CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

20 de enero de 2017

El duende de Tarancueña

En la comarca de Caracena, provincia de Soria, se encuentra la localidad de Tarancueña, integrada en el municipio de Retortillo de Soria. Ya en el censo de 1787, ordenado por el Conde de Floridablanca, figura como lugar del partido de Caracena, bajo la autoridad del alcalde Pedáneo nombrado, seguramente, por Andrés Manuel Alonso Pacheco, VII Duque de Uceda.
Al adentrarme en la historia de estos lugares, y en Caracena, encuentro referencias a los símbolos y alegorías que pueden apreciarse en los arcos de su iglesia y que, a buen seguro es conocedor mi buen amigo Manuel Gila, gran estudioso del románico.

 



Lo cierto es que, en Tarancueña, una localidad que no llega a la veintena de almas, se suscita a finales del siglo XIX la leyenda del duende.  Una "Dama Blanca", comienza a pasearse por la casa de un matrimonio a raiz del nacimiento de su primogénito.  Parece que es sólo la madre la que puede verla, aunque no escapan para nadie todos los efectos que conlleva el hecho: velas que se apagan y se encienden, ruidos y otros efectos, así como, el hallazgo repetido del bebé fuera de su cuna, en el suelo, que aparece arropado y durmiendo plácidamente. La leyenda, no olvidemos que es una especie de cuento que sirve para explicar un hecho, va engordando a medida que llega a más gente. Cuentan que, tiempo después, estando en la cocina la madre con unas vecinas, todas pudieron ver cómo se movía aquella misteriosa dama por una estancia aneja. También el marido puede llegar a verla y, cada vez más gente, va dando fe, conforme señalan los cronistas, de las apariciones.

Un sacerdote bendice la casa para expulsar al duende, pero los fenómenos no cesan.

Dicen que cuando aquella familia se traslada a otro pueblo, en el momento de despedirse de los vecinos, alguien advierte que falta un cedazo, y antes de que nadie entre a buscarlo, se oye una voz que desde arriba dice: "ya lo bajo yo". Y todos salieron corriendo, aunque volvieron a recoger la pieza.

Algún misterio más reúne esta curiosa leyenda que arranca con el nacimiento de aquel niño en enero de 1883 y que, al parecer, siguió manifestándose en algunas de sus celebraciones familiares.

De la sección La Madeja, para Diario Palentino - 2017
Imagen: De Rowanwindwhistler - commons.wikimedia

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15 de enero de 2017

Orbó

Enclavado a media ladera del monte Terena (1337 mtr), lugar de muchos acontecimientos en nuestra guerra fratricida (1936–1939).



Es el lugar más antiguo del valle. Quienes han hollado en su historia hablan de orígenes, posiblemente,  “íberos”, al poder interpretarse como “urbajo”, el lugar del hayedo cerca del río, aunque otros investigadores de la toponimia lo asocian a la raíz vasca “orb”= vacío.

Cuando Madoz hace su Diccionario en 1845 ya estaba este pueblo agregado a Brañosera y se menciona una mina de carbón muy abundante.
Fue el primer pueblo de la cuenca minera palentina donde se empezó a explotar el carbón a mediados del siglo XIX. Tres son las empresas principales que se citan; la Esperanza de Reinosa, que explota el extremo Este; El Crédito Mobiliario, que trabaja en la parte central y La Compañía General de Minas, que abarca el extremo occidental. (48)

Desde primeros de siglo, se celebra en la localidad un mercado de trueque, que cada año reúne a un mayor número de participantes.

Ficha:
Municipio: Brañosera
Distancias;
9 Kms. a Brañosera
109,1 Kms. a Palencia
Habitantes: 10 (2013)
Altitud: 1082 msnm
Fiestas:
La Asociación de Vecinos de Orbó ha recuperado hace algunos años, la Hoguera de San Juan, que se celebra el fin de semana más cercano al 23 de Junio.

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(48) Crónica de la provincia de Palencia, Federico Villalba, Madrid, 1867


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13 de enero de 2017

Devoción de leyenda

Leo en una revista de folklore que las leyendas se gestaron a partir de un hecho real que se ha ido adaptando a lo largo del tiempo para dar respuesta a las necesidades de quienes las transmitían, bien para obtener una moraleja, bien para explicar algún hecho curioso.



La leyenda es una historia ficticia, inventada, eso sí, para dar explicación al nombre de un lugar, o a un suceso que tiene que ver con la zona de la que hablamos.

Primero surge la historia, el hecho, el acontecimiento y, detrás, surge la leyenda que hace uso de animales, sonidos y misterios, condimentos que se van engordando de boca en boca, que era como nos llegaban antes las historias, y que, en estos lugares apartados, se rodean de esa aureola especial, donde, hasta el más extraño relato adquiere sentido.
Ya hemos citado muchas veces la leyenda de la muda que bajó acompañando a su señora, la condesa Elvira, por la parte más agreste de la Peña Tremaya y que, pasado el peligro, canta al llegar al pueblo que a partir de entonces se llamará de Cantamuda.

Otra fantasía es la que se escribe en torno al pozo Curavacas. Sebastián Miñano, en su Diccionario Geográfico Estadístico, lo describe así: "...la peña de "Curavacas, en cuya cima hay un pozo cuya profundidad no ha podido aún descubrirse, de figura redonda, y apenas puede atravesarse con un tiro de piedra, tiene el agua muy verde, algunas veces parece que brama, y se advierten sobre él continuamente las nieblas".

A Juan Diaz Caneja, le pilló la tormenta cuando fue a visitarlo y escribe en "Cumbres palentinas": "...Tenían razón, ¡el pozo brama!".

Quiero decir que, las leyendas, a pesar de haber sido maleadas con el paso de los siglos, toman un sentido especial en aquellos lugares de donde parten, como si, efectivamente, antes de producirse el hecho hubiera surgido el relato y ese efecto de misterio parece transmitirse de generación en generación a quienes vienen de nuevo a visitarlo en un día de tormenta.

De la sección "La Madeja" en Diario Palentino, @2017

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11 de enero de 2017

Iglesia rupestre de Olleros de Pisuerga

En tiempos de la Reconquista y allí donde las características del terreno lo permitían, se fundaron monasterios e iglesias excavadas sobre la roca viva.




Tanto por sus dimensiones como por su estado de conservación, la iglesia de Olleros de Pisuerga ha sido denominada popularmente como la catedral de la arquitectura rupestre española, otros la nombran como "la basílica del eremitismo rupestre".

En el cuidado blog de "arquivoltas" hacen un estudio profundo de la misma, el acomodo de su fábrica sobre las verticales laderas del Monte Cildá (18), un monte donde se han encontrado abundantes restos arqueológicos de civilizaciones prerromanas, y donde se ubica –según los investigadores- la ciudad cántabra de Vellica. Se citan también allí las tumbas antropomórficas que se encuentran en torno a ella y al abrigo de la pared rocosa.

Su restauración se llevó a cabo dentro del Plan de Intervención Románico Norte, y fue considerada como un ejemplo por el jurado de los Premios Europa Nostra.

Próximo al Santuario eremítico se conserva una torre del siglo XVII, a cuyos pies se abre una “lauda”; cueva también excavada y que pertenece al mismo conjunto.


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8 de enero de 2017

Olleros de Pisuerga

Se instala el caserío a la margen derecha del río Pisuerga, frente a las estribaciones del monte Cildá. Peralta Labrador en el estudio sobre la primera tésera de hospitalidad documentada, reconoce que se trata de un ejemplar inédito aparecido en Olleros de Pisuerga. A estos importantes hallazgos se une un ara romana recientemente aparecido en una casa del pueblo, que se fecha entre los siglos II y III de nuestra era.




En el Becerro de las Behetrías figura como “Olleros cerca de Becerril” y su toponimia hace clara alusión al oficio que ocupó la vida de sus habitantes (fabricantes de Ollas), de donde se deduce el significado de su nombre: “el lugar de los Olleros o Alfareros”.

En el censo de 1842 se cuentan 15 hogares y 78 vecinos. A mediados del pasado siglo formó parte junto a Lomilla y Valoria del municipio renombrado como Valoria de Aguilar.

Pero no solamente corre el arte por las venas del pueblo. La Gran Paella, que comenzó en 1993 como una celebración entre amigos el día de los Santos Justo y Pastor, se convirtió en una Fiesta de Interés Turístico Regional que en 2013 alcanzaba ya la XXXV ediciones.

Ficha:
Municipio: Aguilar de Campoo
Distancias:
7 Kms. a Aguilar de Campoo
91,5 Kms. a Palencia
Población: 52 Hab. (2012)
Altitud: 908 msnm
Gentilicio: Ollerenses
Fiestas:
-Gran Paella Ollerense, fiesta declarada de Interés Turístico Regional en 1994, primer fin de semana de Agosto.
-San Justo y Pastor, 6 de Agosto.
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(1) Existe otro Monte Cildá en Cantabria, junto a la localidad de Corvera de Toranzo, también con restos arqueológicos cántabros.



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6 de enero de 2017

Una limosna para la Colegiata

Avelino, un emigrante en la ciudad condal, unos años mayor que yo, me va recordando cosas cuando nos encontramos en verano. Cosas, algunas, muy curiosas, que no sé si llegaron a los cronistas de la época o si se escribieron en alguna parte donde pueda contarse luego. Me cuenta que una de las últimas reformas que se llevó a cabo en nuestra iglesia, se consiguió gracias a la colaboración de todo el pueblo.




Yo tenía un vago recuerdo de las obras que se ejecutaron en esta colegiata de bello porte externo, cuyo interior renace al descubrirse la piedra, cuando en el frente lucía un retablo y el sacerdote oficiaba de espaldas a los feligreses.

Avelino lo recuerda perfectamente y recuerda que el cura se llamaba don Teodoro, y que mandaba cartas a los que estaban fuera, para pedirles una aportación. Así les llegaba la carta a quienes trabajaban en los Pinos en el País Vasco o a quienes emigraron a Suiza o Alemania. El hijo mayor de Abilio Iglesias, me recuerda que llegaron canteros lebaniegos para llevar a cabo la obra y que se quedaban de posada en casa de Asunción, la mujer del herrero.

No es de extrañar que vinieran canteros de aquella parte, que tan buena reputación tuvieron siempre y cuyos trabajos se recuerdan con orgullo en otras localidades palentinas. Así, por ejemplo, las bóvedas de la iglesia de Santa Ana, de Herrera de Pisuerga, que se finalizan hacia 1425, son obra de canteros lebaniegos. La torre, que se edificó dos siglos más tarde será realizada por los canteros Andrés de Carandil y Andrés Prieto, de la merindad cántabra de Trasmiera, quienes utilizaron piedra de las canteras de Becerril del Carpio y Villaescusa de Ecla.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de Villamelendro, es obra del maestro cantero cántabro Juan de la Cuesta que firma también en Capillas, Osorno, Fuentes de Nava y Carrión de los Condes.

Las cosas tienen la importancia que les queramos dar. Yo agradezco que los paisanos me recuerden historias, pues, por más que investigues, por más que busques, siempre hay datos que no trascendieron y sabemos que sirven para conocer mejor la pequeña historia de cada pueblo.

De la sección La Madeja" para Diario Palentino, @2017
Imagen: José L Estalayo

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30 de diciembre de 2016

Nada por lo que felicitarnos

Llegado este momento, toca desmadejarse un poco. Como ateneísta se impone felicitarse porque, uno ha visto parcialmente hecho realidad el sueño de unir corazones que potencien y agiten la vida cultural de Palencia, que remuevan conciencias, que susciten ideas, que nos sorprendan de vez en cuando con la palabra de un autor, de un cantautor, de un artista. Pero no se fien, no piense nadie que remover o agitar conciencias es un lema cualquiera y ya está todo hecho. Por idéntica ilusión pasé con la fundación de Fuente Cobre a primeros de este siglo. Y alcanzamos los 300 socios en la montaña, un record de milagro en un lugar tan lejano, de todas las manos olvidado.



Por un lado, me gustaría poner punto final a esta Madeja. Lo medito, lo doy vueltas. O me arrastra el entusiasmo, o me descoloca la apatía, que ambos luchan por imponer su criterio a estas alturas de la vida.  El entusiasmo porque te siguen rondando ideas en la cabeza, como para no descansar nunca y, la apatía, que se cuela por todos los resquicios hasta apagarte por completo. Apatía, sobre todo, porque percibes el desinterés tan devastador de los demás ante las necesidades que tú expones un día y otro de su ciudad y de su pueblo.

Ya he gritado bastante, ya he gritado durante cuarenta años y no sé si ha servido para algo. Mi amigo Fernando Martín Aduriz seguro que me dice que estamos en la mejor edad, que este momento es el idóneo para brindar por el próximo año, que hay que seguir haciendo la ronda.

Por si toda esa dedicación que estas entregas me suponen fuera poco, por si fuera poco dedicarse a ello desinteresadamente, sigues aporreando las teclas de la máquina, porque esperas el grito de tu tierra, porque esperas una recuperación que vuelva a lucirle la cara, aunque los milagros tengan fecha de caducidad, y aunque siempre te nazcan enemigos, ilustrados cobardes, gente desinteresada de todo lo que no sea su pobre vida, que vienen a lanzarte piedras cuando lo único qué pretendías era una carretera mejor, un centro de salud abierto, un mejor aprovechamiento de los recursos, todo lo mejor para ellos, puesto que tu estás lejos y a tí estas guerras ya no te aprietan en el cuerpo.

Me he apuntado este fin de año, como fundador, al Ateneo de Palencia, con el mensaje claro de que debemos darle voz a la montaña también. Esta montaña que se nos va deshabitando, que se va quedando en la más absoluta soledad sin que nadie haga nada para cambiar el curso de las cosas.

Si van a seguir ustedes en la misma onda, me lo dicen, que mis bártulos apenas ocupan lo que ocupa un cestillo de ropa y me voy con mis dolencias a otro sitio. La vida es un bien muy preciado que pasa ligero y no permite hacer paradas largas ni proyectos inmensos, y no merece la pena perder el tiempo lanzando proclamas a quienes viven dentro y no tienen la intención de cargar con su parte de responsabilidad.

Es posible que espere un poco más, pero no será por la esperanza ni la ilusión que percibo de los demás.

No será por las esperanzas que a estas alturas de misión me quedan de reserva.

@ De la sección La Madeja, en "Diario Palentino", 2016

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23 de diciembre de 2016

Mi vida en otras vidas

No sé en qué medida, la vida de uno interesa a los demás. Acaso interesa en una proporción justa, conforme te interese a ti la suya, porque todos tenemos vida, todos sufrimos golpes y quebrantos del destino y quienes se presentan ante los demás como mecenas, a veces se sorprenden de la humanidad que impera en mucha gente, a pesar de esas cifras que ahora nos consideran fríos, solitarios, despreocupados del quebranto que sufren tantas personas en el mundo.



Sé que he vivido en otros mundos, en otras épocas, atrapado o gozando de otro cuerpo. No es que lo sepa porque alguien me lo haya dicho.

Estimó que ustedes también vienen de otros momentos como yo. Por eso, en alguna ocasión, parece normal que nos detengamos a pensar en qué lugar hemos visto antes ese rostro, de qué nos suena tanto. Y deducir, finalmente, que a ese y a otros muchos con los que nos hemos cruzado los conocemos porque hemos coincidido con ellos en otras vidas.

Con esta idea trataba de meterme en la piel del protagonista de una de mis novelas, donde en un ambiente de ficción caben todos los supuestos que podamos hacernos.

Encuentra uno allí también la solución a los problemas, el final feliz a las historias más rocambolescas; todo el amor que ansía, toda la comprensión que necesita, todo el afecto que viene una vez al año, en estas fechas, para algunos, malditas, engañosas, donde, como por arte de magia, la gente está dispuesta a ser por unos días un rey mago.

Alguien que escribe con regularidad en un periódico que ha cumplido 135 años de vida, no debe engañar a sus lectores en fechas tan señaladas como estas. No confíen que se de en otra vida la oportunidad que ahora se les brinda para hacer felices a quienes les rodean.

Estamos a tiempo de reconciliarnos, de perdonar, de amar sin límites, de amar hasta que duela.

Es posible que no haya una segunda vez.

De la sección La Madeja, en Diario Palentino.
Imagen: Pumar59

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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