martes, 21 de diciembre de 1999

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"Santa Ana, madre de la Virgen, abuela por línea materna del Señor, es la patrona de Piedrasluengas, el último pueblo de Palencia si tomamos la dirección de Potes". Isidro Cicero, viajero y escritor cántabro, recuerda en un libro pequeño pero muy ameno, cuando las mayordomas del lugar solían cambiarla de capisayos, según fueran cambiando las solemnidades del año litúrgico. Así, en una ocasiones la revestían de Santa Ana, otras de Santa Eulalia, de Inmaculada y, en ocasiones, de San Antolín, obispo y patrono de Palencia. De ahí procede la plegaria que los romeros cantaban en las procesiones el 26 de Julio:

Gloriosísima Santa Ana,
que fuiste madre de Cristo,
fuiste Virgen, fuiste mártir,
y dimpués, fuiste obispo.

Nuestros antepasados ya buscaban motivos para romper ese silencio del que hablamos, porque, de otra manera , no se comprende un pleito de 600 años como el que en este pueblo disputaron por unos cientos de metros al pueblo de Valdeprado, situado en las primeras estribaciones cántabras del valle de Liébana. Hablo con la seguridad que me da el haber nacido y vivido en esa parte de la montaña y, como me contaba mi pariente Apolinar, que vive al otro lado, en Quintanilla de las Torres, he conocido cada casa, puedo imaginarme cada rostro, el poder de la lumbre y, no sé si por las necesidades que debieron pasar, o el acomodo a una serie de circunstancias posteriores, pocas veces vi en su cara un amago de pena, yo vi el dolor en otras cosas, como ahora asisto a la preocupación que les invade por la droga. Quienes me siguen y constato que son fieles lectores, me lo cuentan en Cervera, me lo cuentan en Pernía, y aunque no me piden expresamente que lo cuente, entiendo que al hacerlo te están pidiendo de algún modo que lo escribas. Tampoco se puede contar todo. Siempre hay espinas muy profundas cuyo paso para sacarlas debe ser dado primero por las familias de los afectados. Por lo demás, yo he remado a mi aire, con mucha independencia, con mucha soledad, con pocos resultados y el asombro de algún lector del llano por esa insistencia mía en repetir lo que ya no es un misterio para nadie.

Si a tu razón y mi empeño se unieran los que sin necesidad de llevarlo en el papel lo llevan en la mente; si a nuestro afán, desnudo de todo protagonismo y falsas apariencias (pese a lo que puedan encontrar los enemigos, que no sé cómo surgen, pero ahí están, en contra), se sumaran las voces de los sacerdotes, de los políticos, de aquellas asociaciones que parecen celosas y enfrentadas en la defensa y el canto de una misma tierra, otra imagen de fuerza y de progreso se evidenciaría en la capital, pero, querido amigo, somos dos almas encantadas, aliviando a nuestra usanza heridas y asperezas que se hacen más evidentes a medida que pasan los años y se conoce un poco mejor la historia de Palencia.

Y estoy contigo en todo porque, más que de cualquier otro lugar me siento palentino, y deseo que todos los palentinos conozcan la tierra de la que tanto hablamos, sintiendo como suya la montaña, tanto como sentimos nuestra la capital.

Ahora sería preciso desatar el sueño, sin ignorar las dificultades que se ciernen sobre cada barrio. Uno solo no es nadie para hacerlo. Ha de estar conectado a los demás, apoyado por ellos. Nosotros somos dos puntos más, ilusionados, removiendo las crónicas, situando en su lugar los pueblos, movidos no sé por qué extraños resortes, queriendo hacer realidad una pequeña parte de lo que soñaron nuestros abuelos mirando al sur, que allí está el minarete de quienes nos prometen esperanzas.

Querido Jaime, no nos desesperemos. No mires mi montaña como algo diferente a la tuya. Los títulos sirven sólo a efecto orientativo y uno de los mejores síntomas de los últimos años, lo tienes aquí mismo, en las páginas de nuestro “Diario Palentino”.

Al final, los políticos deberán entender que no importan las siglas, que sólo importan los caminos que nos lleven a un puerto. Tu y yo, como otros ilusionados promotores, debemos entender que la montaña es toda y es de todos, y cada uno está llamado a defenderla desde su trabajo, en el interior, en el exterior, con las manos, con el corazón, manteniendo ese espíritu encantado que en su piel dejaron grabado nuestros antepasados.-

©Froilán de Lózar para Diario Palentino


lunes, 20 de diciembre de 1999

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  • Contestando al artículo del escritor alarense Jaime García Reyero:

Froilán de Lózar



En Agosto, Luis Guzmán Rubio me acogió como a un hijo. Palencia es una ciudad pequeña, tranquila, cada año más conocida y bella, lo que nos mueve a orgullo y a reflexión a todos los palentinos de la diáspora. No faltarán versiones diferentes, incluso de los mismos vecinos, que encuentren en una leve proporción, aunque importante para ellos, tantas deficiencias y sombras como se vienen planteando en los medios de comunicación.

Siendo muy niño, cuando toreaban el Cordobés y el Viti en la vieja plaza, yo bajaba con mi padre a los sanantolines y de su mano, y de la mano de los representantes que a él le vendían las cosas, recorría la ciudad, entonces tan gigantesca y distante para mí. Mi padre nunca faltó a las fiestas de la capital, a excepción de estos últimos años, cuando ya mi madre quedó atrapada por completo en las redes del parkinson.

Paseando por la calle Mayor, Luis me narraba con añoranza los años pasados en Cervera y en Guardo, la incertidumbre que le embargó al llegar por primera vez como maestro a San Felices de Castillería, y yo buscaba una excusa que me devolviera, si no la figura, sí la esencia y el entusiasmo de mi interlocutor. Amigo Jaime, luego te explicaré por qué considero necesario que en Palencia se desate ese interés creciente hacia la montaña, que es suya en la misma medida que fue nuestra.

A quienes nacimos en el norte, a los que de algún modo nos hemos debatido entre la necesidad y la distancia, se nos hizo el pasado un gabán milagroso. Siempre, para todo, nos sirvieron de disculpa los kilómetros, de manera que el mensaje en pocas ocasiones llegó a puerto con las demandas que nuestros antepasados depositaron en las manos de sus gobernadores. Buen dices, buen amigo: yo encontré una espada para mostrar mi rebeldía ante asuntos que claman rebelión, ante repartos que bordan diferencias, como las que ahora mismo se debaten en la región y que nos traerán muchos dolores y enfrentamientos. Años después, cuando llegué al País Vasco, la distancia no me apartó, como pensaba en un principio, de lo que allí pasaba, y acaso el tambor de todo el mundo alentó en mi la urgencia de gritarle a la capital nuestra delicada situación, nuestra belleza, nuestro afán de sentirnos tratados como hijos.

Gustoso recibo tus palabras, apreciado amigo. No sabes cómo saben a alimento aquí donde sigue más viva que nunca la violencia. Tus razones tienes. Mis razones tengo. Tus preguntas son parte de ese duelo. ¿Te das cuenta? ¿Dónde empieza?¿Dónde acaba lo nuestro? Si hiciésemos una encuesta para determinar cuánto hay de montaña, qué montes nos rodean, que ríos nos atraviesan, qué distancias nos separan, pocos responderían con precisión, porque ni los organismos, ni las publicaciones han precisado bien hasta dónde llega lo nuestro y tú mejor que nadie conoce la confusión que impera en los extremos: Guardo en León, Aguilar en Cantabria, Pernía en Liébana…

Creo que, defendiendo como tú la unidad, cada pueblo, como cada persona tiene derecho a su parcela de independencia, lo que posibilita el asentamiento de su carácter, la diversidad de sus manifestaciones folklóricas; sus propios mecanismos de gobierno, llámense leyes u Ordenanzas. No es mala la diversidad, y aunque todos los grupos y asociaciones debieran tener entre sus objetivos algunos puntos inamovibles e idénticos, como es la promoción y la defensa de todos los pueblos, las agrupaciones de cada comarca indican movimiento, generan inquietudes, porque, desde Guardo hasta Barruelo, desde Aguilar hasta Cervera, la montaña presenta rasgos y problemas distintos que no podrían resolverse sin la aportación y el entendimiento de los habitantes que residen en ellos. Sólo el cansancio y la carga de las responsabilidades sobre las mismas personas, es lo que lleva a estos grupos al cansancio y casi siempre a la desaparición.


©Froilán de Lózar para Diario Palentino

domingo, 10 de octubre de 1999

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Jaime García Reyero
En esta ocasión tengo que dar un toque de atención y a la vez de admiración a mi buen amigo y siempre defensor de nuestra tierra norteña palentina, Froilán de Lózar, siempre empeñado en poner de relieve todo lo bueno qu estas tierras dan, de denunciar a grito corito todos sus males, así como el olvido y las muchas espaldas que dan a la montaña palentina.
         Froilán es como el moro que, subido a lo más alto del minarete de nuestras montañas, grita una y otra vez a los cuatro vientos con su pluma.
         Nuestra tierra necesita más oídos, más atenciones, más realidades y menos proyectos y rpomesas hueros.
         Bien por Froilán de Lózar, por sus artículos en este Diario Palentino y por sus libros que, entre sus páginas, destila el mejor zumo de palentinismo. Sin embargo, hay algo que quiero exponer aquí y que Froilán no ha tratado en profundidad, quizá porque siempre se ha volcado en su parcela natal, la Pernía. Me estoy refiriendo a la desunión, al individualismo latente y palpable que hay entre los pueblos de la Montaña.
La pelusa entre localidades se da en todos los pueblos, comarcas, provincias y regiones. Pero aquí se paladea más que en otros lugares.
La rivalidad no es buena compañera para nadie, porque no se trata de competir, sino de progresar juntos.
         Aquí no se protesta porque no se hace tal o cual calle o carretera, sino porque se la hacen al vecino. Aquí, se calla demasiado y sólo se habla en las reuniones de amiguetes. Así, nos da la sensación de que la Montaña Palentina está fragmentada en reinos taifas tontos.
¿Qué es la Montaña Palentina? ¿Dónde empieza? ¿Dónde acaba? ¿Qué pueblos en realidad la forman? Cada vez resulta más difícil definirla.
Se habla de la Montaña Palentina cuando en realidad sólo se está refiriendo a una zona de ella. Se escribe de la Montaña Palentina cuando sólo se cita a una parte, olvidándose (no sé si con intención o ignorancia) del resto. Vemos cómo surgen asociaciones bajo el techo y la denominación de la montaña, cuando en realidad sólo aglutina a unos pocos, dejando de lado a los demás. O unas asociaciones hacen la competencia boba a otras de la misma comarca. Surgen y se apoyan iniciativas, pero siempre procurando que no te las pise el vecino.
         Se da el nombre genérico de Montaña Palentina a lugares que no lo son. Unos usan y deletrean el Carrión, cuando en realidad son Pisuerga y viceversa. Unos se escudan en el Oso o en el urogallo para frenar la marcha de otros; pero, cuando hay que acelerar el paso, ni osos, ni urogallos, ni pajaritos belloteros que valga. De carcajadas y me quedo corto. Y claro, siempre aderezado todo con el perejil de la política, que acude a todas las salsas para marcar aún más las discrepancias. ¿Por qué no se hizo en su día el pantano de Vidrieros? Este año de sequía todos nos hemos acordado de él. Y si mal no recuerdo, las protestas mayores venían de los lugares que no tienen que ver con el Carrión. Cuando se protesta sin cimientos, tarde o temprano, el culo suele quedarse al aire.
         Sí, amigo Froilán, en nuestra montaña, como en otras tierras, se dan nacionalismos de a peseta, o localismos retrógrados, como en todos los sitios, pero aquí son más acentuados o demasiados.
         Esto hace que los inconvenientes a la hora de crecer o de enterrar los olvidos, que nos ahogan, sean pedruscos en nuestro camino.
         Así evitan que esta parte tan hermosa de Palencia llegue puntual a la estación por donde pasa el tren del desarrollo que todos deseamos.
         Hay que acabar de una vez por todas con esas gilipolleces de celos geográficos.
         Hay que aunar sudores y colocar todas nuestras fuerzas sobre la misma palanca. Hay que, desde la primera localidad hasta la última, remar a un solo grito, porque remando cada uno a su aire, la piragüa se nos irá al fondo.
         Es necesario más hermanamiento entre nuestros pueblos, hacer una sola Mancomunidad de localidades de la montaña y así, cuando surja un problema gordo, se pongan todos de la mano a solucionarlo con prontitud.
         Todos esos nubarrones que he expuesto y que cubren la Montaña Palentina, dan la sensación de que van a dispersarse pronto y se abrirán claros deseados.
         La noticia, aparecida días atrás de la posible fusión de las dos asociaciones más potentes de la Montaña Palentina, con presidencia en Barruelo de Santullán y Acade, ubicada en Velilla del Río Carrión, que abrirán sus puertas y unirán sus manos para caminar juntos.
         A ellos también se les fusionará Proder Vega – Valdavia, con sede en Saldaña.
Esta unión supondrá un paso de gigante para el hermanamiento de fuerzas y lugares en la Montaña Palentina.
         Esperemos que esto sea pronto realidad y el ejemplo cunda para poder llevar esta tierra al puerto que todos deseamos.
         Dios lo quiera.

viernes, 8 de octubre de 1999

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  • En el tercer aniversario de su muerte

Cada persona lleva su pasado al libro de la vida. Y en el pasado está la vida de los nuestros. A medida que pasan los años, unas imágenes se difuminan más, otras aparecen más nítidas; las primeras se escapan, las segundas se instalan en alguna parte del cerebro, indican que vivimos intensamente una época, que conocimos otra forma de vida, que degustamos un poco el ambiente y las tradiciones del momento.

En Cervera de Pisuerga, frente al Museo Etnográfico, donde se citan artilugios de antaño, Juan y Piedad Isla quisieron rendir homenaje a sus paisanos, que fueron amigos, parientes, conocidos, miembros todos de esa gran familia que es un pueblo.

Allí estaban el retrato y la sipnosis de Froilán de la Hera, natural de Areños; Julio Rodríguez Herrero, de Villarramiel, que regentó el Hotel Rubio de Cervera; el practicante Emilio Lagar Lorenzo, que atendió más de mil partos; el almacenísta Amérito Pérez; Filo, la planchadora; Manuel Otero, el barbero.

Allí estaba la semblanza del abogado y director de banca, Mariano Cajigal Macho, que escribía a primeros de siglo un artículo en este periódico pidiendo lo que ahora Piedad le ha dado: "Sí, amigos y paisanos, yo busco un historiador que nos hable de las vicisitudes de nuestros antepasados, de su lucha por la vida, de sus hazañas guerreras, de sus instituciones sociales y familiares, de tantas y tantas cosas que serían para nosotros, sus descendientes, timbres de gloria y escuela de enseñanzas, porque, como dijo el filósofo, la historia es la maestra de la vida".

Allí estaban también la panadera de Celada de Roblecedo, que tuvo once hijos y que fabricaba el pan a los vecinos que traían su harina; el relojero que llegó de Orense; Aquilina de la Hera, que dejó su espíritu vagando en el restaurante de las afueras, motivo de alabanzas que, incluso alguno de los clientes más allegados hizo verso:

"El que busca bienestar y confort,
y quiere saborear lo mejor de lo mejor,
sin duda, sin titubeo, y con toda decisión,
le ves marchar paso firme, camino del Resbalón".

Otro tanto cuentan las crónicas de Tomás "El Sevillano", los hermanos Gallo, Manolo Nestar, Mariano Doce, Tomás Contreras, apodado el tio pedorro, que anunciaba: "Vendo medias para clérigos de lana", o "Vendo gorros para criaturas y criaturos".

Por Cervera de Pisuerga pasó, proveniente de La Vega de Saldaña, el cura Don Saturio, cuyo primer destino fue Resoba, y que ejerció como coadjutor 46 años en la villa norteña. El tío Garabito, empresario de minas; Basilio y María, de la fonda "La Deseada"; Teodora Gómez, la perruca; Tomás Ibáñez, el tío mosquito y tantos y tantos otros que vinieron antes que ellos y que dejaron un lugar, un libro impreso que de alguna manera ha recuperado para la historia de Palencia esta palentina, Piedad Isla, reportera que fue de la Agencia EFE, metida hasta los tuétanos, por su oficio de fotógrafo al que se entregó con las mejores artes, en el devenir de todos los pequeños y grandes pueblos del norte de Palencia.

Es una satisfacción, debió serlo para ella, recibir en vida un homenaje de su tierra, aunque todos no acudan, porque los homenajeados ya no viven y algunos de los paisanos han habilitado líneas rojas que se estiran y que no se rompen, que se engordan por asuntos que causaron llagas y que dejaron huellas y pesares.

Todos no acudirán, parece norma escrita, pero todos son conscientes de lo que supone pregonar lo nuestro con la devoción y el desinterés que en esta encomiable tarea ha puesto Piedad Isla.

Imagen: Gente Digital

miércoles, 15 de septiembre de 1999

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César Rueda, mi joven pariente de Polentinos, lleva bien anotadas las veces que ha visto al oso. Treinta y cinco, me dice, con un halo de incredulidad rezumando en sus ojos, propio de quien trabaja para ellos, a la orden de la Fundación Oso Pardo.Le pregunto por Guillermo Palomero, el presidente, uno de los hombres, es verdad, y a los hechos me remito, que más fe han depositado en este empeño de conservar para las generaciones venideras el escaso y magnífico legado de los osos ibéricos.

Uno no escribe para convencer a nadie. Y por las escuetas declaraciones de mi interlocutor, "está molesto por un artículo que escribiste", entiendo que Palomero me ha confundido con otra gente, sólo por el hecho de haber hablado de la causa de Mariano Ruesga, cuya cantera se detuvo -recordarán- por el Decreto 108. Este perniano, de Urbaneja, en una entrevista para la sección "Protagonistas de la Montaña Palentina", en el Norte de Castilla (1994), contestaba de esta manera a una de las preguntas: "Yo no tengo nada en contra del oso. Estoy en contra de la gente que quiere vivir a costa de él. El oso ha existido siempre. Nunca se le ha molestado: ni las personas, ni las canteras, ni las cercas de los montes, ni las explotaciones de carbón... Los que sí le molestan son los que le envenenan y le matan; hay que evitarlo, estoy de acuerdo, pero cualquier protección de cualquier especie ha de estar hecha de acuerdo con la gente que vive en la zona". Mariano no actuó después correctamente, quizá porque la rebeldía de su clase, no quiere someterse a juicios sumarísimos, a largas disposiciones donde el premio siempre se le da, es lo evidente, al que más fuerza tiene, al que defiende a una especie con un peligro de extinción que escuece.Yo como mero seguidor de la noticia no podía entender aquella ley que a unos les prohibe más que a otros, dependiendo de su rango, (la ley no paralizó la cantera que un diputado explotaba al lado) y así lo conté luego, y así vuelvo a sostenerlo ahora.

Quizá el duro comunicado de prensa que un año después, a finales de 1995, hiciera el concejal de La Pernía, Luis Angel Alonso, viniese precedido por el empuje y la desesperación de su vecino Mariano Ruesga, quienes tampoco llegaron a etender entonces mi defensa parcial de aquellos que asumían la ecología como un reto. Sus acusaciones fueron tan duras y tan directas que sin querer mezclaron a los ecologistas con los miembros de la Fundación Oso Pardo, diciendo en voz alta lo que se cocía en los mentideros, el sentir general de una población que, olvidada en los asuntos más fundamentales, sacudida por un río de emigración constante, nunca miró con buenos ojos a quienes pretendían por encima del hombre la defensa del bicho.Ya con anterioridad, en la zona de Fuentes Carrionas, los escasos habitantes quedaron sorprendidos ante la paralización definitiva del proyecto del pantano de Vidrieros. Se equivocaron quienes creyeron que el milagro lo habían obrado las autoridades o los delegados de Medio Ambiente, o el mismo presidente del Gobierno; ni siquiera quienes escribiendo procurábamos llevar nuestras razones a los Junteros para que, en caso de que fuera necesario, si no quedaba otro remedio, si se imponían las razones de los regantes que eran mayoritarios, la Junta o el Estado nos compensara por ese sacrificio y remitieran urgentemente centros sanitarios, cuando menos un médico a los pueblos de cabecera, centros educativos, vías de comunicación y otras mejoras que no tuvieron a bien concedernos con anterioridad, acaso porque tampoco se pidieron como era menester. Se equivocaron también los que atentos a sus rezos se figuraron que eran ellos la causa de tan ardua renuncia; figúrense, unos hombres y mujeres curtidos a las espaldas del Curavacas, una porción de hombres y mujeres que soportaron sin un grito los más duros inviernos, divagando entonces sobre las consideraciones de un ministro.Nos equivocamos todos.El único animal que logró parar a la bestia, el único que logró compadecerla, fue el oso pardo. Y así lo atestigua otro de mis entrevistados a primeros de 1995, "El Toso", ganadero de Triollo: "Lo que más duele es que el oso sea mucho más importante que las personas que están viviendo aquí."

Cuando el médico de cabecera llegó a Lores para atender a una mujer que llevaba más de media hora inconsciente, y preguntó por qué no se le había llevado a la mujer a urgencia a Cervera, Carmen Luisa, otra ganadera valiente, otra protagonista, le interrogó: "¿Usted cree que en ese estado podemos atrevernos a moverla?". Y aún dijo más. Y aún dijo en una corta frase lo que los demás sólo se atreven a decir de puertas para adentro: "Aquí están mejor atendidos los animales que las personas".Tanto poder alcanzó el oso que, para fustigar la admiración de los más indecisos, la Fundación adquiere la casa de noble patio porticada en la localidad de Verdeña, símbolo de una fuerza política que dominó la comarca a primeros de 1900, el Carlismo, y hogar del ilustre paisano Barrio y Mier. [1] Creo que nadie amó más al oso y a la gente de esta tierra que el hombre que habitó la casa que ustedes se disponen ahora a abrir como museo.Ya quisiera yo, amigo Palomero, haberle visto al oso una vez en mi vida y defenderle con la misma fuerza con la que me propuse defender al hombre que por abajo se presta con resignación a seguir viviendo con las mismas premisas.Puede que mañana germine su labor, que bien merecido se lo tiene, y el oso nos traiga la panacea que tantos y tantos hombres nos negaron.

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Temas relacionados:
Personas citadas en el texto en la sección de "Protagonistas"NORTE DE CASTILLA (Valladolid)
que pueden encontrar en este blog.
¬ Mariano Ruesga, Sábado, 21/05/1994
¬ Fructuoso Diez, "El Toso", Domingo, 15/01/1995
¬ Carmen Luisa, Domingo, 30/07/1995

¬ Luis Angel Alonso, concejal del PP. Artículo "Comunicado", publicado en la sección "Fuente Cobre", en Diario Palentino", que integraremos en próximas fechas a este blog

[1] Para saber más: La aventura política de Matías Barrio y Mier, Froilán de Lózar, Núm 78 de la Institución Tello Téllez de Meneses, - Diciembre de 2008


sábado, 11 de septiembre de 1999

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Vengo de visitar el convento de San Andrés de Arroyo, donde la priora, Delia Cajigal, hermana de los herreros de mi pueblo, Pepe y Conrado, que en su día me participó toda la historia que allí dentro se mueve, me comunica, en medio de las otras religiosas, la desaparición de la cabeza del patrono, una talla preciosa que algún experto en robos sacros cortó con destreza para que luzca hoy a escondidas, quién sabe dónde, lejos de aquellas tapias.


Sólo el silencio, especial y profundo que aquellos muros parecen transpirar a todas horas, es capaz de devolvernos la emoción. Por ese motivo, prometo volver para quedarme durante una larga temporada y escribir el libro de los libros en la nueva hospedería que las buenas artes de estas monjas han sabido proyectar por encima de la sala de visitas. A la izquierda, por uno de los pasillos que lleva a la salida, se encuentran las habitaciones con todo lo imprescindible para que descansen y mediten los huéspedes, aquellos que participan de la familiaridad, o los compromisos con los moradores del convento; al lado opuesto, otro largo pasillo nos conduce a dos grandes salones, cuya decoración hace volver tus ojos hacia el pasado de la finca y los consejos de su fundador. Tal vez, uno de los próximos libros que escriba, si esta obsesión no se pasa, trate de ellas, de sus devociones, de su agradecimiento (me cuenta una de las hermanas que ella entró allí con quince años), de su renuncia, del sacrificio que supone dejar el mundo abierto; de sus vidas, que son; que deben ser historias que alcancen a infundirnos muchas de esas creencias y ritos que lá sociedad moderna, imbuida por las nuevas y agresivas corrientes ha ido dejando un lado.

La montaña ha crecido en proyectos. En la misma carretera general Cervera-Potes, Amor y Mariano han dado vida a un nuevo proyecto, en Venta Morena. De Ventas sabía mucho nuestro poeta Paco Vighi que así inmortalizó la de Santa Lucía, y que, a punto supo encontrar mi amigo Gonzalo Alcalde Crespo.

"Esta es la venta de Santa Lucía;
para los caminantes un edén.
Es l0 mejor del valle de Pernía:
hay una buena moza; sirven bien.
Siempre hay aquí rumor de panderetas
y llega hasta el camino algún cantar
mientras pasan chirriando las carretas
de Potes, de Cervera, de Aguilar."


Un poco más atrás, en la casa rural de Polentinos veranea una familia de Jaén... La casa, hecha de piedra, al más puro estilo montañés, está situada a la entrada del pueblo, junto a la Iglesia del siglo XVI dedicada a Nuestra Señora de las Nieves.

Antes, voy hacia abajo, recibo la anécdota de un vecino de Herreruela, pueblo situado en el confín de la Castillería, mirando a Brañosera: "Un día -me cuenta Pedro, llegó un joven de Cervera preguntando por la familia de La Casona. (Ya no valen las fotos que remití al periódico hace años hablando de ella). Resulta que uno de los dueños, que al parecer no tenía intención de venderla, le pidió seis millones para que cejara en sus sus propósitos y aquél le aproximó tanto la cifra que no se atrevió a decir que no. Hoy la casa no es ni sombra de lo que fue, hablan de cincuenta millones enterrados en aquella estructura de porte soberbio, piedra labrada con estilo y la mejor madera...

Pero, quizá, el proyecto que evidencie mayor incertidumbre, sea el que se suscita al otro lado, en Camasobres, mirando al Peña Labra. La familia que trabajó con ahínco estos años de atrás para levantar un parador en Piedrasluengas, viene a Camasobres y adquiere la casa solariega de doña Juana. Cuentan los vecinos que después de un largo trato con sus hijos, la valoración ronda los veinte millones. Aquí, donde la -nieve borra todos los caminos; aunque el amor se alce como roca, la hija de Froilán anuncia la apertura de un hotel millonario (400 millones), una cifra ligeramente inferior a la que ya anunció qué invertiría en Piedrasluengas. Así las cosas, los pueblos se preparan para afrontar el próximo siglo con una cara nueva.

Cuando años atrás hablábamos de infraestructura deficiente, mucha gente no creyó en el proyecto. Hoy, la imagen va imponiéndose.

Una vez que el hogar está dispuesto, hemos de emprender un curso publicitario para llamar a los huéspedes, porque para nadie es un secreto que Palencia, a pesar de todo, sigue siendo la gran desconocida fuera.


lunes, 19 de julio de 1999

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Alguien me da la razón. Bernado Atxaga, el escritor guipuzcoano, Premio Nacional de Literatura 1994, autor de "Memorias de una vaca", "Bámbulo", "Lista de locos y otros alfabetos"..., ya avisó hace unos años que cerraría el libro que le había llevado a lo más alto. Entonces casi nadíe le creyó. Bernardo, en el marco de los cursos de verano de la Fundación Duques de Soria, anunció dias pasados que se retirará del mundo literario y volverá a recuperar su verdadero nombre, Joseba Irazu.Y para mucha gente con la que me tropiezo, romper con ese mundo cuando se está dentro, cerrar de sopetón la puerta de la fama por la que tantos otros suspiran y a la que saben que no se llega sólo por merecerlo, meterte de golpe en el traje de los dias de labor, entre el montón de anónimos, es un pecado clamoroso.


Yo, que oralmente no me defiendo con la misma seguridad, tal vez porque la timidez y los nervios me pierden, dejo que hablen todos, mientras en algún lugar de mi interior se desatan los aplausos.Cualquiera puede llegar a ese cajón. Sí, usted también. A usted, al del periódico le digo, no mire hacia otro lado. Yo, que no tengo recetas para mis defectos, puedo asegurarle que cualquier persona normal puede llegar a ser famosa. Dice usted que no sabe escribir. ¡Bueno!, pero, a lo mejor sabe cantar, o contar chistes. Puede que sea usted un individuo de costumbres extrañas, y basta, ya le digo, la insistencia, la perseverancia, la seguridad en uno mismo.

Cualquiera puede llegar a esa zona caliente donde se disfruta de ostentosos manjares. Se codeará usted con los personajes de pelicula, con la gente de la farándula, vivirá en una balsa de aceite... Además, disfrutará usted de una prensa amarilla que paga estos días bien por desnudar el cuerpo... y el alma. El sexo, a veces, se convierte en opio, y en los cenáculos más concurridos ya se cuentan historias que matan de envidia a los más cautos.Pero sí, aunque no niegue mis pecados, he de reconocer que alguien me da la razón; un día es un portero, otro día un ciclista y hoy un escritor. Ganeko, que como Joseba utiliza seudónimo, se pregunta en su columna del "Mundo del Pais Vasco": "¿Cambiará también de estilo? ¿Cuál de los dos cobraba los derechos de autor?¿Dejará herencia?...A mí no se me ocurre cuestionar una decisión tan importante. Cuando lo que se hace es bueno, como lo es la obra de Bernardo, el mundo pierde un artista y gana un hombre. Es lógico pensar que vaya donde vaya se irá con él la obra, no la que fue, que esa ya es patrimonio de todos, sino la que siga creciendo después, detrás de ese telón que la pregona y que la hace llegar a nuestras manos.

Querido lector, todo no se puede tener.No se puede subir a lo más alto del podium y esconderse entre el gentío. O estás en el estrado, aplaudiendo a tu líder, o estás entre el pelotón rompiendo las marcas establecidas y colocándote con un poco de suerte entre los primeros.Y por si álguna vez se te ocurriera dar este paso, si estuviera en tu mano alcanzar esas cotas de popularidad que disfrutan tus ídolos, también has de saber que no vale ya ese famoso dicho de triunfar y dormir. Detrás del autor hay un montaje, lo que exigirá crear más deprisa, vestirse para la conferencia, posar para las revistas, firmar autógrafos en las ferias y romperse los cuernos ante escenarios que poco o nada tienen que ver con la actividad que desempeñas...Pueden estar seguros de una cosa: aunque tuviera la suerte de llegar a ese lugar que no he buscado, jamás lo aceptaría: no se está mejor donde los otros están bien. Al paso que vamos, nunca conseguiremos separar esa fina tela que, a un hombre cualquiera, con capacidades para ganarse el beneplácito del público, lo meten sin dudar en una pista y lo espolean sin compasión hasta convertirle en una muñeca como a Belén Esteban.

miércoles, 23 de junio de 1999

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A diario los medios de comunicación nos introducen en un mundo cargado de siniestros. Ahora estamos aquí, y de improviso nos traga la historia,
dejamos de estar, dejamos de sentir, el mundo sé olvidará que fuimos... A lo sumo, los nuestros, los íntimos, quienes de alguna forma nos trataron, dejarán que aflore de vez en cuando una referencia hacia nuestra manera de ser y de pensar. Tal vez por ese motivo algunos hombres llevan su fantasía a lo más alto, exponen su historia de amor en los programas de televisión, buscan la emotividad de los seres más próximos, de aquellas personas que esperan su regreso cada día, y en silencio soportan el parte doloroso que llegá de improviso.

La vida está llena de ejemplos. Ayer, en la página 40 de un periódico, me motivó la historia de Tomás, un diplomático de 51 años que para celebrar el quinto aniversario de su boda, se dirigió a una agencia de publicidad y contrató una valla publicitaria en las inmediaciones de un área comercial, donde la mentada, esposa en segundas nupcias, acudía a hacer la compra...

Yo no sería capaz de tal hazaña, aunque aplaudo la idea de este directivo, al que le han servido apenas cinco años de matrimonio. El hombre, no conforme con tenerla en casa, no contento con piropearla a diario, le inventa un poema y lo pone en la calle por donde pasará ella con la bolsa de la compra, para que sus ojos se vuelvan a indagar. Sólo para ella, de cara al público pero para ella sola; un secreto a medias, un secreto a voces, un encanto que se rompe ante la urgencia de que la interesada sepa antes de que el contrato finalice, que hablamos de su vida, que aquel mensaje es para ella, que se nos han llenado los pulmones de amor, que nos sorprende que no sepa que aquella fantasía nos hizo fuertes y vimos de otro modo las estrellas.

En la vida hay ejemplos que los periódicos no cuentan. Hace unos días, unos zamoranos me invitaban a asistir con ellos a la celebración del cincuenta aniversario de sus padres en un pequeño pueblo de Zamora, donde manda la tradición llevar a los novios y padrinos en un carro, empujado por los mozos del pueblo, y allí darles un chapuzón. Cincuenta años no es nada pero, seguramente, para los protagonistas de esta historia, cincuenta años lo sean todo.
Lo curioso es que durante un mes, mayo de 1999, el diplomático anunció de esta manera su producto:

"Eres regalo del cielo,
eres juventud, belleza, alegría,
ángel de guarda y paz!
Eres lo mejor que la vida me podía dar
y con tu amor me has mudado
de un mundo sin sentido
a tu Edén encantado".
Y añadía: Gaby, te adoro. (1994-1999)

La historia tiene su encanto. Todos podemos sacar provecho de ella, no en el sentido de correr a la agencia y contratar un anuncio en la calle. Estas locuras son pequeños toques de atención para el mundo, para pequeños y mayores, que con tanta frecuencia pasamos de largo ante los nuestros, ante quienes esperan nuestra llegada cada día, ante aquellos que nos animan con su presencia, que nos mudan la piel con sus caricias, que hacen el milagro de mostrarnos un camino mejor, haciéndonos más solidarios con todas las personas que a lo largo de los años pasan por nuestra vida.

domingo, 6 de junio de 1999

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Nada que ver con los nacionalismos. Nada. Ni una palabra. Ni una mirada. Ni una pizca de comprensión hacia sus pautas. Para mí hay un mundo ahí afuera sin hogar y sin patria, hay un mundo con gentes de todos los colores al que me gustaría pertenecer. Para ellos, el mundo -entiendo yo- es una isla con su bandera, con su himno, con su lengua. Ellos quieren vivir en minúsculas, en solitario, sin ligaduras de ningún tipo a quien de alguna manera estuvieron unidos durante años. Quieren vivir por ellos y para ellos solos. Nada que ver con estos autosuficientes y convencidos independentistas. Nada que ver con ningún tipo de nacionalismo, ni con el nuestro.

Nada que ver con ninguna fuerza política, ni del País Vasco donde vivo, ni de Castilla, la tierra de la que procedo. La tierra de mis padres, la tierra de mis antepasados, personajes escondidos de un diario cualquiera de Miguel Delibes, al pie de Peña Labra, tocando ya las Ventas cántabras.

¿Que Castilla está olvidada? 

Es el lamento eterno de quienes a diario la escribimos. Sufrimos el olvido de quienes rigieron la provincia de Palencia. Es un reproche sin añadido alguno, porque los errores y las ausencias se superan con la razón y el sentimiento. Hoy la Montaña Palentina es un universo de nuevas sensaciones para gozo y sorpresa de propios y extraños. 

Pero no es suficiente. Pero no sirve todavía de compensación. 

¿Qué Castilla está escindida? 

Es la moda de las modas. Mientras unos buscan la reconciliación y el reconocimiento, otros piden la guerra. Todo para que se les reconozca unos privilegios que en su día la historia les concedió. Tal vez lo merecieran. Puede que fuera inmenso el honor de ostentar un reinado, pero la vida, al fin, no se mide por eso, ni siquiera por las encomiables cualidades de bondad y acogida que prodigó esta tierra. 

No caben ya más lágrimas por lo que no se hizo. Y comenzaba señalando mi alejamiento de la política porque no entiendo a los políticos. Quieren lo que no deben, buscan lo que no queremos, nos ofrecen lo que no pueden darnos. "Ahora que sí, mañana que no dijeron eso... 

Castilla está triste. Como castellano que hasta el alma me siento estoy triste con ella. A los veinte años me rebelé por esa apatía interna y entre Portillo y Laguna de Duero, escribí a escondidas una novela donde los hombres y mujeres de esta tierra estrenaban un país, el País Castellano. Fue un instante fugaz, una mirada extraña, un vago anhelo que jamás vi de verdad ni llegué a presentir entre las gentes que nacieron en ella. Yo creo que los castellanos, todos -salvo contadas excepciones-, hemos abierto puertas a todo el mundo sin preguntar de dónde venían, ni qué portaban, ni qué lengua era la suya. Y les hemos enseñado lo que sabíamos, les hemos entregado lo que teníamos. Esa forma abierta de manifestarse, cediéndonos en cuerpo y alma a veces, ha hecho que otras comunidades se aprovechen, pretendiendo, incluso, entre solapados vaivenes y medias zarandajas la última de las peticiones, el anhelo cegador de los nacionalistas catalanes y vascos: la autodeterminación, la independencia plena, aún sabiendo que tal deseo lleva aparejadas muchas pérdidas que ninguno de los pretendientes estaría dispuesto a permitirse. 

Durante estos años he observado cómo se consumían nuestras historias entre las páginas de los libros. Conocí el dolor de los castellanos más alejados y supe que se mitigaban con emplastes caseros y muchas dosis de resignación. Y digo que viví ya un simulacro de Treviño. 

Nada que ver con la apatía que hoy percibo en tantos escritos, entre tanta gente que entiende y a su manera ama un trozo de esta región nuestra. De aquí salieron muchas personas que mostraron al mundo unas tradiciones, una cultura, una forma de vida. Y aquí residen gentes capaces de retomar el pulso y la palabra y poner esta tierra en su lugar, abrazada a otras tíerras, sin fronteras ni desavenencias internas, cogidos a la mano de quienes emigraron para que alcance sentido toda la generosidad y la riqueza que ahora mismo tiene como muestra Las Edades del Hombre en Palencia. Que el mundo lo admire y lo comprenda. Que Castilla lo pregone. Que todos los palentinos sepamos valorar la riqueza que aquí anida, sin más pretensión que la de dejarlo escrito para que las generaciones venideras lo agradezcan y lo sigan guardando si cabe con más fuerza. 

Palencia mirando hacia Castilla. Castilla en pie y erguida, buscando el reconocimiento, reconociéndose ella misma, con tantos lugares para vivir y ser vividos y tanta gente de aquí y de fuera asomados un fin de semana a todos los balcones de esta tierra. 


martes, 2 de marzo de 1999

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Desde pequeño, como la niña que recrea el personaje de Jodie Foster en la película ‘Contact’, siempre me sentí atraído por el misterio de otros mundos. Frente a la soledad a la que el ser humano debe encararse cada día y a los grandes acontecimientos que cambiaron la visión de las cosas, hemos tenido la suerte de nacer en una época jalonada de acontecimientos y de avances.

 

Hace unos años, cuando conocí a través de los medios de comunicación que existía una agencia en Barcelona que contrataba viajes al espacio para primeros del 2000, hice una fotocopia y se la entregué a un amigo apasionado de todo aquello relacionado con la ciencia. “Piden quince millones por un viaje de una semana” —le advertí. “¿Sólo quince millones? Eso es un regalo. ¿Tú sabes lo que eso significa?”. Y entonces comprendí que no necesitaba preguntarle más. A través de un cristal imaginario, vi mi cara de niño contemplando el cielo desde un monte cercano a nuestra casa. Eramos cosas diminutas frente a aquel Universo, enfrentados de contínuo por historias insignificantes y partidas contra el tiempo.

¿Qué hacemos aquí?¿De dónde venimos?¿Qué hay más allá?

Como la investigadora que en el Desierto de Nuevo México busca tenazmente una respuesta, así la busco yo sin más pretensión que la de sentirme útil de alguna forma y cada día más convencido de que, muy pronto, desde algún recóndito lugar, nos llegará otra voz que se ha venido preguntando desde siglos atrás lo mismo que nosotros.

Hasta hace muy pocos años nuestro mayor interrogante era saber si había vida más allá, cualquier tipo de vida. Después de E.T., la gran creación de Steven Spielberg, llegaron nuevas películas abordando el mismo asunto: sofisticadas naves que proceden de otros planetas, cuerpos extraños con formas y fuerzas desconocidas que se ríen de nuestros aparatos más modernos y, como colofón, un “Día de la Independencia”, donde los americanos encuentran un resquicio para llegar hasta su nave nodriza , salvando al mundo de esa ambición dominadora que los promotores del film venían estimulando.

Primero fue el hallazgo de un planeta que gira alrededor de la estrella 47 de la Osa Mayor, a 34 años luz de la Tierra, y al menos dos veces y media la masa de Júpiter. El segundo es un planeta que gira alrededor de la estrella 70 de la Constelación de Virgo. Su masa es seis veces superior que la de Júpiter, y sus condiciones atmosféricas puede que sean peores. Y después fue el hallazgo de un planeta que gira alrededor de la estrella 51 de Pegaso, a 42 años luz de la Tierra, descubierto desde el observatorio de Ginebra por los suizos Mayor y Queloz. Los científicos intuían que antes del fin del pasado siglo, un satélite europeo lanzado al espacio pudiera detectar la existencia de mundos lejanos. La NASA tiene previsto lanzar hacia el año 2010 el telescopio Planet Finder, compuesto de cinco espejos de entre uno y dos metros de lado por 90 de largo, para gravitar en torno a Júpiter y buscar planetas semejantes donde pudiera existir sustancia necesaria para la vida, como el ozono, el oxígeno y el bióxido de carbono.

“La importancia del agua es decisiva. —señala David Des Marais, bioquímico de la NASA— El agua es un medio perfecto para que las sustancias orgánicas que contienen carbono, se disuelvan y reacciones unas con otras de mil maneras”.

En un tranquilo paisaje rural, 50 km. al noroeste de Boston, Massachusetts, se encuentra el radiotelescopio Beta, equipado con una antena parabólica de 25 metros de diámetro, que puede detectar señales extraterrestres de mil millones de canales. El director de este proyyecto, Paul Horowitz, físico de Harvard, asegura: “A mí no me cabe la menor duda de que hay vida inteligente en el, se lo aseguro. ¿Que si hay vida en nuestra galaxia?: Las probabilidades son enormes. Lo difícil es que los seres inteligentes de la galaxia nos transmitan señales de radio en la longitud de onda que esperamos y con la potencia necesaria para que la captemos”.

Vivimos en un mundo donde el avance tecnológico es un manifiesto permanente. Como seres inteligentes no descartamos la posibilidad de vida humana en lugares lejanos y desconocidos. Ya no vamos a la luna para pisarla únicamente, o para conquistarla; ahora, más que nunca, una vez localizado el agua, queremos ir a vivir en ella, porque como el guionista manda decir a Jodie Foster en ‘Contact ‘ , “a lo largo de nuestra vida, el vacío se ha hecho soportable porque nos tenemos unos a otros”. Y acaso la obsesión por buscar compañía fuera de la Tierra les lleve a nuestros investigadores cada día más cerca de un hallazgo.

Entonces puede que reconozcamos que alguien vive en condiciones superiores ahí fuera, con otra organización y otro sentido de las cosas.

lunes, 1 de marzo de 1999

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Voy deprisa. El mismo día que el agente 007, Pierce Brosnan, se lanza al vacío desde uno de los edificios que da vista al Museo Guggenheim, me llama Charly, el empresario de Lantadilla, que expone en la feria de muestras de Bilbao, al lado de otras empresas de Castilla y León, que traen productos de nuestra tierra con nuevos envoltorios, otros sabores y la intención loable de llegar a más gente. Vamos corriendo. Me lleva Leandro Arúe, amigo de ambos y al llegar al stand nos fundimos en un abrazo. Enseguida se pierde por una puerta para volver a entrar con dos copas en las que vierte un orujo de hierbas exquisito. Me habla de sus proyectos inmediatos. Cuenta un chiste, cuenta otro chiste, llama a la puerta de quien exhibe la morcilla de Burgos, en otro lugar le llenan una bandeja de chorizo, más allá de cecina ...


Aureliano mete entre los dedos un habano adquirido en la isla y borda cada encuentro. De todas las provincias llegan gentes buscando su producto. Su último contacto, realizado estos días, quiere llevarse a Portugal la prueba; me habla de su viaje por Argentina, y me cuenta con sinceridad, que esa sí que destila a raudales, su visita a las bodegas de aquellos lugares.

Medito sobre la complejidad de esta nueva faceta, la de este palentino cuya vida transcurre de feria en feria, como los feriantes pero sin tómbola, como los actores pero sin red ni cuerda, a la buena de Dios, con una mirada hacia la incógnita y una puesta en escena que dejaría estupefactos a muchos de los que le conocen.

No escribo de Charly porque me lo pida, ni porque se lo deba. Escribo porque me satisface ver a un paisano nuetro botar su barco publicitario cada día, ahora en el País Vasco, muy pronto en Valladolid, mañana en cualquier otro sitio, aprovechando todos los viajes que lleven un saco de productos artesanos, rompiendo un poco nuestro miedo al vacío.

Es muy tarde. Debemos regresar al otro lado de la ciudad para volver a la rutina de nuestro trabajo. Palencia y Aureliano, Aureliano y Palencia, los dos por esos mundos refrescando la memoria de tanto palentino ausente, incentivando el ánimo de aquellos que hoy la viven, promocionándonos, aunque el despliegue periodístico esté hoy dos mil metros más abajo.

Saltó el doble del actor irlandés.

Mañana, una persecución por toda la ciudad y después la despedida. Lo bueno de Charly es que se va pero regresa, nos lleva en la memoria, planea cada encuentro casi artesanalmente, como su producto, y la única fantasía a lo Bond que se permite es el recuerdo de su chica de Cuba.

Bond, desde la ficción; dando vida a una historia. Charly, envolviendo la realidad con sus aromas.

La película va a comenzar. La mesa está servida.

En la imagen, el producto estrella de esta firma, Aureliano I. destilado con sumo esmero y envejecido en cubas de Roble Americano, Limousín y Allie durante 8 años, posteriormente se realiza un coupage de 30 días y se embotella.

viernes, 5 de febrero de 1999

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Nadie está libre de las miserias de este mundo. Nadie. El dinero y la inteligencia abrirán puertas. Los títulos y los trajes podrán vestirte de prestigio. La escuela de la vida te aliviará el camino. Y si, además, tienes un poco de suerte, te sonríe la fortuna, te arropa la familia y los amigos, el camino se te hará más ligero, pero ni siquiera con todas las cartas de tu parte encontrarás ese camino de rosas que soñaste. John Bayley lo sabe bien.

El autor británico refleja en su libro “Elegía por Iris”, cómo él, “un joven académico espectacularmente ignorante respecto a las cosas mundanas, se quedó prendado de Iris Murdoch...”, como ambos tomaron la decisión de no tener hijos, absorbidos por unas carreras deslumbrantes. Escritores de reconocido prestigio en su país, montados en una línea que parecía no romperse nunca, llegan al ocaso de su vida y se dan de bruces con el terrible mal de Alzheimer. Ese es el mal de todo el mundo. Nos olvidamos que está latiendo ahí, hasta que nos envuelve. Ese mal y tantos otros males imprevistos para los que no encontramos solución precisa.

Ronald Reegan, sufrió esa misma historia. Un rotativo de su país, “The Times”, jugaba con la versión de Patti Davis, la hija que estuvo lejos de su padre mientras fue presidente de los EE.UU., la misma que luego se pregunta: ¿qué le podemos regalar que le ilusione...? Reagan, el que fuera el presidente más poderoso de la tierra, el que tuvo en sus dedos el destino del mundo, que casi no reconocía ya a los suyos, recibió en una de las últimas navidades unos globos, libros para niños y chocolatinas. “Son para ti –le dijeron. No tienes que compartirlas con nadie”. “¡Qué bien” –exclamó, colocándo sus regalos, uno en fila de otro, encima de la mesa.

jueves, 28 de enero de 1999

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Para un hombre como Martín Luther King, que no era demócrata, que no era republicano, que ni siquiera se consideró nunca norteamericano, el sueño que soñó para los 22 millones de negros se vio interrumpido por una bala que le entró por el cuello el primer jueves de abril de 1968. Dicen del asesino que le gustaba lucir públicamente su racismo, que balbuceaba palabras en español (de la época en que regentó un bar en Méjico) y que se inscribe en un curso por correspondencia para aprender a abrir candados sin llave. Dicen del asesino, que huye, se transforma, burla al FBI mil veces y que, aún hoy duerme en la cárcel sin haber contestado a la pregunta: ¿Por qué? Lo cierto es que, el autor de “Marcha hacia la libertad”, admirador de Gandhi, también Premio Nóbel de la Paz, estaba convencido de su lucha pacífica. “Os destruirémos con nuestra capacidad de aguante””Para ganar nuestra libertad, le hablaremos a vuestro corazón y a vuestra conciencia, y al final venceremos”. Y el mismo año que asesinan a Kénnedy, King encabeza una marcha sobre Washintong en la que participan 250.000 personas, y es allí donde pronuncia la palabra, las palabras: “Yo tengo un sueño”. “El señor me ha permitido subir a la montaña, y desde allí arriba he visto la Tierra Prometida. Es posible que yo no pueda llegar con vosotros hasta ella, pero quiero que sepáis que todos nosotros, como pueblo, alcanzaremos esta Tierra Prometida”. Desde entonces, incluso mucho antes, desde que el hombre comenzó a comunicarse, la libertad ha sido el grito más gritado. Ha sido el sueño más soñado. La libertad fue y sigue siendo el largo camino para el hombre.

Pequeño ejercicio de memoria
Más Crónicas Fin de Siglo en nuestro blog Curiosón


martes, 19 de enero de 1999

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Froilán De Lózar



Unos días antes de que Jesús Sánchez Merino, vecino de Matabuena (Segovia) denunciase los malos tratos que acabaron con una burra de su propiedad y causaron graves daños a otra, ambas en avanzado estado de gestación, el director de un periódico de Valladolid me explicaba por teléfono las razones que aconsejaban no publicar el artículo “Rito animal”, que a primeros del pasado año viera la luz en el “Diario palentino”. Una de las razones esgrimidas para el rechazo de la citada crónica, era el matiz desagradable que despedía, en constante referencia a animales que siempre se utilizaron para la tradición. “Y tú sabes el renombre y la importancia que tantos pueblos de Castilla y León han alcanzado gracias al eco de esas fiestas”. 

No soy ecologista. Tampoco soy naturalista. Expongo en este rincón mis pensamientos sin más ambición que la de comunicarme con un pequeño y fiel grupo de amigos. No pertenezco a ninguna Asociación y es probable que alguno de mis lectores no llegue a conocerme nunca. Soy consciente de ello y soy feliz así. 

Por mi casa se pasearon perros de diferentes razas y sólo en dos ocasiones debimos recurrir a la máxima pena: un perro de presa que tarazó el morro de un cerdo y agujereó las botas de un vecino que acudió a separarlo y un mastín con una enfermedad de boca; el primero de un tiro, el segundo por medio de una inyección que recetó el veterinario. 

A mi modo defiendo el trato humano a las personas y el trato justo a los animales. No me agrada que un perro, por muy cuidado y limpio que esté, le pase la lengua a su dueño/a por la cara, pero entiendo sus caricias, la orden de “siéntate”, “ven aquí”, a la que el amo le ha enseñado a responder. En casa me reprochan este desligamiento. Y sus motivos tienen. Y mis motivos tengo. No te escondes, pero rehuyes el encuentro. No lo rechazas, pero ignoras su presencia, lo que a los ojos de los demás implica ya una falta. Pero no puedo apoyar tampoco una escena donde el animal soporta las patadas o las chanzas que persiguen su muerte, algunos dirán que gloriosa o natural. 

De niño fui testigo de una escena que nunca he logrado apartar de la mente. Un hombre mató a su perro de cinco o seis estacazos. Tuvo lugar el hecho junto a las tolbas de la mina y tanto me impactó, que después de tantos años todavía hoy se me aparece nítido, en los ojos del animal una pregunta, en los ojos de su amo o asesino, porque ambas cosas era, una obsesión.

El hombre le llamó varias veces por su nombre. El animal fue hacia él. Yo creo que intuyó algo, algo terrible, pero, ¿quién no acude encantado a la llamada de su amo y cuidador?. Y se acercó despacio, pensativo, como cualquier humano en su lugar hubiera hecho. Después vino la tempestad, cuando el hombre dejó caer con fuerza el grueso palo. El animal esquivó el primer golpe, pero no trató de huir, como sería lo propio; al contrario, incluso adivinando las horribles intenciones de su ingrato señor, se acerco más a él y aguardó paciente y resignado aquella muerte cruel que el destino le daba.–


viernes, 15 de enero de 1999

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Nada cambiará tanto como para ignorar nuestra procedencia. Hemos corrido mucho. Los últimos tramos de este siglo han sido carreras desbocadas, aceleradas. Pisotones.
Ya hemos llegado. Y ahora, ¿qué nos espera?¿Quién nos espera?¿A quién esperamos?
Si hay algo que de verdad me inquieta es el punto final de tanto pronóstico. Porque aquí venimos a divagar no en la manera quijotesca de los videntes, sino en la inquietud y la pregunta de tantos millones de mortales.
Se descubre el mundo. Se planea. Edificamos sobre él. Innovamos a velocidades supersónicas. Todo está bien, pero no encontramos el punto exacto, el momento ideal, el soporte perfecto que nos sirva ya como camino definitivo. Es evidente que debemos proyectarnos a un futuro, a un espacio sin puerta, a una historia sin final.
Parece que la inquietud no nos dejará nunca. Y la ambición tampoco. Después de clonar una oveja no cejaremos hasta clonar al ser humano; después de subir a la luna, vamos buscando vida en Marte. Y lo que nos cabrea no es el progreso, sino el haber llegado a la conclusión de que avanzar tanto en tantas cosas no impide las envidias, ni el desencanto y nada de cuanto hagamos impedirá que sigan cometiéndose injusticias y crímenes horrendos.
Vistas así las cosas, no tiene sentido tanta vuelta de tuerca. ¿A dónde vamos? ¿Llegaremos? ¿Estamos ya o no estamos?
Parece que ya estamos.
Estaremos.


jueves, 14 de enero de 1999

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Hoy he sentido la tentación de escribiros unas letras de Bilbao, desde Bilbao, la ciudad donde vivo, en la que me instalé hace treinta años y en la que he contactado con muchos palentinos que dejaron su pueblo. Desde ella me proyecto periódicamente hacia ustedes a través de este Medio más que centenario.

Pero, conozco Bilbao, sobre todo, a través de quienes le vivieron. He tenido la suerte de entablar amistad con personas que nacieron muy cerca de la ciudad: marineros, constructores, tenderos; Nacionalistas defensores de Arzalluz –pese a todas las razones expuestas por columnistas y contrarios– y Nacionalistas, admiradores sobre todo de Atutxa, el hombre de Interior que, en el punto de mira de los terroristas, frente a las ideas que apuntaban los propios jefes de sus filas, se hizo fuerte y defendió primero y ante todo la vida. También vivo y convivo con varios accionistas del nuevo periódico que sustituirá a Egin. Vivimos y debemos soportarnos, buscando la fórmula para que ese silencio de las armas sea definitivo, y nadie, ni siquiera el obispo Setién, se cuestione este tiempo de paz anteponiendo la premisa de una pequeña nación, incluyendo en la misma a muchos hombres y mujeres cuyo único afán era ampliarla. 

Fraguado el plan de conocerla mejor, motivado por la idea de una ciudad que va muriendo mientras se levanta a la par y a ritmo trepidante otra mayor, más moderna, más turística, mucho más iluminada, hoy, por fin, he salido a retratarla desde el agua. Cámara Minolta, objetivo 28´80, tarde de sábado apacible... Mi sueño se ha cumplido gracias a la colaboración de dos amigos: Jesús Coria, nacido en Gorliz, en el barrio de Gandía, 1947 y Javier Alvarez (Lutxana–Erandio, 1952). Nuestra intención era bajar por la ría en gasolino, inmortalizando todo aquello que se pusiera a tiro. Desde el extenso embarcadero de Las Arenas, hasta el Puente Colgante (que hace unos días estrenaba barquilla), dejando a un lado la competición de regatas que lleva nombre de grandes almacenes y los grandes barcos que efectuaban maniobras muy cerca del Canal. A medida que avanzamos, van quedando atrás fantasmas del pasado: fábricas sin cristales, restos para la historia de Altos Hornos, grúas a contraluz en desuso; y en la misma proporción nos despiertan las nuevas historias: Puente de Rontegui, Puente de Euskalduna y muy cerca el flamante Palacio de Congresos y Exposiciones; Puente de Deusto, la Universidad, Guggenheim, Puente de Calatrava, Ayuntamiento, Arriaga y Casco Viejo. Bilbao. Viaje de ida y vuelta. Doscientas cincuenta fotografías de una ciudad en la que vivo. Bilbao, ¡ay, cómo has cambiao!. Por un instante he tenido la impresión de estar narrando el final de una época, lejos del cemento, acurrucado cuándo en proa, cuándo intrépido sobre la bancada central de una chalupa de seis metros. Una chipironera vibrando con nosotros por el paisaje que nos daba en la cara, porque estaba ante nosotros, a unos metros de casa y, sin embargo, era distinta. Viajábamos hacia la entraña de una ciudad a la que siempre vimos llena de humo. Ibamos como flotando sobre ella. Confieso que he apretado sin compasión el disparador queriéndome saciar con una imagen que siempre me llegó a través de los telediarios. El revelado de aquellos carretes acabó con la incertidumbre que siempre creció en mí durante años. Y ahora mismo siento que cada instantánea recoge un momento de lo que fue una época, una historia a punto de cerrarse. Una ciudad tocando el agua, acunado por ella, balanceándose suavemente hasta tocar esa figura plateada que el arquitecto Gehry hizo nacer muy cerca del Puente de la Salve. 

Bilbao: otra mirada, otro lugar, otra ciudad.

Viaje por la Ría de Bilbao, en Pinterest

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