26 diciembre 1997

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  • Decir adiós y no marcharse nunca
Decía mi abuela que, para algunos seguirás siendo enemigo aunque mees agua bendita. Y las abuelas llevan mucha razón, porque ya están curtidas y a la vuelta de tantas cornadas como les dio la vida. 

Con este recorrido personal hacia el Otoño he querido revivir viejas historias sin ánimo de encontrar nada especial, con la vista puesta en estas largas vegas ahora rociadas con el anuncio del invierno. He vuelto al Norte que me dio la vida, San Salvador de la leyenda, a los pueblos que sentimentalmente recorrimos hace años: 

Herreruela, pueblo pequeño, el último de la Castillería, en cuya vieja Casona un vecino de Cervera quiere abrir un Museo; Celada de Roblecedo, el más grande de la comarca en otro tiempo, antes de la explosión de futuro que promovió la industria; San Felices, Estalaya y Verdeña, patria de Matías, en la misma boca de los lobos. Tremaya, donde casó Luis Guzmán después de ejercer como maestro en una escuela derrumbada: Los Redondos, camino de Cueva Cobre; Los Llazos, donde alientan dos almas; el Molino de Guzmán, que es como una barrera imaginable que da acceso a estos últimos pueblos que atrás he mencionado y la Venta Urbaneja, con tantas historias ya plasmadas en vinateros y pasiegos que dedicaron su vida al comercio y donde todavía alienta una esperanza de futuro. 

Hacia el puerto, Areños, recogido en una ladera; Casavegas, donde Eliseo representa la mayor historia de humor y de "casos verídicos" que recordarse puedan, y en lo más alto, frente a Picos de Europa, Piedrasluengas. Atrás quedaron otros pueblos, como Lores, que me recuerda el encuentro reciente con Agustín Fernández Merino, al que conocía por la televisión y por un libro "Quintaesencias"; o el arte de conocer cada pequeña historia de este rincón: los frutos, las flores, los elementos y la manera de crear algo nuevo, aflorando así la esencia derramada en sus entrañas, Juan José de Cossio lo resume muy bien en el prólogo: "porque se trata de una obrita donde conviven, en perfecta armonía, el dato científico, la cita histórica y la fantasía de su autor". 

Cierran la tabla por el norte los pueblos de Lebanza, el Campo y la Abadía, cuya sombra es alargada, como el monasterio que se levanta a unos pasos de la Peña Carazo. A la otra vera, Polentinos, que se alarga hasta formar el cuerpo de una gigantesca sirena, mirando desde su atalaya al Parador Nacional Fuentes Carrionas. 

He reunido en estos capitulas, a propósito, los últimos comentarios, los últimos escrítos, el último eco de la memoria. 

Alguna vez he dicho adiós y he vuelto porque el silenci0 es malo para todos. En esta casa hasta esta fecha de hoy me han hecho un hueco y he compartido con ustedes momentos deliciosos. También momentos tristes, Pero me falta tiempo. Debo concluir un ensayo que comencé hace años: "La biografla de un niño sin mañana", donde un pequeño se pregunta: ¿para qué estudio?, ¿para qué trabajo?, ¿para qué amo? No soy de los que se agarran a una "Solana Palentina" y cantan con la gracia y el don que lleva dentro Gonzalo Ortega Aragón, sin perder la compostura nunca, así hasta el fin de un milenio si fuera necesario. 

De pronto me apetece despedirme, porque ya está bien de hacer caminos sobre caminos hechos. Aunque, si he de serles sincero, que uno, aunque debiera, no siempre puede serlo, este silencio implica el comienzo de otras historias más ambiciosas de cara a los próximos meses. Mariano Valero me ha tendido la mano sobre un asunto que llevo meses madurando, relacionado con la zona norte y mientras eso llega y para no perder contacto con mis amigos y lectores, les convoco semanalmente en una columna que he títulado "Crónicas fin de siglo". 

Cerremos el cuaderno. Recojamos las historias pendientes. Que no se apague este viejó periódico. Que no haya envidias entre ustedes, los Medios. Que el Otoño no signifique a la fuerza un adiós para siempre. 

Les dejo con Pedro de Hoyos, con Nuria Donat, con Gonzalo Ortega, con Mariano Valero y tanta buena gente que me hicieron un hueco, una prueba -digamos- que ya he pasado y que prometo superar en los próximos meses. 

Porque en este periódico pequeño, de provincia pequeña, se han puesto de manifiesto hermosas historias y he disfrutado, eso tengo que decirlo bien alto, de las más altas cotas de libertad que imaginar se puedan. Un diario que ha seguido vivo a pesar de la dura batalla de la competencia, a pesar de improperios, a pesar de esa porción de declardos enemigos que, hagas lo que hagas, aunque lo hicieras de la mejor manera, nunca sabrán reconocerlo. Yo pienso que ahí reside una de las muchas grandezas del periodismo: No perder la compostura nunca, no dejarse amedrentar por malos vientos, no sucumbir a ningún manifiesto. Y cuando digo esto pienso en unas palabras que Abilio Burgos de Pablo escribió en este mismo diario en septiembre de 1987: "Para conseguir un lanzamiento en el desarrollo de Castilla y León es necesario un pragmatismo de acción común por parte de todas las clases políticas con representación parlamentaria en el Congreso, en el Senado, en Las Cortes, en las Diputaciones, en los Ayuntamientos. Nuestros gobernantes deben pensar más por Castilla y León que en su disciplina de Partido". 

A todos los que me habéis seguido durante tantos años, dentro y fuera de esta casa, aquellos que me alentáis para que siga escribiendo de la Montaña Palentina, a todos mis paisanos, a todos mis amigos, confiarles mi último pensamiento y convocarles en esta misma dirección para la primera semana de Año Nuevo: "Estamos en el buen camino, Sigamos adelante. El futuro es una tentación que no podrá resistirse a todos esos proyectos que esperan a la puerta". 


15 diciembre 1997

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La calle es puro hielo. Los carámbanos cuelgan de los tejados como golosos caramelos. La nieve se acumula a las orillas de los patios. Eso y un espeso silencio que parece romperse a medida que el sol sube a lo alto.

Dejo Pernía a las doce en punto para dirigirme a Villanueva de la Peña, cuyas autoridades me han llamado para que , diga algo en esta columna. ¿Toda la verdad?

Es fácil describir al difunto. Alguien está destrozando el paisaje, cargando de escombreras los prados, aupando escombro sobre escombro hasta rebasar los límites de las tierras compradas. Alguien está rompiendo fuentes, inutilizando los caminos y cunetas, hasta adentrarse en un pinar cercano.

Hace dos años, cuando la empresa minera dio cuatro o cinco calicatas sin consultar a nadie, los vecinos de Villanueva se pusieron en guardia. Cuando el pueblo fue a pedir explicaciones, la empresa que llevaba la subcontrata dijo que se trataba de una investigación. Para aplacar un poco el ánimo pagaron muy bien una o dos fincas y fueron comprando otras muy por debajo de su precio, al objeto de utilizarlas como paso. A medida que avanzaban los pozos y crecían las escombreras, creía también la incertidumbre. Algo en su interior les decía que aquello pasaba ya de investigación en terrenos privados y decidieron poner los hechos en conocimiento del capataz de Velilla. Dos veces bajó el presidente al Ayuntamiento de Castrejón. Pero nadie les tomó en cuenta. Entonces, Justo Díez decide viajar a Palencia y al día siguiente los responsables de Medio Ambiente llegan al lugar y paralizan lo que a todos los efectos, según el informe del ingeniero, es un desmonte. Después -me cuentan- aquellos vinieron a pedir permiso con piel de cordero.

En el Sel dieron un pozo plano. Ahora tiene filtraciones de agua. En Nomanillas dieron otro pozo, inutilizando el camino Real que conducía hasta la Penilla. En Valurcia, otro pozo. Abren dos bocas de mina. Fracasan en las dos. Abren una tercera. Revientan una fuente. El acceso a Valurcia atraviesa por un pinar cuyo camino han reforzado con escombro negro ..

Ese es, a grosso modo, el asunto que nos ocupa. El pueblo está asustado ante una historia que empezó hace dos años. Cuando lo vi por primera vez, aquello era un botón que ya había presenciado en otros lugares de nuestra montaña, como Casavegas, Villanueva de Arriba, El Campo, Redondo...

Era un proceso, donde había un depósito en algunos casos, o una promesa en otros de restauración de los terrenos, que sistemáticamente se incumplía.

A Barruelo le dejaron sin sangre, herido de muerte, bombardeado, negro... De aquellos vientos, sumando otros matices, vienen estas tempestades actuales. Y en Villanueva de la Peña el miedo es más pequeño, pero hay detonaciones, un pinar afectado, fuentes heridas, caminos cortados.

Había claros precedentes en otros lugares de la provincia, pero vendieron sus fincas y cercados y ahora el lamento es unánime. Cierto es que no se puede camelar a un pueblo con un chupete o una plazoleta, pero, yo me pregunto: ¿hay verdadera voluntad en poner fin a esto? ¿No es más bien un deseo de recibir mayores cantidades de dinero y dejar que sigan horadando?

No obstante, fiel a su petición se la traslado a quien proceda, para que aquello se restaure o se detenga antes de que al pueblo se lo trague un pozo negro.

14 diciembre 1997

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Pilar Cernuda: "España no funciona" 


"La nieve es buena". Siempre lo dijo mi gente, quienes más perjudicados se vieron por ella. Parece que fue ayer cuando se tocaba a Concejo y cada vecino, con su pala untada de brea y sebo, salían a los caminos e iban mordiendo los neveros, que en muchos lugares pasaban de tres metros, hasta dar vista a la carretera general.

Que se lo pregunten a José Luis Pérez, de "Venta Campa", conocedor y amante de la nieve, que formó parte de la expedición de César Pérez de Tudela para localizar a varios montañeros extraviados en el Naranjo de Bulnes.

Que se lo pregunten al escritor y amigo barruelano Francisco Merino Bravo [1], que dirigió el CIT de aquella localidad, organizando excursiones en invierno a los pueblos cercanos, competiciones de esquí...etc. Que se lo pregunten a Enrique Delgado, durante muchos años al frente de las máquinas. En una entrevista que le hice hace unos años me contaba: [2]

"En el Vallegón encontré otra vez un coche de San Salvador que había bajado a coger el autobús de Burgos. Estaban totalmente tapados por la nieve. Recuerdo también cuando recogí a Benito Tejerina. Se había quedado sin habla. Se agarraba como una lapa a la cuña y no había forma de soltarle. Me contó que había estado en Teruel en la época de la guerra, pero que lo había pasado peor allí..."

Ellos sí que saben de la nieve. La nieve es mala para quien, haciendo caso omiso de las advertencias, se lanza tumba abierta a combatirla. Y eso es lo que hemos hecho cientos de automovilistas estos días. Y en base a ese bloqueo de 20 horas, Pilar Cernuda deja su comentario habitual y escribe:

"España no va bien. No va bien cuando son tantos los periodistas insensibilizados que dan más espacio al futbol y a las declaraciones de Garaicoechea, que a las informaciones sobre el tiempo".

La crónica personal de esta muchacha no tiene desperdicio, porque desde el principio al fin demuestra que desconoce el fondo y la forma del elemento blanco y como prueba de su total desconocimiento, con la ira a flor de piel por un tiempo que estuvo ante una de las muchas colas que se hicieron, deja para otro día la información general y hace primicia de un asunto que la afecta, que la maltrata, que es para ella insoportable:

"No va bien España cuando la Guardia Civil se ha demostrado incapaz de atender a tantos coches y camiones bloqueados, cuando no han llegado a su destino las quitanieves, cuando la sal para derretir la nieve se echaba lentamente a paladas, cuando no existía maquinaria eficaz para desbloquear autovías y carreteras de primer orden".

Posiblemente, todos tuvieron su motivo importante para salir de viaje: el camionero, que arriesga muchos millones de pesetas; los representantes, los escolares y quienes van a su trabajo. Y todos ellos acusan a la Guardia Civil porque no les prohibió el paso (a saber lo que hibieran dicho de habérselo prohibido), y a Protección Civil porque no anduvo lista a remediarlo.

Nadie se echó las cuentas que salieron.

La culpa es siempre de los demás, que no pronosticaron bien, que no advirtieron convenientemente, que no mandaron a raudales las máquinas quitanieves y los camiones de sal.

Por eso digo que la nieve es buena para diferenciarnos, porque después de esta muestra insignificante y este apabullamiento de los medios más poderosos, seguimos siendo ciudadanos de segundo orden, hechos así para el padecimiento e ignorados por esos periodistas que se alarman por veinte horas que se ven atrapados para terminar asegurando entonces que España no funciona.

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  • [1] 25/11/2008.- Durante el último pleno barruelano también se aprobó por unanimidad el dedicar una calle a Francisco Merino Bravo, que recientemente ha fallecido y que dará su nombre a la hasta ahora denominada como La Cerrada.
  • [2] De Lózar, Froilán: Sección "Protagonistas de la Montaña Palentina", en el Norte de Castilla, 22/10/1995


13 diciembre 1997

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Iñaki Gabilondo: Gabinete de crisis 



He regresado a casa. La nieve esta vez ha cubierto los campos y ha dejado un aviso previo a estos paisanos míos, que siguen en la brecha con lo puesto. Varias veces estuve a punto de suspender el viaje, desde que a las siete de la mañana, Iñaki Gabilondo sugirió en su programa de la "Cadena Ser" un gabinete de crisis.

No sé cómo explicarlo, Mariano. De pronto me veo incompleto. Sé que este diario llega a muchos puntos de España, tiene grandes colaboradores, facilita una completa y exhaustiva información de la provincia y su dirección está abierta a todas las cartas, a todas las tendencias...

Estoy orgulloso de objetivar conmigo mismo y subjetivar luego hacia ustedes, que debe ser como Nuria Donat me dejó escrito. ¡Qué bien lo haces, Nuria! ¡Cómo te mueves entre líneas!, ¡cómo tomas las curvas de los intolerantes!, ¡con qué respeto y gracia te comportas! Hace tiempo ya que mi padre, uno de los lectores más viejos del periódico, te colocó en el listón más alto y te prometo que no he podido relevarte. Me conformo con estar a tu sombra y a la sombra de tanta gente buena como firma aquí al lado.

Pero me veo incompleto. No por llegar más lejos con mi nombre, sino por llegar más lejos con los problemas y las historias de esta provincia nuestra a la que me debo por entero. No estoy haciendo ni más ni menos que lo que un buen padre hace con su hijo; que lo que un buen hijo hace por su tierra. Conducirle por el camino más seguro, ayudarle a que los demás comprendan ese camino que se toma, y publicitarla constantemente: en el bar, en el comercio, en todos los rincones. Esa es una labor ardua y muchas veces incomprendida, que saben muy bien (porque han pasado por ella), todos y cada uno de los corresponsales y colaboradores del diario.

No me veo incompleto por nada que tenga relación con el medio, en cuanto a su estructura y argumentos, sino porque, como me dijo un lector hace unas horas (yo creo que con buena intención), a Madrid no llegamos. Nuestro trabajo es encomiable. Nuestro poder es limitado.

Los editoriales de los periódicos y los Medios de Comunicación que viven en torno a la capital de España cargaron tinta y culparon al Gobierno de las inclemencias atmosféricas. El PSOE pidió la comparecencia en el Congreso del director General de Tráfico y el director de Protección Civil, ante lo que calificaron de estrepitoso fracaso. "¿Cuántas máquinas quitanieves fueron habilitadas? ¿Cuántos camiones de sal?" -se preguntaban desde el editorial de uno de estos medios.

No sé todavía cómo explicarles a ustedes que me siento incompleto por el tratamiento de tercera que se le da a mi tierra en esos mismos diarios que hoy claman a los cielos. Y que piensen que las máquinas quitanieves son poderosos artilugios que van de cien en cien y que pueden llegar a los 120 kilómetros por hora. Docentes que escribieron con el Santo delante para que nieve donde siempre y que nieve en abundancia por aquello de los bienes, y porque donde ya nevó antes están habituados.

Y por eso mismo y para no perder el hábito, vengo y me encuentro con los pueblos de La Castillería cerrados, levemente incomunicados, pero incomunicados, con el Santo en la trébede para que no aparezcan raras enfermedades y tengamos que pedir un helicóptero con apenas 8 dedos de nieve.

Y esto ha sido una bolita que ha generado la crisis de un gabinete y un apedreamiento constante en los telediarios. ¿Comprenden ahora por qué siento que me falta algo?

11 diciembre 1997

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Partiendo de la vieja premisa, amigo Pedro, por la que ambos intuimos que muchos de los nuestros no nos tendrán en consideración, de poco servirá elevar un día más una señal para proponer una fuerte y continuada promoción de nuestros productos.

Hace unos días, en ese largo viaje con parada en Cervera, Raquel Cabeza y su hermano Uko, el que da nombre al producto, me enseñaron las nuevas dependencias de la fábrica situada a las afueras, en el lugar de Valdesgares, a la sombra del emblemático Pico Almonga.

Aquello ya no es la vieja sierra de madera donde empezaron. Es el futuro de un proyecto que se inició en el centro de la villa, con la incertidumbre de no 

saber a dónde llevaría. Esta pequeña empresa, que trabajó a destajo para darle producto a la multinacional Nabisco (cuentan los dueños que era hermoso ver danzar casi cincuenta cuerpos al unísono); que además de su producto estrella elabora integrales para Granada y Bilbao y en estos días ha iniciado la producción de unos tortos blancos de canela para una marca blanca de Palencia, es digna del mayor elogio, por su continuidad, por su puesta en escena, porque ha paseado a Cervera por el mundo, casi de puntillas, con una promoción que boca a boca se ha ido expandiendo por la tierra de la mano de tanto palentino ausente.

Es verdad que, cuando lo que haces te gusta y sigues escalando peldaños como las hormigas, pese a tantas dificultades como salen al paso, siempre queda un resquicio de luz al que te aferras, al que, pese a las diferencias ideológicas y de todo tipo, uno se aferra, todos nos aferramos.

Porque pienso que -llevando en consideración esos matices- no hay cerverano que no vea con buenos ojos la expansión definitiva de esta historia que se inició como una prueba, a modo de capricho e ilusión de sus dueños. 

Cuando estas líneas vean la luz, ya en el ocaso del Otoño, el Corte Inglés, posiblemente, en buena parte de sus centros, haya publicado en la revista "la tienda en casa" unos lotes de este producto nuestro: "Pisuerguinas, Lazos de chocolate, Socorritos y Pastas finas de té". 

El producto ha viajado a Bruselas, como los parlamentarios, y también a Los Angeles, llevando como guía y promotor a un hijo de José Vega Antuña, asturiano de pura cepa, viejo corresponsal de este diario, alcalde que fue de la Pernía, a quien recuerdo poniéndole música a las nevadas de la montaña en aquel viejo "cimbalillo". 

Otro producto de la tierra es el orujo de lantadilla. El año pasado, por estas fechas, Charly -como cariñosamente le conocemos al propietario de esta empresa- viajó a Bilbao. Como seguidor del Real Madrid quería asistir al duelo entre los dos equipos. Nos reunimos unas veinte personas, entre los promotores de su producto aquí en la zona norte y los cázadores que por mediación suya tienen alquilado el coto en Lantadilla, y cenamos en un txoko de la calle Mazarredo. Al final de la cena, Charly, una vez más (recuerdo que la anterior fue en un restaurante de Frómista), abrió una caja donde venían mezclados sus productos, convirtiéndose nuevamente en un vehículo anunciador único, convencido hasta los tuétanos del dulce elixir que allí portaba, después de haber pasado por un complejo entramado de calderines y columnas. 

La ilusión de nuestros artesanos es inmensa. Ya no se trata de montar una empresa y dejarla que gire en manos de gerentes y promotores. Ellos son el alma y el corazón de las historias que emprendieron yeso precisamente es lo que más fuertes les mantiene en los momentos delicados. 

Sin embargo, creo que a pesar de tantos colaboradores como brotan espontáneos, no hay un seguimiento adecuado del producto. La publicidad, que es fundamental para que crezca cualquier cosa, requiere de un fuerte desembolso, lo que dejada al descubierto una empresa que en situación normal trabaja con una plantilla reducida. Todo se andará. En ello están. En ello estamos. 


PD
El médico Astruga, casado con una hija de Don Evaristo y residente en Aguilar, me deja en San Salvador un periódico de "El Diario Palentino" del día 5 de noviembre. José Vega Antuña me llama desde Valladolid y me pide fotocopias de todos mis artículos. "Sigue adelante. Haz lo que quieras, pero no dejes de escribir". 
Son notas da apoyo que se unen a la carta de Jaime García Reyero, el promotor del Concurso Internacional de Cuentos de Guardo y de la desaparecida revista "El Roble", otros productos de la tierra que tantos y tan buenos amigos hicieron dentro y fuera de ella. Siempre es necesario su comprensión y apoyo, porque él conoce las dificultades y el olvido de los que hablo y a su vez se ha enfrentado a ellos muchas veces. 

Gracias de corazón a todos. 


07 diciembre 1997

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El Boletín Oficial de Cantabria publicó con fecha 16 de junio de este año [1997] un edicto de la Consejería de Agricultura y Pesca, por el que se obligaba a los propietarios de ganado caprino incontrolado -que pastan en el desfiladero de la Hermida- a retirarlo de estos lugares en el plazo improrrogable de 10 días. La razón que aludían allí y que reunió a importantes personalidades de la región cántabra, es que las cabras podían provocar desprendimientos con el consiguiente peligro para quienes utilizan esta vía de comunicación con Liébana. Diga lo que se diga, los animales acaban molestando casi siempre, casi a todos lo que no los tienen, e incluso entre quienes los tienen hay frecuentes polémicas por asunto de pastos, ahora que está demostrado que sobran terrenos y se piden manos jóvenes que vuelvan a cuidarlos. En la montaña sucedió hace años algo muy parecido. Las cabras eran buenas para limpiar los terrenos, según la parte ganadera, pero la Administración dedujo que eran malas porque perjudicaban a los árboles y transmitían la fiebre de malta. En los páramos, con la proliferación de tractores que facilitaban la labor, los labradores se encontraron también con la prohibición de roturar grandes extensiones de terreno. Y de este modo comenzaron a cerrarse las puertas de muchas casas, movidos también por el despunte económico de los años 60. Lo sorprendente es que, unos años después, cuando ya era inevitable la marcha atrás, a la Administración se le ocurrió subvencionara con 1.300 pesetas cada chiva viva. Como si se tratara de un proceso regulador: hoy te lo quito, mañana te lo doy, a ver qué pasa, a ver por dónde tira el pueblo, que los políticos no tienen mucho que perder si se equivocan.

Por otra punta asoma el asunto del oso, cuya verdadera promoción comienza de verdad cuando en 1988 se inicia el proceso Judicial contra el cazador que mató al Rubio, -en Brañosera .. El protagonista, acusado por la prensa, vilipendiado muchas veces, porque ha pasado de cazador a presa, rehuye la entrevista que pretendo, cualquier cosa que tenga que ver con los periódicos, y con mayor razón los nacionales, mientras que en una casa cercana me hacen entrega de un ejemplar del FAPAS, donde se habla del abogado que conduce la causa, José Manuel Marraco, y el costo del proceso, que asciende a dos millones de pesetas, que deberán pagar ellos al quedar absuelto el cazador de todos sus cargos.

Pero después de todo, no es el oso, ni el lobo, ni las tierras, los que ofrecen más dudas, sino la actuación imperialista y arbitraria de esa nueva especie que responde al nombre de "ecologista". Javier Cuesta, otra vez este sacerdote que me parece valiente y comprometido hasta las últimas consecuencias con la gente a la que guarda, se pregunta en la sección "Cortar el traje", de la revista "Sementera":
"Señores ecologistas, si tanto aman la naturaleza, ¿por qué no se vienen a sufrir y gozar con ella como un vecino más?". Y concluye: "Nuestros pueblos se están quedando sin gente".
Y es curioso observar cómo esta Asociación nos está venciendo poco a poco, bien haciendo oídos sordos a nuestra crítica, bien elevando su voz en los periódicos. Nadie sabe cómo, se filtran en los puestos de mando, reciben el premio por la defensa del Medio Ambiente y disparan su escopeta de verde ecológico contra todas aquellas obras y proyectos que impliquen arreglos, concentración parcelaria y hasta un hotel en el Collado de Piedrasluengas. Cualquier réplica es repetición de viejas crónicas y nada se consigue con este último viaje al otoño de la tierra. Y nada se consigue predicando que hay que mover el culo 100 kilómetros para estampar una dichosa firma, que la nieve es muy mala para hacer valentías, que hay que pisar el barro y las boñigas a diario. Eso ya lo hemos dicho, y que el oso no ha molestado nunca, que un error de un vecino no es óbice para condenarnos de por vida a seguir con las mismas carreteras, a vivir como vieron nuestros antepasados. Estamos aquí para dar pequeños pero seguros pasos que permitan la vida. No sólo una vida sana por el alimento, por el aire, por la tranquilidad, sino también por los accesos y por los adelantos. Para ello la Administración debe abrir más la mano, los ecologistas deben cerrar la boca y el pueblo tiene que decir algo. Porque nada se conseguirá con el silencio, escondiendo las alas, esperando que otros vengan algún dia a solucionar nuestros problemas. Demos un cariñoso "sornabirón" a todos esos rezagados, que ni se pronuncian ni dejan que nos pronunciemos por ellos, haciéndole vivir al resto en un estado permanente de zozobra. Somos, pues pensemos; vivimos, pues hagamos algo, lo que sea. Y hagamoslo mejor hoy que mañana.

28 noviembre 1997

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Otra vez la memoria. Otra vez la sintonía del último estertor de Miguel Angel Blanco. Llevamos camino de resumir todas las muertes en una, de publicar la memoria absoluta de un hombre, es verdad, inocente, indefenso, mártir, víctima como tantos otros de la casualidad, de la fatalidad, acaso del destino ...

Otra vez la recompensa del recuerdo. Siempre a titulo póstumo, y con ello, de alguna manera, la injusticia que se le hace al resto.

Todos los muertos son iguales.


Todos los muertos nos merecen idéntico respeto, la misma publicación que insista en el vil acto y en el inútil ejercicio de quebrar una vida...
Todos los muertos son iguales, hasta los muertos de nuestros enemigos, de quienes nos consideran enemigos y objetivo, porque fueron empujados a matar por el miedo, por la disciplina, por la amenaza de un poder oculto. 

Y porque todos son iguales, no podemos limitar el homenaje a un libro, a un hombre, a un partido político.Es cierto que el pueblo estalló en aquel mes de cuatro días por las especiales circunstancias de un secuestro que a todo el mundo puso a prueba de bomba. 

Y murió un inocente, el que menos lo esperaba pero, sin restarle ningún valor ni mérito (que ya lo tiene sobradamente ejercer la política en cualquier rincón del País Vasco) no es de un grado superior al policía que sube al coche, da la vuelta a la llave del contacto y salta herido por los aires; pero no es menos muerto que el policia que llega a casa del trabajo y a la entrada del portal recibe un tiro por la espalda; pero no es menos muerto que las seis personas que a las tres menos cuarto de la tarde, el 11 de diciembre de 1985, murieron al estallar cincuenta kilos de amonal, a la altura del número 18 de la calle Peña Prieta, del barrio madrileño de Vallecas; pero no es menos muerto que las veintiún personas que murieron en Barcelona, mientras realizaban sus compras en el supermercado de Hipercor en 1987, ni menos que Gregorio Ordóñez, ni menos que Francisco Tomás y Valiente, ni menos que tantos y tantos otros que murieron por esa misma e incomprendida causa. 

"Cuatro días de Julio" es un libro incompleto, donde la memoria no hace justicia a la razón. He de confesar que aquel sábado de Julio también me sentí impotente ante las preguntas de mis hijas, en la última planta de unos grandes almacenes. "Aita. ¿por qué quieren matarle?" "Aita, no le van a matar, ¿verdad?".Demasiadas evidencias anteriores nos llevaban a creer que aquella pena de muerte no la detendría nadie y que si es horroroso morir a manos de otros hombres por la guerra, o por la lucha para obtener la Independencia, o por la exclamación de cualquier clase, horroroso elevado a la máxima potencia es que te lo anuncien a bombo y platillo sólo unas horas antes, poniendo romo fiador a un pueblo entero. Pero aún intuyendo todo esto y condenandolo, no hay motivo para separarlo del resto de las personas que desde que comenzó este incesante río de sangre han muerto por lo mismo. Por eso pienso que hemos de hacer un libro, un festival, un homenaje por los muertos, por todos, y una inscripción que indague: "¿Cuántas vidas más son necesarias para pagar un trocito de tierra?".

Imagen: dpualba
De la sección "La Colmena", publicada en "Diario Palentino"


18 noviembre 1997

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NADIE sabe con certeza lo qúe pasó en el caso de Louise Woodward, la muchacha de 19 años acusada de matar al bebé que cuidaba. Ni quienes la juzgaron, ni quienes la defendieron, ni los medios de comunicación que contaron el veredicto: culpable de asesinato en segundo grado. Sólo lo sabía ella y ella dijo que era inocente. En España la justicia no anda bien que digamos, pero los ejemplos que nos llegan de fuera tampoco tienen nada que envidiar. Ahí está el caso del joven español acusado de asesinato por su antigua mujer, el famoso caso del no menos famoso

O. J. Simpson, y - el de esta joven inglesa a quien la experiencia americana le habría supuesto la cárcel de por vida. Tampoco parece cierta la afirmación de una corresponsal británica, concretamente del diario "The Guardian", que al ser preguntada por qué razón los padres no habían reaccionado al saber el destino de su hija, declaró: "Los británicos no solemos inmutarnos ni por lo bueno, ni por l0 malo". Y no parece cierta, porque en Elton, el pueblo de Louise, sus vecinos y amigos lloraron al conocer el veredicto y hasta un diputado que representaba a la localidad en el Parlamento, calificó de obsceno el comportamiento de la acusación. 

A las pocas horas de conocerse la decisión del tribunal, la prensa se colocaba al lado de Louise y así, el New Post y el Express, este último de Londres, informaban que la madre del pequeño había forzado a su otro hijo a que dijera que la niñera era culpable y que estaba recogido en un vídeo. Además de eso, se registraron ocho mil llamadas telefónicas, centenares de personas se manifestaron a la puerta del tribunal, se creó una página en internet y hay un lazo representativo de color amarillo que se hacía eco continuado de lo que muchos han considerado un Juicio injusto. Y la joven ha sido excarcelada. El viernes, el juez Hiller aparecía en una foto distribuída por "Associated Press", con semblante sombrío, meditando, los codos sobre la mesa, las manos cruzadas en lo alto y apoyando su cara sobre ellas. Se dice que hasta el jurado ha dado marcha atrás ante la presión que se le viene encima. ¿Quién juzgará a los que nos juzgan? Parece evidente que un juez es un señor muy respetable, con una responsabilidad muy grande y debemos entender que en ocasiones puede equivocarse, por las declaraciones confusas de los testigos, por las voces contrarias, por esos mil puentes que se tienden paralelos. Lo terrible es que al fondo de la noticia, un niño es la razón de este alboroto. Los niños son el punto de mira en una sociedad cada día más ególatra y distante.

Primero, las tremendas ¡mágenes de las niñas en China, muy cerca y otra vez en candelero estos días lo del Arny en Sevilla y a finales de octubre las torturas que se grabaron en hospitales ingleses de 33 padres a sus hijos. Son miles ya, millones en el mundo las voces de los niños maltratados por sus padres, vendidos por ellos, violados, cedidos a pederastas sin escrúpulos.

Hace algún tiempo leí en un periódico los castigos tan horrendos a los que fue sometido un niño de corta edad por su padre, aborrecido por él desde su nacimiento, hasta que le causó la muerte. Y muchas veces me he puesto mentalmente en el lugar de aquel pequeño. ¿Se Imaginan ustedes el Infierno? Pero un infierno con fuego auténtico, sin salida posible, sin posibilidad de rebelarse. ¿Qué puede hacer un niño de cinco años?

Los niños, en el punto de mira.
Imagen: Emagister


07 noviembre 1997

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Hay quien asegura que cada uno tiene lo que se merece. Sabemos que a cada persona le toca representar un papel en la vida, a veces, muchas, bien lejos del que hubiera soñado. Unos, que todo lo hacen medianamente, triunfan en todo: les aclama la gente como cantantes, como escritores, como personas de confianza. En cambio, otros, que desempeñan a la perfección un oficio, viven a golpes, sin permitirse una jornada de descanso para dar de comer a los suyos. Unos, véase algunos presentadores de TV, algunos locutores de radio o jugadores de fútbol, cobran millones por unos minutos de programa o de partido; otros léase la mayoría trabajadora, incluso los mismos compañeros de aquéllos que tienen una cláusula de rescisión de 15.000 millones, llegan a la jubilación haciéndose la dichosa pregunta: ¿cada uno tiene lo que se merece? Yo creo, sinceramente, que no nos merecemos la historia que vivimos. Y no se está pidiendo un imposible. Ya sabemos que hay clases, rangos, reyes, pero las diferencias son tan abismales y tan desorbitados unos sueldos y pensiones y tan miserables otros, que asi jamás le daremos a nadie lo que le corresponde por derecho. Es el consabido cuento de la igualdad que nunca llega por más argumentos esclarecedores que tengamos.


05 noviembre 1997

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Ya me ha dado usted un buen sermón, señor Ferreras. Eso sin conocerme. Y usted que pertenece a la Iglesia me ha llamado ignorante y mentiroso, después de veinte años predicando a la provincia y de la provincia, por amor; sólo y exclusivamente por amor. Eso ha despertado a los cobardes enemigos que me leen y que, de tarde en tarde, sin dar su nombre, me llaman y dejan mensajes de euforia a los más allegados: "Lee, lee, verás cómo te ponen hoy".

Pero usted no se ha quedado corto ni manco y ha metido en el saco, guiado por una obsesión enfermiza, a mis amigos, a todos los que me leen, a quienes le han publicado a usted el artículo en primera página, sin censurarle ni siquiera un insulto, porque no he llegado a las primeras páginas del periódico por mentiroso ni agorero. Está bien, a mí me agrada que le publiquen todo, porque para eso he defendido en otras circunstancias la libertad de expresión. Y una de las consecuencias con las que ya cuento de antemano es la discrepancia en muchos asuntos. Pero no a la torera, como usted ha hecho. Me parece bien que usted defienda a capa y espada a la Iglesia y al obispo que en nombre de la Iglesia ha clausurado el convento. ¿O ha sido todo una mentira? ¿No es verdad que si se descuida su Excelencia le linchan los vecinos? ¿No es cierto que tenían ahorrados noventa millones en el banco? ¿No es verdad que -conforme declaró su representante- querían quitarles hasta el hábito? Pues si no se trata de un capricho, señor García Ferreras, dígame usted de qué se trata. ¿Le gustaría que a usted le quitaran el hábito o la condición de sacerdote por viejo, o porque se ha equivocado en algo? ¿Aceptaría que le dijeran que debe abandonar la Casa Parroquial porque ha dado un mensaje que no ha encontrado satisfacción en sus más inmediatos superiores? Pero sucede muy a menudo, usted debe saberlo, que lo del hambre en el mundo, lo de la pobreza, lo del terrorismo, lo pagan y lo padecen otros y nosotros sólo podemos rezar un padrenuestro. Y es posible que estemos dando la vuelta a un sermón equívocado, porque en nada se parece el pensamiento al sentimiento. Muchos lo pensamos, pero no lo padecemos en carne y hueso.

Hoy mismo, otro sacerdote que me sigue, y al que usted ha llamado asimismo ignorante, me ha dado el visto bueno del referido artículo, porque seguramente sabrá por los periódicos que la historia, tal y como la cuento, se ha dado en aquel pueblo de Guadalajara. Otra cosa es la opinión personal que yo tenga y que usted no va a cambiar con ese sermón donde aflora el desprecio.

Yo le ruego que, si puede, si no lo ha tirado a la papelera, como dice que debió hacer, dejando a un lado el menosprecio que le mueve hacia mi persona, sin conocerme, que eso sí que es desacreditarse a todos los efectos, métase un momento en la piel de esas monjas que se quedaron sin el hogar donde crecieron.

Y mire usted que le estoy tratando con demasiada delicadeza, con todo el cuidado y mimo con el que afronto todas las historias que aquí cuento, porque los años y la experiencia en esta y otras casas me han ido enseñando a manejar las historias con mucho tacto.

¿Qué le voy a decir? A mi me siguen repicando los versos del poeta, que usted, con mucho aplomo, ha soslayado, para evitar acaso dejar por sentado lo de la ignorancia, que es un insulto grave y gratuito, dado todo el material de información que llega cada mañana hasta mi mesa de trabajo.

"No quiero que me ofrezcas paraísos de luz en lejanía y vayas devorando, implacable, mi vida".

© Froilán de Lózar para Diario Palentino
Contestando al artículo del sacerdote Germán García Ferreras


04 noviembre 1997

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¿Está escrito el destino? 

Esa es la gran pregunta. Probablemente, sí. Nacemos predestinados a... y no hay regla que valga. Que por una casualidad pueda evitarse una catástrofe, no impide que el ser humano, haga lo que haga, sea de la condición que fuere, tenga ya asignado su sino. A veces, ese final más o menos trágico, lo vamos presintiendo rodeados como estamos de depresiones y de amagos de infarto. Un día,de improviso, junto a la trayectoria rutinaria de nuestra ajetreada vida pasa una ráfaga de viento y nos arrastra, dejando acá entre los allegados la sorpresa y la típica frase: ¡qué bueno era¡ Mira, lector, la rueda del destino es imparable y no valen seguros de ningún tipo. Hoy estamos aquí, rodeados de planes de futuro y de jubilación cuando está escrito ya nuestro final. Que tenga o no sentido la vida es discutible, pero no hay plazos para la muerte. Lo verdaderamente penoso es que seamos felices haciéndonos rabiar, sabiendo como sabemos lo contado que lo tenemos todo.

03 noviembre 1997

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OLIVA descendía de Villaprovedo. Tenía una moto. Era mujeriego y, según cuentan los vecinos de la montaña "debió hacerse millonario capando cerdos en aquellos tiempos". Pero, quizá, lo que más despunte de esta historia es su enorme sentido del humor, razón por la cual se le recuerda y le traigo a estas páginas. Por ejemplo, sabía diferenciar a sus clientes.

En cierta ocasión fue a capar un toro a Villaverde (la historia me la contaron en la zona de la Peña). Entonces estos animales se utilizaban para arrastrar las vagonetas de la mina.

-¿Cuánto le debo? -le preguntó Ibraham, el dueño.
-Veinte duros.
-¿No será mucho, Oliva?
-Sí, pero todos no se llaman Ibraham.


*********

Un sacerdote se acercó y le preguntó un día:

-¿También trabajas los domingos?
-Pues, sí.
-¿ y cuántas misas has oído?
-y usted, ¿cuántos cerdos ha capao?

*******

Los primeros días, después que se capaba, había que cuidar un poco la alimentación.

-Y ahora, ¿qué le echo yo de comer? -le preguntó una mujer que nunca se había visto en aquel trance.
-Hasta otro año que vuelva yo por aquí, nada.

*******

Con las mujeres utilizaba cierta guasa, porque a la pregunta de ¿cuánto le debo?, le seguía una contestación en aquellos tiempos muy dolosa, y por consiguiente la exclamación iqué caro!. Pero Oliva, como el padre Apeles, siempre tenía en la manga una respuesta: "Más me cobran a mí por menos tiempo".

Muchas anécdotas acumulo de aquel famoso capador, pero dos, quiero destacar aquí. La primera es una frase que, lo más probable es que naciera por su afición a la motocicleta. Cuentan que, Oliva, pausadamente, con una voz de trueno, aseguraba:
"Las motos son muy buenas para llegar primero...., el que llega". '
Y la experiencia cumbre me la describe con mucha gracia un tío de Polentinos. Fue en invierno. Había hielo en la carretera y Oliva debió caerse de la moto. La gente del pueblo estaba echando la partida de cartas en el bar y llegó Oliva, abrió la puerta con mucha ceremonia -lo estoy imaginando-, y cuando se hizo el silencio, exclamó:
"Sois unos desgraciaos, y lo peor es que hacéis desgraciao al que viene a veros".

Las gentes, Orígenes, 3 Nov 1997

31 octubre 1997

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De aquellos políticos, este Golobar



Hace unos días, el compositor Luis Guzmán Rubio, a caballo entre Tarragona y Palencia, amigo entrañable a pesar de la edad y la distancia, estuvo en San Salvador y me dejó un mensaje, porque sabe que en estas lalitudes es muy difícil encontrarme en casa. Y lo recalcó bien -según testigos- que por nada del mundo me metiera en política. Aunque con menos bagaje y experiencias, vengo movido por eso que ahora llaman cultura. Me apasiona escribir y en otro tiempo también viví la música en solitario y con otras personas. Fue allí cuando ya me di cuenta que la política estaba en todas partes, se filtraba como el agua o el aire por todos los resquicios. Era como un fantasma inoportuno que siempre paseaba sus demonios, llegando a provocar la guerra una frase que algún sector del público rechazaba por cuestiones de equivocado patriotismo. Uno de los últimos años, ofrecí en León, durante una semana, una serie de recitales. La mayor parte de los temas eran canciones de amor de mi propia cosecha y se incluían asimismo temas tradicionales; romances recogidos en los pueblos de la montaña, una versión de la despedida de la novia a la puerta de la casa, y coplas adaptadas a la guitarra, además de algún tema obligado de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Hilario Gamacho, Pablo Guerrero y otros autores a los que de alguna manera seguía y admiraba. Fue el último día, al interpretar una canción que hablaba de Castilla y con la que yo me inicié hace muchos años en un festival de la canción que se hacia en Alar del Rey, cuando recibí una tremenda reprobación del público asistente. La letra decía así:

Amigo Andrés: de un pueblo quiero hablarte
que late bajo el cielo de Castilla,
pueblo que guarda intacta la semilla
como el de tu Rogelio he de aclararte.
Mantienen estas gentes su estandarte
de raza colonial, noble y sencilla,
conservando la imagen amarilla
que suelen conservar las obras de arte.


La letra que había publicado Timoteo Herrero en una revista de Laguna de Duero, me llenó tanto que decidí ponerle música y añadirle a mi equipaje. Y yo que traté toda mi vida -creo que todavía trato- de pasar de largo de la política, me encontré con aquella brusca reacción del respetable, interpretando, precisamente, una de mis canciones preferidas. Fue el encargado del local quien me advirtió que la sacara del programa porque allí lo de Castilla no estaba muy bien visto. Con tantos amigos como yo tenía en aquella tierra, que colaboraron conmigo como poetas o escritores... recuerdo a María Azucena Modino Robles; el poeta de Villablino, Víctor Corcoba, que los últimos años me enviaba sus trabajos desde Granada; gentes de Veguellina de Orbigo, de Prioro, de Riaño, que además consideraba paisanos míos, me estaban diciendo de alguna manera que me encontraba en otro país y no debían mezclarse los dos vientos.

Tú sabes bien, amigo Luis que no me gusta la política. Mis impresiones o mis críticas en ese campo han tratado de ser siempre objetivas; perdona, Nuria, ya sé que no compartes lo de la objetividad conmigo. Ni entiendo la obsesión de quienes se esfuerzan en demostrar que están en la política para defender los intereses de los ciudadanos que le votan. Allí se supera con creces el 2,5 por 100 de subida que asígnan con mucho morro para el resto de los funcionarios, los que se hallan en los círculos de abajo y que son por añadidura los que reciben siempre las pedradas. Conforme las señales que nos llegan, allí deben superarse todas las incomodidades y de cuando en cuando se les exige a los compañeros del Parlamento una atendón a modo dle codazo hacía un determinado asunto, que en nuestro caso puede ser el Parque, el mirador de Piedrasluengas, la minería...

Da la Impresión, yo así lo entiendo por los comunicados de prensa, que en muchos pueblos hay una contienda brutal entre la oposíción y el partido en el poder. "Que no me toques los bemoles, que esto lo hice yo, que lo de más allá fue gracias a nosotros que nos movimos ... " y así una serie larga de meneos que no vienen a cuento, porque las cosas se hacen y se mejoran entre todos y a todos les toca un poco de gloria cuando se consiguen y un poco de penar cuando se malogran. Sí quienes están metidos dentro no se ponen de acuerdo, poco podemos esperar quienes lo vemos desde lejos, y para muestra unos botones:

"Nuestro objetivo -declaraba hace unos años Alberto Fernández, el portavoz del Partido Socialista en el Ayuntamiento de Cervera- es luchar por la comarca de la montaña palentina, donde la dejadez de la Junta y la dejadez de la derecha, han creado clarísimas deficiencias de infraestructura".

El Partido Socialista de Palencia habló así a propósito del Golobar: "Estamos cansados de oir que el norte de la provincia de Palencia necesita desarrollar iniciativas que generen riqueza y puestos de trabajo, y que la vocación principal es la del desarrollo turístico. Ahí tenemos una iniciativa importante y fácilmente desarrollable, pues a pesar del aspecto catastrófico del edificio, su estructura está bien, el tendido eléctrico está bien, la carretera es aceptable y pueden crearse de quince a veinte puestos de trabajo estable".

Fue en Otoño también. Hace unos años. El gerente del Hotel Valentín me había localizado y quería que me hiciera cargo de la discoteca los fines de semana. Era joven, inquieto y me rendí a dicha propuesta porque las horas del día podía aprovecharlas para recorrer lugares y contar luego historias en un diario nuevo que fracasó en Palencia. El día que visité la estación del Golobar por primera vez, aquello me pareció la prolongación de un sueño. Fue como el descubrimiento de un secreto a pocos kilómetros de casa. Fue un espejismo que duró lo que dicen que dura un caramelo a la puerta de un colegio. Todo pasó como una ráfaga. En cuestión de segundos. Bajar y despertarme ante un montón de ladrillos rotos, griferías arrancadas y, en fin, establo de caballos y de vacas. Ver para creer, como vio y contó años más tarde en este mismo diario el senador Felipe Calvo.

Una carretera en toda regla, un mirador hacia Campoo en la explanada. Un lugar con su tendido eléctrico, y un Parador colgando estratégicamente, a socayo del viento, a doscientos metros de la Sierra. El espectáculo estaba asegurado. La idea no pudo ser más acertada, ni mejor el comienzo (tanto como costoso debió de ser guardar el secreto de más de mil millones de gasto generodos). Y nunca he podido superar lo que para mí significó el silencio más absoluto sobre aquello por parte de nuestros mandatarios. Los políticos dejaron enterrada una fortuna en aquella parte de la Sierra y me consta que nunca darán explicaciones, que aquello, no sé por qué oscuro motivo, está condenado a la desidia.

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NOTA.-En el Parador Nacional, un lector me increpó duramente, porque había leído un artículo mío donde se decía lo siguiente: "Según Julio Caro Baraja, antes de la romanización, en todo el sector Cantábrico, desde Galicia hasta los Pirineos, se habló una lengua o dialecto de una sola lengua que sería el euskera".

Como es lógico citaba al prestigioso investigador a raiz de la crítica que le hacía al escritor leonés José María Villanueva Lázaro. Personalmente nunca me he pronunciado al respecto, ni lo deseo para el presente, tal y como están las cosas de los nacionalismos, pero no podemos negar nuestro pasado, ni podemos borrarlo, ni echar más carbón por tanto incomprendido.

Más bien me inclino a pensar que fue un poco la venganza hacia el artículo que sobre aquel centro escribió Nuria Donat.

Ella sus motivos y razones tendrá. A mí, que me registren.


30 octubre 1997

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Mío, Tuyo, Nuestro, Suyo



Todo el mundo parecía relajado hasta que a mediados de octubre se filtró la noticia. El presidente de la Diputación, Jesús Mañueco, había establecido ya contactos con el consejero de Sanidad de la Junta de Castilla y León y con el ministro del ramo, señor Romay Beccaría. El asunto a abordar era la posible construcción de un hospital en el norte de la provincia, cuyo coste rondaría los 500 millones de pesetas. (Después de los 24.000 millones del Guggenheim, esto parece agua de borrajas).

Pero lo que parecía más difícil, que era llevar ante alguien el propio plan, ha resultado ser lo más sencillo y es a la hora de buscarle un enclave idóneo cuando nadie parece querer ceder un ápice; cada cual quiere mover ficha a su antojo y todo el mundo encuentra causas más que justificables y defendibles para hacerlo. Ahora bien, en otras circunstancias y proyectos puede ganar cualquiera, para un hospital sólo hay un punto idóneo por una razón básica.

Cervera de Pisuerga es el centro neurálgico, si tenemos en consideración a los pueblos más alejados de la provincia, los que forman las comarcas de Pernía; Polentinos, con Ayuntamiento propio y La Castillería, esta última anexionada al Ayuntamiento de Cervera de Pisuerga, donde viven, sobreviven más bien, a un olvido de siglos veinticuatro aldeas.

No se puede zanjar un olvido con otro. No cabe la presunción de inocencia para quien se atreva a relegar por más tiempo un acercamiento a la provincia de la que se sienten deudores e hijos, en un asunto que es -junto al de las comunicaciones- clave, yo añadiría que absolutamente necesario para revitalizar todas aquellas facetas que ahora mismo están consiguiendo despertarnos.

Guardo sufriría doblemente si resultara Aguilar el agraciado y lo mismo le sucedería a Aguilar de ser Guardo el elegido. En cualquier caso no sería Cervera el más perjudicado, sino todos los pueblos que viven en el entorno y sobre todo aquellos que están más alejados, como Camasobres, Casavegas o Piedrasluengas, casi tocando ya frontera cántabra; Brañosera, Barruelo de Santullán y todos los pueblos de la zona de Mudá; asimismo los pueblos que desde Velilla a Ventanilla padecen ahora mismo unas carreteras estrechas, llenas de maleza, cuando no de baches, donde el único médico que se conoce llega cuatro o cinco días a la semana, pasa visita de ministro y se vuelve a esperar novedades a Cervera. No me parece de recibo que ahora los alcaldes se peleen por un caramelo como los chiquillos. El portavoz del partido Socialista en Cervera de Pisuerga le reprochaba hace unos días al alcalde Luis Cabeza que se apuntara un tanto en el asunto del Instituto de Secundaria. Se suponía que él jugaba también en aquella baza, que él tamiién formuló el deseo, que también se debe a su gestión el próximo levantamiento de este nuevo edificio y queda ridículo venir acusando a otros con el dedo de antropofagia.

Espero que ahora luchen los dos a brazo partido para que Cervera de Pisuerga tenga un hospital en toda regla, con todas las prestaciones necesarias, cueste lo que cueste. Porque si resulta ser cierto, si el ministro lo entiende (hasta que no meta la mano como el Apóstol ya no me creo nada) estaremos hablando entonces de un futuro cargado de esperanza, pues no olvidemos que dos de las causas principales por las que la gente emigra son: la educación de los hijos y la cercanía de un centro hospitalario, que redima o compense de algún modo la distancia que nos separa de Palencia. Las otras dos son el trabajo y el invierno. El turismo es una puerta abierta a la primera y se luchará siempre mejor contra la segunda cuando haya gente suficiente para solicitar máquinas y medios que impidan la incomunicación durante tantos días.

Si las autoridades reinantes, incluida la oposición, han hecho como me dicen en Cervera un esfuerzo para que llegue un hospital, y la Diputación ha destinado ya un dinero importante para comenzar el estudio de situación, no es de recibo que ahora nos echemos a la calle para decir que "allá, no; que aquí, que mio, que Guardo es más grande, que está desamparado; que Aguilar está mejor comunicado, es más turístico; que Cervera ya tiene un Juzgado de Instrucción y un Parador Nacional...". No le llenemos al pueblo de mensajes equivocados. Mucho me tira mi tierra de nacimiento, pero por lo mismo que no puedo pedir que se ubique un centro de esas características en San Salvador de Cantamuga, tampoco deseo, ni me imagino, que lo lleven más lejos de Cervera, porque cojan un mapa, extiéndanlo sobre la mesa y que alguien con un poco de cabeza, que no tenga parte en el poder o en los ayuntamiento sopesando todas las causas; con el corazón frío, porque en este caso el pueblo es la montaña, señale el lugar más adecuado para todos.

Si resulta Aguilar, pues bien; si es Guardo, adelante, pero no me vengan con patriotismos ni dardos envenenados que lo único que pedimos es la mejora para los 40.000 habitantes que viven en estas latitudes, no la comodidad para unos pocos.

Estoy convencido de que si lo entienden así, los proyectos no sólo hallarán el visto bueno del Ministro y de la Junta de Castilla y León. También los ciudadanos llegarán a entender que no se ubica en una localidad por expreso deseo de sus autoridades -porque en ese sentido habrán luchado todos y cada uno de los alcaldes de todos y cada uno de los pueblos-, sino para dar vida al pueblo que, se entiende y responde al nombre de la Montaña Palentina, a todos por igual, porque este debate es ya muy viejo y nadie medianamente cuerdo debe echarse a la calle para discutir su ubicación.

Otro caso es que un alcalde o un concejal quiera lucir mañana unas medallas en el pecho.

La Colmena, 30 Oct 1997
Imagen de Amando Vega


29 octubre 1997

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Bilbao-Guardo-La Lastra



"El Otoño ha dejado ya sin hojas los álamos del río" -escribió en 1920 García Lorca. Me duelen las entrañas de esta tierra tan nuestra que ahora en Otoño queda sola, Como si una mano misteriosa corriera un velo sobre ella. Me afectan las palabras del poeta granadino y si las cito aquí es porque, comprendo cuando dice:

"Sobre el paisaje viejo y el
togar humeante
quiero lanzar mi grito,
sollozando de mi
como el gusano desplaza su destino".

Bilbao, la segunda ciudad desde la que a menudo les escribo, me ha dado una familia, unos amigos, personajes que se han ido añadiendo mi equipaje. Ramón Bustamante, locutor de Radio Popular, con uno de los programas matinales de mayor audiencia: "Quédate con Ramón", en el que colaboré el pasado año empujado por su deseo de verme florecer en esta tierra. No tengo ganas por despuntar en nada, ni prisa. Con ese mismo planteamiento he venido trabajando durante todo lo que va del presente año con un autor vasco de mucha solera. Me refiero al escritor y académico Xabier Gereño. De sus trabajos destacan 8 diccionarios creados para la Academia Vasca, de Euskara/lnglés, Euskara/Castellano y Euskara/Euskara, que ahora mismo utilizan los estudiantes. Autor, además, de numerosas obras de teatro y novelas como "Carta fatal", historia de espionaje situada en la Guerra Civil española; "Residencia Rochester", novela de intriga ambientada en el poco conocido mundo de una residencia de lujo para personas mayores, que está a punto de salir en cine, y "Huyendo del pasado", la odisea de una joven que decide abandonar la organización terrorista para vivir en libertad.

La historia que hemos concluído se desarrolla entre Madrid y La Coruña. Un periodista que investiga la misteriosa muerte de un camello y una larga trama donde aparecen camuflados -con la tapadera de negocios legales-, personajes que viven por y para la droga. Poco a poco se va descubriendo la ambición de cada uno, la venganza, los mundos tan distantes que afloran en esa especie de laberinto donde ronda de continuo el dinero y la muerte. Y ahora mismo, se lo digo a Mariano, reposa ya como el buen vino junto a otras historias...

En todo esto medito, mientras dejo atrás un río de gente que ha llegado a Bilbao para asistir a la inauguración del Guggenheim. Algún día, próximamente, les contaré cómo es por dentro, como lo veo yo, porque actores y directores de reconocido prestigio han venido a declarar que: "lo que no se hace en Bilbao, no se hace en ningún sitio". Y acaso debamos rectificar y rendimos a la evidencia, pues algo parecido ocurrió cuando se nombró por primera vez el "metro". Aquello se tomó como una especie de locura, un imposible, una obra esperpéntica, algo que no tenía sentido, algo que sigue sin tener sentido todavia para muchos.

Después de todo, hemos de reconocer, eso si, que las obras de infraestructura que se han realizado nos meten de lleno entre los primeros. Ya no se trata de dorar los compromisos o de buscar el voto prometiendo pequeñas conversaciones. Aquí en el asunto de la comunicación, autovías, carreteras, puentes ... etc... no se ha escatimado nada y cuando pergueño estas líneas a finales de octubre, ya se ha aprobado un nuevo y costoso proyecto que comunicará la zona del recién inaugurado museo.

Llego a Guardo a las 11 de la mañana. Quiero saludar a Jaime Ga ía Reyero, al que no veo desde la última entrevista que le hice para otro medio de comunicación.

"A propósito -me dice su señora- vienes en el diario", pero ya no quedan "Palentinos". Hablamos del nuevo hospital que han prometido para Cervera de Pisuerga. A medida que corre el tiempo las autoridades de Guardo se van mostrando reacias a permitir semejante enclave. Ahora también las de Aguilar. No me extrañaría nada que tuviésemos que acudir al juicio de Salomón, poniendo otra vez como premisa el asunto de la distancia. Porque, tengamos en cuenta también a Barruelo, a Brañosera, a Aguilar de Campoo y, en suma, a todos los pueblos que se encuentran dentro de esos y otros ayuntamientos. Miremos asimismo las dificultades añadidas de los crudos inviernos. Suponemos también que, detrás del edificio, llegarán los especialistas, por lo mismo que no hay escuela sin maestro, ni minas sin mineros. Pero mañana les resumiré en un extenso artículo lo que pienso al respecto.

Hablamos de las vías de comunicación, tan necesarias para que todas las premisas anteriores se cumplan. Las carreteras son la base principal de todos los tratados. El turismo, las empresas, las personas viven mejor o peor dependiendo en gran parte de las vías de comunicación que tengan. Ponerse de parto en Cervera, suele concluir con el alumbramiento en el coche que te lleva a Palencia. Hablamos de las Guías turísticas que han proliferado como las rosqulllas. "Unas a 700 -dice Jaime. Y añade: Otras, que tratan de lo mismo, porque camino sólo hay uno, 1.500". Hay gente que viene, anda el camino y a veces se inspira tanto en los textos de otros, que escribe las bucólicas, olvidando que todo está ya escrito y el milagro que aguardan no llegará en Otoño.

Hablamos de Nuria Donat, compañera del alma, que vino a beber el agua cristalina de Cervera, inspirando al camino con su pluma, dardo que hiere por amor, sin rencor, con la esperanza puesta en estas tierras de agua. Además de "El Resbalón", "El Peñalabra", "El Gure Etxea", o también el Parador Nacional, donde Carlos Cuevas adereza el condumio, cuando vuelvas, Nuria, pasas por Aguilar y haces una comida en el Hotel Valentín. No quiero que te vayas sin probar las fantasías de ahumados, lubinas, solomillos, la carne de las mejores carnes y el queso de la Tierra de Campos.

Y más que todo eso, el trato que bien persigues y mereces; no sé si la elegancia o la profesionalidad; en todo caso, insisto, el detalle y la sonrisa siempre, porque como bien dice un proverbio escocés: "la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz". Te digo esto porque son viejos compañeros de otras épocas, cuando José Luis Moreno se sentaba en aquellos salones antes de salir al escenario con Macario.

De esta montaña nuestra, escribió Juan Carlos Mancebo hace unos años:
"Quienes hemos saboreado del refugio de esta rinconada palentina, sabemos de caminos, que nos brindan veredas que se quedan atrás vestidas de crepúsculo vespertino, de alba, de lluvia, de lo que mande el cielo ... ".
Y Carlos Urueña:
"Estoy en Aguilar, entre el ensueño del Pisuerga que en rocas campea ... ".

"¡Tocar!, itocar! iPoner profundos silencios!"
-escribió mi amigo, el poeta y profesor Manolo Bores.

Cuando llego a Velilla y entro en la carretera de montaña, el Otoño penetra por la ventanilla, salpicando de sensaciones nuevas a Carlos del Río, otro buen amigo que ha querido acompañarme y que va situándose en el lugar y en la estación a medida que avanzamos. En la casa rural de "Peñasalbas", en lo alto del pueblo de La Lastra, decidimos tomarnos un respiro.

24 octubre 1997

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Hay asuntos que nunca entenderemos, por más devoción y esfuerzo que pongamos en ello. Una de estas historias, de la que se han ocupado estos últimos días los medios de comunicación, habla de cinco monjas que viven o vivieron en el Convento de la Asunción, de Espinosa de Henares, en la provincia de Guadalajara. El obispo de Sigüenza les ha ordenado que disuelvan la Comunidad y abandonen el Convento. A estas monjas les viene como anillo al dedo aquel poema de Juan Ramón:

"Y yo me iré; y estaré solo,
sin hogar, sin árbol verde,
sin gozo blanco, sin cielo azul y plácido...
y se quedarán los pájaros cantando".


La Iglesia que busca misioneros, que anhela vocaciones, que desespera porque parece que la devoción se está perdiendo, les ha dado una buena patada en el trasero a estas monjas de Espinosa, que cuidaban la huerta y repartían las horas entre el rezo y la limpieza del convento. Les han echado de casa y no ha servido la cuenta corriente con noventa millones que durante el siglo entero, como hormigas, fueron acumulando.
"Si las monjas desobedecen la orden -explicó su representante-, además de la exclaustración, perderán a su capelIán, les será cerrado el sagrario y hasta les quitarán el hábito".
Es decir, lo perderán todo, hasta la vocación que se lleva en el alma les será arrebatada. Esto de mandar a freír churros a la gente por la edad avanzada y el reducido número, me recuerda mucho a los motivos esgrimidos por nuestros políticos y autoridades en relación con nuestros pueblos. Para que se hagan una idea, eso es como echarle a uno a una residencia sin estar preparado; plantar1e a uno en la calle después de tantos años bajo el mismo techo, embargarle, expropiarle, romperle a uno los esquemas por un capricho sin sentido de la Santa Sede.

Parece que está bien visto que el Papa disfrute de una "Ciudad del Vaticano", mientras que cinco monjas en el ocaso de su vida se debaten entre la duda y el exilio. Que las autoridades de la Iglesia me expliquen cómo se como esto, mientras medito a solas los versos del poeta:

"No quiero que me ofrezcas
paraísos de luz en lejanía
y vayas devorando,
implacable, mi vida".


© Froilán de Lózar para Diario Palentino
Imagen: Espinosa de Henares, en Todo Pueblos



18 octubre 1997

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Alfonso J. Aparicio Mena, que me brindó el prólogo de uno de mis libros: "Tradiciones y leyendas", y que anduvo profundamente inmerso en ese mundo de las piedras, con la publicación de una revista 'Suiseki", ya escribía a propósito de "La otra vía', en 1984, mencionando entonces la tranquilidad y la imagen serena de estos pueblos: "donde la gente aún se sienta a las puertas de la casa las tranquilas noches de verano", y recuerdo ahora que, frente a tantos caminos como se nos brindan, proponía la alternativa rural. Venticinco años después, aquella premonición de mi buen amigo se ha cumplido con creces, hasta el punto de encantar a mucha gente que nunca creyó que dicha alternativa consiguiese frenar el constante goteo de la emigración.

 

Para ver, hay que andar, otro lema que bien podría añadirse al de venir para volver, pues sabemos que la belleza que brota al otro lado de los pueblos, queda sólo a merced de montañeros y pastores. Es verdad que cada uno describe de manera distinta lo que allí encuentra, las impresiones que recibe, lo que a lo largo de la vida se le ha ido grabando a fuego lento, mensajes en los que el forastero apreció siempre un tono grandilocuente, como de fanfarronería, aunque quienes lo cuenten lo hagan con toda la naturalidad del mundo.

No es presunción de nada, ni ganas de marear a nadie. Quienes han elegido esta vía y en ella se mantienen pese a todas las discriminaciones que reciben por parte, incluso, de quienes les gobiernan, están alimentando una esperanza. Frente al olvido que impera en muchos pequeños pueblos de provincia, motivado en ocasiones -también hay que decirlo- por su propia desidia, se prodigan a la par y a manos llenas los olores, sabores, sensaciones, donde el hombre prevalece por encima de tantos y tan sofisticados aparatos, por encima de tan suculentos contratos y tanta marcha como nos vende la ciudad.

La historia es muy distinta. Ya sabemos que no es fácil dejarlo todo y agarrarse a este camino para vivirlo con todas las consecuencias que conlleva, pero es cierto que hay mucha gente que lo está intentando y algunos que ya lo han conseguido.


16 octubre 1997

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Todos nos hemos detenido a pensar alguna vez en la vida.Vivimos de momentos, de pequeñas compensaciones, de pequeños proyectos. Nos ilusionamos ante la simple proyección de un fin de semana, una cena con los amigos, un encuentro con la persona amada... Pensando en todo esto, sabemos que no es conveniente amarrarse demasiado a historias que no tienen sentido o que implican peligros para nuestra familia, para nosotros mismos. Si entregamos mucho más de lo que pedimos; si por norma general, merecemos mucho más de lo que nos dan, no podemos en un momento de descuido y de desconfianza echar por la borda tantos sueños. Excepciones hay muchas. Hay razones suficientes a veces para desanimarse. Los momentos gratos se cuentan con los dedos de una mano, por eso debemos reflexionar para tratar de conseguir el máximo numero de ellos sin volver la cara hacia el abismo, con la seria propuesta de vencer esa enfermedad que nos acecha,ese vicio que nos mina, ese malestar que nos atormenta a veces sin motivo para llegar tan lejos, tomando caminos que no tienen salida.

15 septiembre 1997

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Los famosos suben como la espuma. Cuentan a manos llenas sus triunfos. Sin ellos, la vida en estos años no tendría mayores alicientes para nosotros, los restantes mortales, casi todos preocupados por las historias pequeñas. Reconozco que a este lado de la tapia echamos de menos muchas cosas, aunque no imprescindibles para vivir, sí necesarias para viajar por este mundo que el ser humano se ha empeñado en cargar de veneno. Y nada se puede hacer, esa es la impresión general, mientras tanto, ellos siguen subiendo, siguen jugándose a una carta todo.

Es triste que debamos conocer a duques y princesas por detalles que poco o nada tienen que ver con ellos, huyendo a diario de la ruleta de periodistas y fotógrafos que saben que una foto puede hacerlos millonarios. Ahí están los personajes disfrazados, representando un papel cada día, fundidos entre manjares generosos, reapareciendo entre alguna que otra fiesta benéfica, cansados ya de tanto maniqueo en las páginas de sociedad de los periódicos...
¿Hasta dónde la realidad?
¿Hasta dónde la burla?
¿Tienen derecho a la privacidad quienes se jactan de manipular su propia vida para venderla luego a las revistas y sacar dinero por ella?

Imagen: Yo dibujo

27 julio 1997

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Con las labores de la siega, el acarreo y la trilla, estos pueblos de montaña despedían los meses de verano. Ahora, veinte años más tarde, el trillo, la veldadora, los garios y, todos los aperos que ayer se utilizaban para poner la cosecha a buen recaudo, se pudren en las tenadas o, parcialmente rescatados, se lucen en los museos.



Más o menos, cien pueblos, que en el transcurso de un siglo han tocado las más altas cotas de progreso y se han hundido al mismo tiempo con él, porque nuestra gente se fue al despuntar del mismo en busca de otros horizontes.

Ciertamente, además de la historia y el valor de cuantos se fueron, porque tras ellos dejaban media vida, una familia, un pueblo, sorprende el tesón y la fe de cuantos se quedaron. Hoy a nadie le disgusta un pueblo limpio, una casa pintada, una pared bien compuesta y un huerto bien cuidado. Si además de esto, la casa temporalmente so abre y un perro ladra en la tenada, y varios niños juegan en la plaza, intercambiándose entre ellos un poco de las dos culturas y siempre aprendiendo cosas nuevas de ambas, ese singular hecho se mantiene como un claro manifiesto dé esperanza.

Pero a nadie que entienda un poco, se le oculta la cruda realidad. La historia que aprendimos los nativos, reciclada una y otra vez , no ha perdido ese estigma que la hace tan especial para nosotros y que enamora al forastero.

Todo eso es verdad, ya lo sabemos, peró la realidad es otra cosa bien distinta. El dramatismo y la agresividad que impregnaron el ojo avizor del viejó cronista quedan detrás de ese gran fuego, cómo una mancha siempre, como un soplo; los habitantes podrán desarrollar su vida normalmente, sin olvidar nunca que la distancia es una señal inamovible de peligro, que el Parque Natural es un doble juego de los potentados: se acuerdan de la Tierra y le ponen candado.

Cien pueblos, en fin, venerados, absortos, descritos de cien formas, que tratan de ganarle tierra al olvido poniendo en la balanza un equipaje tentador: su gente, su enclave, su leyenda. La situación geográfica les hace distintos y la leyenda les mantiene en una especie de suspense. Quienes viven aquí son conscientes del sacrificio al que se exponen y el tiempo se encarga de ir limando todas las asperezas.

Pero, podemos pedir más: a los gobiernos, a los medios de comunicación, a los turistas. Por una serie compleja de leyes y atributos, les corresponde a los gobernantes decidir el reparto de bienes y de ellos depende un asunto que es clave: las vías de comunicación. Los medios hablados y escritos son el parte vivo, la memoria, cuentan la historia, mueven las piezas necesarias para que nadie se duerma en los laureles y, finalmente, los turistas disfrutan y publicitan lo que han visto cuando vuelven a sus lugares de residencia.

Arrastramos un poco de ese dramatismo y agresividad que los viejos cronistas advirtieron. Hay en el fuero interno de los propios habitantes, opiniones encontradas en cuanto a la conveniencia de promocionar el turismo en esta tierra, poro no so puede ni se debe luchar contra el proyecto maravilloso de demostrar a la gente que la montaña palentina es uno de los paraísos más bonitos del mundo.

La gran mayoría de los que ocasionalmente llegan a estos puertos, suelen regresar a sus casas con una opinión, en general, satisfactoria: los habitantes, el arte, la comida, el paisaje..., todos ellos se funden y se complementa- Al visitar una casa rural encontré en las habitaciones un sencillo bloc de notas, donde los viajeros manifestaban las impresiones recibidas, y prometían volver al mismo lugar el año próximo. En cierta ocasión, alguien a rni lado exclamó: "¡Si esto lo cogieran los catalanes!". Y algo parecido he leído después en este mismo diario a compañeros que firman en las primeras páginas. Seamos honestos: de una pequeña tierra no se pueden esperar grandes prolegómenos, y no es el problema la belleza que en su conjunto aflora, sino las dificultades que en todos los caminos se nos cruzan y que muy poca gente entiende o capta.

"El Monje de Arlanza", citado por Víctor de la Serna en la ruta de los foramontanos, reconocía ya las duras condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los habitantes de estas tierras, y el mismo escritor, al comienzo do "Castilla Navegada", habla de una Palencia dramática, despiadada, agresiva. Cuando el viajero se adentra por vez primera en estos pagos, llega a poner en duda la existencia de unos pueblos que, encajonados en los valles, o asentados en las laderas, han permanecidos ignorados sistemáticamente por todos los gobiernos. Los escritores, al relatar su viaje por las entrañas de esta tierra, tienden a idealizarla, olvidando ese dramatismo que sólo el viejo crítico captó y contó. En torno a estos cien pueblos se mueve un mundo mágico, donde so hace puente la leyenda y el río se hace camino. El verano le tiende un lazo inmenso al emigrante, se hinchan los pueblos, la fiesta en la campera te abre la puerta del recuerdo, y todo es armonía, y todo es fuego. Entonces es normal que, quienes vienen y asisten a tales manifiestos, se prometan volver pronto, unidos sentimentalmente a estos lugares por una especie de encantamiento.

22 julio 1997

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Alfonso Pascal Ros, poeta navarro, de Barañain, a quien encontré por primera vez en un suplemento cultural del diario madrileño ABC, cita mi nombre en el prólogo de la revista "Archione", (Madrid, 1994) –dirigida por Gonzálo de Luis–, entre media docena de personas. “Si uno no consigue hacer amigos, ayudar aunque sólo sea en sus reducidísimas posibilidades y amar a los demás, para qué sirve su obra. El gigante egoísta –añade– no fue feliz por completo hasta que los niños volvieron a jugar en su jardín”. “La casa del amigo es un refugio contra el mundo de las bocinas y del trepa, un Amazonas que se defiende de las palas y la especulación. Yo sé que hay muchas casas como esta, y son las que a mí me gustan.”

Sirve este comentario de mi buen amigo para abrir el artículo de hoy, porque muchas son las pautas que en aquellas líneas suyas vienen dadas, de manera que sirven para justificar nuestro propio trabajo.

La vida está llena de mentiras y, es posible, algún día lo sabremos, que nuestra Tierra a partir de ahora esté sujeta a la especulación de la que viene hablando Alfonso.

Aquí, como en otros lugares, hay dos opciones claras: aceptar el turismo, con todas las consecuencias que de ello se deriven (buenas y malas), o aceptar el declive, la vejez y la muerte paulatina de un pueblo. Vistas así las cosas, se ha optado claramente por la primera. En realidad, nosotros no hemos hecho nada extraordinario, salvo abrir la puerta de la casa y reafirmar una vez más nuestra presencia. Ahora bien, cuando asomaron sus narices los que mandan y empezaron a planificar historias de futuro, se nos vino abajo el planteamiento, hallando incompatibles sus manifiestos con muchos de los trabajos que aquí se venían desarrollando.

Puede que el papel sensibilizador que llevan a cabo algunas Asociaciones, como la Fundación Oso Pardo, premio Castilla y León de la Naturaleza, 1996, sirva de atenuante o advertencia para esa minoría cuya ley siempre parece ser la del más fuerte, pero más allá de reprocharles nada y, sabiendo la teoría de la suerte que a todos los premiados acompaña, cualquier pobre ayuntamiento del norte provincial hubiera sido un receptor dignísimo, porque ya que hablaron del oso, su vida se debe en buena parte –salvo aisladas excepciones– a ellos mismos, que respetaron su camino.

Y es este un manifiesto muy curioso. Se alía la Administración, que otorga el premio, con la Fundación que lo recibe, a los cuatro años de su existencia. Se alían dos armas poderosas: los que llevan el peso de todas las cosas, quienes otorgan o desaprueban por leyes no siempre justas y acordes al lugar y al momento y, quienes sólo tienen ojos para la Naturaleza, para la vida que se mueve más allá de los hombres y los pueblos. Hay como un acuerdo simpático: se premia porque se espera a cambio una voz que se mueva en el entorno, que vigile, que denuncie, que en cierta manera venga “advirtiendo” al ciudadano.

Y opino, además, que se recoge dicho premio con regocijo –no por el valor material–, sino porque para ellos también la Administración implica un lazo y un mentor que atenderá sus quejas. Si mañana los gobernantes necesitan una voz que hable bien del Parque Natural, ellos serán su voz aquí, sólo por el amor que dicen tener hacia la tierra y hacia el animal y porque, fundamentalmente, la ley del Parque apoya de una forma incondicional lo que ellos dicen amar y defender por encima de todo: “el hábitat del oso pardo”.

En este sentido, yo creo que nos encontramos ante un abuso de poder, una fuerza que de nada le va a servir al ciudadano que aquí vive; muy al contrario, si durante años ha soportado estóicamente el silencio y el olvido de ambos, de la Administración y de los Ecologistas, ahora aquellos se harán con el poder votando y deshaciendo cualquier denuncia que no vaya a la par con sus anhelos. A la insalvable distancia se une la prepotencia de quienes nunca defenderían, por ejemplo, la escuela para un grupo de niños, o la consulta médica para un grupo de pueblos. Es decir, que no estamos en la época de las cavernas, ni de los esclavos, pero en un mundo muy superior venimos a ser el reemplazo de aquellos.

Es verdad que el camino que ahora hemos iniciado es el que nos lleva hacia el futuro, pero, visto lo visto, que nadie piense que vamos a estar a salvo de la especulación y del contrasentido. “Quienes hacen la ley, hacen la trampa” y en esa corta acepción se encierra un buen trecho de espinos, que nuestra gente tendrá que sortear con la voluntad que antes depositó para mantenerse y sobrevivir en el olvido más absoluto y más absurdo.

22.07.97 Vuelta a los origenes

14 julio 1997

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Todos los artículos que vengo desgranando están confeccionados lejos de casa, en una ciudad llena de humo, por donde corre el metro más moderno del mundo.

 
Todo este movimiento que yo vivo casi como ustedes, a través del periódico, no me subyuga como pudiera hacerlo la casa donde nací tal día como hoy, hace 39 años. Es cierto que utilizo y comparto todos los servicios y adelantos que a empujones nos meten en ese siglo nuevo, en el que no pensaron ni los grandes genios de los ordenadores. Pero nada se puede comparar con este aliento que recibo del pueblo, con su escuela, con su iglesia, y ahora mismo con un movimiento de gentes que nunca antes alcanzó el norte de Palencia.

Vienen de todas partes buscando este silencio, huyendo de la prisa, bebiendo a grandes sorbos esa tranquilidad que mana de las calles, ese gesto contenido y tranquilo de sus gentes.

Como ellos vuelvo también al hogar de siempre, a la casa del abuelo paterno, camino de los montes, buscando las reservas necesarias para empezar en septiembre otro nuevo curso. Casi toda la montaña que vengo promoviendo con ahínco desde hace años, es un camino andado tiempo atrás, de niño, de joven, cuando los editores de este periódico ni siquiera me tenían en nómina. Aquellos caminos no han cambiado. Me lo dicen los pueblos que visito, me lo dicen aquellos que escribieron de la montaña, lógicamente , con menos motivación de la que a mí siempre me dieron estos lugares. Desde el hogar, sin guías ni mapas que valgan, los venero como los antiguos, proyectando sobre los renglones el flujo de cada estación.

Lo cierto es que, la casa que ahora me sirve de refugio, fue durante varias generaciones despensa de estos pueblos. Primero, una cantina y, después, una tienda de barrio donde se podía encontrar desde un clavo hasta un pimiento, desde una esponja hasta una pata de cordero. El matadero estaba al final de la calle y el único adelanto que se utilizaba cuando yo me limitaba a batir la sangre de los bichos en un cubo de cobre era una vieja trócola compuesta de dos piezas, con cuatro o cinco ranuras cada una, a través de las cuales se enroscaba un cordel. En otro anexo de la casa se encontraba el almacén de vinos. Vinos que nos servían los hermanos Escudero de Aguilar de Campóo. La fruta nos llegaba semanalmente desde Toro (Zamora) y competíamos en buena lid con Germán, que iba él a buscarlo directamente a las huertas de otros puntos de España, sirviéndolo después por los pueblos del Norte a un precio y con una calidad imposibles de igualar en esas condiciones. Elosúa, de León, y Spar, de Santander, entre otros, eran las casas comerciales que suministraban el resto de productos alimenticios.

En el verano, además de atender estos menesteres, se esquilaban las ovejas y, hace un par de años, al jubilarse el padre y dar de baja los negocios, tras una reforma de la casa para adaptarla lo más posible a una vivienda, encontré entre los papeles una carta de la “Casa Rodríguez”, de Valencia, (una cuchillería que había suministrado una revolucionaria máquina). Con ella se respondía a alguna misiva de mi familia en la que, posiblemente, se sugería la devolución del material y el abono del importe.

“Acabamos de recibir su carta –contestaban aquellos– y vemos que no han entendido el verdadero funcionamiento de la máquina. Se conoce que no es gente técnica en el esquilo”. Es curioso, porque—amén del mal gusto del comercial de aquella casa—, si después de atender todos los apartados que he mencionado, hubieran tenido que especializarse en el esquilo de oveja a máquina, probablemente se hubieran alargado los oficios, con lo cual yo no estaría ahora mismo entretenido en la confección de estos artículos.

La historia hizo que años después, en aquellos mismos almacenes se curasen las pieles o se alimentara una piara de cerdos en el mismo sitio donde hoy se curan los jamones.

Este hogar, donde tantos oficios se tocaron –si incluimos asimismo las artes culinarias de la abuela Ascención, los trabajos de entibador en la mina del abuelo Clementino, las vacas de la abuela Lorenza, la panadería del tío Agustín, el curtido de las pieles y algunas otras cosas que otro día les contaré–, hicieron que aprendiese un poco de cada cosa. También el refranero aquí fue justo, porque el dinero no abundó en esta casa, si bien es verdad que nunca faltó un plato de legumbre.

En la ciudad, la casa es un hueco dentro de otro hueco. Aquí, la casa mira al norte, esta viva, nos sumerge, nos inspira, nos envuelve… Aquí, la casa es una especie de milagro que de golpe nos devuelve la memoria de tanta y tanta gente.


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