CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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8 de junio de 2016

El informe de la verdad

La verdad, tarde o temprano, te pone a salvo. Según el informe que ha elaborado "Dynamica Consultig", los vecinos de la montaña palentina desconfían de las instituciones. No hay nada nuevo bajo el sol. Los elevados índices de masculinidad y soltería y el envejecimiento de la población eran cosa ya masticada por todo el mundo. Pero, quienes rigen, dudan y desconfían. Ponen en tela de juicio lo que aquí vamos apuntando y sólo para que quede constancia de su preocupación y no se note tanto su desconfianza, nos remiten a los informes oficiales, a las estadísticas que, para qué vamos a engañarnos, no nos desvelan nada nuevo.


Yo estoy satisfecho, entre comillas, de que, finalmente, aunque tarde y a regañadientes, como con miedo de perder la pensión por cantarles las cuarenta a quienes se sientan en la poltrona, gracias a la confianza que ellos les dieron en las urnas, el pueblo haya dicho que las cosas no marchan bien (o la consultoría haya reflejado fielmente lo que el pueblo ha dicho), y que ellos, que son los que pueden cambiarlas, se han ido pasando la pelota año tras año, postergando las soluciones, alargando las obras, retrasando en definitiva el cambio que nos hicieron ver en sus promesas.

La ciudadanía está muy descontenta con los servicios sanitarios. Mucho alardear de hospital nuevo y falta lo más básico para atender una urgencia. Curioso el acalorado debate que suscita el lamentable estado de la carretera que une Aguilar y Cervera. Lo que iba a unirnos, nos separa, dado que han tardado años en repararla y, cuando ya parecía compuesta para su inauguración, comienza a flaquear por mil puntos, por lo que las autoridades de los pueblos cercanos se han decidido a pedir explicaciones a la Junta. En este país todo se manifiesta a cámara lenta y llegamos tarde o no llegamos nunca a los sitios.

Estamos habituados a lo que aquí es normal: diez días de incomunicación por el invierno; casas en los pueblos que se habilitaron en su día como residencia del médico y que se dejaron perder inadecuadamente, sin que los mandatarios posteriores lucharan por recuperarlas en los años siguientes  y restablecer así la situación.

Vías de comunicación tan importantes como ésta, que une los principales núcleos de montaña y cuya culminación estaba prevista para mediados de septiembre.

Entre todas las normas que se escriben, no hay una que hable de unificar esfuerzos y criterios y ahí se deja ver, precisamente, la dejadez de quienes proclaman a los cuatro vientos el esfuerzo que vienen realizando para dotarnos de infraestructuras. Es hora de que las autoridades de todos estos pueblos se unan y pongan sobre la mesa todas esas cuestiones que llegan a hacerse una bola indigesta. Todos los asuntos en la misma carpeta, porque aunque se trate de pueblos y partidos distintos, el fin que se persigue es el mismo.

De cualquier modo, hay unos datos que deben despertar la conciencia de nuestros gobernantes. Se ha encuestado a una buena parte de residentes habituales y ocasionales y, aunque este tipo de seguimiento no sea la panacea, si responde en un elevado porcentaje a la situación que se padece.

No se puede obviar la inquietud de la gente, pues se han llenado las salas donde se celebraban las reuniones y pese al alto porcentaje de satisfacción que se evidencia, cuando se les pregunta sobre la suerte de poder vivir todo el año en esta tierra, la fuerza de la razón es cada día mayor al considerar inadmisible la calificación de ciudadanos de segunda.

Hasta quienes se apresuraron a estampar la firma para decir que sí al Parque Natural, saben que este no podrá mostrarse si no hay buenos accesos y saben que comenzará a deteriorarse si se apalea o se ignora a quienes le mantienen.

Lloremos, que parece que lo del refrán también resulta verdadero.

De la sección "Vuelta a los Orígenes".
Diario Palentino, 26 Febrero de 2005

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9 de marzo de 2016

Jaime, Guardo y su historia

Muchos son los afanes que nos van devolviendo la sonrisa.Todo no lo vamos a gastar en lamentos. Guardo ya luce espléndido en la voz del maestro que un día llegó a este lugar de la provincia. Sabe Jaime García Reyero conjugar con precisión los elementos que han deparado este libro gordo, auténtico homenaje a las gentes que se asentaron en torno al monasterio de San Quirce, en principio, unas pocas familias mozárabes, a las que poco a poco se fueron uniendo otras familias cristianas de "La Liébana".




Tres son los motivos en los que voy a fijar mi comentario y sobre los que gira la historia de esta tierra. De una parte, su pasado, con los monasterios y La Liébana, y de la otra, su presente, donde el mentor, aunque no lo exprese textualmente, se plantea la necesidad de darle más presencia, más autonomía, mayores medios; dotarle de todo aquello que pueda reactivar su imagen y mejorar la vida de quienes allí moran.

Algunos investigadores atribuyen la fundación del monasterio de Lebanza (Nebantia) a los Condes Alfonso y Justa en 932. Los mismos que fundan en el valle de Liébana el monasterio mozárabe de Santa María de Lebeña. Por esas fechas, aunque nada es exacto, en el año 818, se narra la fundación del monasterio de Nazaoba (Naroba, Liébana), donde se habla por primera vez de Cervaria. Entre los monjes que prometen obediencia al abad, se encuentran dos cerveranos: Flavius y Transicus.

Pero, en las fuentes utilizadas por Jaime, el convento de La Abadía se funda con anterioridad, en el año 794, en acción de gracias por la victoria de los cristianos de Asturias sobre el ejército moro, mandado por un tal Mugahit. La batalla –haciendo caso de las mismas fuentes– se libró en San Salvador, de ahí el nombre de San Salvador de Mugahit o Muga.

La historia de nuestro cenobio, más allá de las fechas reales de su fundación, habla de numerosos sitios y villas que le pertenecieron, llegando incluso su poder a lugares tan distantes como Tierra de Campos. De la misma forma que La Abadía tuvo esa vinculación tan fuerte con zonas tan distantes, Guardo dependió en un principio de los Condes de Liébana.

Removiendo la historia nos encontramos con capítulos sangrantes. El olvido, como vemos, se ha venido consagrando por los siglos de los siglos. En 1597, visita la Abadía de Lebanza Juan Alonso y Córdoba, canónigo de la catedral de Palencia y manda poner orden y cuidado con las rentas que la Abadía posee en Guardo. Siglo y medio más tarde, en 1763, la ermita de Santa Columba está en ruínas y los sacerdotes insisten en este hecho lamentable que no halla solución. La presión debe ser tal que, el obispo trata de encarar el problema ordenando que no se envíe ni un real más a Lebanza hasta reunir el dinero suficiente para reparar el edificio. Pero nadie pone el remedio eficaz y la ermita se cae. Tomen buena nota los gobernantes actuales, porque para nada estamos lejos de ver repetida la misma escena con iglesias y ermitas de la provincia.

El viaje hacia un lado y otro; las dudas: se habla de Boardo, Buardo y cada uno aporta versiones diferentes; los documentos que se citan, la sangre que se mezcla, vuelven a poner sobre la mesa la vinculación tan fuerte que existía. Al comienzo del libro Jaime deja bien claro la procedencia de una parte de los repobladores y, a medida que avanzamos en la lectura, vamos conociendo la importancia de este lugar, su pertenencia en 1591 a la provincia de Valladolid, su valor estratégico para el camino de la Mesta, lugar de paso para traficantes y trajineros de Asturias, posada para comerciantes y castellanos cargados de trigo y vino y lugar de acogida siempre para los peregrinos.

Curiosa la figura de los pecheros que sufrían a menudo el rigor de los impuestos o la de los clérigos.
Y como una carga con la que nadie pudo antes y después vuelven a mencionarse los cien kilómetros que separan a Guardo de Palencia.

Ese es el verdadero lamento que se alza por encima de la historia y que pesa mucho más que los impuestos, y que en modo alguno compensa las gestas de sus hombres en el pasado. Nadie se acerca a poner un poco de orden y concierto allí donde los montes se socavan; allí donde, por ser la localidad más poblada después de la capital, se hace necesaria una revisión a fondo de prestaciones y servicios.

Apenas despuntaba el nuevo siglo, cuando un acontecimiento vino a sumarse a las páginas de este libro, poniendo broche de oro al empeño de este caminante palentino: Claudio Prieto llevando al pentagrama el nuevo himno de Guardo, escrito por Javier Castrillo Salvador:

"Guardo, donde se rinde la llanura, 
donde Palencia inicia su montaña, 
donde la vega encuentra la espesura... 
Tu paisaje resume toda España."

De la sección "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino. 
 06.12.03 @ 13:29:34. Archivado en Artículos, La historia

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24 de febrero de 2016

La deuda histórica

Leo atentamente la carta que Enrique Martín le escribe al presidente del Gobierno y que publica nuestro diario a primeros de febrero en las páginas de la provincia (2006). Es una de esas cartas que se escriben más con el corazón que con la cabeza, pues las vías de palacio son otras y otros los medios naturales para llegar en un instante hasta la presidencia. Probablemente a Zapatero se la cuenten, si se la cuentan, resumida: “Enrique Martín, el presidente de la Diputación de Palencia, pide dinero para frenar la despoblación de los pueblos. Y nos recuerda el programa estratégico que nuestro partido presentó, comprometiéndonos a cumplirlo si ganábamos”.


La memoria es muy frágil y, los políticos, en general, se preocupan de mantenerla viva allí donde los demás no hicieron o no hicieron como dijeron... Pero no se trataba de una broma y a primeros de marzo el periódico vuelve a retomar aquella misiva y a situarla ya como petición seria. Sabe lo que quiere, sabe el alcance de lo que prometieron –es lo bueno de los programas que se escriben– y una persona que se ha movido tanto como Enrique Martín, sabe que alcanzará esa respuesta llegando al máximo representante de aquella voz que estimó entonces la deuda histórica del Gobierno con Palencia en más de trescientos mil euros. Si esto es así, que no lo dudo, y hay una respuesta, que debe haberla, nuestra montaña también se verá recompensada, porque ya puedes hacerlo bien, y descornarte por llevarle calidad y servicios a los pueblos, que se apagará el fulgor, se irá diluyendo la promesa, lo mencionarán como algo que pasó, como algo contra lo que no cabía esperar resolución.
La gente ya no dice, allí hay un pueblo vacío, voy a repoblarlo. Los políticos, en base también a esa carrera desbocada por tomar la delantera a los contrarios, hablan de una despoblación muy general, muy extendida. Cuando el asunto se amplifica tanto, parece como si se estuviera culpando a la sociedad, al mundo, a Dios...  Ningún político dice hoy, vamos a levantar ese pueblo caído.

Por eso todo el mundo se queda boquiabierto cuando llega a Verdeña, un pueblo de la Castillería por el que nadie daba un duro, uno de tantos pueblos castellanos heridos de muerte, muertos de alguna forma para las frías estadísticas que van recogiendo año tras año el descenso de población que sufre nuestra tierra..

Leyendo esta mañana la presentación que hace unos días hizo el Lisboa el Nóbel Saramago de su último libro: “Las intermitencias de la muerte”, me viene al pensamiento la lucha denodada de la gente que vive en los pueblos de la montaña. Ha sido una lucha, primero, contra los elementos. Ha sido una lucha en solitario, incomprendida para el resto. Para qué vamos a engañarnos, estamos ante la muerte inexorable de muchos pueblos. Verdeña, con todo el esplendor que derrocha ahora mismo, ese hotel que anunciaban, sus parques, su iglesia, la casa del oso, sus calles bien limpias, sus casas bien cuidadas, esa Verdeña tan entrañable y enigmática, es ya un número para las estadísticas, porque en invierno se queda casi vacío y aquí el invierno es larguísimo. ¿Quién salvará estar tierra del invierno? ¿Quién la cuidará cuando se quede sola?.

Pero no estaría mal que los políticos cumplieran sus promesas que, por otra parte, es un deber que no han cumplido, es una deuda que va engordando y que no servirá para aliviar a nadie si no llega o si llega muy tarde.

@De la sección "Vuelta a los orígenes", Diario Palentino, 18 marzo 2006

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22 de octubre de 2013

Hoja de calendario

El martes siempre se ha venido considerando como un día de mal agüero, y los expertos lo explican por su vinculación con el dios Marte. Nuestro refranero muestra varios ejemplos: “El martes, ni te cases ni te embarques”; El martes, ni gallina eches, ni hija cases”; “El martes, ni hijo cases, ni cochino mates”.



Ese afán por demostrar que el martes es un día raro en el que debemos evitar cualquier evento, sin olvidar que puede ser tan bueno como cualquier otro dependiendo del hado de cada uno, está lleno de trabas para quienes creen en esta rara ciencia. Si se ha cortado las uñas en martes y le salen padrastros, según los convencidos de estas teorías, ahí está por ejemplo una evidencia de que nos hallamos bajo los efectos de ese poder maléfico que parece desprender ese día de la semana.

Y ya no les digo nada si el martes coincide en 13. No puede ir peor la historia. Claro que, para quienes van las cosas mal toda la semana y todo el año, debe ser martes siempre; o viernes, según la tradición anglosajona. Cuentan que Felipe el Hermoso, con la fuerza de las revelaciones de algunos de sus consejeros, mandó que se remitieran órdenes secretas a través de Francia para arrestar a todos los templarios la misma fecha, el 13 de Octubre de 1307 y someterlos de ese modo a un riguroso interrogatorio.

Pero parafraseando la canción de Joan Manuel Serrat, “Hoy puede ser un gran día”, el pasado 13 de Mayo, martes, un amigo me hace llegar la hoja del calendario, con una nota ambientanda en la montaña palentina. “La montaña palentina –dice- es uno de esos rincones secretos y recónditos de la geografía ibérica, donde la soledad adquiere un significado especial”.
“Estamos hablando –añade- de una naturaleza no domesticada y salvaje, de ausencias de edificios, casi ausencia de poblaciones, casi ausencia de seres humanos. Sola y recogida con sus durísimos inviernos. Tan solo unos pocos arraigaron con su ganado, con su pequeña casa aislada, con sus secretos en el corazón...”

Parece mentira que un martes y trece pueda proyectar tan buenas sensaciones en quienes cuentan la historia de esta tierra de esa forma tan dulce, engordando un poco, bien es cierto, la dureza de los inviernos, que ya no son ni sombra de lo que fueron, como la instantánea que recogida hace unos días en Venta Campa, retrata a un grupo de hombres abriendo a pala en las peñas de la Hoz.

No dejo de preguntarme, por si las moscas, si esa promoción de nuestra montaña, donde todavía puede gozarse de la auténtica esencia de la naturaleza, no provocará en quienes asumen esa fecha como un fiasco, el efecto contrario al que pretenden estos editores.
Es decir, por la misma causa que puede ser perjudicial cortarse el pelo en martes, puede serlo también viajar a un lugar encantado que se publicitaba en el taco del mensajero un día martes y 13.

Llegados a este punto, yo aconsejo visionar las cuatro estaciones de mi amigo Estalayo, Tremaya en primavera, otoñó en la Pernía, los calambrojos, los aperos, la tradicional Salve, los corzos, el Río Pisuerga. Para explicárselo de algún modo, lo que Miguel Vicente Basterra es a la investigación detallada y concisa de cada cerro, de ese lugar encantado del valle de los Redondos, de la historia con mayúsculas de estos lugares... José Luis es la ambientación, la imagen que sólo necesita la complicidad y la visita de aquellos que nos siguen, aunque sea martes y 13.

De la sección del autor "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino el 31.05.08
Imagen: @José Luis Estalayo

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8 de octubre de 2013

Sin término medio

En agosto del año pasado se reparaba el puente de Polentinos. El puente fue contruído en 1940, al mismo tiempo que el embalse de Requejada, cuando quedaron sumergidos unos metros más abajo el pueblo de Villanueva de Vañes y la Venta de Santa Lucía, donde según la copla que se hizo popular por estos pagos, acudían las mocitas de la Castillería a rezar a la Virgen.



Polentinos es un pueblo que en los meses de verano, como el resto de los pueblos del contorno, se llena de veraneantes. La obra era necesaria y, aunque el tiempo de ejecución se fue demorando, por fin se le cambió la cara, reforzando su estructura y dotando al conjunto de un sistema de drenaje para evitar la acumulación de nieve y mejorar la visibilidad al sustituir los pretiles de ladrillo por una barandilla de metal.

Hasta aquí, todo normal, salvadas las molestias que toda obra origina y teniendo en cuenta la época de mayor trasiego. Para darle paso a quienes allí moran o descansan, las autoridades habilitaron un desvío provisional por la Abadía de Lebanza. Dado que fue un verano de tormentas y lluvias torrenciales, aquel camino que, habitualmente, te introduce en el monte y te enseña el Carazo por un lado, hacia otro el Peñalabra y, a intervalos, asomando las crestas de nuestro Curavacas; un camino que, de excursión es como una profunda introducción a los anales de esta tierra, en esas circunstancias se convirtió en un valle de lágrimas por el barro acumulado y las dificultades añadidas en un camino provisional de tierra y grava.

 La cosa no tendría otro interés que el de un simple desvío, si no fuera por la historia que se difundió luego y en la que estaban involucrados los ecologistas, quienes trataron por todos los medios, y al final consiguieron, impedir que se levantara un puente provisional unos metros más arriba, labor de la que se encargaría un destacamente del ejército.

Ya es de dominio público. Quienes se afanan por transmitir las disciplinas de esto que llaman ciencia, aunque en clara minoría, tienen poder para explorar y, en su caso, impedir que una obra pueda dañar las acequias de un río.
No aportan una solución alternativa.

¿Qué ocurrirá –nos preguntamos– el día que deban hacer lo mismo con el puente de Vañes, una vía principal que comunica Potes con Cervera?

Los mismos que mostraron su oposición a levantar un puente provisional, se oponen al trazado de la carretera que comunica La Castillería con Barruelo, una obra sobre la que ya ha realizado un estudio previo la Diputación de Palencia.

Es importante que se tengan en consideración todas las manifestaciones. Las de los ecólogos también. 

Lo de la prioridad ya es otra cosa. 

A los que viven aquí les van a decir cómo se cuidan las plantas o cómo se arreglan los caminos. Y no estamos hablando ya de unas obras de gran envergadura. Hablamos de una solución puntual para comunicar un pueblo o del asfaltado de un camino ya hecho, lo que no implicará grandes movimientos de terreno y, fastidia que sin consultarle a quienes viven allí, se decida dar prioridad a lo argumentado por una asociación que como tantas otras sigue sin ver y considerar en su justo punto a las personas.

Que es muy bonito exhibir un talante de admiración hacia las flores y los campos. Que hasta los más indisciplinados llevan algo en sus venas de disposición  a levantar lo que se cae; Que hasta quienes reprochamos su presencia en todos los lugares, sentimos un poco de envidia por ese humo que levantan sus críticas, pero la victoria, como bien asumió uno de ellos en la prensa, ha de ser algo secundario.

¿Significa que quien no lleva un carnet en su cartera, está a favor de la voladura de todos los puentes? ¿qué todos los que viven aquí aman menos que ellos esta tierra porque hayan decidido aprovecharse de las nuevas técnicas para restaurar una propiedad en ruínas o limpiar un camino cerrado por la maleza?

¿Y qué es lo que proponen o lo que muestran en su cartas para que la mayor parte de la sociedad esté en su contra?

No es cuestión de satisfacer la curiosidad. Es cuestión de aprovechar las nuevas tecnologías para que no falte lo necesario. ¿A quién sino a los propios habitantes les va a interesar conservar con ciertas garantías y decoro el medio en el que viven, el medio que sus antepasados les legaron, el medio del que todo el mundo habla como uno de los espacios mejor conservados de Europa?

De la sección del autor "Fuente Cobre", en Diario Palentino
Imagen: @Toño Gutiérrez

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7 de noviembre de 1998

Lamento final: un hospital

  • Recuerdo de lo que pudo ser y no fue


Desmenuzo la noticia en la novena planta del Hospital Río Carrión, donde la autora de mis días mantiene una batalla contra el Parkinson. Es una lucha sin cuartel. El cuerpo camina como una locomotora desgastada, brotan movimientos incontrolados que le llevan a adoptar las posturas más extrañas, como si estuviera a punto de desmembrarse; cuándo encogida, cuándo estirada hasta extremos sorprendentes; a ratos, bloqueada por completo, asombrando a propios y extraños, no sólo por los ademanes que la mueven de manera involuntaria, sino también, por la forma valiente y digna de encarar una enfermedad que vive pegada a su cuerpo desde hace ya ventidós años y que progresivamente ha ido avanzando. Son muchos días. Han sido muchas horas de sufrimiento y de preguntas que ella ha querido dejarnos como testimonio y de las que hablaré algún día largo y tendido.

Vuelvo a sacar retazos de mi vida privada, perdóneme el lector. Ya sé que el sufrimiento a nadie le es ajeno. A todos nos llega más tarde o más temprano; a todos nos roza ese momento en el que, por arte de magia equivocada, pasamos de la máxima dicha a la más terrible de las tormentas. Somos almas de paso. Hay muchos puentes dolorosos que pasar, y hay que pasarlos.

Además, la última semana de octubre fue una semana triste, y la noticia que aseguraba la construcción de un hospital en el norte de la provincia, se vio empañada por el eco de una despedida en Cervera, la de Ramón, “pescanu”, de mi edad, de mi vieja cuadrilla; la de Paco, la de Juez, la de Estéban y tantos otros. “¡Dichosos los que dudan de la muerte teniendo Paraíso!”. Qué bien encajan aquí los versos del poeta granadino y qué recursos tan manidos nos acechan cuando llega el último lamento por alguien.

Además de la risa y el meneo inconsciente de Josefa, ante mis ojos, en la repisa de la ventana se han depositado varios periódicos en los que se debate la necesidad de un centro hospitalario en Cervera de Pisuerga.

Me temo que se avecina un juicio salomónico. No entiendo algunas posturas. Algunas historias se me escapan. Estamos llegando al último minuto del partido con ventaja. Estamos llegando al último año de este siglo y milenio con un proyecto increíble ya resuelto, al que mucha gente se aferró con todos los sentidos.

No sabemos si fue cosa de un hombre solo, que en su lugar de mando se levantó un día sonámbulo perdido y lanzó a los cuatro vientos el fin último.

No entendemos a qué demonios juegan los políticos, ni quién pincha a los ciudadanos para invitarlos a un enfrentamiento.

Eramos pocos y estalló la guerra. Eramos viejos y nos pierde la memoria histórica. De un conformismo plano, hemos pasado a un levantamiento en toda regla. Y ni las palabras más precisas conseguirán cambiarlo.

Vuelvo mis ojos a la madre patria, miro a la madre/madre, que me mira como esperando una solución para su enfermedad que nadie encuentra.

Amanece en Palencia.Me asomo a la ventana. Puede que al final se abra una puerta y nadie eche en saco roto lo que vivió, lo que soñaba, lo que puede devolver el esplendor y la esperanza a la montaña.


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27 de julio de 1997

Cien pueblos



Con las labores de la siega, el acarreo y la trilla, estos pueblos de montaña despedían los meses de verano. Ahora, veinte años más tarde, el trillo, la veldadora, los garios y, todos los aperos que ayer se utilizaban para poner la cosecha a buen recaudo, se pudren en las tenadas o, parcialmente rescatados, se lucen en los museos.


Más o menos, cien pueblos, que en el transcurso de un siglo han tocado las más altas cotas de progreso y se han hundido al mismo tiempo con él, porque nuestra gente se fue al despuntar del mismo en busca de otros horizontes.

Ciertamente, además de la historia y el valor de cuantos se fueron, porque tras ellos dejaban media vida, una familia, un pueblo, sorprende el tesón y la fe de cuantos se quedaron. Hoy a nadie le disgusta un pueblo limpio, una casa pintada, una pared bien compuesta y un huerto bien cuidado. Si además de esto, la casa temporalmente so abre y un perro ladra en la tenada, y varios niños juegan en la plaza, intercambiándose entre ellos un poco de las dos culturas y siempre aprendiendo cosas nuevas de ambas, ese singular hecho se mantiene como un claro manifiesto dé esperanza.

Pero a nadie que entienda un poco, se le oculta la cruda realidad. La historia que aprendimos los nativos, reciclada una y otra vez , no ha perdido ese estigma que la hace tan especial para nosotros y que enamora al forastero.

Todo eso es verdad, ya lo sabemos, peró la realidad es otra cosa bien distinta. El dramatismo y la agresividad que impregnaron el ojo avizor del viejó cronista quedan detrás de ese gran fuego, cómo una mancha siempre, como un soplo; los habitantes podrán desarrollar su vida normalmente, sin olvidar nunca que la distancia es una señal inamovible de peligro, que el Parque Natural es un doble juego de los potentados: se acuerdan de la Tierra y le ponen candado.

Cien pueblos, en fin, venerados, absortos, descritos de cien formas, que tratan de ganarle tierra al olvido poniendo en la balanza un equipaje tentador: su gente, su enclave, su leyenda. La situación geográfica les hace distintos y la leyenda les mantiene en una especie de suspense. Quienes viven aquí son conscientes del sacrificio al que se exponen y el tiempo se encarga de ir limando todas las asperezas.

Pero, podemos pedir más: a los gobiernos, a los medios de comunicación, a los turistas. Por una serie compleja de leyes y atributos, les corresponde a los gobernantes decidir el reparto de bienes y de ellos depende un asunto que es clave: las vías de comunicación. Los medios hablados y escritos son el parte vivo, la memoria, cuentan la historia, mueven las piezas necesarias para que nadie se duerma en los laureles y, finalmente, los turistas disfrutan y publicitan lo que han visto cuando vuelven a sus lugares de residencia.

Arrastramos un poco de ese dramatismo y agresividad que los viejos cronistas advirtieron. Hay en el fuero interno de los propios habitantes, opiniones encontradas en cuanto a la conveniencia de promocionar el turismo en esta tierra, poro no so puede ni se debe luchar contra el proyecto maravilloso de demostrar a la gente que la montaña palentina es uno de los paraísos más bonitos del mundo.

La gran mayoría de los que ocasionalmente llegan a estos puertos, suelen regresar a sus casas con una opinión, en general, satisfactoria: los habitantes, el arte, la comida, el paisaje..., todos ellos se funden y se complementa- Al visitar una casa rural encontré en las habitaciones un sencillo bloc de notas, donde los viajeros manifestaban las impresiones recibidas, y prometían volver al mismo lugar el año próximo. En cierta ocasión, alguien a rni lado exclamó: "¡Si esto lo cogieran los catalanes!". Y algo parecido he leído después en este mismo diario a compañeros que firman en las primeras páginas. Seamos honestos: de una pequeña tierra no se pueden esperar grandes prolegómenos, y no es el problema la belleza que en su conjunto aflora, sino las dificultades que en todos los caminos se nos cruzan y que muy poca gente entiende o capta.

"El Monje de Arlanza", citado por Víctor de la Serna en la ruta de los foramontanos, reconocía ya las duras condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los habitantes de estas tierras, y el mismo escritor, al comienzo do "Castilla Navegada", habla de una Palencia dramática, despiadada, agresiva. Cuando el viajero se adentra por vez primera en estos pagos, llega a poner en duda la existencia de unos pueblos que, encajonados en los valles, o asentados en las laderas, han permanecidos ignorados sistemáticamente por todos los gobiernos. Los escritores, al relatar su viaje por las entrañas de esta tierra, tienden a idealizarla, olvidando ese dramatismo que sólo el viejo crítico captó y contó. En torno a estos cien pueblos se mueve un mundo mágico, donde so hace puente la leyenda y el río se hace camino. El verano le tiende un lazo inmenso al emigrante, se hinchan los pueblos, la fiesta en la campera te abre la puerta del recuerdo, y todo es armonía, y todo es fuego. Entonces es normal que, quienes vienen y asisten a tales manifiestos, se prometan volver pronto, unidos sentimentalmente a estos lugares por una especie de encantamiento.

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22 de julio de 1997

La balada de los poderosos



Alfonso Pascal Ros, poeta navarro, de Barañain, a quien encontré por primera vez en un suplemento cultural del diario madrileño ABC, cita mi nombre en el prólogo de la revista "Archione", (Madrid, 1994) –dirigida por Gonzálo de Luis–, entre media docena de personas. “Si uno no consigue hacer amigos, ayudar aunque sólo sea en sus reducidísimas posibilidades y amar a los demás, para qué sirve su obra. El gigante egoísta –añade– no fue feliz por completo hasta que los niños volvieron a jugar en su jardín”. “La casa del amigo es un refugio contra el mundo de las bocinas y del trepa, un Amazonas que se defiende de las palas y la especulación. Yo sé que hay muchas casas como esta, y son las que a mí me gustan.”


Sirve este comentario de mi buen amigo para abrir el artículo de hoy, porque muchas son las pautas que en aquellas líneas suyas vienen dadas, de manera que sirven para justificar nuestro propio trabajo.

La vida está llena de mentiras y, es posible, algún día lo sabremos, que nuestra Tierra a partir de ahora esté sujeta a la especulación de la que viene hablando Alfonso.

Aquí, como en otros lugares, hay dos opciones claras: aceptar el turismo, con todas las consecuencias que de ello se deriven (buenas y malas), o aceptar el declive, la vejez y la muerte paulatina de un pueblo. Vistas así las cosas, se ha optado claramente por la primera. En realidad, nosotros no hemos hecho nada extraordinario, salvo abrir la puerta de la casa y reafirmar una vez más nuestra presencia. Ahora bien, cuando asomaron sus narices los que mandan y empezaron a planificar historias de futuro, se nos vino abajo el planteamiento, hallando incompatibles sus manifiestos con muchos de los trabajos que aquí se venían desarrollando.

Puede que el papel sensibilizador que llevan a cabo algunas Asociaciones, como la Fundación Oso Pardo, premio Castilla y León de la Naturaleza, 1996, sirva de atenuante o advertencia para esa minoría cuya ley siempre parece ser la del más fuerte, pero más allá de reprocharles nada y, sabiendo la teoría de la suerte que a todos los premiados acompaña, cualquier pobre ayuntamiento del norte provincial hubiera sido un receptor dignísimo, porque ya que hablaron del oso, su vida se debe en buena parte –salvo aisladas excepciones– a ellos mismos, que respetaron su camino.

Y es este un manifiesto muy curioso. Se alía la Administración, que otorga el premio, con la Fundación que lo recibe, a los cuatro años de su existencia. Se alían dos armas poderosas: los que llevan el peso de todas las cosas, quienes otorgan o desaprueban por leyes no siempre justas y acordes al lugar y al momento y, quienes sólo tienen ojos para la Naturaleza, para la vida que se mueve más allá de los hombres y los pueblos. Hay como un acuerdo simpático: se premia porque se espera a cambio una voz que se mueva en el entorno, que vigile, que denuncie, que en cierta manera venga “advirtiendo” al ciudadano.

Y opino, además, que se recoge dicho premio con regocijo –no por el valor material–, sino porque para ellos también la Administración implica un lazo y un mentor que atenderá sus quejas. Si mañana los gobernantes necesitan una voz que hable bien del Parque Natural, ellos serán su voz aquí, sólo por el amor que dicen tener hacia la tierra y hacia el animal y porque, fundamentalmente, la ley del Parque apoya de una forma incondicional lo que ellos dicen amar y defender por encima de todo: “el hábitat del oso pardo”.

En este sentido, yo creo que nos encontramos ante un abuso de poder, una fuerza que de nada le va a servir al ciudadano que aquí vive; muy al contrario, si durante años ha soportado estóicamente el silencio y el olvido de ambos, de la Administración y de los Ecologistas, ahora aquellos se harán con el poder votando y deshaciendo cualquier denuncia que no vaya a la par con sus anhelos. A la insalvable distancia se une la prepotencia de quienes nunca defenderían, por ejemplo, la escuela para un grupo de niños, o la consulta médica para un grupo de pueblos. Es decir, que no estamos en la época de las cavernas, ni de los esclavos, pero en un mundo muy superior venimos a ser el reemplazo de aquellos.

Es verdad que el camino que ahora hemos iniciado es el que nos lleva hacia el futuro, pero, visto lo visto, que nadie piense que vamos a estar a salvo de la especulación y del contrasentido. “Quienes hacen la ley, hacen la trampa” y en esa corta acepción se encierra un buen trecho de espinos, que nuestra gente tendrá que sortear con la voluntad que antes depositó para mantenerse y sobrevivir en el olvido más absoluto y más absurdo.

22.07.97 Vuelta a los origenes

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14 de julio de 1997

Hogar de oficios

Todos los artículos que vengo desgranando están confeccionados lejos de casa, en una ciudad llena de humo, por donde corre el metro más moderno del mundo.

 
Todo este movimiento que yo vivo casi como ustedes, a través del periódico, no me subyuga como pudiera hacerlo la casa donde nací tal día como hoy, hace 39 años. Es cierto que utilizo y comparto todos los servicios y adelantos que a empujones nos meten en ese siglo nuevo, en el que no pensaron ni los grandes genios de los ordenadores. Pero nada se puede comparar con este aliento que recibo del pueblo, con su escuela, con su iglesia, y ahora mismo con un movimiento de gentes que nunca antes alcanzó el norte de Palencia.

Vienen de todas partes buscando este silencio, huyendo de la prisa, bebiendo a grandes sorbos esa tranquilidad que mana de las calles, ese gesto contenido y tranquilo de sus gentes.

Como ellos vuelvo también al hogar de siempre, a la casa del abuelo paterno, camino de los montes, buscando las reservas necesarias para empezar en septiembre otro nuevo curso. Casi toda la montaña que vengo promoviendo con ahínco desde hace años, es un camino andado tiempo atrás, de niño, de joven, cuando los editores de este periódico ni siquiera me tenían en nómina. Aquellos caminos no han cambiado. Me lo dicen los pueblos que visito, me lo dicen aquellos que escribieron de la montaña, lógicamente , con menos motivación de la que a mí siempre me dieron estos lugares. Desde el hogar, sin guías ni mapas que valgan, los venero como los antiguos, proyectando sobre los renglones el flujo de cada estación.

Lo cierto es que, la casa que ahora me sirve de refugio, fue durante varias generaciones despensa de estos pueblos. Primero, una cantina y, después, una tienda de barrio donde se podía encontrar desde un clavo hasta un pimiento, desde una esponja hasta una pata de cordero. El matadero estaba al final de la calle y el único adelanto que se utilizaba cuando yo me limitaba a batir la sangre de los bichos en un cubo de cobre era una vieja trócola compuesta de dos piezas, con cuatro o cinco ranuras cada una, a través de las cuales se enroscaba un cordel. En otro anexo de la casa se encontraba el almacén de vinos. Vinos que nos servían los hermanos Escudero de Aguilar de Campóo. La fruta nos llegaba semanalmente desde Toro (Zamora) y competíamos en buena lid con Germán, que iba él a buscarlo directamente a las huertas de otros puntos de España, sirviéndolo después por los pueblos del Norte a un precio y con una calidad imposibles de igualar en esas condiciones. Elosúa, de León, y Spar, de Santander, entre otros, eran las casas comerciales que suministraban el resto de productos alimenticios.

En el verano, además de atender estos menesteres, se esquilaban las ovejas y, hace un par de años, al jubilarse el padre y dar de baja los negocios, tras una reforma de la casa para adaptarla lo más posible a una vivienda, encontré entre los papeles una carta de la “Casa Rodríguez”, de Valencia, (una cuchillería que había suministrado una revolucionaria máquina). Con ella se respondía a alguna misiva de mi familia en la que, posiblemente, se sugería la devolución del material y el abono del importe.

“Acabamos de recibir su carta –contestaban aquellos– y vemos que no han entendido el verdadero funcionamiento de la máquina. Se conoce que no es gente técnica en el esquilo”. Es curioso, porque—amén del mal gusto del comercial de aquella casa—, si después de atender todos los apartados que he mencionado, hubieran tenido que especializarse en el esquilo de oveja a máquina, probablemente se hubieran alargado los oficios, con lo cual yo no estaría ahora mismo entretenido en la confección de estos artículos.

La historia hizo que años después, en aquellos mismos almacenes se curasen las pieles o se alimentara una piara de cerdos en el mismo sitio donde hoy se curan los jamones.

Este hogar, donde tantos oficios se tocaron –si incluimos asimismo las artes culinarias de la abuela Ascención, los trabajos de entibador en la mina del abuelo Clementino, las vacas de la abuela Lorenza, la panadería del tío Agustín, el curtido de las pieles y algunas otras cosas que otro día les contaré–, hicieron que aprendiese un poco de cada cosa. También el refranero aquí fue justo, porque el dinero no abundó en esta casa, si bien es verdad que nunca faltó un plato de legumbre.

En la ciudad, la casa es un hueco dentro de otro hueco. Aquí, la casa mira al norte, esta viva, nos sumerge, nos inspira, nos envuelve… Aquí, la casa es una especie de milagro que de golpe nos devuelve la memoria de tanta y tanta gente.


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15 de junio de 1997

Los caminos de la montaña

Los caminos de la montaña, como los del Señor, son inescrutables. Te llevan por lugares que nunca pisaste a la cima de las más altas cúspides. Una de las visiones más increíbles la tuve en la Sierra de Brañosera, por encima del refugio “muerto” del Golobar.

 

Hacia un lado, la cuenca minera, como valle encantado: “luz de Madrid” –dijeron los cronistas de la época–. Hacia otro lado, como eslabón de una cadena interminable, un montón de montañas que escalonadamente te van alejando de la tierra: Sestil, Cueto Mañin, el Cuchillón, Pico Tres Mares y Peñalabra”. Muchos de ellos sé que existen, que están allí enclavados, los reconozco cuando me los nombran; los viejos del lugar me los señalan, pero lejos de este contorno a más de uno no acertaría a situarlos sin un buen mapa delante de los ojos.

Hace ya algunos años, por la puerta de Herreruela de Castillería llegamos a la Cueva del Cobre, después de atravesar los lugares del Cuadro y la Centella, donde compartimos café con los pastores extremeños. Lugares de Sotosorrocedo, el Desanche y las Babosas; las Adras, Campullao; en Celada, la garganta de las traviesas y Tejedo en terrenos de Redondo. A medida que asciendes, tal y como el gran angular de una buena cámara, la imagen se hace enorme y al asomarte al puerto de Corisa recoges también elementos de agua: las colas del Pantano de Requejada, el Pantano de Aguilar de Campóo y el extenso bosque de la Castillería con sus pequeños pueblos que aparecen y desaparecen a gusto del caminante. Sobre la cima del Cueto, a contraluz, vacas y terneros pastan asomados al valle de Mudá.

Pues bien, si aquel camino era ya una postal emocionante, si aquél paraje te llenaba de fuerza y a trozos se te iba desbordando el alma, la visión de la tierra palentina desde aquellos lugares de La Braña, es una expresión máxima que nunca acertaría a definir con precisión en estas líneas.

No se puede pedir más perfección. Si quienes viviendo en la montaña, desconocen la impresión que se recibe asomándose a los valles y a los pueblos desde una de las cimas más altas de la provincia, nunca describirán de la misma forma los sonidos y la historia del pueblo. Ocurre algo parecido en Vidrieros. Esa misma leyenda que habla de un monstruo enorme es una alegoría que trata de hacernos comprender la grandeza del lugar a través de una fiera que no existe. Porque, de otro modo, ¿es posible imaginarse encanto mayor que, en medio de uno de nuestros mayores símbolos –como es el Curavacas–, surga un lago? ¿No es digno de mencionarse un mirador como Peña Tremaya, desde donde se divisan pueblos como Areños, Los Llazos, San Salvador, Tremaya, Redondo, Urbaneja, la Abadía y el Campo? Y apurándome un poco, sin hacer demasiados esfuerzos, aquellos que viajan a Potes y se detienen a estirar las piernas en el Collado de Piedrasluengas, un día claro, asistirán a un magnífico espectáculo: el valle de Liébana y los Picos de Europa.

Desde Polentinos o Resoba, los caminos te llevan hacia el pasado más reciente de estos lugares, recorridos antaño por carreteros y feriantes y, la belleza se manifiesta a cada paso, en cada pueblo. Cada parada va llena de un halo misterioso que impregnará los huesos del viajero hasta absorverlo por completo. De igual forma que Gabriel García Márquez asegura no idealizar Aracataca, su pueblo natal, y viaja con nitidez por la tierra de sus antepasados, yo vuelvo los ojos a los míos, hurgando con la paleta del recuerdo en esa especie de brasa que, movida por tanta gente, ha devuelto una luz de esperanza a tantos pequeños y acogedores pueblos de la montaña palentina.

Como emigrante tengo la impresión de haber perdido una batalla: la vuelta a tu lugar de origen es cada día más imposible, porque son muchas y a veces insalvables las cosas que te atan a tu lugar de residencia.

Como nativo de esta tierra, me aferro a la ilusión, invoco al sueño, paseo diariamente por los caminos que recorrí de niño. Soy consciente de que, a pesar de haber andado tanto, quedan paradas de belleza increíble a las que no me condujeron ni la publicidad ni las buenas gentes que aquí moran. Sencillamente porque, quienes hacen la publicidad no saben lo que significa vivir aquí trescientos sesenta días al año y, para quienes viven aquí, este paraíso sigue siendo el camino más natural del mundo.

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1 de junio de 1997

La Cantabria leonesa



José María Villanueva Lázaro, leonés de 75 años, licenciado en Farmacia y colaborador del “Diario de León”, firma en Llanavés de la Reina, el 25 de Julio de 1989, un libro extenso que abarcando toda la zona de la montaña palentina, ayudado de una numerosa bibliografía, viene a englobarla dentro de la Cantabria leonesa.


En principio, nadie puede adentrarse en este volumen sin guía, porque se perdería a la primera de cambio en un libro que con 300 páginas, en letra diminuta, se acude constantemente a la obra tan extensa y tan distinta de autores de todas las épocas. Así vemos, por ejemplo, que entre casi un centenar de autores consultados aparecen los estudios de Julio Caro Baroja, Cayetano Enriquez de Salamanca, Eutimio Martino, Victor de la Serna, Claudio Sánchez Albornoz, Justiniano Rodríguez, Luis Pastrana, Ramón Menéndez Pidal, Miguel Angel García-Guinea, José Mª.Merino y Pedro Aguado Bleye. Después de un extenso capítulo en el que se manifiesta la geografía de la Cantabria, incluyendo en esta a Triollo y Fuentes Carrionas en general, junto a municipios leoneses como Cistierna, Puente Almuey y Prioro, se introduce en la prehistoria, presentándonos tipo de vida, religión, costumbres, casas primitivas y rasgos que claramente nos identifican con los primeros pobladores.

Como es lógico, por su procedencia, el autor se extiende mucho y avanza en la historia y prehistoria de León y sus pueblos, tomándonos como parte de aquella hasta el año 1833, cuando se lleva a cabo la división provincial de las tierras montañosas de Palencia, denominadas por su situación y morfología “Altos Valles Palentinos”.
“La Diputación provincial –dice, y a mí me gustaría pensar lo mismo–pone gran empeño y cariño en revalorizar esta privilegiada zona, levantando albergues y refugios en el corazón del coto, cerca de Lores”.
Si en todas las culturas hay una lógica búsqueda de identidad, el autor de este estudio nos desvela que, los romanos, conquistada Cantabria, imprimen en el pueblo dominado su carácter superior. También juega un papel decisivo el Conde gobernante Nuño Núñez, cuando en el 824, a través del documento conocido como “La Carta Magna”, manda repoblar todos los lugares de Brañosera, próximos estos pagos a una calzada que frecuentan gentes de Asturias y Cabuérniga (Cantabria).

Más allá de la exhaustiva búsqueda de la que somos objeto por investigadores de prestigio, para nosotros un hecho es evidente: la descendencia asturiana de algunos de nuestros actuales vecinos, que quizá tenga algo que ver también con ese camino que se menciona en el documento más antiguo que de esta índole encontramos en España y, la dependencia Cántabra en aspectos y hábitos que ya hemos mencionado en otras ocasiones. Yo creo que lo que unos y otros investigadores discuten –sobre todo en la extensa obra de García Guinea– es que se llevara a cabo la repoblación en lugares tan inhóspitos, habiendo otros más factibles para vivir y no por ello peor defendidos.

Al introducirse en la Cantabria Mozárabe, José María Merino recuerda que en el año 911, Ordoño II de León concede a Santa María de León los términos de Dueñas, Saldaña, Carrión, Cervera y Liébana, además de otras poblaciones, todos ellos comprendidos entre los puertos de Liébana y Astorga.

Para Laureano Pérez Mier, otro estudioso y amante de la Tierra (“Día de Palencia”, 1935) “acaso no resulte infundado suponer que la división de los montes y de las aguas entre Brañosera y Pernía, marcaban la frontera primitiva del Condado de Castilla con el reino de León.”

Matías Barrio y Mier –a quién curiosamente no menciona– ya hablaba en una de sus leyendas (luego tratadas en un pequeño libro por Antonio González Lamadrid), del Conde de Saldaña García Gómez, de quien dependía la Liébana , entonces región leonesa.

Pese a la extensa bibliografía que se maneja, descifrar con precisión cada historia es un martirio, incluso para el lector más avispado, que cuando menos espera encontrar allí su procedencia.

Es verdad que, ha sido tanta la riqueza, ha sido tal el movimiento generado en estos puertos, han sido tan ricas y abundantes las costumbres que, asomados a la historia más ancestral, si alguien propusiera un estudio riguroso, delimitando cada siglo, estudiando cada concepto, cada gobernante, cada villa; buscando el detalle y la precisión de cada cosa, nosotros mismos seríamos los primeros sorprendidos, como ahora ya lo estamos, por la historia tan abundante que se ha generado a través de los siglos en el interior de nuestra Tierra.

Si asomarse a los libros de Gonzálo Alcalde Crespo es un regalo para la memoria más reciente, para muchas historias que con debilidad siguen latiendo, echar la vista a los siglos de atrás sería un revulsivo para mucha gente, al saber que –según el estudio de este leonés–, remitiéndose a una cita del propio Caro Baroja, en todo el sector cantábrico, desde el Pirineo hasta Galicia se habló antes de la romanización una sola lengua, o dialecto de una lengua que sería el euskera.

Como está empezando a apasionarme la subyugante vida que llevó esta Tierra, es por ello que prometo seguir próximamente descifrando este y otros libros que hablan de ella.

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18 de mayo de 1997

En el nombre del hombre

Dejando atrás el valle de Pesaguero se entra en Palencia. Piedrasluengas, que con el río bullón aporta también su baño verde al valle cántabro hasta llegar al Deva, es otro de los lugares palentinos más característicos, donde la montaña alcanza una expresión difícil de conjugar en estas entregas.




La Vega de Liébana, donde los estrategas cuentan siete valles enlazados en un círculo, con un diámetro de entre veinte y treinta kilómetros, a los pies de la montaña palentina, ha logrado en los últimos años una afluencia turística que hoy desbordaría a los viejos cronistas. Jesús Torbado, en un especial para la revista “Tribuna” citaba las palabras que hace veinte años escribiera Ridruejo, refiriéndose a la riqueza y a la miseria de este hermoso rincón de la vecina Cantabria: “conocer los más diversos cultivos y no tener bastante de ninguno”.

Nuestro sino corre a la par. Nuestro destino parece conducirse, primero, hacia el conocimiento y, después, hacia la expansión de unos pueblos cuyas gentes han procurado mantenerlos vivos. Esta es una de las reflexiones que más se echan en falta en todos los ámbitos, cuando por alguna razón se nos enjuicia sin considerar seriamente la gran realidad que late dentro: el hombre. Quienes defienden la Naturaleza se inclinan demasiado hacia la defensa de todos los géneros vivos, incluyendo los montes y las plantas, obviando siempre o casi siempre al ser humano.

La administración, que a toda costa pretende la denominación para todo el contorno de Parque Natural, incluso antes de que se apruebe, con promesas de futuro y subvenciones de calado por parte de alguno de sus representantes, olvida al dictar dicho preámbulo que la Tierra que ellos ofrecen, que la Tierra en la que ellos invierten la firma de la Junta, ha sido mantenida durante generaciones por los antepasados de quienes hoy esperan una ley, que les diga si lo que están haciendo por sentido común está bien o está mal, hasta dónde pueden llegar con sus ganados, qué les está permitido contemplar a los turistas.

Un ex–empresario del carbón me detiene en Cervera, me invita a pasar a su casa y me incita con palabras amables a escribir algo en favor de la Central de Biomasa que se pretende para Salinas de Pisuerga. Sus palabras, más o menos, vienen a resumirse en estas líneas: “Tú que escribes a menudo en la prensa, por qué no haces un comentario favorable de la Central de Salinas de Pisuerga”. “En el centro de muchas ciudades europeas –me cita Alemania– hay centrales similares y no ha pasado nada, y no se ha armado nunca la gresca que se ha armado aquí”. Al final del encuentro, aunque insiste que a él ya no le implica directamente lo que vaya a hacerse, le parece un error que estando donde estamos, se quieran instalar unos hornos de gas-oil.

Resulta que nuestro hombre –vinculado ideológicamente al PP–, baja en su día a Palencia y les pide apoyo a los máximos representantes de este partido. “Estamos en tiempo de elecciones –le responden entonces– y tal y como están las cosas, si nos mostramos muy abiertamente a favor del proyecto, se pueden perder votos. Cuando pase la campaña, lo estudiaremos –le prometen–. Ante la confusión reinante se nos antojan las preguntas: ¿Qué buscan los empresarios que dicen que no es malo?,¿Qué temen los políticos si, como aseguran, no va a tener impacto negativo?, ¿Por qué hay personas que lo asocian con una futura incineradora de restos humanos?, ¿Qué buscan los ecologistas que vienen desde tan lejos a oponerse…?

Un fenómeno muy similar , donde afloran siempre un montón de intereses, se suscita en torno a la mini-central de Cardaño. Un ganadero de Alba me cuenta cómo la férrea oposición que parece asociada a este proyecto, se rompe un día, cuando escucha en la radio que no lo aprueban pero que están dispuestos a dejar que lo hagan si les dan a cambio una importante cantidad de dinero.

Aquí, como en todos los conflictos, hay muchas opiniones en contra y a favor, hay muchos intereses creados; gentes que todo lo ven “da buten” con tal de obtener un pase en el proyecto, una venta de mineral, unos votos para el partido…

Algunos se oponen radicalmente a este y a otros proyectos, fijando la vista en el entorno. Y es curioso, casi todos ellos ignoran al hombre. Los habitantes aparecen en la distancia como un número. Nadie sabe dónde ponerlos, nadie habla de consultarlos cuando se está planificando un Parque. Lo único que sabemos es que viven en un entorno natural –se piensa siempre que privilegiado–, en un entorno de especies animales protegidas, en una punta de Palencia cuya frontera se inicia en un puerto llamado Piedrasluengas.


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20 de abril de 1997

Lugares de la montaña

Hace unos meses, en la Venta de Urbaneja, coincidí en casa de unos familiares de mi esposa con los responsables de Adempa. La venta estaba llena de visitantes, este es un hábito envidiable heredado de quienes desde primeros de siglo adquirieron el edificio, manteniendo vivo el noble lema que guió a los venteros de la zona: acoger a los caminantes, rociarlos de buen vino, haciendo olvidar por unos momentos a quienes allá se detienen, las penas y presagios que a todos los humanos nos entrega de cuando en cuando el mundo.

 

La fotógrafa Piedad Isla inmortalizó el lugar en verano y en invierno, contemplándose al fondo de corrales y viviendas “Peña Tremaya”, muy cerca de las aguas cristalinas del Pisuerga, muy próximo al molino de Sopeña, donde un bohemio alienta todavía a los pies de esta mole de leyenda.

En la parte vieja del piso superior, mirando a Cantamuga, seguramente que pasó muchas tardes de evocación Aquilina de la Hera, cuyos padres regentaron la Venta de Santa Lucía, en Vañes, anegada después por el pantano Requejada. De allí bajaron a Cervera de Pisuerga e hicieron del restaurante “El Resbalón” una de las mejores cartas de presentación de la villa.

Esta Tierra, en la que todavía laten esos enigmas viejos, de la que pende un poso histórico del que nunca se ha hablado, tiene rincones de silencio tan preciosos, que sólo quienes hemos vivido en contacto con ella, podemos hablar de ella con esa profundidad en la que tanta gente que apenas nos conoce de paso o de lectura no creyó.

Mi evocación de este lugar se remonta a la niñez, cuando el abuelo Clementino uncía las vacas, echaba la cuba al carro, me izaba sobre el pescante y con una vara de avellano cruzada sobre los hombros, caminando delante, me llevaba a por vino a la Venta de Urbaneja. Aquella era una estación llena de gentes que venían desde los más alejados pueblos, primero a por el vino que se traía de León, Valladolid y Palencia; después a por el vino que resultaba de la mezcla con los vinos de Almorox, lugares de “El Tiemblo”, San Martín de Valdeiglesias o Cadalso de los Vidrios, pueblos situados a la altura de la montaña, vinos gaseosos riquísimos que se convierten en “aguja” al mezclarlos con los vinos de nuestra zona, que tienen una acidez fija.

Hoy he vuelto a la Venta. Entre los visitantes ya digo que se encontraba gente que hoy se afana en promocionar la historia de la montaña. Gentes que han venido de lejos, que han dejado el oficio de la ciudad, que saben que el futuro no se gana con nuestro recuerdo, sino con nuestra presencia. Entonces, en medio de la conversación, una frase me dejó pensativo: “Queremos potenciar la imagen de esta Tierra bajo un único lema: “La montaña palentina”. Es decir, que quedan obsoletos otros términos como “el norte palentino”.

Y sí, he de confesar que tiene su importancia el lema. Algunas personas se compran un libro porque el título les ha parecido sugestivo. Mucha gente alquila una película porque la fotografía de la portada les ha impactado. Después, el interior es otra cosa.

La montaña palentina, vista hoy desde este marco entrañable de la “Venta”, conserva ese sabor especial de las antiguas piedras. Acaso no lo diga todo el nombre, pero la gente viene, la gente vuelve, la gente empieza a conocerla y como el vino que antaño los venteros mezclaban para darlo fuerza, así también se mezclan nuestras gentes con las gentes de fuera y sin miedo al futuro que presagian los libros, juntos recorren las entrañas de esta divina Tierra.

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23 de marzo de 1997

Redondo, de Grimaldi

A finales del siglo XVIII nacen en Santa María de Redondo los tatarabuelos del Príncipe de Mónaco. La casa solariega de Gregorio de Mier y Terán (1796) y Mariana de Celis y Dosal (1790), y toda la historia que rodea y envuelve a la familia aparecen en la revista “Hola”, con motivo de los 700 años del reinado de la dinastía de los Grimaldi.



 

Camino de la Cueva Cobre, Cuelvalcobre –para otros eruditos e investigadores Coble, del adjetivo cobleciense– se encuentra este pequeño pueblo, tocando ya las faldas de Tres Mares. Ya en 1988, en un artículo publicado en prensa, mencionaba –refiriéndome a este hecho en concreto– “desde la Cuna de los Príncipes a Riaño”, valorando entonces y en secreto la información de un afamado periodista de la prensa del corazón que habìa investigado la rama paterna de Rainiero de Mònaco. En 1993, dos periodistas “ambulantes” de “El Norte de Castilla”, al hacer su recorrido desde San Salvador a Santa María de Redondo, vuelven a mencionarlo, al decir de los escudos de las casas “que hablan de tiempos de señores y feudos, de grandezas y de linajes que, aunque parezca mentira, entroncan con la actual casa principesca de Mónaco”. Me refiero a Javier Prieto y a Pablo Genovés y a su aventura mágica por el Pisuerga.

Debo insistir en esto: para mí, romántico trasnochado, tiene más transcendencia el humo de una chimenea cuando amanece, que todos los escudos y linajes que penden de las que están cerradas.

La vida está llena de casualidades, pequeñas anécdotas que se van enlazando, hazañas y aventuras que nos sacan del contexto natural y nos llevan, le llevan en este caso a presidir un principado, a un hombre que de otro modo hubiera sido uno más entre todos, en un pueblo que amanecía siempre con una furgoneta de mineros camino de “Montebismo”.

Es verdad que, en general, la gente de estas latitudes es muy agradecida y, pienso que se sentiría halagada si recibiera una señal de tan ilustres tipos, un reconocimiento a su pasado, cualquier minúsculo detalle, porque de momento sólo han hablado los Medios de Comunicación. Para compensar esa ausencia, o ese olvido, debemos remitirnos sin dudar un momento a las gentes más humildes que habitan estos lugares, forjados a la manera de los antiguos héroes, porque en condiciones tan adversas salieron adelante para dejarnos como legado esta franja tan valiosa de tierra.

Por aquellos días, en el programa de Tele-5 “Qué me dices”, donde se recrea la farándula, en una instantánea relacionada sin duda con este mismo tema, en la boca de una de las últimas minas del contorno, con su casco y la cara brillante de carbón, aparecía Vicente, el hijo de Carmen de Mier, el mismo que junto a su madre y envuelto en las esencias de una noticia que estaba recorriendo España, aparecía en otras revistas y periódicos.

Los Redondos, cuya belleza se traduce camino de la Sierra, quizá donde dejara escondida parte de su niñez el dibujante y humorista Peridis, vivió aquellos días la noticia de su segunda leyenda. La primera nace junto a Viarce –cuentan de un moro al que un día se le apareció una Virgen–, lo que de otra manera sirve para explicar el hecho certero de un manantial que hoy sigue vivo y, la segunda, que allí mismo, en una de aquellas humildes casas, nació el tatarabuelo de un hombre que rigió los destinos de un lejano y pequeño principado.

Esta Tierra, que a impulsos de un viento helado nos ha traído noticias de unas bellas princesas, como en los viejos cuentos, después de tanto manifiesto y un poso de silencio interno, se descubre que necesita el beso de un personaje de leyenda. Y es verdad que parece que pasamos por una época en la que prima más un príncipe que un tratado serio sobre el estado de las carreteras.

Lo que contaba el viejo al calor de la lumbre ha perdido colorido y sólo la historia lejana de un paisano que salió de su casa y casó bien, ha devuelto el interés hacia una Tierra por la que tanta y tan buena sangre corre.


Este artículo se publicó en "Diario Palentino" y "Norte de Castilla"
Para saber más:
"Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar, Editorial Aruz, Segunda Edición, Julio de 2009.
Imagen: News.bbc


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9 de marzo de 1997

Blandas promesas

Cuando Pablo Genovés y Javier Prieto llegaron en bicicleta al norte de Palencia, para poner sobre el tapete de la escuela a nuestra Tierra, no quise adentrarme en la lectura de su trabajo. Recordé las palabras de Tenesse Willians, famoso autor teatral, quien declaró en cierta ocasión a un periodista que no leía nada de teatro contemporáneo porque, una de dos, o eran obras malas y no valía la pena leerlas, o eran muy buenas y corría el riesgo de caer bajo su influencia.


En un principio las archivé como hago con tantas historias que se escriben sobre el norte de la provincia, para recrearme posteriormente con su lectura y recorrer la montaña bajo el influjo de tantos y tantos como hablaron de ella, despreciando las premisas de aquel autor famoso. Cierto es que, al contrario, después de haberme mostrado abiertamente a su favor, conocedor del contorno en el que vì la luz primera, he sido ignorado en todos los proyectos que los organismos y entidades palentinas han llevado a cabo. “Lo que tù escribes, además de polémico –me contestó en cierta ocasión un directivo–, es muy similar a lo que ya escribieron otros antes”. Y estas palabras debieran hacer reflexionar al crítico porque el hecho de que, sin haber leído a mis antepasados, piense lo mismo que ellos, mayor motivo debe ser para que quienes lo saben asimilen nuestro pensamiento y procedan en consecuencia a satisfacernos.

Porque mucho más que la rica historia en la que se fundamenta y crece, nos ha preocupado siempre la marginación en la que vive. Hombres y mujeres de diferente condición y tendencia han hecho oir su voz a través de Asociaciones, con protestas y proyectos, dependiendo del momento, todo en base a negar el progresivo debilitamiento del mundo rural.

No cabe duda que, en el caso de la Montaña Palentina, se han abierto en los últimos tiempos expectativas generosas con el Turismo, pero eso no es suficiente. Es necesario, yo diría que urgente, que los proyectos de infraestructura que ahora mismo se dilucidan, nos alcancen para que podamos hablar sin miedo de futuro.

En las últimas estadísticas vemos como el censo de Palencia ha seguido bajando y, las zonas más debilitadas, donde más se acusa la emigración, vuelven a ser los pueblos más alejados, (sirva el dato reciente del censo actual que presenta Barruelo de Santullán), cuestión que de olvidarse acabará con ellos a la vuelta de las próximas décadas.

Angel Capdevilla, al asumir el cargo de Gobernador Civil, en 1994, y en una entrevista realizada para un medio de comunicación, aseguraba convencido: “Palencia, dentro del conjunto de Castilla y León, es una provincia con un futuro muy esperanzador”.

Ahora bien –disculpando su reciente incorporación al cargo al hacer estas declaraciones–, yo me pregunto, ¿a qué Palencia se refería el mandatario?¿Hay dos Palencias?. Yo creo que no, pero se lo pregunto a quienes ostentan algún tipo de cargo, para que desmientan este perezoso pensamiento que hoy me guía.

La lejanía de quienes nos representan es aún mayor, si cabe, que la propia distancia que nos separa de la capital. Durante años, a nuestros gobernantes se les ha helado la miel de las promesas en la boca y sólo en actos muy contados y partidistas, han venido, han visto y se han vaciado de exclamaciones donde todo hablaba de caminos de rosas y proyectos fecundos.

Promesas que en raras ocasiones han cumplido, o que han cumplido cuando ya la piel de estos parajes estaba más que reseca y lacia. Por nuestra parte, nos hemos consolado como se han consolado los vecinos del norte de Burgos. Hace unos días, cuando la Cadena Ser llegó a San Salvador de Cantamuga preguntando por los inviernos, los que hablaron dijeron que estaban bien, que sólo habían estado cerrados unas horas, como olvidándose ya de los inviernos en los que pasamos diez días incomunicados, con el parto complicado de una mujer en Lores, salvada de milagro en las últimas horas, mientras las máquinas quitanieves se dirigían al Parador “Fuentes Carrionas” para dar paso a una comitiva que venía a celebrar la boda de la hija de un alto cargo. Y me extraña que no recuerden los inviernos que todavía hoy pasan algunas zonas cercanas a ellos, como la Castillería. Me repito en las historias poque ya me rebelé en su día contra las mentiras de aquellos que tanto te adulaban y que luego dejaban que te hundieras. Y eso también lo han olvidado algunos de mis paisanos, que se encuentran ante la disyuntiva de elegir dos caminos: que las autoridades locales y provinciales se hagan cargo de todo, incluso que cometan errores, pero que nadie les moleste o, hablar, patalear, quejarse con las pocas garantías que da el ser escuchado ante el escaso número de personas que están dispuestos a presionar para que se resuelvan algunos de esos viejos problemas.

Afortunadamente,quienes se van sumando a este último grupo, que cada día es mayor, entienden que su voz es importante y como consecuencia de ello actúan, realizando convocatorias, uniéndose Ayuntamientos, embarcándose en la Cooperativa que lleve lejos la carne de Cervera y su comarca, buscando una solución o una alternativa a la crisis de la minería; en definitiva, actuaciones todas ellas que vienen a desmentir ese individualismo con el que se nos identifica.Porque, si todas las historias que se cuentan , no llevan implícito el cumplimiento de tantas promesas como se nos dieron, de nada servirá mañana todo lo que con tanto esfuerzo nos legaron los hombres y mujeres de esta Tierra.


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23 de febrero de 1997

La sombra del censor

Durante estos meses de silencio, muchas veces he pensado en cerrar el cuaderno y así se lo he expuesto a quienes por una u otra razón esperaban mis comentarios. He de confesar –antes de entrar de lleno en esta nueva serie–, que la prensa palentina me ha dado una oportunidad que creo haber aprovechado correctamente, poniendo sobre el tapete historias de nuestra montaña.

De la serie "Vuelta a los Orígenes"


Por otro lado, cada vez que me siento ante el papel en blanco para tratar de poner en orden muchos de los mensajes recibidos, vuelvo a mi estado natural: me concentro, como los deportistas, me tranquilizo como el artista que, a medida que la obra avanza, se va metiendo en el papel, se va sintiendo más seguro; como el pintor al que encargan un cuadro con motivos que domina. Dejo el síndrome y vuelvo a ser yo mismo, buscando la manera más acertada de transmitirles tantas impresiones.

Ello es sencillo y divertido, porque a lomos del recuerdo te sumerges en el mundo de tu niñez, en la historia de tus mayores; recorres los caminos de siempre hallando en cada paso un nuevo estímulo, como una nueva fuente de inspiración. Este ejercicio, aunque se repita miles de veces a lo largo de tu vida, nunca te cansa. Es como asomarte a una ventana y contemplar tu sueño de siempre hecho realidad. “Aquí no hay nada” –insisten tus paisanos–. Pero tú, que vienes amedrantado por los tiros, oculto en una mascarilla por el humo, con el disfraz de mil discusiones en las que no pudiste tomar parte por miedo, tienes aquí todo lo que un ser humano necesita para valorarse y entenderse. Sólo cuando te adentras en el latido diario, te sacudes la idea de la belleza total, de lo absoluto, al darte de bruces en este marco de belleza infinita con los asuntos cotidianos que aquí les atan, que aquí les merman tanto.

De una tierra con dialecto de bombas, a la que te sientes ligado por la familia que ha nacido en ella, por los amigos, por las gentes de tantos pueblos españoles que amanecen con la confusión de no pertenecer a ningún sitio –hasta ese extremo posesivo que ellos piensan–, vuelves a encontrarte con tus propias raíces y encuentras una losa de hielo cada vez más grande, una distancia cada día más insalvable, un pueblo que nunca comprenderá lo suficiente el empeño de tus palabras. Aquí bulle un poco ese pensamiento incorregible de que te has ido y de que perteneces a otra historia, pero no es verdad y me preocupan esas mordazas que parecen ofrecerse gratuítas entre ellos y hacia nosotros.

Un miembro de la Asociación “Norte Palentino”, me contaba que el médico había dejado de hablarle de la noche a la mañana. Al parecer, el encargado de denunciar todos los asuntos relacionados con este tema en el Consejo de Salud, había censurado ciertas posturas en algunos casos muy concretos que ocurrrieron en la zona norte. Por alguna razón el informe había transcendido a la Prensa y el médico afectado les censuraba días más tarde: ¿por qué no me habéis dicho nada a mí de lo que íbais a poner en el periódico?

Hace un año, el secretario del Ayuntamiento de la Pernía me entregaba un sobre para que hiciese un comentario sobre la Feria de San Bernardo, y otro empleado que había dentro exclamaba: “Si escribe algo ése de la Feria, le denuncio”. Pues, he aquí que, estos casos de evidente desprecio son ceniza comparados con otros que recientemente me contaron. Ciertos representantes del Ayuntamiento de Guardo le sugirieron al corresponsal que antes de enviar sus escritos al periódico se lo pasaran a ellos para “corregirlo” y así evitar errores. “Ven más dos ojos que uno” –le dijeron–. Sucede que, entre tanta gente estupenda, siempre anidan mezquinos que enturbian todos los mensajes, que le dan la vuelta a todos los signos, que son capaces de quemar su propio nido para no dejar huella; espías de todos los partidos y, además, por su posición social privilegiada, por su dinero, temidos y respetados hasta después de muertos…

Pero no tendría sentido regresar a estas páginas obcecado en buscar una justificación o una respuesta a actuaciones que no la tienen.

Vengo para hablarles del corazón de aquellas otras que al alba se detienen junto al surco y avívan todos esos sentimientos dormidos durante nuestra ausencia.

Es verdad que son historias románticas, con un cierto poso de añoranza: ríos y arroyos cristalinos, verdes prados, veredas con olor a oso pardo, las eras donde se hacía la faena de la trilla en el verano, el campo blanco de rocío a la mañana, los frutos de la huerta, la memoria de la gente…

Esa es la Tierra que me espera. Esa es la Tierra a la que busco. Esa es una de las historias que merece la pena ser contada, que Palencia la mencione, que la provincia la conozca; que se conjugue la leyenda en la que un Conde, ciego de celos, encuentre la respuesta milagrosa de la Providencia.

El camino es muy largo y ha de recorrerse precavido, pero con pleno convencimiento, borrando poco a poco la sombra del censor que aún aflora a lo largo y ancho de nuestra montaña palentina.

© Froilán de Lózar – Diario Palentino 

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El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

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