, Areños a su espalda y un valle inmenso a los pies de este lugar que se divisa espléndido desde la cima de la Peña Tremaya. En la memoria de todos, este hecho que es sinónimo de estertor, es un hecho aislado. Parece que la muerte de un pueblo tiene que llegar como llega el invierno y Los Llazos pasarán a los anales de la historia como pasaron San Julián, San Martín de Redondo, Roblecedo (que no Celada), Carracedo, Villanueva de Vañes… Algunos pueblos desaparecieron en 1350, cuando la peste negra (que dura más de 50 años) provoca un descenso importante de población; otros, como Villanueva, desaparecerán bajo las aguas del pantano de Requejada, y la visión futurista de Barrio y Mier sobre el ocaso de estos lugares, toma como referencia a Carracedo, con una vieja que puede ser el propio libro de la historia, describiendo al dedillo cada mojón y cada hábito; las fiestas, los vestidos, los instrumentos de labranza, la situación de los pueblos…

Pero la ocultación es un mal de este tiempo.

Queremos huir de las represalias y callamos. Enmudecemos porque no deseamos que nos molesten pidiéndonos participación y compromiso para poner a flote el barco anegado de agua; nos molesta que el pueblo se llene de gente, como si el pueblo fuera nuestro y no tuviésemos bastante campo libre; porque, sinceramente, aquí molesta todo el mundo que no se adapte a nuestra imagen y semejanza.

Y son silencios encubiertos que van minando nuestras fuerzas, ocultaciones que se van agrupando y dividiendo, da igual ya que se trate de asuntos personales, o que impliquen de algún modo a la comunidad..

Somos conscientes de que en algún momento nos tocará salvar el escollo en solitario. Despotricaremos entonces contra el médico, contra el maestro, contra el sistema, por ese tratamiento vejatorio e injusto que ya anunciaron otros antes y, si acaso, lo contaremos meses después como una anécdota.

Cuesta mucho movilizar a un pueblo que por comodidad o conformismo sigue ocultando su historia, a veces inmensamente rica, a veces no tan buena y, en tantas ocasiones, perdiendo agua a mares por la quilla.

Imagen: Ermita abandonada de San Jorde, de Amando Vega

23 octubre 2004

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Por cada dos sorianos que nacen mueren tres. Dato escalofriante que no ha impedido, sin embargo, la rebelión más sonada de los últimos tiempos. Así lo entendieron también los sorianos de la diáspora que se reunieron en la localidad de Ólvega para celebrar el XII Encuentro de Casas Regionales.

Con estos datos en la mano, hasta el más cínico y apátrida se revuelve y empieza a darle vueltas a su ombligo, porque nadie tiene la cosecha asegurada y un vendaval se lleva en un momento todos los libros, todos los silos, todas las reservas.

La previsión es aconsejable, pero la echamos a andar tarde. Sirva como referencia esa Semana Cultural Celtibérica que el Ayuntamiento y la Asociación “Tierraquemada” de aquella ciudad castellana celebran a primeros de septiembre con el objetivo de llamar la atención y promover el patrimonio histórico cultural.

Yo ya escribí ficticiamente, hace varios lustros, sobre un levantamiento popular que pusiera ruedas a estas autoridades que gobiernan los pueblos y que ignoran la presión que se puede ejercer, el poder al que tienen acceso, la opción que tienen de cambiar la cara de los lugares donde viven y que cada día que pasa van a menos, donde por miedo a la responsabilidad civil suprimen los columpios.

En una conversación que quedó pendiente con el concejal de la Pernía Luis Angel Alonso, se proponía advertirme aquel sobre una realidad de los pueblos que desconocemos los que estamos fuera. Yo no puedo jactarme de conocerlo todo pero si hago un ejercicio de memoria, puedo hacerle una lectura bastante completa de los que quedan, de los que se fueron, de los díscolos, de los independientes, de quienes se creen que obran bien guardándose la piel de corderos y lobos, de quienes se pasan la jornada criticando al vecino, buscándole faltas a las cosas sin poner de su parte ni un humilde granito.

Y en la hemeroteca de este diario quedan cientos de artículos donde con mayor o menor acierto hemos ido dando fe de la historia.

Pero sí es verdad que uno ha de revestirse de un caparazón que soporte las sorpresas más fuertes. Hablando con unos y con otros, me entero de las dificultades con las que se tropieza el empresario que deseaba instalar en terrenos de Urbaneja una embotelladora de agua. El hueso duro es un vecino que posee una tierra, apenas un cascajo, que de la noche a la mañana puede reportarle pingües beneficios. Lo de pedir es libre, pero que nos ciegue el egoísmo y la especulación es triste, porque perderemos lo que no vale y lo que vale, y lo que es más importante, una empresa que comience de una vez por todas a fijar población.

El mayor revolucionario de todos los tiempos, que gritaba a los cuatro vientos las necesidades de esta tierra, que se partía el alma con el que hiciera falta para buscarle asiento, que despotricaba contra el oso y todos los amantes y seguidores de la fiera, que pedía manos que ayudasen, corazones que entendiesen, voces que difundieran de verdad la injusticia que durante cientos de años se cometío con esta tierra, cuando tiene la ocasión de hacer algo importante, cuando puede cobrar 2 por una tierra que vale 1, se pone chulo y pide 10 y nadie le apea de aquella lotería que quedará como una anécdota.

La vida te da sorpresas. Yo ya me he curtido bien la piel para que no me traspasen las balas traicioneras y no sufra la espalda el peso de esas manos que dicen apreciarte y mañana te venden por cuatro céntimos de euro.

Dios quiera que esos cuatro mil sorianos que se levantan contra el olvido constitucional, no estén dispuestos a vender a su madre como este patriota y defensor nuestro.

Imagen: Soria, por Jorge

16 octubre 2004

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No es la primera vez que alguien se refiere con un especial énfasis a mi lugar de residencia, como diciendo: “vive allá”, “no es de aquí”, “de aquí son los que están” o, lo que viene a ser lo mismo: “es de aquí pero como si no lo fuera”.

Y lo que daña a la vista es ese especial interés en remarcarlo, como si aquellos que tuvieron que dejar la tierra por los motivos que fuera (que siempre han de ser motivos importantes), estuvieran condenados al desahucio; como si no tuvieran derecho a posicionarse en los asuntos que conciernen a su pueblo, donde vive su familia; a su tierra, a la que contra viento y marea ha defendido allá donde estuviera.

Le recuerdo a él y a otros como él (tiene hijos jóvenes) que algún día no muy lejano puede verse en la misma tesitura y sólo entonces llegará a comprender la herida que se infiere cuando se habla tan a la ligera de los palentinos de la diáspora. No es la primera vez que él mismo hace alusión a marcharse de esa localidad donde vive y trabaja, sin entrar en asuntos de profesionalidad, porque no está en condiciones de jalear la autenticidad del trabajo de nadie.

La diferencia de esa “mi tierra”, a la que yo añoro, por la que yo desde mi humilde posición trabajo cada día en la web, en el diario, en los libros que preparo sobre sus personajes y su historia y, “su tierra”, es un abismo en el que no llegamos a encontrarnos.

“Su tierra” es la de aquellos que piensan que vivir en ella ya da derecho a todo, cuando, si acaso, como mucho, pueden ser dueños de las cuatro paredes de su vivienda y tener ciertos derechos sobre el patio. “Su tierra” es un lugar donde no caben ni siquiera aquellos que con tanto tesón nos la legaron.

No es la primera vez que alguien cita con alevosía tu lugar de residencia (que por otro lado no he negado jamás), como queriendo hacerte ver que no tiene sentido que manifiestes tu opinión o que ayudes a poner en marcha una Asociación que se implique en su crecimiento y su defensa.

Reconozco que soy muy sensible a todo lo que concierne a mi lugar de nacimiento. Un romántico de los que ya no venden, pero es verdad que, este paulatino crecimiento, esta fe que dos centenares de personas han depositado en tu proyecto, te da alas, te da un poco de orgullo, porque es bueno que el hombre no esté solo y yo he vivido en soledad durante veinticinco años, los mismos que he venido ejerciendo mi colaboración desinteresada y altruista con todos los medios palentinos.

No he sido yo el que negara el esfuerzo de Mariano San Abelardo, actual alcalde de La Pernía (dónde lo ha visto usted escrito?), y él será dueño de su mérito. A usted también le alcanzará la gloria, en el caso de que eche andar esa embotelladora y usted estará eufórico perdido porque sin duda le gusta destacar en las celebraciones y codearse con los altos cargos de la provincia.

Leyendo estos días un diario de Asturias, se cita al alcalde de una localidad de aquellos pagos como el verdadero impulsor del túnel de Piedrasluengas. Otro diario, cercano al nuestro, ha procurado relegar y casi hacer desaparecer el nombre de “Fuente Cobre” como impulsora y a mí, sinceramente, lo único que me molesta es la intencionalidad, que las cosas se hagan con ese tonillo de sarcasmo, removiendo la herida, tratando de buscar al precio que sea malentendidos y culpables.

Bien lejos de nuestra intención desmotivarles. Me sobra generosidad, porque eso precisamente es lo que me llena de alegría, ¿sabe por qué?

Porque al final lo que importa es el hecho, no el personaje que lo hizo. Importa que se hagan las cosas, y aunque se agradece y se valora la mención, no tiene sentido un pataleo para demostrar quién fue el primero, quién da más, porque todos tenemos el deber de intentarlo estemos donde estemos.

Por las citas finales parece que a usted le gusta la política y dice percibir bastante bien las cosas. Anote esta frase de un tocayo suyo, Louis Pasteur: “Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras”.


09 octubre 2004

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No he sido capaz de escribir ni una línea. Eran tantos los frentes abiertos, tal era la obsesión por renombrar hechos y sucedidos, que apenas cuatro pasos de bolígrafo se me hacían cuesta arriba. Y hete aquí que, aunque todo parece conocido, aunque todos los rincones te parecen trotados, sabes que siempre hay un sendero que no anduviste, donde al decir de las gentes se halla un tesoro, vestigios de nuestros antepasados que tanto atractivo despiertan en las nuevas generaciones de turistas.


Tan extenso y variado es nuestro Parque Natural que incluso quienes viven en él parecen sorprendidos y asustados cuando los que llegan de fuera, les alertan de las riquezas que se esconden “tras os montes y valles”.

Y uno todavía se sorprende a los 46 años cuando llega a su tierra, descuelga el jamón y la bota, prepara la tortilla, mete en la mochila unas botellas de agua y se va monte arriba a descubrir un rincón nuevo. Ya lo ven, ventitantos años hablando de la montaña, llamando a su conquista, pidiendo a las autoridades que se muevan para promocionarla, y vamos a toparnos con un rincón de ensueño en el profundo valle de los Redondos, por encima de “Montebismo”, la última empresa minera de esas latitudes, el último vestigio de una historia que llenó de luces y de sombras esta tierra.

Jesús González, que habita en la casa que fue de los “Grimaldi”, me reprocha cariñosamente este hueco en mi memoria. “Hombre, Lózar, sigo desde hace tiempo tus artículos y me ha extrañado que nunca hicieras referencia al Ribero Pintado”.

Adentrarse en el Valle de los Redondos es una gozada para la vista. Después de atravesar pueblos donde abundan escudos y blasones del siglo XVII, dejando a nuestras espaldas las emblemáticas Peñas del Moro, que dan pie a la leyenda de Viarce, uno se adentra en una tierra virgen, valle agreste donde tanto tiene que decir la botánica, uno de los reductos de mayor valor ecológico de la cornisa cantábrica, al decir de los investigadores y amantes de la naturaleza.

Avanzamos por el camino que enseguida nos muestra la verdadera imagen de Tres Mares. A los pies de la sierra se abre un extenso valle, donde las piedras parecen incrustadas en el césped, en una especie de pequeña maqueta de “Las Tuerces”.

Zurrón al suelo, trago de agua, el olor del chorizo que te anima el estómago, la tortilla que aquí en los campos sabe a gloria bendita, allí nos aposentamos frente a una manada de caballos. De pronto, ante nuestros ojos asombrados, se abre una imagen nueva, en la falda de un monte, como construida a propósito por los antiguos moradores de esta zona, pero capricho al fin de la Naturaleza, impresionantes vetas coloreadas, como si se tratara de mosaicos adheridos con ventosas a la tierra.

A medida que van ganando altura, los colores se mezclan, cuándo anaranjados, cuándo verdosos, de mil colores diferentes. El Ribero Pintado es la parte mágica del valle, a un paso de la sierra. El camino es una constante cascada de sonidos hasta salvar los tres kilómetros que separan ese lugar encantado del pueblo de Santamaría.

02 octubre 2004

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Fue a primeros de noviembre de 2002, cuando Ricardo Cabero, empleado de banca y vecino de Palencia, me propone la idea de una Asociación que de un impulso a esta tierra. Soy consciente del rechazo que aquí provoca esa palabra, y así se lo confieso. La motivación surge a raiz del enfrentamiento del pueblo con un vecino nuevo, que hace suyos unos centenares de metros, ante la carencia de papeles que demuestren la propiedad del municipio y la pasividad del alcalde del Ayuntamiento. En un Concejo que se celebra a finales de Julio de aquel año, donde no faltan amenazas e insultos, los mayores del lugar recuerdan la utilidad que se le dio a aquellos terrenos durante años bien como bolera o como aserradero.

En las primeras reuniones de la Asociación Fuente Cobre, cuando poníamos sobre la mesa situaciones e historias que estaban demandando la atención de los pueblos, se hablaba entre otras cosas de la recuperación del folklore; de una escuela de la Naturaleza en el Valle de los Redondos, para estudiar y familiarizarse desde temprana edad con un entorno tan lleno de contrastes; investigación del Castro Celta de Herreruela de Castillería (prospección que viene realizando la Junta de Castilla y León); contacto con varias empresas embotelladoras de agua, y cuya instalación en la zona ha peligrado por el abuso y la insolidaridad de algunos propietarios de las fincas que pretendían obtener hasta ocho veces su valor, asunto que abordaré en su momento y, en fin, rutas de los chozos, rutas de los roblones...etc.

Todo eran proyectos interesantes y siguen siéndolo, en la medida en que seguimos comprometidos buscando respuestas y atenciones, de una administración regional que creyó cumplir su cometido por el simple hecho de nombrarnos Parque Natural.

En la última reunión, celebrada en Verdeña a mediados de Agosto, Emiliano Vega, que pasa el testigo a Luis Angel , hace referencia a ello en varias ocasiones: “Parques Naturales de título, no”, “Nos quieren como Parque sin invertir ni un duro”.

Al llegar al punto de ruegos y preguntas, una vecina de Urbaneja se interesa por la promoción turística de nuestro Pantano de Requejada, a sabiendas de la utilización y el estímulo que opera el de Ruesga. Se hace mención también al pasotismo de Medio Ambiente: cuadras cuyos desagües van directamente al río, torretas de luz situadas en mitad de los pueblos con el consiguiente peligro, presupuestos del habitat minero que van destinados a pueblos y zonas que no tuvieron minas; la prohibición de echar a andar Parques Eólicos que llenarían las arcas de los depauperados ayuntamientos; malos accesos para observar el Parque, dificultades para ver las distintas cadenas de televisión, desplazamiento de los enfermos que necesitan una extracción de sangre... y muchos asuntos más que iré abordando en este nuevo curso.

Debo decir y agradecer el interés que ha despertado nuestro movimiento en la zona norte. Llenar una sala con doscientas personas para ofrecer una visión de la realidad y pedir ayuda y compromiso, en una población que escasamente pasa de quinientos, es para nosotros un triunfo.

Aquellos que dudaban, aquellos que querían ver como Santo Tomás antes de formar parte de ella, quienes nos ven como enemigos porque pedimos asímismo el respeto a la propiedad ajena, los que miran para otro lado cuando llegan a nuestra altura, ya están viendo la luz de la iglesia, pronto verán la embotelladora de agua, y el que tenga ojos u oídos habrá sentido la fuerza que se empieza a ejercitar desde todas las alcaldías del norte para modernizar el trazado que nos comunique con Cantabria.

Y pasen, señores, que no llevamos cuenta de sus miedos ni de sus negaciones. Aquí siempre serán bien recibidos.

25 septiembre 2004

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Me sitúo ante el cuaderno para desgranar con la mejor intención mi pensamiento al respecto de este interesante título que firma la alcaldesa de Velilla, Josefina Fraile. Posiblemente a esta mujer la polémica le acompañará siempre.


Ahí queda para muestra una de los últimos plenos. Hasta nuestro director, Carlos Santoyo, le hizo un exhaustivo seguimiento en la tercera de los domingos, que una cosa es la voluntad que ponemos en hacer las cosas, el riesgo que asumimos, y otra, la razón que choca con la razón de los demás. Pero ni sus opositores más acérrimos le podrán negar nunca su forma de implicarse en los asuntos, su firmeza para llevar adelante los proyectos. Y la montaña necesita mujeres comprometidas y rebeldes como ella.

El deseo de conciliar la supervivencia surge a raiz de las Jornadas de Información y Debate sobre la estación de esquí de San Glorio, proyecto que implica a tres provincias: Cantabria, León y Palencia. En las dos primeras no se presentan problemas para su realización. Palencia, que es la más necesitada de este tipo de emprendimientos, se enfrenta a las férreas normas de un Parque Natural donde todo se prohibe menos morirse de desidia. A mí lo que me cabrea de las normativas es que sean como el francés: que se escriban de una forma y se pronuncien de otra, o lo que es parecido, que se escriban pero se prohiban, que se escriban pero no se cumplan; que se escriban y luego cada quien las interprete a su manera, pareciendo hábito normal sacarle acepciones y defectos, de manera que como escrito bien, pero como norma, un manifiesto más de nuestro poder regional que es un papel mojado.

Qué sentido tiene si no, que alguien escriba como norma que uno de los beneficios que reporta la declaración de Espacio Natural es “crear infraestructuras y lograr unos niveles de servicios y equipamientos adecuados”. Cómo se ha de entender que una de las premisas sea “fomentar la integración de los habitantes en las actividades generadas por la protección y gestión del espacio natural”. Si la normativa es tan estricta y no se abren las puertas a empresas que generen puestos de trabajo, qué actividades pueden generarlo: ¿guardar los árboles?, ¿proteger los montes? pero ¿de qué o de quién?, porque a este paso no llegará nadie; ¿vigilar los pájaros y los lirones?, ¿dar de comer al oso?

Y es cierto que se tiende a masificar la guardería, muchos guardas que por otro lado van cerrando los ojos ante actividades que están inmersas en un claro incumplimiento de la normativa. Ellos se disculpan diciendo que no son asuntos de su competencia, pero tendríamos que sentarnos para estudiar a fondo derechos y deberes al respecto. Aquí hace falta un Flaviano Casas.

Cómo sobrevivir, es la pregunta. Cómo compaginar el respeto al medio con la instalación de infraestructuras que posibiliten el desarrollo y el avance de nuestra montaña palentina?. Es obvio que algo debe romperse, que los defensores de las flores y de los bichos van a salir a la calle con pancartas y gritos, pero si son tan democráticos como se supone aceptarán un referendum y, aunque los ecologistas se agrupen a una señal de humo que vean, no se puede hablar en ningún momento de numerosas muestras de apoyo a su rechazo. Se trata de cien, doscientos, mil, dos mil, póngale cinco mil con todos los que vienen de otras comunidades. Súmele otros tantos que por comodidad no se pronuncian ni a favor ni en contra. Y el resto añádalo a quienes desde fuera y desde dentro estamos ansiosos de ver que por fin esto levanta el vuelo.Es evidente que llevamos tantos años de atraso y abandono que nos importa un bledo la desesperación de estos defensores del planeta.

¿Dónde estaban en los crudos inviernos? ¿Les preocupa la despoblación? ¿Les preocupa el hombre? Y lo que es más importante, ¿van a negarle la voz a quienes viven aquí durante todo el año?Aquí estamos bien conciliados y de acuerdo con todos los que apoyan el desarrollo y la supervivencia.


24 julio 2004

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Muchos años colaborando en la prensa no le dan a uno la razón sobre todas las cosas. Ni tan siquiera, sobre aquellos asuntos que conoce mejor, porque le han preocupado, porque ha vivido cerca, porque parte de su familia sigue al frente del cañón en una época tan controvertida y difícil para todas las partes.

No hemos pedido una tribuna. Se nos ha concedido en base a una serie de normas que le dan en la cara al tío más pintado y que no aparecen escritas en ningún documento.
Mi supuesta valentía o la equivocación que otros entienden en mis juicios, no me aporta ni hormonas, ni dinero negro, ni calidad de vida.

Estoy empeñado —como suele decirse—, hasta las cejas en la defensa y la promoción de nuestra tierra. Ese no es el sueño de la gente normal. Uno nace, juega y se divierte, hasta que, según la tradición y el sentido común, entra en razón, se pone serio y se mete en la coraza suya, de su quehacer, de su negocio, de su familia, de “las casas de sus vidas”, de los “triunfos de sus operaciones”... Y todo lleno de sustantivos dominantes que parecen la fuente y la señal para el futuro de toda vida humana.

Que un niño o una niña sientan a tan temprana edad la llamada del triunfo, tal y como se miden hoy las cosas, y la televisión se llene de hombres y mujeres que a golpe de un vocabulario soez se tiran puñetazos y descarnados mensajes a la cara, y que esas televisiones sean las primeras en audiencia, indica más que nada la degradación y el deterioro de nuestra vista, la pérdida de nuestros escrúpulos, lo que nos lleva a exponer ante el mundo nuestra mísera historia. Porque, qué pueden aportar a nuestra vida, sino resentimiento y frustracción, esas vidas marchitas cuyo objetivo último es el dinero por el dinero, el sexo por el sexo, el insulto por toda respuesta.

Me gustaría dejar claros algunos conceptos, algunos renglones que he notado torcidos, algunas señales que me llegan sin fuerza, como convencidos quienes me las envían de su razón poderosa e inequívoca o, al contrario, de la mía, que es tanto como buscar un mago que propicie mis anhelantes sueños y los suyos y lleve a todo el mundo la razón y la dicha.

Después de tantos años dedicado con pasión y con fe a distribuir el mensaje, sin ser lo que se dice un mensajero de carrera, he percibido el clamor y el reproche de una audiencia que a veces te ve como un pequeño lider, que te supone heredero de voces que destacaron en su lugar y en otro tiempo, que te equipara a los personajes que forman parte ya de la leyenda. Se reirían algunos de los que te conocen y te siguen si supieran la vida tan normal que llevas, las calamidades que como a ellos te acometen y esa dificultad siempre añadida de hablar de lo que no se ve, de escribir siguiéndole la pista a tantas historias como se cuentan en el mundo rural y de las que no se habla en la ciudad donde seguimos prisioneros, enfrentados a un consumismo que nos va sometiendo, que nos absorve por completo, que ocupa casi todo nuestro tiempo, pues casi todo nuestro tiempo necesitamos para pagar tantas comodidades que a base de un mensaje subliminal y repetitivo se nos van pegando al cuerpo y al sentido hasta enamorarnos o enloquecernos, en manos nuestra voluntad de tantos y tantos aparatos como pululan en los comercios, comercios que deben vender a un ritmo frenético para poder seguir mañana abriendo.

¿Por qué has llegado aquí y a quién te debes?, ¿Qué objetivos te planteas?¿Tú crees, de verdad, que un individuo tan corriente como tú, puede influir en la decisión de un tribunal, en el cambio de parecer de un presidente?

Vamos a ver a quién le pone verde hoy –dicen los que te siguen–, qué coño quiere para esa tierra tan vacía de gente, qué va a contar que no sepamos, a quién le importa de verdad las crisis que van estallando a uno u otro lado de la montaña.

Cuando rebobinas y te das cuenta de que estás solo ante el espejo, porque nadie ha entendido de verdad lo que quiera que sea esa obsesión que te domina, porque nadie ha vuelto los ojos de verdad hacia la tierra de la que hablas, porque los de dentro no lo ven y los de fuera ni los importa ni lo entienden, entonces te ves como un muñeco más, al borde de la depresión y del olvido, engullido de alguna manera por esa misma gente que cada noche ve “Crónicas marcianas” y a ti te sigue imaginando desde tu pequeña parcela como una parte más del espectáculo.


17 julio 2004

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Antonio Allende, director de la Coral Mixta de Guardo, me recuerda al Roblón, al camino, a la fuente. El chascarrillo es la constante en la conversación de Antonio. Aún dentro de su menuda constitución, es fuerte como el roble; es cantarín, como la fuente, y hace camino en sus composiciones: camino hacia Castilla, hacia Guardo, hacia la montaña...


Javier Ribas Talens, valenciano, palentino o, viceversa, que obtuvo con “La oportunidad” el Premio Provincial de la última convocatoria del Concurso Internacional de Cuentos de Guardo, nos cuenta a las puertas de la Iglesia de Santa Bárbara, donde tiene lugar el acto de la entrega de premios, la sensación que le envolvía a medida que se iba acercando a la localidad, cómo se le iba llenando el corazón de un algo, de qué modo se le mostraba una tierra distinta de la que no había oído hablar en parte alguna.

Cuando a nosotros nos parece que ya está todo dicho, que el boca a boca ha funcionado; que los medios de comunicación, teniendo en cuenta el bajo índice de lectura que impera, han conseguido trasmitir el mensaje, viene Talens y nos dice que, perdonemos, pero que es la primera vez, que Palencia no suena mucho, que esto parece el camino de otro relato, y lo curioso es que lo dice, si es verdad que lo siente, a las puertas de la montaña, sin haber accedido al corazón de Fuentes Carrionas y haberse dado cuenta entonces de lo grande que es el mundo, de los misterios que te aguardan, de las sensaciones que te esperan al ver la falda del Espigüete desde Alba, o celebrar en las Campas de Puente Agudín el día de la comarca.

Jaime García Reyero, el roble literario, el “cuentor” de Guardo, lleva el nombre de esta villa palentina por el mundo a lomos de este Concurso Internacional que este año le da el galardón a un cubano, Vicente Monzón Ambou. Hay una curiosa leyenda en torno a “Estebita, Dios ceguezuelo”, el relato ganador. Este año los matices son otros: calientes como el tiempo, con lo que, el jurado se ha puesto a la altura de las circunstancias y ahora que “La Sonrisa Vertical” ha decidido dar carpetazo a su concurso, van ellos y abren una ventana al erotismo. Parece que todo el mundo ha respirado ante la decisión mayoritaria de no darle lectura en el templo, ante gente mayor que no hubiera visto con buenos ojos aquella sinfonía erótica de contenido caribeño.

Javier González Vega, voz importante del Grupo Literario, que se atreve en solitario contra los demonios -que ya le han levantado la mano en claro intento de sellar su boca-, (milagro que respire viviendo como dice de la literatura, con lo difícil que es encontrar un jurado que tenga nuestros gustos y que se meta en las historias que enviamos), se muestra como palafrenero desbocado ante un alcalde demasiado recto, a quien le pide, qué menos para una villa como Guardo, un local donde lo mismo pueda presentarse este concurso que dar un concierto la Coral de Antonio.

Lo cierto es que después de treinta años en la parrilla de las actividades culturales, la numerosa participación exige, a mi entender, y expongo, varias medidas:

Se han de incrementar los premios y el número de premiados. Sería justo un primero, un segundo y un tercero e incrementar el premio a un autor local. El jurado es consciente de la sensación tan rara que les ha de quedar a quienes, por norma general, resultan justos y reñidos competidores.

Cuando la calidad es elevada, que no hay duda y el número de participantes pasa de los 500, se hace necesaria una revisión del asunto donde se impliquen seriamente los organismos palentinos y tengan su justa recompensa jurado y pregonero.

Estos cuentistas estarán obligados, residan donde residan, a venir a Guardo para recoger el Premio y, la prensa, la radio, los propios ganadores serán embajadores fieles de esta montaña nuestra, que alcanza con este proyecto que empezó siendo un juego, una dimensión histórica.

Desde 1974, cuando Agustín Gutiérrez, un vecino de Dehesa de Tablares, se alzó con el premio de Slogans turístico que decía: “Ven a Guardo, que te aguardo”, el mismo año que nace la revista “El Roble”, con estos inquietos personajes y otros que no he llegado a conocer, pero que me consta que están ahí y se mueven, Guardo ha tomado un rumbo nuevo.

Que no es bastante, que se necesita más apoyo e inversión, que de su empuje dependen después el despertar de muchos pueblos que sobreviven en el contorno, es algo que todos tenemos asumido.

Guardo ha de ser un clamor constante y permanente y aquí va, si de algo sirve, mi apoyo publicitario, para que mañana ninguno de los autores premiados venga diciendo que Palencia no existe.

03 julio 2004

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[Extraído del Pregón pronunciado en Guardo, con motivo de la entrega de premios del Concurso de Cuentos en 2004]



...Si lo que hemos visto hasta la fecha en Guardo, en Barruelo, en Aguilar, en Brañosera, en Cervera y en todos los pequeños pueblos que forman eso que venimos llamando la montaña palentina es un discurso de intenciones, es una amalgama de alabanzas; si lo que nos anuncian es un Parque Natural metido en una urna de mucho valor a la que sólo podemos elevar oraciones y gracias; si los que viven en estos pueblos durante todo el año, no pueden disfrutar de un hospital como los de Madrid o los de Barcelona, de unas carreteras, de una residencia, de todo aquello que en alguna etapa de la vida es un bien necesario y de justicia, entonces bien podemos decir que carecemos de líderes de la casta de Padilla, Bravo y Maldonado y que Palencia en este último y hermoso tramo de su piel es un mundo que no podrá integrarse jamás en la explanada.

En el verano de 1975, Quirino Fernández publica “El Señorío de Guardo”, el primer libro sobre una villa con más de mil años de antigüedad, pero la investigación más exhaustiva, el rigor, la guinda la pone hace poco más de un año Jaime García Reyero, con un libro donde sale a la luz una larga y orientativa historia de este pueblo. Esto viene a demostrar una vez más –y no lo digo para impresionar a nadie– que la montaña palentina como tal nunca ha existido para el resto del mundo.

En 1987, la Institución Tello Téllez saca a la luz una separata del poeta palentino Jesús Alonso Burgos, donde cuenta los relatos de viajeros extranjeros por la provincia de Palencia durante los siglos XVIII y XIX.

Notables geógrafos, militares, diplomáticos, viajeros de otras épocas que llegados ocasionalmente u obligados por situaciones de peligro como la peste, hablan de una Palencia donde la montaña apenas existe. Algo nos menciona el gran geógrafo de la antigüedad Estrabón que, curiosamente, nunca estuvo en España, pero se guía por el comentario y las impresiones de otros viajeros como Polibio, Posidonio, Artemírodos...

Aseguran que el romano que más se ocupó de los vacceos fue Appiano Alejandrino que, en su obra “las guerras ibéricas” da cuenta detallada de las campañas militares de las legiones romanas en España y donde resalta el heroísmo y el valor de los vacceos del sur.

Algo se comienza a vislumbrar la montaña, muy poco, en autores como Sánchez Albornoz, allí donde se habla de la dilatada y fatigosa repoblación, realizada sobre todo por gente venida del norte y donde se citan pueblos como Báscones de Ojeda, Basconcillos, Bascones de Ebro... etc. Gallegos, Asturianos, gentes del norte que llegaron a estas tierras atraídos por los beneficios que los señores y los reyes concedían a los repobladores y que en buena medida, vienen dados en las behetrías, orígen y fermento del posterior derecho castellano”.

Pero, ateniéndome al consejo de Apeles, no vengo yo a politizar este discurso, sino a recordarles que, a los ojos de aquellos que nos vieron, nuestra tierra es única, nuestra tierra es auténtica, es como una especie de Palencia escondida, reservada para unos pocos ojos, disfrutada por una pocas almas que no ven en la ausencia y el olvido de sus administradores un impedimento para forjar su vida en ella.

Hace unos días, una internauta que desde pequeñita viene todos los años, daba en el blanco de todas las dianas con una frase que lo dice todo y bien podría servir para publicitarla: “Me gusta tanto la montaña palentina, que todo me parece único e imposible de encontrar en otro sitio”.

Vista la impresión tan admirable que despierta, no podemos evitar que exista un cierto temor a proyectar su imagen, miedo a romper con lo que heredamos, con lo que nos queda, con aquello que nos identifica y nos diferencia de los otros.

Pero no podemos seguir mirando atrás si queremos que nuestra tierra siga viva.

Cuando yo hablo más arriba, en los pueblos de la línea divisoria de nuestra provincia, de nuestro orígen cántabro, hay una especie de rechazo, de negación, de miedo, como si nuestro pasado guerrero estuviera enterrado y con él los ancestrales ritos, la tradición del fuego que aún conserva Velilla y tantos juegos y costumbres.

Tal vez la duda sea cada vez más pequeña, desde que en Santibáñez de la Peña aparecieron los importantes vestigios que hablan de un castro cántabro y tres campamentos romanos.

A mediados de abril, en la presentación del libro “Boedo–Ojeda y Ribera” de Roberto Gordaliza y Miguel A.Ortiz Nozal se dijo que con aquella publicación se pretendía recuperar la historia de los despoblados.

Yo pienso que es preferible no perderla del todo para luego hablar de ella, sino hablar de ella, promoverla para que siga existiendo un hilo de vida donde no se pierda nada, un hilo que nos conecte a lo que fue y a lo que venga.

26 junio 2004

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Un libro es un regalo. Cualquier libro por pequeño e insignificante que parezca, va impregnado con el sentimiento de un autor, muchas veces anónimo, que generalmente escribe, como los antiguos, por amor. En todos los casos, el dinero, la fama o el injusto olvido vienen después.



Sentado este precedente y con el respeto que me merece la obra y, sobre todo, la persona que está detrás, conviene hacerse algunas consideraciones en aquellos libros que hablan de la montaña palentina.
Cada quien es libre de hablar o de escribir de lo que le plazca, pero hacerlo por capricho de una tierra a la que sólo se la conoce por referencias, no me parece serio. Todos los autores que han soslayado esta premisa, y se han referido a nosotros incitados por un efecto de atracción, han caído en la trampa, se han volcado en excesivas referencias a otros autores, vivos o muertos, y han confundido cantidad de cosas: vocabulario, enclave, citas, términos que son la esencia y el baluarte nuestro.

Por ejemplo, uno de los criterios que no comparto es la división que se hace de la montaña en muchos libros, cada uno a su criterio o a gusto del patrocinador. Previamente, los autores, que ya intuyen el riesgo que conlleva hacerse cargo de ello, emiten una señal de advertencia, se lavan las manos como Pilatos: “Nosotros escribimos, pero lo hacemos conforme nos exige el editor y tiramos por la calle de en medio”.
Un libro es necesario. Nos abre las puertas a un mundo desconocido o ignorado. A veces es la única herramienta que nos queda para recordar a quienes conservaron para nosotros la entraña verde con sus rocas salientes y sus pastos; las casonas de piedra, con sus corrales y bodegas; la enhorabuena a la moza del pueblo que se desposa, ritos y lecturas que despiertan la admiración y el comentario.

Es verdad que muchas historias se apagaron con ellos, pero los libros rescatan el pasado, ponen luz a la historia, remueven las conciencias para que valoremos en su justa medida lo que ahora queda y, en definitiva, nos alientan para que, frente a tantas negativas y controversias como se suscitan, sigamos defendiendo el legado familiar.

Cualquiera puede hacerlo. No debemos interponernos ante las expresiones de otros ojos, pero algo debemos tener bien claro: nosotros no podemos abandonar nunca. Más allá de todo el protagonismo que las generaciones futuras quieran darnos, debe prevalecer la voz y el pensamiento de quienes lo heredamos.
Esa y no otra es la razón por la que, mientras me quede aliento,  estaré siempre a vuestro lado.

Imagen: Toño Gutiérrez

17 junio 2004

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Un grupo de intelectuales encabezado por "Peridis", la poetisa Amalia Iglesias, catedráticos, profesores y periodistas, firman un escrito que recoge el periódico "Carrión" en la segunda quincena de marzo: "Campoo–Los Valles, zona amenazada".



Qué tarde hemos comenzado a darnos cuenta del aislamiento, de la despoblación, de la situación crítica en la que ha vivido la montaña durante los últimos lustros.

Ya estaba yo pensando en mi locura, dándole vueltas a mis juícios, renegando de algunas opiniones vertidas, seguramente en una especie de estado catatónico, cuando motivados por las voces de auxilio y los programas de protesta lanzados por los ecologistas comienzan a generarse dudas y preguntas de un amplio colectivo de personas vinculadas de algún modo a Palencia. Esto me distrae, cuando menos, alimenta la bandeja de los artículos venideros y me deja tranquilo respecto a ese pensamiento negro que en forma de fantasma viene a pedirme cuentas.

La duda es un escollo que, hagas lo que hagas, aparece en el horizonte y no encuentras a nadie que pueda despejarla. Tu familia te ve muy implicado para nada que ganas, tus amistades encuentran divertido un sermón semanal en el "Diario Palentino" y, la indiferencia de la mayoría de los que viven aquí, y están expuestos a ese peligro de empresas que contaminan o de abandono y olvido en otros aspectos, te lleva a preguntarte si merece la pena, para qué sirve el pataleo y adónde nos conduce el manifiesto y la preocupación, que bastante tenemos allá donde vivimos como para meter la cabeza en asuntos de los que, por error, ignorancia u orgullo, pasan olímpicamente aquellos que son en realidad los que deben enfrentarse a ellos.

Desde que el mundo es mundo, el hombre ha tratado de dominar la Naturaleza. Sabemos que la ambición del ser humano no tiene límites: desde la economía de aprovechamiento, de la recolección de frutos naturales, hasta la consumista y tecnificada que ahora mismo nos invade en todos los aspectos. Tales actividades se han venido desarrollando sobre el mismo suelo, bajo una misma atmósfera, a orillas de los mismos ríos, cultivando los mimos productos y defendiéndose de las mismas plagas; explotando las mismas minas hasta dejarlas agotadas...

En el caso de la montaña palentina nos sorprende el cambio tan brutal de un mundo que, merced a ese alejamiento padecido, a sus duros inviernos, a su mala comunicación, lo que menos esperaba era que alguien se fijase en ella para instalar aquí una empresa de la índole que fuera. "Para este viaje –dicen los que se levantan con uñas y dientes contra los proyectos de Barruelo y Mataporquera– sobraban las alforjas".

La técnica, que ha favorecido y acelerado el proceso destructor en otros lares, amenaza a nuestra zona, ahora que, paradojas de la vida, parecía más protegida que nunca con el nombramiento de Parque Natural. Un lector que me sigue, se hace la siguiente relfexión en un largo texto que remite a la redacción del nuestro diario: "Hay que ser realistas. Hay que defender lo que queda. Según se mire, puede ser mucho o poco. Nos queda el entorno natrual, de momento. Esperemos que los especuladores que nos lo quieren arrebatar tarden en venir".

Claro que, para evitar todo accidente y para que la mencionada especulación no se produzca, lo más cómodo es impedir que una empresa eche a andar sin concederle el beneficio de la duda.

Si en Madrid, en Barcelona, en Bilbao y en tantas otras ciudades se hubiera tenido tanto en cuenta el humo y los peligros para la salud que conlleva trabajar en muchas fábricas, es posible que la revolución industrial no hubiera cambiado tantas cosas. También se muere en la carretera. El tabaco también mata.

Especular también es censurar. Para crecer y avanzar hay que arriesgarse. Si hay empresas, hay trabajo, hay familias que vivirán aquí y entonces se pensará en escuelas, en hospitales, en carreteras, en servicios. Y levantar la voz para que se nos oiga no será cosa de un periodista.

Es evidente que hay un lugar para la protesta y un lugar para que los responsables, teniendo en consideración todas esas leyes que estudian y manejan, supuestamente para que la sociedad mejore (conjúguese permisividad, peligrosidad, compatibilidad...) aprueben o desaprueben la instalación de una empresa.

No vale que, calculando la dirección del viento, vengan a oponerse radicalmente los mismos que están pidiendo a gritos medios y soluciones para que la montaña no se muera.

22 mayo 2004

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Decían que era verdad
pero yo no lo sabía
que para encontrar la paz
hay que estar en La Pernía.





Hagamos punto y aparte. Viajemos a los "campos rotundos", al contorno dominado por otro viejo y desaparecido monasterio, el de Santa María de Viarce, fundado en el siglo XIII, cuya ubicación algunos autores señalan en un cerro y cuyo entorno —al decir de Sebastián Miñano— se asemeja a los Alpes de Italia.

No quiero yo traspasar con mi alabanza y encendido boato ninguna frontera. Esto es como es, con sus cerros, con sus prados, con lugares donde se ocultan importantes vestigios de nuestro pasado, siempre a flor de piel un sentimiento especial que parece bañarnos, como si nos incitara a tomar estos territorios, antaño acotados por el Conde, y vivirlos, y cambiar rotundamente este modo de vida que llevamos, mirando de continuo al precipicio.

Asomados al valle de Redondo, una denominación que se me antoja nueva, pues hasta hace poco tiempo nunca habíamos separado tanto estos núcleos del valle de Pernía, la lectura es sorprendente, como la propia leyenda en que se mece y donde se citan con regusto Las Peñas del moro, bañadas por el Rubiarce y el Pisuerga, que tiene aquí su cetro. La sorpresa no la provoca el viajero, sino el exhuberante paisaje, las majadas donde pastaban en verano los rebaños de merinas...

En este ambiente de verdor y armonía nacieron los hijos de esta tierra, algunos investigados por Laureano Pérez Mier, de cuyos interesantes trabajos guarda una buena muestra este viejo y querido diario.

Antes de entrar en materia o, metidos ya en ella, quiero recordar las alabanzas que los viajeros de otras latitudes le dedican a esta tierra, a través de sendas cartas remitidas a José Luis Estalayo, el nieto de Ninfa, oriundo de Tremaya, y que éste refleja en su página web.

"Soy de Valencia –dice Mónica–. De allí donde ya no existe la naturaleza. En pocas semanas visitaré tu pueblo, dormiremos en la vieja escuela que ahora han convertido en un albergue los del Sindicato. Después de ver tú página, cuento las horas que me separan para llegar al paraíso que describes. Espero que no me defraude, mejor, estoy convencida de que no me defraudará..."

Y para desterrar cualquier duda, busco la impresión de otra mujer, Blanca Dumont que, como la anterior, viene por primera vez influenciada por las palabras y las fotografías que José Luis publica en Internet.

"Llegamos por fin a Tremaya. Las palabras se me quedan cortas. No te puedo expresar lo que sentí en ese lugar donde sólo se ve patente la presencia de Dios. En esa naturaleza tan admirable, solamente podía decir: ¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en todas estas cosas tan hermosas donde tu poder y grandeza se hacen patentes!. Montañas, verdor, silencio interrumpido por los pájaros y ruidos de cencerras de ganado cercanas, respirar aire puro..."

Ya en la introducción de su página web(*), la tierra se hace más y más deseada desde Méjico. El autor, a quien conocí personalmente en agosto de 2001, recoge la leyenda y la toponimia con un despliegue de mapas, pueblos que forman La Pernía, presidentes actuales de las Juntas Vecinales.

De esta forma sabemos que, en Areños, hay cuatro casas abiertas en invierno, su iglesia está dedicada a San Miguel y en los diplomas de Alfonso VIII (siglo XII), figura como "Arenius", palabra que deriva del latín clásico "arena" o, también, árido, pedregoso, que quiere decir terreno arenoso. Sin embargo, comprobado que allí no existe arena en cantidad significativa, nos inclinamos por un posible origen ibérico: en euskera ar–enea es "finca del valle", lo que coincidiría con otros nombres ibéricos cercanos: Verdeña, Vañes, Vergaño. En último caso en la citada información se apunta la posibilidad de que pudiera hacer referencia a un repoblador llamado "Arenius".

Es curioso la importancia que le damos al conocimiento de la tierra donde nacieron nuestros antepasados, como es el caso de Lorenzo Luengo que nace en Argentina, pero se interesa por su abuelo Mariano Luengo Gonzales, que nació en Areños en la última década del siglo XIX y se trasladó a Argentina en 1907. "Yo busco huellas de mis antepasados españoles a quienes no conozco. Cualquier dato, cualquier referencia, alguna historia, todo me interesa".

¡Estar en La Pernía es vivir! –dice José Luis en un arrebato de pasión que le devora, que yo creo que muy pocos entienden y que, una gran mayoría de los que viven aquí, no lo comparten, en base a ese distanciamiento generacional que se ha ido abriendo con el tiempo. Ahora se impone la rapidez. Queremos ver la foto al instante, no importa la calidad ni el mensaje que encierren.

"Aquí se conserva la naturaleza aun inocente. Tremaya te seducirá, tiene un halo mágico que lo impregna todo y te llevará de lo inquietante a lo maravilloso. Sus contornos son una eterna sinfonía inacabada donde se funden las colinas con el cielo, lo real con lo imaginario, y lo inesperado con lo sutil.”

Esa es la palabra, la visión, el sentimiento que domina la página web de José Luis.

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(*) A fecha de hoy, José Luis ha cedido la página web, a la Asociación Amigos del Valle de los Redondos


15 mayo 2004

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Con el título "Semblanzas y Poesía: México y Palencia a través de la familia Mier y Pesado", el miembro de la Tello Téllez Manuel Revuelta González abrió el curso académico 2000/2001. Isabel Pesado estaba casada con Antonio de Mier, y ya en 1957, el canónigo Laureano Pérez Mier, tío carnal de José María Pérez, "Peridis", publica en el "Diario Palentino" el expediente de filiación e hidalguía, donde se descubre la semblanza de Gregorio de Mier y Terán, nacido en San Juan de Redondo, que emigró a Méjico.


Una de sus nietas, Luisa de Mier, se casa con el Príncipe Magencio de Polignac, de Mónaco (luego tomarán el apellido Grimaldi) y su nieto, Ignacio, con la hija del Presidente Mejicano Porfirio Diaz.

Quienes se han adentrado en la vida de estos ilustres paisanos y, más concretamente, en el caso de Laureano, se documenta en los libros parroquiales de San Juan y Santa María de Redondo, en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid; en el protocolo notarial de Cervera de Pisuerga, que pasará posteriormente a conservarse en el Archivo Histórico Provincial de Palencia y, finalmente, en el interesante libro "Apuntes de viaje: De México a Europa", que en su opinión merece ser inscrito entre los raros bibliográficos".

Los padres del financiero fallecieron en San Juan de Redondo en 1809, cuando Gregorio contaba 12 años y su hermano José, el primogénito, de 25, figura como regidor en el padrón del mismo año y en 1820 aparece como Alcalde constitucional de Redondo en la escritura de "recorrido de la mojonera", tradición que se verifica cada nueve años entre Redondo y Brañosera.

1904 fue un año venturoso para los pueblos de Redondo y Piedrasluengas, gracias a la generosidad de Antonio de Mier y Terán (tal vez más, incluso, a la generosidad de su esposa), hijo y sucesor de don Gregorio, casado con Isabel Pesado, la autora de ese interesantísimo viaje en la que ahora voy a fijar mis comentarios. Lo cierto es que Antonio repartió entonces medio millón de pesetas (4000 pesetas por casa) –que alcanzó por igual y sin excepción– a todos los cabezas de familia de los pueblos expresados y que sirvió, en aquella época en que casi todo se contaba por reales, para paliar la escasez de muchos hogares.

Isabel Pesado era prima política de Matías Barrio y Mier. Metido en un pequeño ensayo sobre la trayectoria política de mi ilustre paisano, don Matías, y recabando datos en el arzobispado de Toledo, donde el político anduvo al cuidado de su tío Celestino de Mier, dean de la catedral, con resultados infructuosos, vine a toparme con datos importantes de su vida privada en las reflexiones de su prima política Isabel Pesado, que relata su viaje desde Camesa, donde acude Matías a recibirlos, hasta Redondo. El viaje lo realizan en carreta con toldo y colchón, tirada por los los bueyes gemelos Cástor y Pólux. Se apeó Isabel cerca de Tremaya, donde contemplaría el mundo maravilloso que el franciscano José Luis Estalayo describe en Internet y al que hacía referencia en mi anterior artículo.

En el ensayo del académico Manuel Revuelta, aparece la figura de Isabel, de paso y reflexión por el pueblo de los antepasados de su esposo, tomando un baño de mañana en el Pisuerga y cenando truchas pescadas en el mismo río (quién las pillara hoy), conversando o jugando a las cartas con los vecinos, visitando los pueblos cercanos y, al fin, después de dos meses de estancia, despidiéndose de aquella tierra el día 27 de agosto.

La historia está llena de curiosos caprichos, como el que le toca en suerte a estos viajeros generosos. Cuando el 29 de agosto de 1870, después de haberse detenido dos días en Verdeña, llegan a Aguilar de Campoo y presencian la expulsión de las Clarisas, en aplicación del decreto anticlerical que se había dado durante la revolución de 1868.

La mujer ve con pena –y así lo cuenta en su diario– la situación de la montaña palentina. Este canto, como ven mis queridos lectores y, sobre todo, algunos que remiten sus comentarios a la redacción de este diario, es un canto que se repite generación tras generación, lo que parece condenarnos a una reclamación eterna, a un lamento que no obtendrá justa respuesta.

Aunque algo ha cambiado desde que la Pesado describe el campo de esta comarca, con multitud de valles y colinas, con sus rústicos pueblos recostados a las faldas de los montes.

Algo ha cambiado desde que Isabel fue de excursión a caballo al pueblo de Los Llazos o a Castro Pintado, donde describe la explanada tapizada de fresco césped, o el cerro formado de piedras de jaspe de diversos colores como "obra del artífice divino".¿Desde cuándo hablamos de la emigración?, porque al decir de quienes recogieron las impresiones de los mejicanos con sangre nuestra, encuentran en el Condado de Pernía una sociedad muy tradicional, con una población diezmada por la emigración de los más capaces.¿Quién no se ha visto sorprendido por el trababajo de las mujeres?.

A Isabel le admiraba: "para un hombre que trabaja, se ven seis mujeres, sin que por esto abandonen los quehaceres domésticos, ni sus deberes de madres y esposas".

Algo ha cambiado en los inviernos, cuando la nieve se colaba por las cerraduras.Pero, con qué agrado se sumerge uno en sus pensamientos, cuando las mujeres gastaban falda corta oscura, que los domingos era verde o roja, corpiño, delantal y pañuelo y, cuando los hombres lucían sombrero de felpa.

Qué nobles sentimientos nos provoca el recuerdo de aquellos que, a pesar de vivir con tantas privaciones, nos legaron virgen esta tierra, limpios los ríos, intactas las tradiciones. Es por eso que quiero sumarme a la llamada del académico Manuel Revuelta que, entiende como un deber de gratitud recuperar la memoria histórica de estos ilustres viajeros, que conservaron desde la lejanía el amor a la tierra de sus antepasados.-


Para saber más: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar. Editorial Aruz, segunda edición, Julio de 2009

09 mayo 2004

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Metido en este rosario de recuerdos, viajamos estos días por el valle de los Redondos. Sé lo difícil que es volver hacia atrás en el tiempo y colocar en su justo término cada una de las escenas vividas: las gentes, las costumbres, los modos y maneras. Son mensajes esculpidos en las piedras, son vidas apuradas al máximo, historias descarnadas, calamidades que no faltan, olvidos que te obligan a aguzar el ingenio, a sacar a flote tus recetas para matar el tiempo.


Cuentan que, el escritor gallego Ramón María del Valle Inclán, el autor de “Tirano Banderas” y “Luces de Bohemia”, acudía a una tertulia frecuentada por médicos. Uno de ellos, que había pasado ya la barrera de los sesenta, se quejaba de lo baldío de la vida, de la falta de interés por las cosas que sienten los viejos. Para el acomplejado doctor no había manera de encontrar interés en algo para matar el tiempo”. “¡Matar el tiempo, matar el tiempo! —le espetó el escritor gallego, cansado de oir tanto lamento— ¿Y de eso se queja usted, que es médico? ¡Pues recétele algo, hombre, recétele algo!.”

En los próximos artículos recojo la voz y la nostalgia de las gentes de este valle que emigraron, como la de José Luis Estalayo que utiliza las nuevas tecnologías para recrearse y recrearnos. Este franciscano es incansable: indaga, aprovecha los viajes a su tierra, a la tierra de sus antepasados para llevarse un importante documento.

Tal es la obsesión que le domina, que elabora un aluvión de preguntas para remitírselas a Luis Guzmán Rubio, maestro de Tremaya en 1945, que aprende más que enseña en aquellos lugares. Luis, influenciado por la tarea de su padre, recoge escenas frescas, costumbres hoy perdidas, documentos gráficos donde se contempla en un rústico estilo el nacimiento de la danza en la montaña palentina.

Como intervengo de correo, abuso de la amistad que Luis y Cristina me dispensan cada vez que bajo a Palencia. No quiero perderme nada. Además de una extensa carta donde responde con creces a las expectativas de su paisano, que implora desde México una señal perniana, Luis le remite copias digitales de dos fotografías. En una de ellas, tomada al anochecer, aparecen los mozos y mozas de Tremaya y, en la otra, el grupo de Danzas de Areños, que causó revelación en aquellos tiempos. Para la vestimenta utilizan manteos, escarpines, albarcas y pañoleta. Bailan al ritmo del tambor y la pandereta con la melodía del canto de mozos y mozas, a ritmos de 3/4 , 6/8 ternarios y también binarios.

Al bombardeo de preguntas, como niño que busca, Luis se entrega y devora capítulos, como quien los revive: las rogativas, los zamarrones, el ollón, las meriendas sufragadas con el dinero obtenido de las peticiones en las bodas, la enramada y los juegos de “el pite”, “la zapatilla” y “la vigarda”.

“Todo me parece poco –escribe Luis– para mandar a quien desde muy lejos añora la bendita tierra”.

Cuando yo contaba veinte años, viajaba por todos estos pueblos y, en Tremaya, visitaba a Ninfa, la abuela de José Luis y a Lorenza, que hacía bailar la pandereta, pero deseo que entiendan que lo que yo cuento aquí es una mínima parte de la historia que corre por las venas del hijo de tan ilustre maestro: cada una de las personas que emigró en aquellos años, cuando todavía la montaña estaba llena de gente. Recuerda a Eduardo de la Hera, doctor en teología, colaborador de esta casa; Angeles Francisco Buedo, hermana del Sagrado Corazón de Jesús; Blanca, hermana de la anterior, que falleció de misionera en Chile; su hermana Gloria, que anduvo por los mismos caminos hasta recalar en Barcelona. Julián Párbole, dos de sus propios hijos y tantos otros que hicieron posible su impregnación total de aquella tierra.

Nuestra pasión no es absorbente, más bien es envolvente. Se trata de transmitir emociones y recuerdos de historias que marcaron un momento de nuestras vidas, de la vida de los nuestros. Y queremos transmitírselas al mundo, que no se pierda su mensaje, que no se diluya entre la niebla esa especie de magia que envuelve estos lugares.

Es comprensible también que estas gentes tengan miedo a una masificación del turismo que rompa y rasgue ese halo fugaz al que todavía se agarran con fuerza, pero la tierra queda siempre y es importante que quienes sientan algo de algo por ella, la valoren y muestren su riqueza, que es otra manera de compensar las pérdidas.

17 abril 2004

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Lo que te descoloca de verdad es el silencio. Hablando o escribiendo uno comete errores, orienta o desdibuja una situación para la que cada uno encontró un apósito válido; trastoca o rompe la idea que otros tuvieron sobre la misma cosa. Escribiendo o hablando, uno se decanta por algo o por alguien. "Hablando se entiende la gente" –apostilla el vulgo–, aunque no siempre.


Lo cierto es que, cuando alguien calla, nadie sabe dónde otorga, o lo que le preocupa, o lo que a su juicio debe preocuparle por el cargo que desempeña. ¿Cómo y hasta dónde debe preocupar la instalación de nuevas empresas en la zona norte?

Esa es la pregunta a la que deben respondernos las autoridades de los pueblos donde van a instalarse.

Mitchel Cohen, en un largo y apasionado ensayo sobre residuos tóxicos y el Nuevo Orden Mundial, se refiere a ello como una industria lucrativa, una forma intencionada de cercar tierras y recursos. En un lenguaje demasiado técnico, Cohen lo analiza como un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, llevándoles a nuevas formas de explotación del trabajo y de la Naturaleza

"Como la oposición al vertido de residuos tóxicos y a la incineración de basura peligrosa se apasiona, convirtiéndose en movimientos políticos masivos, hay un entendimiento creciente de que ni las regulaciones gubernamentales ni el mercado capitalista son capaces de suministrar protección adecuada para los ecosistemas naturales o para las comunidades afectadas por la contaminación mediambiental".

Ni que decir tiene que, a todos nos preocupa el medioambiente, cada día más, y que hay muchas dudas planteadas en cuanto al establecimiento en la zona de empresas que –según la Coordinadora contra la Central de Salinas– llegan a Barruelo con un horno de vitrificación de residuos a 8.000 grados y varias cadenas de valorización de residuos de dimensiones descomunales.

Cuando amenazan con historias tan grandes en una zona tan aislada, se nos viene de inmediato la pregunta a la mente: ¿lo hacen aquí porque es más barato? ¿Lo hacen aquí porque ya no quedan fuerzas vivas que puedan oponerse?.

Y más que la instalación de una empresa, sea del tamaño que sea, estimo que a todos nos echan para atrás un poco las respuestas tan ambiguas de la administración en empresas que se instalaron en otros puntos con gran bombo, incumpliendo reiteradamente la normativa, como ocurrió con las granjas de Guardo.

También en eso deberíamos tomar ejemplo de otras comunidades. A primeros de año se hacía pública una sentencia del Tribunal Supremo que ratificaba el año de prisión y una multa de 36.000 euros impuestos por la Audiencia de Barcelona a un vecino de Vallromanes que había levantado una granja de cerdos sin licencia. La sentencia constató que "los vertidos de purines en los acuíferos subterráneos determinan grave alteración, con daño de tales acuíferos, así como grave riesgo para la salud de las personas por ser potencial foco de transmisión de enfermedades".

Cuando yo me refería en artículos pasados al silencio que acompañó la actividad de la minería, lo hice no sólo por las personas que murieron dentro y fuera, como consecuencia de los accidentes o de la enfermedad, sino porque una de las actividades que generan este tipo de residuos tóxicos y peligrosos, además de la energía nuclear y la industria, es la minería.

Vivimos un momento en el que a todo nos enfrentamos y todo nos da miedo, pero sería conveniente también que quienes han hablado, aquellos que se oponen radicalmente a la instalación de una empresa de estas características, refuercen su postura con la presencia en el debate de Greenpeace, la asociación internacional que en los últimos años se ha volcado de manera especial en los problemas derivados de la contaminación tóxica por emanaciones.

Y por otro lado, Alejandro Lamalfa, que en el último lustro del pasado siglo formó parte de una comisión especial sobre la prevención y asistencia en situaciones de catástrofe, no sólo como Senador de Palencia antes, sino como alcalde de Barruelo ahora y, sobre todo, como médico, debe explicarnos a conciencia el alcance de estas empresas que se proyectan, la peligrosidad y el riesgo que conlleva vivir cerca y, ante todo, que quede en algún sitio bien firmado que el salto a la torera de la normativa dará lugar a acciones inmediatas, contemplense como sanciones o cese de la actividad si fuera necesario.

Lo que no podemos tolerar en ningún caso es el silencio cuando por medio está el consabido nombramiento de Parque Natural a una zona donde se limitarían todas las actividades peligrosas. 


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