01 agosto 1991

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"¿Las regiones atacadas por las nevadas no están en lugares que conocen temperaturas baje cero y heladas durante tres o cuatro meses al año, desde que los osos campaban por sus respetos en la península? ¿Cuándo vamos a dotar de una suficiente estructura de limpiezas de carreteras y mantenimiento de los servicios a estas poblaciones?".




Estos son algunos de los interrogantes que Lidia Falcón se hacía unos meses atrás en un diario nacional. Los mismos o parecidos interrogantes que se hacen las gentes que viven al norte de Palencia. Son situaciones que se repiten cada año y que vienen a recordamos nuestra insignificante fuerza para hacer la llamada de rigor a quienes rigen los destinos de esta provincia.

Ahora que ya ha pasado todo ese remolino de promesas, conviene recordar a quien proceda, ahí está la mandanga, la situación, el trato tan desigual que se dispensa al que está arriba, que está lejos, que está como siempre solo ante el lobo del invierno, tiritando, encerrado -como bien señala Lidia- en un aislamiento prehistórico. Y conviene recordársero ahora en verano, cuando estos núcleos de montaña tornan a la imagen de cielo, trozo de candela, chuletilla a la brasa, fiestas y ferias. Ahora que la temporada está lejana, que no olvidada para siempre; ahora que parece imposible e innecesa-ría una máquina quitanieves, porque, como un negocio más, no se mira a las personas, se mira a la productividad, al rendimiento, al dinero que cuesta y lo que va a dejar o lo que va a suponer para una Diputación Provincial su mantenimiento y puesta a punto.

Y no nos engañemos: lo que pasa con la nieve pasa también con los hospitales. Aquí son pocos, los médicos son muy especiales y muy caros, y así, los pobres y los pocos, se quedan siempre a la puerta de la justicia, a la sombra de la disculpa. Son conscientes de su mal momento, de su mal enclave, y asumen las negociaciones de los poderes públicos sin un reproche. Se les niega un poco de todo para volver dentro de unos años a buscar el filón de su discurso. Hasta los medios de comunicación más renombrados, sabedores más o menos de estos temas, les dan la espalda, porque en esta sociedad que estamos creando, cada uno busca lo que considera más importante, y no está el negocio de la venta en unos pobres prados, en unos pobres pueblos.

Sorpresa mayúscula, cuando en el telediario de las 3 de la tarde, en la primera cadena de televisión, a mediados de primavera, el locutor, Mariñas, menciona "Piedrasluengas" con cadenas. Milagro, diría yo, haciendo justicia a tantas ausencias como nos deparó la historia. Como si de una lotería se tratase, por casualidad sonó la flauta. Son muchos los artículos en los que hemos hecho referencia al invierno en esta zona; importantes por lo que atrás se dijo, y sobre los que volveremos, es probable, si podemos, cuando regrese el frío.

Quienes presiden la cartera de Turismo en Castilla y León, tienen buena disculpa para no hacer nada, o hacer poco y que se note mucho. En diciembre de 1982, hace ahora más de 8 años, Eduardo Barrenechea, hablaba en "El País" de las 40 hurdes de España; es decir, aquellas que acarrean la fama de la suma pobreza y el subdesacollo en nuestro país. En Palencia eran dos las villas afectadas: Saldaña y Cervera.

Cervera no ha tenido muy buena fama nunca, esa es la verdad, para qué vamos a engañarnos, pero tal vez todos los chiringuitos, bares musicales y merenderos que se han abierto en los últimos años, cambien un poco aquella imagen tercermundista que Eduardo creyó hallar en su estudio aproximativo.

Lo cierto es que el Turismo de Invierno, que a todas luces parece una hazaña arriesgada y ridícula, viene a suplirse con creces en la época estival. Sabemos que Cervera sin Ruesga y los pueblos de alrededor no sería ni la mitad. El Parador Fuentes Carrionas parece otro incentivo: los condumios de los pueblos cercanos remueven al personal de sus asientos, tal es el caso de "La Taba", que recientemente se abriera en San Salvador. Todos estos motivos unidos, animados por la promoción del Románico que se ha venido desarrollando en los últimos años, y los campamentos de verano ponen el movimiento deseado a esta comarca tan azotada por el invierno. ¿Qué hacer con el invierno? He aquí el dilema tan agudo que se nos plantea, pregunta que le planteamos a la Junta, al presidente de la Diputación, el presidente del Gobierno.

El invierno es agua pasada, dirán. El invierno es capítulo lejano. Ahora tenemos entre manos la carretera, eso sí que es señal de abandono total, eso sí que es padecer el invierno en lo más alto del verano. Si con la carretera comarcal Burgos-Potes, desde Cervera a Piedrasluengas no puede hacerse nada, vale más que levanten el culo y se vayan a otro lugar, porque aquí, el personal sigue metido en el invierno de la Prehistoria, sin amparo, sin recursos, sin nada. La Diputación reparte veinticinco mil ptas. acá y veinticinco mil ptas. allá para Cultura, dinero que no llega para nada por sí solo y que se gastará en todo menos en Cultura, porque faltando lo necesario. fallando lo más útil, careciendo de lo más elemental, no se puede hacer turismo ni cultura.

Por lo demás, ya se está creando un buen armario para el 92 •• Así nos lucirá el pelo. Aquí no llega el sol ni a tiros y todavía hablan en Palencia de promoción turística por medio de unas cuantas cíntas de vídeo.

Al fin y al cabo, para grabar invierno solamente.

31 julio 1991

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Ha pasado el tiempo veloz y llega otro verano al norte, a los pueblos. No hace mucho; en una conferencia, en Bilbao, se dijo que, lo del verano y lo del pueblo era una mentira. Que la gente que tenía pueblo, venía a él porque no tenía dinero para irse más lejos, en avión y de hotel, a ver cosas extraordinarias, a probar comidas exóticas y no a comerle el jamón y el chorizo al pobre padre, y a tirar de su dinero y de su paciencia cargándole con los nietos. No es bueno presumir de lo que no se tiene, le podríamos haber rebatido al indigno conferenciante. A propósito, uno de tantos, metido en esa cadena misteriosa que tanto prolifera y que en fechas recientes ha sido denunciada por la Asociación de Consumidores de España. Podíamos situarle en el ejemplo de quienes no pudiendo se cargan de préstamos para ir de vacaciones por el mundo. Ese no es un modo grato, porque le vamos a recordar buena parte del año por lo que nos cuesta y no por lo que nos dio.


Uno siempre viene a parar a los comienzos, a los recuerdos, a la niñez. Esto, dorado con lo otro, si que es un lujo. Uno vuelve al hogar, porque viven aquí sus seres queridos, sus amigos de otros años, sus recuerdos de otro tiempo y no hay nada que cargar, porque el lomo, cuando la amistad es buena, lo ponen los padres con la mejor de las devociones, anhelando recibir a sus hijos, y sentar en sus rodillas a sus nietos, y sufrir, también eso es verdad, durante ese mes de vacaciones, alguna que otra pesadilla, porque, los niños, ya se sabe, son niños, y los viejos ya no tienen el aguante y el humor de aquellos otros años.

Uno viene al pueblo para descargar tanta hora muerta de ciudad, tanto nicho, que alguien llamó, tanta carrera para nada. A llenarse de prado, de río, y de belleza, sin pretender hallar grandes tesoros, para disfrutar de una grata merienda en compañía de sus padres y hermanos.

En el pueblo no se oculta nada; en todo caso, se descubre algo; mucho de lo que nos hizo ser como somos, pensar como pensamos, y embobarnos de cosas simples, con mínimos detalles, hurgando curiosos en la vida de quienes quedaron a este lado, moviendo la brasa de la lumbre para conservarnos el rescoldo.

Cada verano nos da una lectura nueva, pero no muy distinta del verano anterior. Decía un novelista y médico franco-canadiense: "Los años cuentan poco para la tierra que cultivamos y ésta enseña, a quienes dependen de ella, que apresurarse no sirve para avanzar".

Ha pasado el tiempo, lo notamos en quienes nos rodean; muchachos que han ido creciendo, que han tomado responsabilidades mayores; costumbres que han desaparecido, caras nuevas..., pero la tierra tiene imán, tiene poder, y regresamos a ella porque en su interior nos encontramos llenos de nuevo aire, recuperamos fuerzas, repasamos momentos gratos y nos encontramos con otra gente que con las mismas o parecidas motivaciones, han regresado un año más a la montaña palentina.

Acaso no sea este un buen momento para llenar media página de periódico con sentimentalismos, aunque me consta, y eso para mí es muy grato, que hay lectores asiduos, no importa mucho el número, de cuanto en ellas se viene meditando.

Ellos saben la ilusión que produce el contacto con el pueblo y sus gentes, metidos de lleno en las faenas del verano. También se echará una mano, cuando proceda, en compensación por su recibimiento y acogida, pero que nadie nos venga con batallas. Digamos, para adornarlo, que la montaña es un eclipse. Por desgracia, padece el oscurantismo de quienes deben vestir sus carreteras y arreglar su situación, antes de promocionarla por la provincia y por el mundo: Por suerte, posee cualidades que mantienen su imagen tal y como siempre fue; se han coloreado sus calles y sus casas, se han creado panorámicas nuevas, y ahí está el verano como prueba de que esto hace llamada por sí solo, cada vez a más gente, de aquí y de fuera, porque, los pueblos, el mundo, deben abrir sus puertas, procurando estrechar lazos de amistad con otros pueblos, sin olvidar el propio; y que unos aprenden de otros, y respeten su historia. Por suerte, este no es un eclipse que venga y se vaya en unos minutos; no es este un eclipse para el que necesitemos gafas especiales, un billete de avión, o el consuelo de verlo a través de la televisión.

Esta es una tierra bendita, lo digo convencido, a falta de una buena mano de pintura, que incluya muchos de los servicios que ahora sé debaten entre la vida y la muerte.

Esta tierra, la franja de la que hablo, está llena de eclipses que no pueden verse, pero que influyen poderosamente en el ánimo de los vecinos, energía oculta que prende en los visitantes, preguntas sin respuesta que se quedan atrapadas en la oscuridad que aporta la lejanía. Venimos y asumimos como nuestros padres y amigos la apatía que aquí reina, y nos contagiamos de ella. Es el eclipse local; el alejamiento paulatino que la comunicación -dichosa paradoja- ha ido aportando a la convivencia.

Ibiza, y el resto del Sur está quemado porque allá van en tropel las masas. Europa queda más lejos y no está al alcance de todos los bolsillos.. Aquí, como quien dice, a la vuelta de la esquina, está la casa que dejamos, en un pueblo pequeño, donde todos, más o menos, se conocen y se entienden, donde se descarga el agobio y la prisa que la ciudad produce; donde se revive, en familia, un eclipse impuesto también por la distancia.


© Froilán De Lózar para "Diario Palentino"
Imagen: @Pumar59, 2013


13 julio 1991

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El periodista Santiago Córdoba, que escribía en el diario madrileño "Pueblo", veraneaba en Palencia. De aquí sacaba las notas de sociedad para sus crónicas. Materia, desde luego, no le faltaba. Cuentan que había un hombre en estos páramos, amigo de Manolo Nestar, una historia sin desperdicio, que, dándole un poco de tiempo, comía treinta y cinco kilos de filetes. Y tal fue el interés que el insólito caso despertó, que le llevaron a varios especialistas a fin de determinar aquel extraño comportamiento.


 

La verdad, al parecer, es que el individuo en cuestión evacuaba los alimentos sin hacer la digestión.

Mas, "dime con quién andas y te diré quién eres", un paradigma que a todos se nos viene a la cabeza con frecuencia. Porque Manolo Nestar es más que una leyenda, suena a mito, a fantasía, a aventura medieval. Entré pillaje y cortesía desmesurada, quien anduviera de zagal a sus órdenes podía hacerse famoso contando una por una las hazañas de su señor.

Dicen que alquiló limpiabotas, compró en Bilbao todas las entradas de un teatro, y en Reinosa, cuando se disponía a merendar en compañía de otro de sus amigos, tiró la tortilla al patio porque a la moza se la había caído la moquita en la sartén. Le cuentan jugador empedernido, aunque siempre contento. De una de aquellas jugadas salió con cuatro pesetas en el bolso. Al amanecer se encontraron con un pobre y se las dieron. Por la noche volvieron a jugar y ganó una fortuna.

"Mira, Manolo -se dice que decía-, las pesetas del pobre".

Cuentan (no sé si será verdad todo lo que cuentan), que encargó una cena en "La Venta Santa Lucía", de Vañes, para doce. Y cuando su amigo y él ya estaban sentados a la mesa, y la ventera les preguntó por los otros diez, Manolo Nestar dijo: Ya estamos todos, Mariano Doce, y yo, trece.

Claro está que, algunas veces también le supo amarga su jactancia y estas cosas los contadores no las suelen contar.

A la par, ya lo hemos contado en otras ocasiones, vivió otra gente más frescachona, que con menos alabanzas, ocuparon un lugar importante en las celebraciones de rigor.

Cuentan a este respecto de un indiano al que llamaban don Vicente (porque tenia "din"-dinero). Cierto día hubo un funeral en el pueblo de "El Campo". Entonces se celebraban las memorias y al final una comida.

El indiano, como es de suponer, llegó a la última, y se sentó a la mesa balbuciendo: "Pues... he pensao... que al entierro no puedo asistir, a la misa tampoco; pero a ta comida, he dicho, voy a acompañarles".

Hablando de personajes famosos del contorno, por una u otra razón, no podemos olvidar a "Pocos muchos".

El hombre se quedó con el apodo porque afirmaba que "más valen pocos muchos que muchos pocos". Era un tío muy alto, así le pintan las crónicas. Alpargatero, "judío errante"... Aseguran quienes le conocieron que el Cristo del Otero era como él de alto. Allí no entraba licor, lo fabricaba él como buen químico qué era, y lo vendía con escabeche. Vendía de todo, como "Lobarcio", como "Anita" y como mi pariente "Simal".

"Se venden morcillas de una marrana muy curiosa" -decía un letrero-. Y al otro extremo un cartel entre dos velas : "Documentación para el último viaje".

09 julio 1991

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Me entero por el periódico, en mi visita a San Salvador el pasado fin de semana, de la muerte de Félix, y al instante, me viene a la memoria el breve contacto mantenido con él, unos años atrás, en Cervera de Pisuerga.


 
Fue con motivo del Festival de la Canción que anualmente organiza el Ayuntamiento de esta villa norteña, promovido por Luis Guzmán Rubio y al que asistieron también Claudio Prieto y Felipe Calvo. Casualmente, me pregunta por Félix un joven de Camasobres, Gonzalo, que fuera alumno suyo en la capital unos años atrás. ¿Qué le puedo decir?

"El que lee, sabe. El que sabe, puede". Escribiría Félix en su ensayo "Nacimiento del Periodismo Palentino". Félix Buisán consiguió a su modo y manera esos tres objetivos o principios, sembrando la palabra, dejando la esencia, permaneciendo hoy en la memoria de cuantos le conocimos y admiramos. Aunque no quiero y no debo recurrir a los tópicos aquellos de bueno, serio, responsable, calificativos que sin duda merece, pues mentiría de algún modo al no haberle tratado en profundidad. No siento el dolor que deben sentir sus compañeros y familiares. Nada puedo hacer en este sentido para valorar su personalidad. No obstante, bastaron unas horas para que nuestra amistad se hiciera inmensa; diferente, desde luego, a la vuestra.

El maestro me había conocido por las cartas y artículos que yo enviaba al periódico. Mi insistencia pudo con la barrera que todo medio de comunicación se plantea a la hora de dar salida a una firma nueva. El primer articulo que me publicaron, siendo director Antonio Alamo, iba firmado por Crespo y Froilán, algo que disgustó profundamente al primero, autor de los temas de "La Montaña Palentína",con quien hasta aquel momento mantenía un estrecho contacto. Fue el primer error inocente que vio la luz, acaso por el sonido del apellido del primero o, quién lo sabe, por lo que en el artículo se prometía y que no se cumplió.

Lo cierto es que, a partir de aquel momento, el gusanillo de escribir se fue haciendo más grande, y de los concursos de Coca-Cola a los que me enviaron representando al Instituto de Arrabal de Portillo, en Valladolid, llegué a las pequeñas publicaciones y al Diario Palentino.

Digo que, Polentinos fue testigo, aquella inolvidable tarde, de nuestro contacto, entregados afanosamente a nuestros temas, olvidando en muchas ocasiones al resto de personajes que tomaron la queimada por Felipe. Hoy, a mi regreso, siento la necesidad de esbozar estas líneas, dedicadas a Félix, amante, admirador y cronista oficial de Palencia, y en el fondo, de la Montaña Palentina.

Como viene, se va, digo la vida, que es cosa de bastantes afanes y de poco tiempo. Como brota, se seca, digo la tierra, digo la montaña; contigo se va en pequeños trozos, casi nadie lo nota, ahora que se nos ocurre proponerte para un paseo, para una medalla, para un premio, para jurado de un concurso de pendones y cantos.

Ahora te escribo, desde una tierra sembrada de terror, lejos de la montaña, la nuestra, la tuya, que aspira todavía los mensajes grabados en libros y revistas. ¡Qué mala es la política, amigo Félix! ¡Cómo destroza todo! ¡Cómo se ha revuelto lo que amamos! ¡Cómo han cambiado las cosas y las gentes! Molesta que vengan los de fuera. Molesta que triunfen los del pueblo. Molesta todo y todos y ya no hay una brizna de aire que resulte inocente. Puede que sean los años, la manera de asimilar los cambios experimentados en todos los campos; puede que influya la visión particular de cada uno, pero no quiero desbordarme en tristes contenidos. La montaña palentina tiene muchas lecturas, una es la verdadera, la que todos llevamos dentro, aunque no aflore al exterior por tantos conceptos engañosos.

Era como un adagio sostenuto; un allegro con brío, que afloraba en los Picos de Europa; un andante maestoso que cruzaba Lebanza; en fin, palentinos amigos, un largo solemne que tocaba los ríos Camión, Pisuerga, Pumar, Bilores, Gerino, Areños...

Fue un viaje el suyo provechoso. "¿Tú sabes cómo suenan los paraísos?" escribió en Pemía. "Pues si no lo sabes, coge tu mochila, enfila el rumbo y ven presto a esta hermosa comarca palentina. Sabrás gozar a pleno pulmón, aquella soledad sonora que deseó para los bienaventurados San Juan de la Cruz".

Ya sabemos lo que son las despedidas. No quiero que vean en estas lineas un punto final, un viaje sin retomo. Los buenos siempre vuelven, están cerca, se les invoca de vez en cuando y su palabra vive fresca metida en nuestra piel. "Sartre dejó escrito que: "Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo". Félix hizo lo que deseaba hacer, me consta que fue feliz e hizo felices a los suyos, y que esa felicidad nos alcanzó a todos los que le conocimos. ¿Que no llegó? ¿Y, quién llega? De cualquier forma,a todos nos quedan capítulos pendientes, ahí están bien recientes los casos de José María Rodero y Michael Landon; ahí estamos nosotros, quién sabe de qué modo y hasta cuándo, buscando caminos, trazando teorías; explicando, en muchas ocasiones, cosas inexplicables.


25 junio 1991

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El recuerdo, en el que a menudo recaemos, nos devuelve la imagen de un Aguilar de lujo: Antonio, cronista que se nos fuera hace unos años.

"De los que Aguilar dejaron,
oliendo a galleta y brezo,
a tahona y a panera,
y de los que nunca han vuelto,
la Virgen del Llano lleva,
sus nombres en un cuaderno.







Aguilar ha cambiado mucho desde entonces, indudablemente. No es tiempo de labranza y "capacheras", aunque el Pisuerga siga con su misma canción por el mismo cauce.

Blanco era un buen cronista de costumbres, y un poeta, y un hombre sin curriculum. "Amigo Froilán -me dice en su última carta, respecto a mi curriculum, perdona, pero no sé sí tengo alguno. Esto sí lo sé: que quiero mucho, mucho, a Aguilar y toda esa comarca, y que, además, soy correspondido".


Suerte la suya, porque muy pocos son tenidos en cuenta, como se merecen, en honor a su esfuerzo, su dedicación, a su canto sincero a lo que aman.

"Con tus aguas, Pisuerga, fui cristiano,
contigo fui feliz y no lo olvido.
¡Cuánto mundo a tu lado he recorrido!
¡Ay no me dejes nunca de tu mano".


Antonio Rojo escribe de la mina, de la historia de los pequeños pueblos, pero rememora con singular estilo el ayer, los apodos, las anécdotas. De vez en cuando se hace preguntas llenas de contenido, de esos interrogantes que a nuestro modo nos hacemos el resto: "¿Por qué estarán tan juntas la ternura y la muerte, Señor? ¿Por qué tan cerca?".

"Quedaros cerveranos con lo vuestro,
a mordiscos, a patadas, con cadenas..."
"Que paguen caro el lujo de tu raza.
Cobrará bien el lujo de esta tierra. 


¡Cómo sube la sangre a mi palabra
al hablar de Aguilar o de Cervera!".



En Bilbao, en el estudio fotográfico donde ahora elaboro estas líneas para el diario, en la entrada, luce un cuadro de Aguilar de Campoo, donde Simal, artista de prestigio, ha dibujado con estilo y ha descubierto con generosidad, en un mínimo espacio, la señorial villa que hoy ocupa este artículo.

Aguílar es la puerta. Entrando por ella se acabaron las prisas, llega el aire de siempre impregnado a galleta, se acerca la montaña, y todo vuelve a ser como Rojo describió hace doce años, porque en el fondo queda aquella esencia, aquel recuerdo, y nos viene a intervalos un trozo de tiempo donde aprendimos a valorar lo que hoy se ha transformado, lo que hoy se ha engrandecido.


"Viene la gente a la feria
con carros llenos de vida.
Son paisanos y parientes
que no saben de provincias,
mas saben perfectamente
a lo que sabe Castilla".


Antonio, que traduce su veneración en sinfonía poética, no se detiene en Aguilar, al igual que yo tampoco me detengo en la Montaña, procurando siempre abrir alguna lanza en otros puntos de nuestra bella tierra. Su madre nació en Valdeolea, donde se mira el Pico de Tres Mares; de ahí, tal vez, sus frecuentes citas a pueblos y rutas que viven entre Palencia y Cantabria.

Pocas veces se cita en las crónicas el embalse de Aguilar, que desempeña su papel turístico en la época estival, lo mismo que el de Ruesga. Dice Antonio, que este embalse se cargó las rogativas, entre muchas cosas. Cita constante la de hoy, a la cita de Antonio, porque, de alguna manera, contamos las historias que nos cuentan, todo ello mezclado con arte, gastronomía y tranquilidad; sobre todo, insisto, lo último que tanto necesitamos hoy.

Pero Antonio se ha ido. Y queda su esencia:

un carro olvidado,
astillas de aperos,
un dalle, un arado...
Con un libro viejo,
sin fechas ni prisas,
con sabor de añejo.


Antonio se ha marchado, y hoy, unos años más tarde, volvemos a encontrarlo en alguna revista, entre alguna página de periódico, entre un montón de viejos libros, hablando de Aguilar con el mismo acento, de la Virgen del Llano, de las casonas, de la bendición de los campos y la Feria de Mercadillo; de los pueblos de Palencia y de Santa Cecilia.

Aguilar sigue fortaleciéndose, sin perder la imagen que para Antonio Blanco tuvo, entre la piedra, el bodegón y la historia. Y Aguilar renace en nuevas formas desde las piedras viejas del Monasterio de Santa María la Real.

Nada sé acerca de su vida. Fue un contacto de última hora, casual, a través de una revista literaria, y lo poco que ahora cuento de lo que él contaba, no llega para hacerle justicia.

Te escribo ahora, seguro que me lees de algún modo, desde algún lugar, que tu Aguilar sigue fortaleciéndose, sin perder la imagen que para ti tuvo, de Piedra, de Bodegón, de Historia. Por tí, Antonio, habla el sauce, y pregunta el Molino, y la Cascajera, y el balcón mordido. Cuando no vuelvas a Aguilar, muchos recordarán tu nombre, rumiando ilusiones y viejos afanes de idas ocasiones.. 

En la imagen superior, el autor visto por "Peridis".

08 junio 1991

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José María Femández Nieto, que cuida bien de los autores, está al cuidado de este libro que Mario Angel Marrodán me remite desde Portugalete: "Cancionero de Palencia". He tenido la suerte de editar numerosos trabajos de este prolífico autor, que veranea en Barruelo de Santullán y que huye de profundas dedicaciones. De ahí este pequeño recuerdo, si así se quiere ver, al autor vasco.

   
Palencia es inolvidable por muchos conceptos: detalles familiares, cuadros bucólicos, paseos naturales, reliquias, regazos de la piedra, púlpitos y campanarios, y un sin fin más de adjetivos que el poeta, con sencillez, va desgranando a lo largo de 168 páginas.

Esto me recuerda a un cancionero que yo inicié en 1981, de viaje por tierras extremeñas: la impresión era nueva, y así brotaba el canto, diferente.

El poeta no miente; observa y graba; almacena detalles y así brotan, por ejemplo, los arcos querubines de Frómista, la soledad de soledades de Olleros de Pisuerga, el paraje sugestivo de Paredes de Nava; la Plaza de Saldaña, colgando del pasado en el centro; los escudos y blasones de Ampudia; la Virgen del Camino, de Carrión de los Condes, el patrimonio aguilarense...

Cancionero éste, devoto, romántico, donde se resume, sobre todo, nuestro patrimonio artistico. Posiblemente, cualquier cronista local haya contado esto tan bien como lo hace Mario. El libro puede ser un buen homenaje de un poeta foráneo a una tierra que ya le pertenece, y puede venir a demostrarnos lo que nosotros mismos mal interpretamos, aquello que para los mismos lugareños no llega a alcanzar ese justo precio, o ese alto valor que a lo largo del libro se nos viene ofreciendo.

«Acaso, mañana, Palencia sea un cantar en cada boca. Y lo mismo en Carrión que en la montaña se celebre la historia con todo lo que guarda de profundo y de bello...»

Lo poco que dice de Villamuriel de Cerrato: "Tengo el alma enamorada por ese gracial pináculo que da la talla", podría servir para muchos otros rincones de nuestra provincia. Hay algunas frases llenas de enorme contenido: "En San Cebrián el tiempo se ha detenido en la calle Medieval". Parece como si el alma del poeta hubiera sobrevolado el "Oteruelo" y destilara en esas cortas líneas la esencia, toda, de estos pueblos. Mejor puede ser la versión de Brañosera, o del mismo Barruelo y sus núcleos anexos. Pero Palencia, toda, que es hermosa, interesantísima, se nos queda pequeña en este libro, número 118, de la colección Rocamador.

Se olvida de San Salvador, leyenda muda, y de casi todos los pueblos que configuran La Pernía. Se olvida de Vidrieros; acaso alguna mención al Valle Estrecho, como la que hace de Tremaya reseco, quedándose como para las instituciones, en la sombra.

Bien es cierto que, un libro no puede dar cabída a todas y cada una de las impresiones que la tierra despierta en el alma viajera. Después, a lo lejos, todo lo que vimos se condensa, se resume, se estruja, olvidándonos de algunas escenas: la casa de la sierra, la espesura del monte, los huertos, los árboles, las hojas, los pájaros, las truchas, el mirador de Piedrasluengas, aspectos más concretos de la Abadía de Lebanza, respuestas para Cervera del Río Pisuerga...

El libro no deja de ser la modesta opinión de un hombre que se ha visto sorprendido por el hecho insólito que Fernández Nieto explica en el prólogo del mismo: No haber nacido ni vivido en Palencia y escribir un libro de paseo, lo que, por otra parte, no debe producimos vergüenza; al contrario, nos honra esta misiva. Yo intuyo que hay muchas cosas inéditas escritas por poetas nuestros, que cantan a Palencia, pero que por esas cuestiones ingratas de la vida, no se han dado a conocer o no se han tenido en consideración.

Algo debemos agradecerle al autor: no haberse detenido en promesas. La preocupación o el deseo de cantar a Palencia, hecho realidad en este libro, sin hondas pretensiones, buscando la exaltación en cortos versos, en parajes y pueblos que rebosan bondad por cada uno de sus poros.

Cada uno tiene lo que se merece. Nosotros tenemos el paisaje, que rebosa por doquier placeres. El poeta tiene la palabra, más o menos justa para definirlo. Palencia y Marrodán, Marrodán y Palencia.

28 mayo 1991

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La tierra es como una tabla. Le inducimos para que se nos muestre poco a poco, y sale a nuestro encuentro, y nos revela caminos , y nos devuelve historias. En esta búsqueda no hay nada peligroso, no hay nada oscuro, no hay nada que pueda, posteriormente, herirnos. Se nos muestra tal cual, sin ataduras, y el mensaje que emana garantiza un final asombroso.



Lo curioso y lo cierto es que unos más, otros menos, todos estamos descontentos por algo, con alguien, y esto se nota demasiado en la dinámica de estos núcleos. Esa es la crónica diaria.

A esa noticia se añaden otras, como la que, desde California, nos recuerda José, y que habla del descontento de los jóvenes por tanto olvido, por tantas y tantas ausencias de los poderes públicos. Uno vota a una determinada persona y espera una respuesta que le alcance, una ayuda que, no sé por qué historias, nunca llega cuando se necesita. Será por eso que, como dijo Celaya: "Somos el golpe terrible de un corazón no resuelto". Vivimos con la ilusión siempre en vilo, esperando un milagro, que no es tal, porque no se necesita ni se pide un imposible. Se pide un medico rural en La Pernía, porque para eso, en su día se levantó una casa; se pide una carretera comarcal en condiciones, se pide un servicio de máquinas quítanieves, que impidan la incomunicación durante tantos días. Lo que contaba a este respecto la Asociación Cultural de Santibañez de Resoba, es una de las muchas historias que les toca librar a estos núcleos de montaña tan alejados de Palencia. La Castilleria tiene asumido eso. En La Pernía, más concretamente, en San Salvador, el temporal de nieve que se vivió en los meses pasados, dejó por los suelos varios postes de luz, lo que viene a alimentar una vez mis la escasa preocupación de los organismos por dotar de medios adecuados sus instalaciones, en una zona que soporta la dureza del invierno estóicamente, ¡qué remedio le queda!, para llenar los pantanos y dar cumplidas muestras de beneplácito a los campesinos que, más al sur, esperan en jarras primavera.

Es cuestión de tiempo. No pueda hacerse nada. Hay que mostrarse agradecidos..., todo eso lo sabemos, nos lo dice la tabla, se repite una generación tras otra, pero que no pidan sonrisas ni exaltaciones quienes no ayudan a hacer más justa la vida de esta gente. ¡Déjense ya de historias!, que la vida se escapa y poco importará lo que soñaron, y de nada servirá tanto proyecto, cuando en lo más elemental parecen fracasar año tras año. Son frases inválidas que llenarán una página de periódico. Nada más.

Uno escribe, se compadece, se rebela al enterarse de situaciones por las que atraviesan esos pueblos, sumidos en aparente tranquilidad e indiferencia, pero la procesión, como suele decirse, va por dentro. Todos los que por diferentes razones lo contamos, de una o de otra manera, desde acá o desde allá, intuimos creo, la difícil misión de los alcaldes, del presidente de la Diputación, del presidente de la Junta, pero son ya muchos años los que llevamos machacando la piedra, y las fuerzas decaen, y unos por otros siempre, ya se sabe, el consabido epígrafe.

Hay un rumor que corre como la espuma en la montaña. Se habla del Parque Natural, y tal propuesta asusta, claro, porque ello va a impedir el desarrollo de ciertas actividades, ya da por sí sacrificadas y cada vez más reducidas. No parece sensato que después de todo alguien vaya de pronto y diga: "Toma, Parque, para que te resarzas de tantas amputaciones". De la noche a la mañana, paraíso nacional empantanado, aire encerrado en una jaula: ¡cuidado; no tocar, que se puede romper lo que tanto sudor os ha costado". Esa es la respuesta política a tanto grito dado. Como sois cuatro "pelagatos", no vamos a gastar el presupuesto en nada con vosotros. Invertir, sí, en pantanos, para que no nos falle el agua; invertir sí, en publicidad, para que admiren los españoles la tierra que tenemos al norte, la bendición del cielo, y para solazarnos nosotros de cuando en cuando, que todo no va a ser invertir. Lo demás parece cosa de la casualidad, lo achacaremos al tiempo malo, a la situación geográfica, al futuro inmediato que habla de muerte paulatina.

Dice Maruja Torres, periodista, que, "la vida es como el café o las castañas en otoño. Siempre huele mejor de lo que sabe". En fin, no seamos derrotistas, pese a todo. No nos dejemos guiar por los rumores, no hagamos rezos imposibles, ni imposiciones de manos sobre tablas esperando conectar con soluciones de otros mundos. Ahora tenemos tiempo. Ahora tenemos fuerzas. ¿Quién habla de confianza perdida? Venimos decididos a comenzar de nuevo, desde cero, que la vida, ya lo dice el cantar, no vale nada, y lo de atrás, todo se queda en la vereda, esperando la siembra. Pero hay que dejar de lado el egoísmo que nos invade, nosotros somos los primeros interesados en mostrar la situación real de nuestra tierra: sus inquietudes, sus necesidades, sus deseos, que no diga después Alfonso Guerra, ni nadie, que en Castilla y León no sabemos gastarnos el dinero, que se han devuelto no sé cuantos millones a las arcas centrales. Siempre hay anhelos; ¿quién no los tiene?

Nuestra ouija es la tierra que pisamos, el monte que nos rodea. Forjamos historias importantes sobre ella, y aunque no lo sepamos, aunque tratemos de ignorarlo, queda escrito sobre su piel el interés depositado por sus hijos. Nunca es bastante lo que hacemos. Hay que mojarse en muchas situaciones para comprender el alcance de historias que borramos porque sí, y de personas que alejamos con frialdad porque también. Desde acá y desde allá, unos y otros, apoyando con más hechos que intenciones las propuestas.


Imagen: Amando Vega


01 enero 1991

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Hemeroteca: 1990
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  • Dorar la píldora

"Hay una lucidez deslumbrante, siniestra, sórdida en el dolor", -explica el filósofo Rafael Argullol en su lucha contra un dolor físico irresistible. Nosotros no luchamos ahora contra ese tipo de dolor, un dolor de tantos como se nos descubren a lo largo y ancho de la vida. No se da a ver nuestro padecimiento. Es posible que nos neguemos a ver la realidad, esa realidad que habla de la inexorable agonía de nuestros pueblos. Esa fórmula de los políticos que consiste en dorarnos la píldora, ocultar datos para rebajar la inflación, quitarle importancia a las declaraciones vergonzosas de un individuo en torno a la pensión de las mujeres...., ha sido la misma fórmula que han utilizado los grupos que se disputan la montaña: sublimar hasta el último de los límites, proyectos y obras que no impiden el flujo doloroso de la emigración. Nuestro dolor no tiene cura, por más dinero que se vierta en los programas de desarrollo. A mí me lo advirtieron y me rebelé mucho, pero el tiempo hace justicia a la lucidez que demostraron quienes ya entonces se descubrieron en el dolor.-

© Froilán De Lózar [Diario Palentino, 1 de Mayo de 2002]


Publicaciones: "Cancionero de Palencia"
Mario Angel Marrodán, colaborador de la revista Pernía, presentó en Aguilar de Campóo su libro "Cancionero de Palencia", en el que hace un amplio recorrido de todos los rincones de nuestra tierra. La presentación corrió a cargo del poeta palentino José María Fernández Nieto, tras una breve introducciíon del presidente del CIT, Pedro Sánchez Ruiz.

Jaime García Reyero, Poeta y escritor [Diario Palentino, 10/10/90
Como palentino sólo me queda agradecer y aplaudir a Mario Angel Marrodán por su deferencia en sus versos hacia nuestra tierra. Y una pena que un libro como este no figure además en otras colecciones de nuestras entidades e instituciones, que muchas veces se recrean en libros que nada tienen que ver con nosotros. "Cancionero de Palencia", núm 118 de la Colección Rocamador, es una grata y bella sorpresa para la poesía palentina.

Premios: Mérito Turístico al Hotel Valentín
El Hotel Valentín, de Aguilar de Campóo ha sido galardonado con la placa de bronce al mérito turístico., que viene a sumarse a una larga lista de premios y condecoraciones: -Medalla de Bronce de la Cámara de Comercio de Palencia, 1970; -Trofeo al Prestigio Comercial, 1982; -Trofeo al Mejor Servicio, 1982; Diploma FITUR, 1983 y 1984, Placa de la Primera Muestra Gastronómica de la Provincia de Palencia, 1986, Plkemio Blasón de Turismo de Castilla y León, 1990; Trofeo Gastronómico Internacional de Europa, 1984; Placa a la Calidad Internacional, 1984 y Taza de Oro opara las mejores cafeterías de España, 1987.

Periodismo: Diario Palentino cumple 100 años
El día 1 de Octubre de 1890, salió a la calle el primer número de un nuevo periódico "El día de Palencia". Se subtitulaba: "Periódico de Noticias Generales y Políticas e Intereses de la Provincia".

Faustino Varona, misionero [Diario Palentino]
Tilines de Amor:
"Tengo penas y alegrías,
tengo dos males a un tiempo;
y si la pena me mata,
la alegría me da aliento."


"Si quieres que yo te quiera,
has de decir siete veces:
quiero, quiero, quiero, quiero,
quisiera querer quererte.


(coplas recogidas de la pastora Anastasia, de 94 años)

Asociaciones: Protesta de Peña Escrita
Telésforo Redondo Fuente protestó en nonmbre de todos los vecinos de Santibáñez de Resoba, ante las distintas administraciones públicas, porque han permanecido durante cinco días aislados, sin que las máquinas quitanieves les abrieran paso, como ha ocurrido en otros pueblos de la denominada "Ruta de los Pantanos".

Obituario: "Juan Sánchez Tejerina", poeta.
A primeros de octubre muere en Valladolid el poeta villarramielense, colaborador asíduo de PERNÍA, Juan Sánchez-Tejerina. Hombre abierto y dinámico, frecuentaba los círculos literarios e intervino en recuitales y pregones por toda la geografía castellana. Obtuvo numerosos premios, entre otros, "Ciudad de Valladolid, La Flor Natural de los Juegos Florales de Aguilar de Campoo, Poesía Navideña de Guardo, el "Gabriel y Galán" de Salamanca; "Concejo Abierto de Castilla y León, Barcelona; "Ulloa Pereira, de Toro (Zamora); "Sarmiento, Valladolid, siendo además finalista de prestigiosos concursos de cuentos: "Jauja", "Guardo" y "Ciudad de Martos". Era, además, autor de varios libros de poemas.

Casimiro Redondo, maestro [Diario Palentino]
El tiempo, no ha logrado borrar las costumbres que, a la larga, hacen leyes. El folklore es cultura y tradición, y pervive, siendo a mi juicio, positivo. La escasa juventud, ayudada por los casados entusiastas, celebran cada año la fiesta de la Hoguera, en recuerdo y conmemoración de la que fuera su fiesta patronal. .../El ayuntamiento de Velilla les ha financiado la fiesta posterior: panceta, chorizo, chocolatada, y hasta orujo para calentar sus tristes estómago.

Tragedia: Mueren tres mineros en Guardo
A mediados de Diciembre, mientras en el exterior arreciaba una tempestad de nieve y frío, un soplo "de mal viento", como se conoce en el argot minero la emanación de dióxido de carbono, tumbaba a Federico Gutiérrez, en las profundidades del pozo "El Arenal", de la Cántabro Bilbaína. Sus primos, Eulogio y Clementino Gutiérrez de Celis, cayeron junto al cuerpo de Federico cuando fueron a rescatarle. Quienes les encontraron, aseguran, recordando sus rostros relajados, que la muerte les llegó sin hacerse sentir.

Angel García Guinea, [DIARIO ALERTA]
Como campurriano que soy, por lejana genealogía, y porque toda mi vida ha sido informada por el paisaje de nuestro valle, el sentir -o meditar- sobre nuestros rincones o sobre nuestras solitarias montañas, es para mi un regreso hacia los recuerdos más bellos de mi existencia.

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