CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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17 de febrero de 2017

Origen del Convento de Viarce


En la Aventura Política de Matías Barrio y Mier, un ensayo sobre nuestro ilustre paisano de Verdeña, publicado en 2008 por la Tello Téllez, hago un extenso recorrido por una de las leyendas con la que Matías da testimonio de estos lugares y sus gentes. Matías habla de cómo se le aparece la Virgen a este moro y le manda en penitencia que peregrine a Roma. Juan de la Peña toma el camino de Roma y allí visita las tumbas de San Pedro y San Pablo, los lugares que dan motivo a las leyendas.
Allí se convierte al cristianismo, influyendo en la decisión el fraile Álvaro Pelayo, natural de San Juan de Salnés, junto a la solariega villa de Cambados, en la actual provincia de Pontevedra y, por aquel entonces, diócesis de Compostela.

Juan XXII, de quien era confesor, le anima a fundar en Viarce un Convento. Allí vivieron seis u ocho frailes y hoy todavía puede verse la distribución: el altar mirando al este, por donde sale el sol; un pequeño claustro y las celdas. Sus moradores vivieron entregados a la oración, sin descuidar la visita a los pueblos del contorno, el cultivo de la huerta alrededor del monasterio, ayudando en los oficios a los sacerdotes de las parroquias vecinas. El diccionario de Sebastián de Miñano, escrito en 1826, aporta más información sobre el convento: “En su término está el convento de franciscanos de Corpus Christi, sobre la cima de un cerro y al pie de otro mayor... La casa e iglesia son bastante capaces, el número de religiosos es comúnmente de 4 a 6, con 2 legos. Regularmente van allí por penitencia o corrección. Es muy frío y lóbrego, y se intitula Ntra. Sra. De Biarce”.

Poco tiempo más duraría la actividad en el convento, ya que sus frailes fueron expulsados en 1836 por la famosa desamortización de Mendizábal. Según los apuntes manuscritos del perniano Antonio de Mier Vélez, el convento franciscano llamado del Corpus Christi que había en Santa María de Redondo fue suprimido y sus religiosos enviados a Reinosa; los legisladores del siglo XIX dirían que fue sometido a reforma porque no contaba con más de doce religiosos, pero la realidad es que quedó deshabitado obligadamente antes de la supresión general de 1835 que afectaba a todos”.

El último fraile se hizo sacerdote, vivió en Santa María y la imagen pasó a la iglesia de este pueblo. Se sabe que un antepasado, Arnao de Velasco, hermano de D. Juan de Velasco, primer conde de Siruela, y, por tanto, cuñado de Dª. Leonor de Mendoza, legó sus bienes al Convento, historia a la que ya me he referido en otras ocasiones.

De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino", @Febrero 2017

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26 de octubre de 2016

Pueblos desaparecidos y despoblados (y IV)

Merindad de Saldaña
Los pueblos de la Montaña Palentina que pertenecían a la merindad de Saldaña se agrupaban en el Antiguo Régimen en cuatro entidades administrativas: Jurisdicción de Camporredondo, Concejo de la villa de Guardo, Concejo de los Lugares de la Peña y Concejo de la villa de Castrejón, dándose la circunstancia que los pueblos de las tres últimas pertenecieron hasta 1803 a la provincia de Toro. Buena parte de estos pueblos pertenecían a la diócesis de León, por lo que además del Becerro de las Behetrías, se puede recurrir también al Becerro de Presentaciones para estudiar los lugares desaparecidos o despoblados de aquella diócesis, mientras que el Concejo de Castrejón, en el obispado de Palencia, puede estudiarse en el Becerro de Beneficios y otros documentos de esta diócesis. 




Por Valentín Ruesga Herreros


Analizando estas fuentes, se encuentran en esta zona occidental de la Montaña Palentina hasta diez entidades de población hoy desaparecidas o despobladas, además del pueblo de Valsurbio, despoblado en épocas recientes. En el Becerro de Presentaciones se mencionan también otras tres localidades, San Pelayo, Santa María y San Vicente, ya despobladas cuando se confeccionó el Becerro y cuya ubicación concreta es desconocida, por lo que no se incluyen aquí.

Barrio
Situado al pie del castillo de San Román de Entrepeñas con su iglesia de San Miguel, su régimen jurídico y eclesiástico estaba relacionado con el monasterio de San Román de Entrepeñas y con Santibáñez de la Peña. Según el Becerro de las Behetrías era mitad solariego y mitad abadengo del monasterio de San Román [21].

San Román de Entrepeñas
Cerca de Santibáñez de la Peña se conservan restos de este monasterio benedictino. Del Becerro de Presentaciones parece deducirse la existencia de un núcleo de población anexo al monasterio que tendría que abonar los mismos impuestos eclesiásticos que Barrio y que Santibáñez. La reseña del Becerro de las Behetrías se refiere solamente al propio monasterio, dependiente entonces de San Zoilo de Carrión de los Condes, estando incluidos los impuestos que debía abonar en los impuestos que gravaban a este último monasterio [22].

Guantes
Con su iglesia dedicada a San Pedro, se encontraba en el término de Villanueva de Arriba (Villanueva de Muñeca), donde hay un paraje que se denomina Vega de Guantes. Fi-gura en el Becerro de las Behetrías y ya como despoblado en el Catastro de Ensenada, siendo citado también como tal por Madoz en su Diccionario [23].
En esta zona se han hallado importantes yacimientos paleontológicos y prehistóricos.

Villosillo
Iglesia dedicada a San Andrés; estaba en el término de Pisón de Castrejón, posiblemente en el paraje nombrado como San Andrés. Mencionado en el Becerro de las Behetrías, figura también en el Becerro de Beneficios como perteneciente a la diócesis de Palencia en el arciprestazgo de Castrejón y posteriormente, como despoblado pero con párroco titular, en la relación de clérigos convocados al sínodo de 1545 por el obispo Cabeza de Vaca, apareciendo asimismo como despoblado en el Catastro de Ensenada y en el Nomenclátor de Floridablanca [24].

San Cebrián
Parroquia del arciprestazgo de Castrejón, en la diócesis de Palencia, mencionada en el Becerro de Beneficios y que estaba en el término de Traspeña, en los parajes de San Cebrián y La Ermita. Su párroco estaba entre los convocados al sínodo de 1545, pero como titular de un lugar ya despoblado.

Laguna Seca
Parroquia bajo la advocación de Santa María y perteneciente al arciprestazgo de Castrejón, según el Becerro de Beneficios. Su titular estaba convocado al sínodo de 1545 y el lugar no figuraba como despoblado. En el Catastro de Ensenada, Laguna Seca es una venta, al parecer entonces todavía en activo, que se encontraría en el paraje denominado La Venta, en el término de Loma de Castrejón.

Canduela
Perteneciente al obispado de León, figura su parroquia en el Becerro de Presentaciones bajo la advocación de San Andrés, situándose en el término de Baños de la Peña, en paraje conocido como Canduela. En el Catastro de Ensenada figura como despoblado, así como en el decreto que determina la constitución de los partidos judiciales en 1834, como anexo de Baños de la Peña con el nombre de despoblado de San Andrés [25].

Riacos
Con su parroquia de San Cosme y San Damián en la diócesis leonesa. Se situaba en el término de Riosmenudos de la Peña y no figura en el Becerro de Behetrías, pero el Catastro de Ensenada le recoge como despoblado, lo mismo que el Nomenclátor de Floridablanca.

Villabermudo
Según el Becerro de Presentaciones, este lugar, con su parroquia de San Boal (San Baudilio), ya estaba despoblado o yermo a mediados del siglo XIII y no se menciona en el Becerro de Behetrías. Reaparece en el Catastro de Ensenada y en el Nomenclátor de Floridablanca con el nombre de San Boal, nombre asimismo de un paraje del término de Respenda de la Peña donde debió asentarse esta localidad.

San Martín de los Molinos
Lugar del arciprestazgo de San Román de Entrepeñas, descrito en el Becerro de Presentaciones y en el Becerro de las Behetrías. En el Catastro de Ensenada ya figura como despoblado, en el término de Villalbeto de la Peña [26].

Valsurbio
Despoblado en 1972, era el pueblo más alto de la provincia (1.475 m) y carecía de carretera y a él no llegaba la corriente eléctrica. Fue el primer pueblo de la Montaña Palentina despoblado en tiempos recientes por “causas naturales”, no anegado por algún “lago artificial”.
Recientemente se han construido en Valsurbio algunos edificios nuevos, que son ocupados temporalmente.

Imagen: José Luis Estalayo

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(21) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 17.
─DÍEZ MERINO, LUIS: Santibáñez de la Peña a través de la documentación de San Román de Entrepeñas. PlTTM. Palencia, 2002. P. 127.
(22) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 21.
─DÍEZ MERINO: op. cit. P. 130.
(23) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 22.
─DÍEZ MERINO: op. cit. P. 130.
(24) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 23.
(25) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 29.
─DÍEZ MERINO: op. cit. P. 127.
(26) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. Tomo II, p. 32.
─DÍEZ MERINO: op. cit. P. 130.

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19 de octubre de 2016

Pueblos desaparecidos y despoblados (III)

Merindad de Pernía
Según los datos del Becerro de las Behetrías, en la merindad de Pernía figuran diez localidades ahora ya desaparecidas, incluyendo los barrios de San Martín de los Herreros, además de Villanueva de Vañes anegada por el pantano de Requejada. En el Becerro de Presentaciones se mencionan otras cuatro localidades desaparecidas anteriormente y que eran Barrio, Susilla, Robla de Arbejal y Montejo; finalmente, otros documentos acreditan la existencia del pueblo de Caminos cuanto menos hasta principios del siglo XIII, mientras que otros indicios documentales apuntan la posible existencia de un lugar de nombre no bien determinado y que parece que debía ser un barrio o anexo del pueblo de Areños.


Por Valentín Ruesga Herreros




No se incluye el despoblado de Miranda, cercano a La Lastra, pues no parece existir documentación que acredite haber estado habitado, sólo una leyenda que narra su despoblación, una leyenda análoga a la de Carracedo [9]. Como curiosidad, puede apuntarse que en el Real Decreto de 21 de abril de 1834 que establecía la constitución de los partidos judiciales, en el de Cervera aparece San Salvador como San Salvador de Contumada con el despoblado de San Bartolomé, refiriéndose sin duda a la venta de tal nombre, hoy Venta Morena.

Con estos antecedentes, se exponen los datos documentales de los pueblos ya desaparecidos en la merindad de Pernía.

Barrio
En el Becerro de Presentaciones figura con su iglesia de Santa Cecilia como entidad separada de Cervera, siendo el clérigo de presentación del concejo. En la Peña Barrio existen restos de edificaciones.

Robla de Arbejal
Esta localidad se incluye en el Becerro de Presentaciones entre los pueblos de arciprestazgo de Triollo con el nombre de Robra de Eruellar. Su iglesia está dedicada a Santa Marina y el derecho de presentación lo tiene el concejo. Se supone situada en Pineda, en término de Resoba, donde existen parajes llamados Dehesa de Arbejal y Santa Marina, con indicios de haber existido construcciones en ellos.

Barrios de San Martín de los Herreros
En el Becerro de Presentaciones San Martín de los Herreros figura con el nombre de Valdeferreros con su iglesia de San Martín, y está constituido por una villa y cuatro barrios; en el Libro Becerro de las Behetrías se mencionan los barrios de Paraluenga y Polledo, despoblados posteriormente; los otros dos, de nombre incierto, estarían ya despoblados cuando se redactó el Becerro de las Behetrías [10].

Susilla
En el Becerro de Presentaciones, “E avia y Sanct Yuannes de Sosiellas que solia dar diez dineros por carnero (tributo que entregaban las parroquias al obispo como señal de aca-tamiento) quando era poblada”. Parece que cuando se confeccionó el Becerro ya estaba des-poblada. Dado que en este libro los lugares se ordenan geográficamente, Susilla debía estar entre Ligüérzana y Valsadornín, pues se nombra entre ellos; pudiera estar más relacionado con el primero de aquellos lugares, pues el impuesto eclesiástico que se menciona es de la misma cuantía [11].

Bustillo
Lugar situado al norte de Mudá, quedando algunos vestigios en el paraje conocido como Bustillejo [12]. Está incluido en el Libro Becerro de las Behetrías de 1352, como lugar solariego de don Tello.

Quintanahernando
Al sur de Salinas de Pisuerga, figura en bastantes documentos del monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo, estando dentro de su esfera de influencia. Se menciona en el Becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia, de 1345 con su parroquia bajo la advocación de Santa María, que se conserva actualmente como ermita. Asimismo se menciona en el Becerro de las Behetrías y en la relación de clérigos convocados al sínodo de 1545 todavía se cita su titular y la localidad se denomina despoblado de Quintanilla Ferrero.

Llanillo
Cercano a Vergaño, con su parroquia de Santa María conocida como ermita de Nuestra Señora de Llanillo, de la que quedan algunos restos. Se menciona en documentos de Santa María de Aguilar, en el Becerro de los Beneficios y en el Becerro de las Behetrías, así como en la relación de asistentes al sínodo de 1545, donde el titular lo es del despoblado de Olmillos, aunque hay pocas dudas de que se trata de Llanillo. La ermita la menciona también Madoz en el término de Vergaño.

Valdeherrero
Situado al noroeste de Vallespinoso de Cervera, a orillas del arroyo de aquél nombre, apreciándose algunos restos en el paraje denominado San Miguel [13]. Se cita en algunos documentos de los siglos XI al XIII y se incluye en el Becerro de las Behetrías como lugar sola-riego de don Tello y de hijos de Fernando Díaz Duque.

Quintanilla de Pisuerga
Situado al sureste de Cervera de Pisuerga, a unos 2 kilómetros de distancia, según el Becerro de Presentaciones la iglesia está bajo la advocación de San Juan y es de presentación del concejo. En el Becerro de las Behetrías se nombra como Quintanilla del Río Pisuerga y debía tener muy poca población, aunque según el Censo de los Obispos de 1588, donde se denomina San Juan de Quintanilla, como se conoce aún el paraje donde se levantaba este lugar, todavía tenía 20 vecinos.

Peñas Negras
Situado entre Arbejal y Rabanal de los Caballeros, en el Becerro de Presentaciones se menciona como Piedras Negras, con su iglesia de San Julián y titular de presentación por el concejo, mientras que en el Becerro de las Behetrías se consigna que es lugar solariego del infante Don Tello (14).
Al despoblarse, Peñas Negras se incorporó al término de Cervera de Pisuerga, como se indica en el Catastro de Ensenada.

Carracedo
Situado al sur de San Salvador de Cantamuda, el Becerro de Presentaciones, indica que su iglesia está bajo la advocación de Santa Leocadia, añadiéndose que Santa María de Lebanza tiene el derecho de presentación, mientras que en el Becerro de las Behetrías se dice ser solariego de don Tello [15].
También Carracedo se incorporó al término de Cervera tras despoblarse, hecho que es relatado en una conocida leyenda perniana. En tiempos recientes se ha explotado una mina de cobre en los terrenos del despoblado.

Caminos
Lugar situado entre Lores y El Campo, con su iglesia de San Julián. Figura en los documentos de 1037 y 1069 del Tumbo de la Catedral de León, referentes a las donaciones de Elvira Favílaz y en el documento de 1181 del archivo de la catedral de Palencia, por el que Alfonso VIII concede derechos y propiedades al obispo Raimundo II y entre éstas, el pueblo de Caminos. Asimismo se menciona en un documento de Santa María de Piasca de 1216, por el que dicho monasterio recibe una donación de heredades en los pueblos de Lores y Caminos y posiblemente la última referencia documentada de este pueblo sea la confirmación que en 1256 hace Alfonso X de los beneficios concedidos a los obispos palentinos, aunque en este documento sólo se copia íntegramente el otorgado en 1181 por Alfonso VIII, sin añadir nuevos datos [16].

Las Pueblas
El investigador perniano Miguel Vicente Basterra (O. SS. T.), en su trabajo Las antiguas vías de comunicación de la Montaña Palentina [17] señala que durante la Guerra de la Independencia, el ejército francés incendió y destruyó el pueblo de Areños y un bario anexo que se denominaba Río las Casas; el incendio de Areños es corroborado por Miñano en su diccionario, pero no menciona el barrio, del que no parece haber datos documentales, sino solamente las noticias que proporciona la tradición. Sin embargo, entre los eclesiásticos convocados al sínodo de 1545 indicado anteriormente, se cita al cura titular de Las Pueblas, lugar entonces ya despoblado, en el arciprestazgo de Cardaño, al que también pertenecía Areños. Aquel lugar no es mencionado en ninguna fuente anterior, pues en el Becerro de los Beneficios no figuran los pueblos que eran señorío del obispo de Palencia, como sucedía con Areños y su supuesto anexo; tampoco se incluye Areños en el Becerro de las Behetrías, posiblemente por omisión (18). Así pues, parece que la relación de los convocados al sínodo de 1545 es el único documento donde se menciona este lugar de Las Pueblas, aunque entonces ya despoblado.
Con toda clase de reservas, se podría identificar Las Pueblas con Río las Casas, que según Basterra, se levantaba en el paraje conocido como El Cardil, algo más de un kilómetro al norte de Areños.

San Martín de Redondo
Los pueblos del Valle de Redondo, en el alfoz de Mudá, serían los únicos pueblos de la Pernía propia incluidos en 1034 en la restaurada diócesis palentina, según los límites seña-lados por el privilegio de Fernando I de 1059; puede suponerse que cuando se restauró la diócesis ya estarían poblados los tres lugares del valle y entre ellos, San Martín, el más alto. En el Becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia se menciona unido a Santa María y en el Libro Becerro de las Behetrías se describen los tres pueblos por separado, aunque se les da la condición de barrios, como dando a entender que los tres lugares constituyen una sola enti-dad administrativa.
Todavía San Martín es mencionado en otros documentos posteriores del siglo XIV, suponiéndose que se despoblaría definitivamente en esta época.
La documentación y pruebas de la existencia de este lugar han sido estudiadas por el investigador Miguel Vicente Basterra en su trabajo San Martín de Redondo: existencia y ubi-cación [19].

Roblecedo
En Castillería, al norte de Herreruela; según el Becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia, la parroquia está dedicada a la Santa Cruz y pertenece al arciprestazgo de Redondo. En el Becerro de las Behetrías es lugar tres cuartas partes realengo y la parte restante, solariego. En la relación de clérigos convocados al sínodo ya mencionado se incluye el titular de Roblecedo, aunque el lugar figura ya como despoblado. Madoz lo cita también como despoblado del término de Herreruela.

Montejo
Con su iglesia de Santa Cecilia, figura en el Becerro de Presentaciones de la catedral de León como entidad separada de Dehesa de Montejo, suponiéndose que estaría en sus in-mediaciones. En algunos documentos de los monasterios de Santo Toribio y Piasca de los siglos XII y XIII se menciona Montejo como tal y también se hace mención de Dehesa de Candenosa, en relación con un arroyo que cruza la zona; este último nombre podría ser el inicial de Dehesa de Montejo [20].

Villanueva de Vañes
En tiempos recientes, la construcción del pantano de Requejada en los años treinta y cuarenta del pasado siglo anegó los pueblos de Villanueva de Vañes y Vañes y si bien éste fue construido de nuevo en un emplazamiento más alto, fuera del terreno a inundar por el pantano, Villanueva desapareció bajo sus aguas.

Imagen: José Luis Estalayo. Vañes.

(9) ALCALDE CRESPO, GONZALO: La Montaña Palentina. Palencia, 1979-1983. Tomo IV, p.220.
(10) MARTÍNEZ DÍEZ en su estudio sobre el Becerro de las Behetrías (tomo I, pp. 553-554), localiza el despoblado de Polledo y otros dos en los parajes de Santa Marina y San Andrés, suponiendo que el primero de estos pudiese ser Paraluenga, con lo que aún quedaría un cuarto barrio por localizar.
(11) Se ha transcrito el nombre del pueblo como Susilla por analogía con la localidad así de-nominada en Valderredible (Cantabria).
(12) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 559.
(13) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 562.
(14) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 564.
(15) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 568.
(16) RUIZ ASENCIO, JOSÉ MANUEL: Colección documental del Archivo de la Catedral de León. Volumen IV. León 1990. Doc. 952 y I166.
─ABAJO MARTÍN, TERESA: Documentación de la catedral de Palencia (1035-1242). Burgos, 1986. Doc. 91.
─MONTENEGRO, JULIA: Colección diplomática de Santa María de Piasca (875-1252). Santander, 1991. Doc.134.
─FERNÁNDEZ DE MADRID, ALONSO: Silva Palentina. Palencia, 1932-1942. Tomo III, p. 81.
(17) BASTERRA ADÁN, MIGUEL VICENTE: Las antiguas vías de comunicación de la Montaña Palentina. PlTTM. Palencia, 2009.
(18) Parece menos probable que Areños (y su anexo) se hubiesen despoblado temporalmente a causa de la epidemia de peste de mediados del siglo XIV y que se hubiesen repoblado posteriormente.
(19) BASTERRA ADÁN, MIGUEL VICENTE: San Martín de Redondo: existencia y ubicación. PlTTM. Palencia, 2002.
(20) MONTENEGRO, JULIA: Colección diplomática de Santa María de Piasca (875-1252). Santander, 1991. Doc. 126. (...”in Defesa de Candenosa et in Monteio”…).
─SÁNCHEZ BELDA, LUIS: Cartulario de Santo Toribio de Liébana. Madnd, 1948. Doc. 135 (…”in Monteio et in Defesa”….) y 227 (…”heredat de Defesa et de Monteio”…).

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12 de octubre de 2016

Pueblos desaparecidos y despoblados (II)

Merindad de Aguilar de Campoo
Entre los pueblos palentinos de la merindad de Aguilar de Campoo reseñados en el Becerro de las Behetrías, se incluyen trece localidades ya desaparecidas o despobladas, además de los cuatro pueblos anegados por el pantano de Aguilar; en la documentación de esta villa de los siglos XII y XIII se mencionan además algunas otras localidades también desaparecidas, como pueden ser Zorita o Río del Arco; apenas se tiene información sobre ellas, siendo dudoso si eran entidades de población propias o anexos o barrios de otras más importantes, por lo que no se incluyen aquí.De acuerdo con esto, se exponen las localidades desaparecidas o despobladas de la merindad de Aguilar, mencionadas en el Becerro de las Behetrías.




Por Valentín Ruesga Herreros



Villalaín
Despoblado entre Lomilla y Vallespinoso de Aguilar. Según el Becerro de las Behetrías era lugar solariego del infante don Tello, en el alfoz de Aguilar, y según el Becerro de los Beneficios, pertenecía al arciprestazgo de la Ojeda, en la diócesis de Palencia, y su iglesia estaba dedicada a San Vicente, Al desaparecer como entidad de población se incorporó al término de Aguilar, conociéndosela ahora como Granja de Villalaín y figurando como anexo de Aguilar en el Real Decreto de 21 de abril de 1834 que establecía la constitución de los partidos judiciales y los pueblos que los formaban, en este caso, el de Cervera de Pisuerga. Los últimos restos de su iglesia, hoy ya desaparecidos, fueron estudiados por García Guinea en su obra sobre el románico palentino [3].

Barrio de Santa Eulalia
Cerca de Barrio de Santa María se conserva una pequeña ermita, iglesia del pueblo de Barrio de Santa Eulalia o Santa Olalla, solariego de don Tello en el alfoz de Aguilar. Debía tener una estrecha relación con Barrio de Santa María, ya que los dos lugares tienen algunos impuestos comunes y en el Becerro de los Beneficios se registran ambas iglesias bajo un solo epígrafe.

Villafalila
Localidad de situación incierta; el Becerro de las Behetrías la encuadra en el alfoz de Aguilar; pertenece a don Tello y se menciona entre Valoria de Aguilar y San Vicente de Corvio; sin embargo, el Becerro de los Beneficios la incluye entre los pueblos de arciprestazgo de la Ojeda y la sitúa entre Prádanos de Ojeda y Nogales de Pisuerga, con su iglesia de San Andrés. Rafael Navarro la relaciona con Barrio de Santa María, pero en este caso, parece que debería pertenecer al arciprestazgo de Ordejón [4]. Tratando de compaginar estos datos documentales, pertenencia al alfoz de Aguilar y al arciprestazgo de la Ojeda, parece que Villafalila debía estar en el entorno de los pueblos conocidos de la diócesis de Palencia cercanos a Aguilar y que reunían estas condiciones documentales, quizá en el entorno de Valoria de Aguilar.

San Vicente de Corvio
Despoblado en el término de Quintanilla de Corvio. En el Becerro de las Behetrías se denomina Sant Viçeynte de Cantibo y se sitúa en el alfoz de Aguilar, siendo señorío del infante don Tello [5].

Zalima
Localidad ahora despoblada situada en el alfoz de Aguilar, entre Renedo de Zalima y Matamorisca, en el término del primero de estos lugares. Era solariega de don Tello y al parecer la parroquia estaba bajo la advocación de San Miguel.

Peña Albilla
Situada al norte de Monasterio, era solariega de hijos de Fernando González Guadiana y de Pedro Ruiz Calderón, pero según el Becerro, solamente tenía dos vecinos. Madoz también la menciona como despoblado en el término de Monasterio.

Revilleja
Al norte de Bustillo de Santullán, era abadengo del abad de Aguilar. Según el Becerro de las Behetrías, debía estar ya prácticamente despoblada, pues solamente contaba con un vecino.

La Braña
Despoblado en el término de Salcedillo, al NE. de este pueblo. Según el Becerro era dos tercios solariego de don Tello y un tercio del abad de Cervatos. Es citado expresamente en el Fuero concedido a Aguilar por Alfonso X el Sabio en 1255 [6].

Rucavado
Mencionado como Río Candio en el Becerro, los restos de este despoblado se encuentran al NE. de Olleros de Paredes Rubias. Era solariego de don Tello.

Santa Cruz del Valle
En el alfoz de Paredes Rubias, en el término de Berzosilla. Era abadengo del Obispo de Burgos.

Hijedo
Denominado Ygedo en el Becerro, parece que debía estar en el término de Báscones de Ebro, en el alfoz de Paredes Rubias, pero su situación no es muy segura, ya que según el Becerro, era aldea de Aguilar, sugiriendo esta circunstancia una situación más cercana a esta villa.

Berzosa
Aldea de Aguilar, lugar yermo y despoblado según el Becerro, pareciendo que debía estar en el entorno de Ordejón o Quintanilla de la Berzosa; sin embargo, en Berzosilla, alfoz de Paredes Rubias, existe un despoblado denominado Berzosa, que se menciona en documentos del obispado de Burgos con su iglesia de San Miguel cuando estaba habitado. El despoblado de Berzosa en Berzosilla es mencionado también por Madoz, teniendo por consiguiente, una pervivencia mayor que el supuesto despoblado citado en primer lugar [7].

Riba
Lugar abadengo del abad de Aguilar, situado al SO. de Menaza y que al parecen estaba constituido por dos barrios, Menacilla, con la ermita de San Román, y Menazuela. Según se consigna en el Becerro, se consideraba yermo, no habitando en el mismo más que un clérigo y un vecino [8].

Cenera de Zalima
El pueblo más importante de los anegados por el pantano de Aguilar, pues era cabeza de municipio. El pórtico de su iglesia, dedicada a Santa Eugenia, fue trasladado al castillo de Monzón, donde se conserva.

Villanueva de Pisuerga
Pueblo integrado en el municipio de Cenera, su iglesia de San Juan se trasladó piedra a piedra a Palencia cuando el pueblo había de desaparecer bajo las aguas del pantano.

Frontada
También anegado por el pantano, su iglesia dedicada a San Andrés se libró de las aguas por su situación elevada, sobre un cerro que ahora constituye una península sobre el pantano.

Quintanilla de la Berzosa
También se libró de las aguas del embalse la iglesia parroquial de este pequeño pueblo, conocida bajo la advocación de San Martín.

________________

(3) GARCÍA GUINEA, MIGUEL ÁNGEL: El Románico en Palencia. Palencia, 1983. P. 219.
(4) MARTÍNEZ DÍEZ, GONZALO: Libro Becerro de las Behetrías. Estudio y texto crítico.
León. 1981. Tomo l. p.432.
(5) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 433.
(6) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 441.
(7) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 492.
(8) MARTÍNEZ DÌEZ: op. cit. tomo I, p. 516.
─GONZALEZ DE FAUVE, MARÍA ESTELA: La orden premonstratense en España. El mo-nasterio de Santa María de Aguilar de Campoo. 199l-1992. P. 206.

En la Imagen de José Luis Estalayo, Quintanilla de Corvio

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5 de octubre de 2016

Pueblos desaparecidos y despoblados (I)

La documentación y también las tradiciones nos hablan en ocasiones de antiguos pueblos de la Montaña Palentina, hoy ya desaparecidos, como el bien conocido ejemplo de Carracedo, con la leyenda que narra su despoblación [1].


Por Valentín Ruesga Herreros





Esto nos traslada a la Edad Media, a tiempos ya muy remotos, suponiéndose que los pueblos desaparecidos en estas épocas pudieron despoblarse como consecuencia de la epidemia de peste que asoló Europa a mediados del siglo XIV, que motivaría el abandono de los lugares menos favorecidos por su situación geográfica o por la pérdida de interés estratégico. Pero en épocas recientes, por una u otra causa, también desaparecen o se despueblan o están a punto de despoblarse de hecho y de derecho buen número de lugares de la Montaña Palentina; como ejemplos ya consumados, Villanueva de Vañes, Valsurbio y los pueblos anegados por el pantano de Aguilar de Campoo: Cenera de Zalima, Villanueva de Pisuerga, Frontada y Quintanilla de la Berzosa, Y todavía más recientemente, la despoblación de los pequeños pueblos de la Montaña Palentina parece que avanza de forma inexorable: el padrón de 2015 ya da por despoblada la localidad de Renedo de la Inera, en Aguilar de Campoo, no apareciendo ninguna persona empadronada en dicho pueblo, mientras que otras veinte localidades cuentan con menos de diez habitantes registrados y entre ellas, Los Llazos, en La Pernía, con una sola persona empadronada [2].

Se va a tratar de reseñar aquí aquellos pueblos de la Montaña Palentina ya desaparecidos o despoblados, comentando circunstancias relativas a su pasada existencia. Como punto de partida se ha tomado la relación de pueblos que presenta el Becerro de las Behetrías y agrupados en las tres merindades a las que pertenecían aquellos lugares de la Montaña: Agui-lar de Campoo, Pernía y Saldaña.
El Libro Becerro de las Behetrías se compuso en 1352 y en él se enumeran los pueblos que constituían las diversas merindades de Castilla, asiendo probablemente la mejor fuente documental para el estudio de las localidades existentes en Castilla en la Edad Media. Otras fuentes de información sobre el tema pueden ser el Becerro de Presentaciones, de la catedral de León, y el Becerro de los Beneficios, de la catedral de Palencia. El primero es un manuscrito realizado en 1468 para recoger en él los datos reunidos en un denominado Becerro Antiguo que, por su mal estado de conservación, corría riesgo de perderse; el Becerro Antiguo es de mediados del siglo XIII y en él figuran las parroquias de la diócesis de León, distribui-das por arciprestazgos, constituyendo los pueblos de la Montaña pertenecientes a la diócesis leonesa los arciprestazgos de Cervera de Pisuerga, Triollo y San Román de Entrepeñas, en las merindades de Pernía y Saldaña.

El denominado impropiamente Becerro de los Beneficios de la catedral de Palencia es una estadística de los clérigos que servían en las diversas parroquias de la diócesis y fue realizada en tiempos del obispo Blas Fernández de Toledo (Don Vasco), hacia el año 1345; Los pueblos montañeses de las merindades de Aguilar, Pernía y Saldaña en la diócesis palentina pertenecían a los arciprestazgos de La Ojeda, Ordejón, Redondo, Cardaño y Castrejón de la Peña, aunque en ellos no se incluyen los pueblos que eran señorío del obispo.

Otra fuente de interés, ya en el siglo XVI, es la relación de los eclesiásticos de la diócesis de Palencia que debían asistir al sínodo convocado en 1545 por el obispo Luis Cabeza de Vaca; esta relación la recoge Pedro Fernández de Pulgar en su Historia secular y eclesiástica de la Ciudad de Palencia (Libro II, Prolusión) y presenta un elenco muy completo de las parroquias existentes en aquel tiempo en la diócesis palentina y aunque la transcripción de las referencias es a veces confusa, se incluyen también los clérigos que eran aún titulares de parroquias correspondientes a lugares ya despoblados.
Complemento de las fuentes anteriores son los documentos procedentes de monasterios como Lebanza, Sahagún, Aguilar de Campoo, Piasca, Santo Toribio y San Román de Entrepeñas, o de archivos de las catedrales de Palencia y León., así como algunos datos con-tenidos en el Censo de los Obispos, de 1589, en el Catastro de Ensenada, en el Nomenclátor de Floridablanca, de 1789 y en los diccionarios de Miñano y Madoz.

La localización de muchos de los parajes mencionados aquí es posible por medio de los planos catastrales, digitalizados por la Sede Electrónica del Catastro.
Como se ha indicado, se expondrá la relación de pueblos desaparecidos o despoblados, agrupados en las tres merindades de Aguilar, Pernía y Saldaña, siguiendo el orden en que aparecen en el Becerro de la Behetrías, añadiéndose, en su caso, pueblos indicados en otras fuentes y cerrándose la relación con las localidades despobladas o desaparecidas en tiempos recientes.

Imagen: Pumar59

(1) BARRIO Y MIER, MATÍAS: Tradiciones pernianas. Madrid, 1908.
─GONZALEZ LAMADRID, ANTONIO: Tradiciones etiológicas palentinas a la luz de la Bi-blia. PITTM, Palencia, 1971.
(2) INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA: Nomenclátor. Población del Padrón Con-tinuo por Unidad Poblacional. Año 2015.

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13 de mayo de 2016

La Colegiata en medio

Provengo de una familia de comerciantes, y aquello me sirvió para conocer cada pueblo y cada casa de Pernía y Castillería. Cuando yo era joven hicieron una casa en la parte baja del pueblo, donde se encuentra la fábrica de harinas y allí abrieron otra tienda. Entre una y otra se encontraba la iglesia. 
La Colegiata se encuentra en medio, por debajo de la escuela donde aprendimos las primera letras y la visión de su espadaña era visión repetida una porción de veces cada día, cada instante, un encuentro con ella en cada recado del barrio de arriba al barrio de abajo...


Se atribuye la creación de esta iglesia abacial a la condesa Elvira, nacida en el siglo XI, mujer del Conde Munio Gómez, hijo menor del conde Gómez Díaz, del linaje de los Beni Gómez de Saldaña. Según me apunta el investigador Valentín Ruesga, Munio murió el año 1025, pero sigue al frente del condado su viuda como consta en documentos de la catedral de León de 1037 y 1069.

Que nada tiene que ver con Fernando I, como apuntan otras fuentes, procediendo aquel de la dinastía navarra, que ningún lazo ni parentesco le une con los Beni Gómez que mandan en Saldaña. Sí es cierto que se hace una referencia puntual a la autorización de Fernando I y de la reina al conceder la condesa Elvira el Fuero de San Salvador de Cantamuda.

Se trata de la misma iglesia que Alfonso VIII concede el 31 de Julio de 1181 al obispo Raimundo, en la que seguramente, se llevarán a cabo distintas reformas a lo largo de los siglos siguientes.

Pero ni todo lo que se ha hablado, ni todo lo que se ha escrito, viene a confirmar la fecha exacta de su levantamiento, probablemente, a mediados del siglo XI,  elevada a la dignidad de colegiata tres siglos más tarde, en 1478. Un siglo después se le añade el pórtico meridional y en el XVII la torrecilla con la escalera de acceso al campanario, donde ya se evidencia el uso abundante de argamasa.

Contrastando las distintas fechas de las que todos hablan, es posible que el pueblo surja después, hacia 1186,  y en torno a ella, como diversos autores certifican.

Pero más allá de la fecha exacta de su levantamiento, desde que era niño una pregunta me rondó siempre por la cabeza. ¿Quién pudo manejar así las piedras? ¿Quién les dio forma? ¿Eran gentes como nosotros? ¿Nacieron o se hicieron canteros del románico? ¿Quién nos legó estas maravillas que pueblan nuestro entorno?

@Para la sección "La Madeja", en Diario Palentino.
@Imagen: Pumar59

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20 de abril de 2016

El persianazo de "La Venta Campa"

Aquella semejanza con la que describía la situación real del turismo rural, uno de los agraciados con el primer premio por su labor en pro del desarrollo de este apartado en nuestra provincia y, más en concreto, en nuestra zona norte, viene bien para justificar el cierre de uno de los lugares más emblemáticos de nuestra tierra, como es la Venta Campa de San Salvador de Cantamuga.

Lo que probablemente ha sorprendido a todos es el persianazo a secas, cuando tantos novios y poderosos inversores porfiarían por este lugar, y no sólo por su situación estratégica, y no sólo por hallarse en el centro de la comarca, sino por la popularidad que alcanzó su cocina tradicional, donde un plato de legumbre, un cocido, un guisado o una chuleta de la mejor carne daban gusto al paladar más exquisito.



Vega Antuña, que vino desde Langreo (La Felguera) y se asentó en La Pernía, donde regentó el economato, acuñó una frase que, aunque tremenda, viene a reflejar la importancia que tuvo y de la que doy fe:
“San Salvador y la Venta Campa van tan ligados que no se comprende a uno sin otro”.
Y lo dijo Vega, que escribió bellas páginas en este medio y que sintonizaba muy a menudo con Palencia en aquel popular “Cimbalillo”, cuando la nieve lo tapaba todo.
Todo se acaba o se transforma. No cabe más nostalgia en esta entrega de hoy. Es la muerte de algo que en esencia no debería morir nunca, sino empezar de nuevo con otros bríos, tomando el relevo de aquellas manos que hicieron de la cocina más sencilla un arte.

Muchos colaboradores de este medio han hecho referencia alguna vez a este lugar de La Pernía, que raro era el domingo que no colgara el cartel de completo. Pero ni con esas garantías puede hablarse de éxito. En todos los lugares cuecen habas, que es lo mismo que decir que en todas partes acechan los problemas y ni la presencia abundante de gente consigue mitigarlos.

En Cervera se rumorea que los herederos de la archiconocida “Cascarita” quieren hacer lo mismo; otro lugar de rancio abolengo, con su escabeche, sus avellanas y su queso. No sé por qué razón, algunos pensadores hablaron de la memoria como un arma de dos filos, donde son más las cosas que uno quisiera olvidar que las que quiere recordar, premisa que no suele cumplirse en estos casos donde, cumplida la faena, al final de una vida plagada siempre de recuerdos y anécdotas, uno decide colgar su mono de trabajo cerrando la puerta.

La Venta Campa siempre estará ligada a nuestra vida, no sólo por la gente de corbata y poderío que pasó por ella, sino, especialmente, por los parroquianos de los pueblos vecinos que llenaron cada tarde de partida. La Venta Campa era un punto de encuentro, una especie de casa grande en la que siempre encontrabas el alivio a tus penas, y no lo digo por el vino.

Ganaderos, tratantes, políticos, mineros, médicos, secretarios, jóvenes y menos jóvenes, todos los pueblos del contorno, por tradición, por transmisión, por situación, por lo que fuera, la primera parada la tenían en La Campa, donde la familia Pérez, que aguantaron serenos con todos los altibajos y los intríngulis que comprende un negocio, consiguieron llegar al final de una etapa.

@De la sección Vuelta a los Orígenes, en Diario Palentino.
13.01.07 @ 13:40:34. Archivado en Artículos, Los lugares.


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8 de abril de 2016

Una talla de regalo

Desde hace varios años, por las impresiones recibidas al acercarme a autores y a documentos que hacían referencia al valle de los Redondos, me he sentido de algún modo obligado a recuperar historias que me emocionan todavía, que sacuden la indiferencia que pesa sobre estos apartados rincones, que ahonda en ese bosque inmenso que se le abre al caminante; en ese valle que emociona, que aprisiona, que atrapa cuerpo y mente.

Parecida admiración sienten los Condes de Siruela. Según los documentos que se conservan en el Archivo Histórico Nacional y en el Archivo General de Simancas, donde se hace alusión al testamento de Leonor de Mendoza, condesa de Siruela, mujer del primer conde, Juan Velasco, a ellos se les atribuye la fundación de una iglesia y convento -que podría ser el de Viarce- a finales del siglo XV, y que serviría para acoger a los eremitas franciscanos que vivían en el valle desde 1320.

Sebastián de Miñáno, en 1826, ya lo menciona en su diccionario: “En su término [de Redondo] está el convento de franciscanos de Corpus Christi, sobre la cima de un cerro y al pie de otro mayor, que se asemejan a los Alpes de Italia. La casa e iglesia son bastante capaces, el número de religiosos es comúnmente de 4 a 6, con 2 legos. Regularmente van allí por penitencia o corrección. Es muy frío y lóbrego, y se intitula Ntra. Sra. De Biarce”.

El investigador Vicente Basterra, se aproxima a la historia en un trabajo publicado por la Institución Tello Téllez de Meneses en 2006. Con la desamortización de Mendizabal, los frailes son enviados a Reinosa. Parece que el último fraile se hizo sacerdote y vivió en Santa María. Es probable que la talla de la Virgen de Viarce fuera donación de los Condes de Siruela, Pedro Fernández de Velasco y Doña Mencía de Mendoza, una rama lateral de las familias de los condestables de Castilla, desgajada en el siglo XV y establecida en Cervera de Pisuerga. Se dice que este matrimonio era muy devoto y amigo de los frailes, y que por ese motivo la talla pudo ser regalo suyo.

De la sección "La Madeja", para "Diario Palentino".
Para saber más: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", de Froilán de Lózar; editorial Aruz, 3ª edición, Julio 2014.

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6 de abril de 2016

Santo Toribio

Mi progenitor lleva muy bien los años y las cruces. No viene al caso nombrar aquí las personales, que más o menos, antes o después, nos alcanzan a todos. Conociendo su afición le invito a un viaje, y así, juntos, visitamos una vez más la comarca de Liébana. Nos dirigimos al corazón del Jubileo, enclavado en Santo Toribio. Se halla este monasterio en las laderas del monte Viorna, a pocos kilómetros de Potes, bendiciendo el paso de quienes viajan a los Picos de Europa, echando una especie de manto protector a tantas pequeñas y curiosas aldeas como emergen alrededor, y que tienen también su día señalado por los monjes para recibir el aliento del santo.


Mi progenitor lleva muy bien los años y las cruces. No viene al caso nombrar aquí las personales, que más o menos, antes o después, nos alcanzan a todos. Conociendo su afición le invito a un viaje, y así, juntos, visitamos una vez más la comarca de Liébana. Nos dirigimos al corazón del Jubileo, enclavado en Santo Toribio. Se halla este monasterio en las laderas del monte Viorna, a pocos kilómetros de Potes, bendiciendo el paso de quienes viajan a los Picos de Europa, echando una especie de manto protector a tantas pequeñas y curiosas aldeas como emergen alrededor, y que tienen también su día señalado por los monjes para recibir el aliento del santo.

El día 30 de abril del año 2000 tuvo lugar la ceremonia de inauguración presidida por el obispo de Santander, que otorga a los peregrinos que cumplen las premisas -pasar por la puerta del perdón, rezar, confesarse y comulgar 15 días antes o después de haber traspasado la puerta- el jubileo.

Esto que les cuento alcanza para nosotros un profundo significado, primero porque el manto es muy largo y por proximidad nos roza y en segundo lugar, porque Toribio, el santo, fue obispo de Palencia en el siglo VI. Toda su trayectoria y compromiso empieza a despertar siglos después, cuando son trasladados desde Astorga los restos de otro Santo Toribio, junto a un gran trozo del brazo izquierdo de la Cruz de Cristo, que este último trajera de un viaje realizado a Jesusalén. A partir de 1512, los papas Julio II y León X establecen el jubileo con indulgencia en aquellos años que el día de Santo Toribio (16 de abril) caiga en domingo, como lo ha sido este año que estamos a punto de cerrar.

Esta es la cruz que origina el artículo, una de las cruces populares que mi padre visitaba desde que yo era niño. Compraba los lechazos , los mataba y se los vendía a los restaurantes de esta villa cántabra. Aquí (en un restaurante que mira hacia el río Deva, frente a la torre del Infantado, mansión que fuera del marqués de Santillana), vuelve a mencionarme aquella etapa de su vida mientras degustamos el cocido lebaniego, muy parecido al nuestro: garbanzos, berza y tropiezos: carne fresca, tocino, relleno elaborado con la miga de pan... Una buena ración que a duras penas terminamos.

Después de visitar el monasterio, muy mermada ya la concurrencia de peregrinos a primeros de septiembre, recorremos la villa: sus calles atestadas de orfebrería y utensilios, tienducas a cuyas puertas se exponen las legumbres, los quesucos de acá; el picón de Tresviso, elaborado con leche de vaca, oveja y cabra y madurado - en cuevas naturales de cáliz durante 60 días, a una altura de 2000 metros, condición indispensable -según matizan los entendidos- para que se desarrolle el Penicillium que le dará ese sabor característico.

Casi el mismo queso picón que años antes de nacer yo mi padre compraba por estos pueblos o por los puestos de esta preciosa villa para vender después en La Pernía y en Barruelo.

Tal vez, mi forma primitiva de describir las cosas, no sea la mejor para impresionar a quienes todavía desconocen el legado que estos lugares aportaron. El día que nuestro obispo llegó a tierras cántabras fue testigo del escaso entusiasmo de las gentes cuando les propuso levantar un templo. Pero tuvo recompensa su constancia. Primero se levantó el templo y como consecuencia vino la conversión al cristianismo de las gentes. De este modo se convierte aquel lugar en foco de peregrinos que llegan de todas partes para amansar su espíritu. Pienso en ello cuando nos internamos en la espesura de estos valles, camino del puerto de Piedrasluengas.

A veces, en los lugares más distantes, surge una llama que se expande y envuelve sin dañar a cuantos allí viven y laboran. Tampoco es que naden en abundancia los lebaniegos, ni el jubileo que a pocos kilómetros se anuncia los redima para siempre de traumas y de cruces.

Pero sí es verdad que ayuda bastante al crecimiento de esta comarca aquel lugar sagrado en medio de la nada, donde Toribio, el santo que vino de Palencia, logró reconciliar al buey y al oso hasta el extremo de dejarse uncir al mismo yugo.

@De la serie "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino. 
 21.11.00 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, La historia

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23 de marzo de 2016

Los curas de Celada

Uno de los artículos de esta serie, publicado en diciembre de 2003, recordaba la última carta que escribe Frco. Gutiérrez de Celis desde la Clínica Universitaria de Pamplona y dirigida al obispo de Palencia.
Paco fue sacerdote de Celada de Roblecedo desde 1977 hasta su fallecimiento, y aseguran en estos lugares de la Castillería que supo aunar a un pueblo en la querencia a la tierra y a sus gentes. Los más activos del lugar le encomiendan el pregón de 1981 y mi amigo aprovecha para desempolvar algunos documentos de los que quedaron después de que, en 1917, reunidos en concejo los vecinos, decidan quemar parte de los papeles porque no los entienden.


De la importancia de esta parroquia da fe un documento de 1775 donde se la señala como lugar de asilo con exclusión de todas las demás que existen en la zona. Era cura don Pedro de Quevedo y conde de Pernía don Juan Manuel Argüelles.

Paco va desgranando testimonios curiosos como el que vive Sebastián de Cáscara, que procedía de Perapertú y a quien el visitador del obispo por aquella fecha de 1569, le canta las cuarenta por no tener libro de difuntos.

Se sabe también que don Gaspar de Brañosera le sucede a don Francisco de la Cuesta en 1623. Se trata de un hijo del pueblo, ya mayor, que había sido cura de Polentinos y Prior de la Abadía de Lebanza y a quien se le atribuye “la capellanía”, ya desaparecida y mal llamada de los Quevedo, que llegarían más tarde. Don Gaspar procedía de una de las familias más pudientes y distinguidas de este valle y a su muerte deja buena parte de sus bienes a la Abadía de Lebanza y a los monasterios de El Brezo, Biarce y San Agustín (este último en Cervera)

Uno de los sacerdotes que más tiempo regentó esta parroquia fue Marcos Fernández, que procedía de San Salvador y murió en Lores.

La parroquia de Celada llega a su máximo esplendor en el tiempo de Francisco García de la Vega. El obispo Fray Alonso Laurencio Pedraza visita el lugar y autoriza la construcción de un granero para recoger los diezmos, la fundición de una campana y la colocación de la verja del batisterio, además de la adquisición de utensilios como la naveta o el incensario (1696). Su paso deja profunda huella y así consta en los manuscritos, destacando su gran labor social.

Se funda en su mandato el llamado “arca de la misericordia” que consiste en recoger centeno en el mes de agosto a precios bajos para dárselo en el mes de marzo a los vecinos que lo necesiten, con la condición de devolver el cuarto entregado, más un cuartillo a mayores para el sostenimiento de la obra, cuando hiciera la recolección.

Funda así mismo la “obra pía para pobres” que tenía como ingresos una tierra para una carga de sembradura en “La Calzada” y un prado de carro y medio en “Las Lastras de la Loma” cuya producción de venta se entregaba a los pobres. Estas fundaciones desaparecen en 1773, cuando el visitador Apostólico Alonso de Váscones, canónigo de Palencia, viendo el crecido número de chicos (60 ó 70) manda que se emplee todo en la manutención de un maestro.

La lista es interminable. Sirvan estas líneas de recuerdo a todos y especialmente a Paco que las rescató de los baules.

 De la sección: "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino.
10.11.07 @ 08:00:00. Archivado en Artículos, La historia.

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18 de marzo de 2016

Agravios y desmentidos del pasado

El día 8 de Agosto de 1929, Frutos Martínez, corresponsal del "Día de Palencia", desmiente lo que otro entusiasmado cronista ha contado de Alba de los Cardaños, con motivo de la fiesta que tuvo lugar el 24 de Julio de aquel año. Se menciona allí una cofradía de 400 miembros, cuando en realidad sólo tiene 204, que ya es una cantidad significativa que nos lleva a imaginar aquellos lugares hoy casi despoblados en su punto más álgido. No es verdad, señala el corresponsal, que se ofrecieran novillos al Santo, ni gallinas, a excepción de seis corderos.


Por aquellos mismos años, el redactor del "Diario Día" adelanta una noticia que será un bálsamo para este lado de la montaña. El diputado por el distrito de Cervera de Pisuerga, Ramón Álvarez Mon y Basanta, aunque natural de Mondoñedo (Lugo), abogado de profesión, obtiene en la legislatura de 1918 a la que se presenta por el partido romanonista, 4423 votos y media de forma resolutiva para que se cree el servicio de conducción de Correspondencia en coches de cuatro ruedas entre Alar y Cervera. El servicio tendrá una subvención anual de 5000 pesetas, y tendrán comunicación diaria con la capital  las villas de Alar y Prádanos y los pueblos de Olmos, San Andrés de Arroyo, Santibáñez, Villaescusa, Perazancas, Cubillo y demás pueblos de la Ojeda.

Un año más tarde, en Marzo de 1919,  también por mediación de Álvarez Mon, se crean 19 escuelas en el distrito de Cervera, siendo ministro de Instrucción Pública Julio Burell y Cuéllar, que trabajó así mismo como periodista en el Progreso y el Heraldo, trabando amistad con escritores de la generación del 98.

Lo cierto es que en el Ayuntamiento de Vañes se crea la escuela de Valsadornín; en el de Cenera, la de Corvio; en el de Valoria de Aguilar, la de Olleros de Pisuerga; en el de Nestar, la de Villavegas de Aguilar y la de Menazas; en el de Redondo, las de Areños y Tremaya, y en el de Castrejón, la de Cantoral.

Revisando la hemeroteca, el 19 de Julio de 1929, encuentro esta frase en una crónica de E.Sandino y en un especial dedicado a la villa de Cervera, que vuelve a recordarnos que la separación de Cataluña que ahora tanto se mienta, viene de lejos: "El mismo Cambó, al hablar a sus secuaces dice: No quiero la separación política de Cataluña; ello serviría de acicate a la Castilla dormida y entonces volvería el pendón morado a pasearse por los ámbitos de la península. Por eso hacemos resaltar aquí el localismo de Cervera y ojalá que esos sentimientos transciendan al llano para bien de España que tanto lo ha de merecer."

@De la sección "La Madeja", en Diario Palentino, 2016
Imagen: @Pumar59

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16 de marzo de 2016

La Casona de "El Campo"

Hubo en el pueblo de El Campo una casona o casa solariega construida en el siglo XVIII, cuyo propietario a mediados de esta centuria era Santiago Gómez Inguanzo, miembro de una influyente familia perniana, de la que en tiempos ya más recientes otro miembro, Ángel Gómez Inguanzo, fue diputado a Cortes y también presidente de la Diputación de Palencia en 1911-1913, llevando su nombre una plaza de Cervera de Pisuerga.



En 1758 Santiago Gómez Inguanzo vendió la casona y otras heredades en El Campo a Domingo de Rábago Gutiérrez, natural de Lombraña, Polaciones, y futuro conde de Rábago, por una suma total de 243.600 reales, según consta en documentos de la Real Chancillería de Valladolid. La casona, además del edificio principal, tenía como anexos una capilla dedicada a San Antonio y varias caballerizas y corrales, construidas estas edificaciones rodeando una explanada o plaza abierta por el lado sur.

Domingo de Rábago había emigrado a México hacia el año 1748, regresando temporalmente a España en 1758, cuando adquirió las heredades mencionadas. Posteriormente se estableció definitivamente en México y en 1774 Carlos III le otorgó el título de conde de Rábago, falleciendo en el año 1786.

Tras su fallecimiento, se entabló pleito por la posesión de los bienes radicados en El Campo: María Josefa Peinado, viuda del conde, aducía ser de su propiedad exclusiva como compensación por la dote aportada al matrimonio, mientras que otro miembro de la familia Rábago, José Antonio de Colosía y Rábago reclamaba su posesión efectiva, alegando que debían estar vinculados a un mayorazgo cuyo heredero había de vivir en España y no haciéndolo ningún heredero directo del conde, debía pasar al descendiente con mejor derecho que residiese en España. La resolución del pleito en 1822 parece que dio la razón a la condesa, quien había otorgado poder a José Antonio de la Fuente, vecino de Lerones, Liébana, para formalizar la venta de los bienes de El Campo a Miguel Mateo de la Parra, del pueblo de Aceñaba, también en Liébana.

Posteriormente la casona debió de pasar a manos de personas poco interesadas en mantenerla, por lo que terminó siendo abandonada; se conservaron los corrales y las cuadras, los “corralones” como se conocían en el pueblo y también se conservó algún tiempo la capilla o “ermita”, pero finalmente también desapareció, derribada para construir en su solar la nueva escuela.

Y este fue el fin, más bien triste, de la casona, cuyas últimas ruinas llegamos a conocer y de la que el “Diccionario” de Miñano de 1826 decía que era “un magnífico edificio…cuya piedra hermosea la fachada por ser sumamente lustrosa”, aunque erróneamente atribuye su construcción al conde de Rábago, que, como se ha visto, la adquirió ya construida.

Texto: Valentín Ruesga
imágenes: JL Estalayo

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9 de marzo de 2016

Jaime, Guardo y su historia

Muchos son los afanes que nos van devolviendo la sonrisa.Todo no lo vamos a gastar en lamentos. Guardo ya luce espléndido en la voz del maestro que un día llegó a este lugar de la provincia. Sabe Jaime García Reyero conjugar con precisión los elementos que han deparado este libro gordo, auténtico homenaje a las gentes que se asentaron en torno al monasterio de San Quirce, en principio, unas pocas familias mozárabes, a las que poco a poco se fueron uniendo otras familias cristianas de "La Liébana".




Tres son los motivos en los que voy a fijar mi comentario y sobre los que gira la historia de esta tierra. De una parte, su pasado, con los monasterios y La Liébana, y de la otra, su presente, donde el mentor, aunque no lo exprese textualmente, se plantea la necesidad de darle más presencia, más autonomía, mayores medios; dotarle de todo aquello que pueda reactivar su imagen y mejorar la vida de quienes allí moran.

Algunos investigadores atribuyen la fundación del monasterio de Lebanza (Nebantia) a los Condes Alfonso y Justa en 932. Los mismos que fundan en el valle de Liébana el monasterio mozárabe de Santa María de Lebeña. Por esas fechas, aunque nada es exacto, en el año 818, se narra la fundación del monasterio de Nazaoba (Naroba, Liébana), donde se habla por primera vez de Cervaria. Entre los monjes que prometen obediencia al abad, se encuentran dos cerveranos: Flavius y Transicus.

Pero, en las fuentes utilizadas por Jaime, el convento de La Abadía se funda con anterioridad, en el año 794, en acción de gracias por la victoria de los cristianos de Asturias sobre el ejército moro, mandado por un tal Mugahit. La batalla –haciendo caso de las mismas fuentes– se libró en San Salvador, de ahí el nombre de San Salvador de Mugahit o Muga.

La historia de nuestro cenobio, más allá de las fechas reales de su fundación, habla de numerosos sitios y villas que le pertenecieron, llegando incluso su poder a lugares tan distantes como Tierra de Campos. De la misma forma que La Abadía tuvo esa vinculación tan fuerte con zonas tan distantes, Guardo dependió en un principio de los Condes de Liébana.

Removiendo la historia nos encontramos con capítulos sangrantes. El olvido, como vemos, se ha venido consagrando por los siglos de los siglos. En 1597, visita la Abadía de Lebanza Juan Alonso y Córdoba, canónigo de la catedral de Palencia y manda poner orden y cuidado con las rentas que la Abadía posee en Guardo. Siglo y medio más tarde, en 1763, la ermita de Santa Columba está en ruínas y los sacerdotes insisten en este hecho lamentable que no halla solución. La presión debe ser tal que, el obispo trata de encarar el problema ordenando que no se envíe ni un real más a Lebanza hasta reunir el dinero suficiente para reparar el edificio. Pero nadie pone el remedio eficaz y la ermita se cae. Tomen buena nota los gobernantes actuales, porque para nada estamos lejos de ver repetida la misma escena con iglesias y ermitas de la provincia.

El viaje hacia un lado y otro; las dudas: se habla de Boardo, Buardo y cada uno aporta versiones diferentes; los documentos que se citan, la sangre que se mezcla, vuelven a poner sobre la mesa la vinculación tan fuerte que existía. Al comienzo del libro Jaime deja bien claro la procedencia de una parte de los repobladores y, a medida que avanzamos en la lectura, vamos conociendo la importancia de este lugar, su pertenencia en 1591 a la provincia de Valladolid, su valor estratégico para el camino de la Mesta, lugar de paso para traficantes y trajineros de Asturias, posada para comerciantes y castellanos cargados de trigo y vino y lugar de acogida siempre para los peregrinos.

Curiosa la figura de los pecheros que sufrían a menudo el rigor de los impuestos o la de los clérigos.
Y como una carga con la que nadie pudo antes y después vuelven a mencionarse los cien kilómetros que separan a Guardo de Palencia.

Ese es el verdadero lamento que se alza por encima de la historia y que pesa mucho más que los impuestos, y que en modo alguno compensa las gestas de sus hombres en el pasado. Nadie se acerca a poner un poco de orden y concierto allí donde los montes se socavan; allí donde, por ser la localidad más poblada después de la capital, se hace necesaria una revisión a fondo de prestaciones y servicios.

Apenas despuntaba el nuevo siglo, cuando un acontecimiento vino a sumarse a las páginas de este libro, poniendo broche de oro al empeño de este caminante palentino: Claudio Prieto llevando al pentagrama el nuevo himno de Guardo, escrito por Javier Castrillo Salvador:

"Guardo, donde se rinde la llanura, 
donde Palencia inicia su montaña, 
donde la vega encuentra la espesura... 
Tu paisaje resume toda España."

De la sección "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino. 
 06.12.03 @ 13:29:34. Archivado en Artículos, La historia

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26 de febrero de 2016

Sobre el Condado de Pernía (y V)

La escritura que comentaba la semana pasada, la firmaba Raimundo en la Abadía de Lebanza en las navidades de 1166, quince años antes de recibir en donación por parte de su tío, el rey Alfonso, todos los monasterios e iglesias, con sus villas y heredades. 



No es que revista mayor importancia, porque aquello ya es historia y nada queda de aquellos sistemas de gobierno, ni siquiera los pequeños conatos de los envidiables y democráticos Concejos, pero no entiendo la admiración que la figura del obispo despierta en el auditor de la Rota que en 1934 se deshace en elogios calificándolo de Mecenas de Pernía, todo en base a que, en su largo pontificado, que duró casi cuarenta años, se llevara a cabo la reconstrucción de la Abadía y la reedificación de la iglesia y el claustro de la misma, sin recabar en el esfuerzo que hacía el pueblo, verdadero artífice de que se llevaran a cabo aquellas obras con sus limosnas y trabajos.

Y con qué liviedad lo publicitan además el colectivo del Arzobispo de Toledo y los obispos de Palencia, León y Burgos, quienes exhortan a los fieles para que ayuden con sus limosnas mencionando en sus escritos los "muchísimos" milagros que allí han tenido lugar.

¿Milagros? El milagro se considera a un suceso extraordinario y maravilloso que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza. Y si bien hacemos alusión frecuente a esta palabra para decir que todo aquello que nos entusiasma en exceso es para nosotros un milagro, no se puede utilizar a la ligera dicha expresión, con la única intención de promocionar -como es el caso- la reconstrucción de un templo.

Parece que en el archivo concejil de San Salvador de Cantamuda, que en el siglo pasado, al decir de nuestro mentor, se custodiaba en el coro de su iglesia (ignoro ahora mismo en qué lugar se guardan aquellos documentos), se da cuenta de un viejo pleito habido entre la jurisdicción real y el pueblo de San Salvador donde ya se menciona a la condesa doña Elvira.

Aquellas dudas que se nos planteaban por esa dualidad de poder entre el señorío de Pernía, que disfrutan los obispos de Palencia y el que ejercen los verdaderos Condes, Elvira y Munio Gómez, lo clarifica de alguna forma el hecho de que no se dieran durante aquellos años querellas por usurpación del título. Y el hecho de que no se vea entorpecido es la fundación de la Iglesia de San Salvador atribuída a doña Elvira.

De la sección "La Madeja", en "Diario Palentino". 
Para saber más de la historia de Pernía en nuestro blog

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19 de febrero de 2016

Sobre el Condado de Pernía (IV)

Laureano en su larga semblanza alaba las cualidades de Raimundo, tío por parte de madre de Alfonso VIII, el de las Navas, que -según refiere- será quien amplíe y reedifique la iglesia del monasterio de la Abadía entre 1180 y 1185. Consta que es en 1181 cuando el emperador se lo dona a su tío, haciendo extensible el legado a los que vinieran después. Otros autores, como Rafael Navarro, señalan como artífice y promotor verdadero al conde Rodrígo Gustioz y diversos investigadores citan también con algún tipo de responsabilidad a Pedro Caro. Ya hemos hablado en varias ocasiones de los dos capiteles que vendió el siglo pasado el propietario que adquirió la Abadía y que se conservan en el Fogg Art Museum de Harvard, único legado que queda de aquel tiempo.


Pero el asunto del poder no es sencillo de descifrar aquí y tampoco es materia en la que yo quiera embarcarme en este recorrido. Yo vengo a despejar las dudas sobre el conocimiento real de la situación en la que vivían entonces, por un documento que traduce del latín Laureano y que añade al final de la charla ofrecida en Palencia a propósito de los beneficios que en la Edad Media reportó el señorío temporal de los obispos.

Como las gentes de los pueblos, hoy más que nunca, sentado al amor de la lumbre, mientras contempla cómo cae la nieve que lo cubrirá todo y piensa en la gente que carece de hogar, escribe entre otras cosas: "... Es cosa pesada y miserable que los hombres vivan sujetos a servidumbres y no tengan potestad de disponer de sus bienes en vida y en muerte... /y es por ello que ordenamos, que todos los solariegos de Santa María que hubiera en Bergaño, del más alto al más bajo vivan libres e inmunes de toda mañería..." y añade un sin fin más de privilegios y prebendas.

Pero es curioso cómo cambian las tornas, o como a pesar de la pena que nos producen tantas situaciones en la vida de los demás, viene a renglón seguido el pago condicionado para disfrutar de esa libertad que supuestamente nos entregan sin cargo. Y escribe el señor obispo en lo que a Laureano le provoca ternura: "Sin embargo, todos los años traiga cada uno veinte panes de trigo y un carnero añal o un tocino y dos pozales de buen vino, y si tuviere asno u otra bestia, traiga vino de Liébana tres veces al año...". Y nuestro paisano Laureano le sube a los altares porque en aquella misma "emocionante" carta mientras con una mano entrega la libertad a sus vasallos, con la otra invoca la caridad y el auxilio de los fieles para reedificar la iglesia, el claustro y los albergues de Santa María de Lebanza…

De la Sección La Madeja en "Diario Palentino"


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12 de febrero de 2016

Sobre el condado de Pernía (III)

Estos días que todos miramos la complicada situación política de nuestro país, viene bien recordar el Concejo rural al que Laureano se refiere en última instancia, que nace espontáneamente, para mantener y ordenar en común su propia y peculiar economía.



En sus Ordenanzas se encontraban apartados referentes al cuidado de las cabañas por medio de las llamadas "vecerías"; el nombramiento de los guardas; la imposición de multas por tender ropa en prado ajeno, o perder los aparejos de pesca si alguien era sorprendido pescando con esparabel o a mano. Tener surtido el despacho y dar buen peso, norma que se les exigía a quienes cogían la subastan de panadería o carnicería, y de igual forma los taberneros que han de sujetarse a las leyes aprobadas en Concejo, abasteciéndose -según nuestras Ordenanzas- en el Infantazgo de Ampudia, Madrigal o Tordesillas y con la obligación de vender el vino al precio que dictasen los regidores. Decía la Ordenanza hecha verso por nuestro poeta local Gabriel González:

El que haga de tabernero
en esta villa y Concejo
habrá de dar vino nuevo
a igual precio que lo viejo.

Las poblaciones rurales tenían en el Concejo una figura democrática, formando parte del mismo todos los hombres libres que eran convocados periódicamente a Asamblea mediante campana tañida para tratar los asuntos de interés general.

En un interesante ensayo el jurisconsulto e historiador español Eduardo de Hinojosa habla de las frecuentes y enconadas luchas que se libraban en aquellas poblaciones donde mandaba el señorío eclesiástico, luchas que no se daban en aquellos pueblos donde el poder residía en los Señores, pues apenas tenían roce con ellos, bien porque residían en la Corte, bien porque estaban guerreando. Los señores eclesiásticos, por lo general, residían en las poblaciones de su jurisdicción y los conflictos eran frecuentes, y en muchas ocasiones violentos,  cuando trataban de defender sus privilegios o prebendas ante los Concejos.

Posiblemente la ausencia de luchas en un territorio como el nuestro, mayoritariamente gobernado por los obispos, se debió a que tampoco estuvieron allí, utilizando la Abadía como residencia de verano, tal y como la conocimos nosotros en el pasado siglo.

Cuando el actual Conde de Polentinos me remitía una carta para felicitarme por el libro de "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería" me sorprendió mucho, pues los Condes no salían bien parados. Así se lo expuse en mi contestación y ya no recibí más cartas suyas.  Una cosa es la historia, lo que fue, lo que hicieron, y otra bien distinta el abuso de poder y el olvido en otras ocasiones  hacía la tierra de la que eran abanderados. El mismo olvido que -según entiendo yo- ejercieron los obispos palentinos, intitulados condes, aunque sin reconocimientos nobiliarios.

De la sección "La Madeja", para Diario Palentino.

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5 de febrero de 2016

Sobre el Condado de Pernía II

Y como el momento que vivimos hay que valorar y entender también las vicisitudes de aquel tiempo, momento en el que se levanta nuestra colegiata y los obispos reciben, a finales del siglo XII, ampliaciones y beneplácitos como recompensa a la merma de su poder jurisdiccional en la capital.




En 1181 se amplía el coto al que nos referíamos en el artículo anterior sobre la Abadía, añadiendo una cláusula sobre la ganadería que pertenece a dicho monasterio, en el que se incluyen vacas, yeguas y establos donde se alojan y una curiosa coletilla que dice: "acoto tres hombres capturados en las villas de Santa María para que no puedan ser capturados más veces."

Sobre los lugares acotados que van creciendo y donde se cita la iglesia de Santa Leocadia en el lugar desaparecido de Carracedo, se añaden lugares de Cabezón, Bedoya, la iglesia de San Vicente o de los moros en Cervera y otras tantas de la parte de Liébana.

En la citada Conferencia, Laureano escribe que el rey otorga al Obispo de Palencia la inmunidad y el señorío en estas tierras como compensación por el declive de su poder en la ciudad y a cambio de una mayor libertad concedida a los ciudadanos palentinos.

Como publicista, me interesa rescatar la historia como se ha venido desarrollando y escribiendo en los siglos de atrás, pero como oriundo del lugar me rebelo ante esos dogmas reales que tomaban por doquier tierras a su albedrío para dejarlas en manos de la iglesia que tanto miedo nos metía con el demonio. "Yo dono a Don Raimundo, mi legítimo tío, -escribe el Rey Alfonso- el Monasterio de San Salvador de Campo de Muga, con todos los términos hasta sus límites y pertenencias y posesiones que hoy tiene.../ excepto las poblaciones de Camasobres y los barrios de Resoba.

Salvador Minguijón, historiador bilbilitano explica que todas las tierras y heredades que el rey concede a los obispo de Pernía, se hacen en compensación por los tributos que se les perdonará, como el de ossas, huesas o bodas, que pagaban los vasallos a los señores cuando casaban a sus hijas.

De la sección, "La Madeja", para Diario Palentino, @2016
Imagen: José Luis Estalayo. 


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29 de enero de 2016

Sobre el condado de Pernía (I)

La historia, la verdadera, tiene enormes lagunas que unos y otros han intentado despejar, y sobre la que se van anotando historias que llegan de todas partes reafirmándose en lo que ya conocíamos o sorprendiéndonos con una versión nueva, como el nacimiento del Pisuerga al que me referiré en un próximo artículo.
Laureano Pérez Mier, auditor de la Rota, que nació en Santa Maria de Redondo en 1904, además de transcribir el pleito habido entre Redondo y Brañosera el año 1575, estudió las antiguas Ordenanzas de San Salvador de Cantamuda y habló sobre los límites e incertidumbres en una conferencia pronunciada en Septiembre de 1934 en el Seminario Conciliar de Palencia.
En aquella charla Laureano afirmaba que Nuño Núñez y Argilo fueron los primeros condes que otorgaron la Carta Puebla de Brañosera, donde ya se advierte la divisoria territorial entre el Condado de Pernía, sometido al reino de León y el naciente Condado de Castilla. . .

En la Historia General del Derecho Español, nuestro jurisconsulto de Verdeña Matías Barrio y Mier ya distingue bien las atribuciones de los Duques y Condes en la España visigoda; los primeros, funcionarios que ejercían como delegados del monarca al frente de las provincias y los Condes las mismas atribuciones al frente de las poblaciones. En un símil cercano, los primeros como los gobernadores civiles y los segundos como los actuales alcaldes de los pueblos. El monarca concedía tierras, villas e iglesias, a señores laicos o eclesiásticos, por lo que en diferentes épocas de la historia encontramos en nuestra zona pueblos de realengo (perteneciente al rey); pueblos o tierras de señorío (concesiones que el monarca hacía a personas seglares) y títulos de abadengo, que pasaba a poder de iglesias y monasterios.

Cuando se inicia el señorío eclesiástico de los obispos de Palencia en territorio de Pernía en 1123, el Emperador Alfonso VII extiende un documento donde concede a don Raimundo y a todos los sucesores, la villa de Polentinos y la iglesia de San Salvador con sus montes y puentes, con sus pastos y prados, con sus términos y veredas...

Unos años más tarde, en 1142, el mismo Emperador a instancias del obispo de Palencia y a la sazón conde de Pernía, otorga la inmunidad a la Abadía de Lebanza. "Acoto dicho monasterio para que desde hoy, ni merino, ni sayón, ni otro hombre alguno traspase dichos términos y, si alguien entra y hace daño, pague seis mil sueldos al Rey, al monasterio y al abad que allí hubiere".

De la sección "La Madeja", para Diario Palentino, 2016

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11 de diciembre de 2015

El fielato de Camasobres


Dice al respecto la Real Academia: "Oficina a la entrada de las poblaciones en la cual se pagaban los derechos de consumo". El fielato de Camasobres, situado en el llano, antes de acometer la subida al puerto de Piedrasluengas, diez kilómetros adentro de Palencia, curiosamente, pertenecía a la Diputación de Santander, y trabajaban en el mismo funcionarios de aquella diputación provincial.
Quienes pasaban por allí, camino de las ferias, tenían que pagar una cantidad (según el valor de la mercancía). 

Según el artículo 37 que aparece en el Diccionario de la Administración Española de Marcelo Martínez, los fielatos serán abiertos a la salida del sol y cerrados a la puesta del mismo. Y en el artículo 42, que viene de alguna manera a explicar la ubicación de este de Camasobres, "donde no existan fielatos exteriores deberán establecerse uno o más interiores según lo exijan las conveniencias del servicio".

Fielato era el nombre popular que recibían en España las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, lo que servía también, probablemente de relleno. Entiendo que lo de "Sanidad" era una disculpa como otra cualquiera, porque al final, lo que menos importaba era el estado de los alimentos, consciente el pueblo de la avaricia de los gobernantes que no teniendo villas ni lugares realengos de que disponer crean el consiguiente arbitrio, lo que acrecienta considerablemente por aquellos años el número de alcaldías, escribanías, notarías, alguazilazgos y fielatos, todo, evidentemente, para engordar al rico, de manera que a los pobres sólo les dejan, si acaso, el camino de la picaresca para librar lo que se pueda algún impuesto o aminorar el pago si el funcionario se dejaba querer con alguna prebenda.

Valentín, que sirvió en la casa de Conrado Francisco en aquellos años difíciles del estraperlo, recordaba cuando en el fielato de Camasobres se examinaban las carrales de vino que, en muchas ocasiones, iban cargadas de legumbres. 

Lo cierto es que pertenece a la comunidad Cántabra desde el 28 de febrero de 1962, fecha en que fue adquirida mediante compra a su anterior propietario D. Martín Gutiérrez Pérez y cuyo expediente de enajenación, mediante subasta pública, se iniciaba a expensas de aquella Comunidad en Octubre de 2011.

De la serie "La Madeja" en Diario Palentino
Imagen: Pumar59


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25 de septiembre de 2015

Todo el Campo es orégano




Pocos pueblos, tan pequeños, con tanta historia como el pueblo perniano de "El Campo", recogido lugar que, pese a no vivir ajeno a los problemas que acucian al mundo rural, bien se puede decir que atesora una sabrosa historia, donde convergen rutas camineras y donde se citan tradiciones y costumbres que nos llevan a conocer cómo era la vida en esta comarca norteña en los pasados siglos.
En las citas de otros autores se recuerda, por ejemplo, la casona ya desaparecida de Domingo de Rábago, natural de Lombraña (Polaciones, Cantabria) emigrado a México y con descendencia en América, que obtuvo el título de Conde de Rábago en 1774, concedido por Carlos III, cuyo último titular conocido era Mauricio de los Casares y Bergstrom (1982). En el recuerdo de los más ancianos de los pueblos próximos, se mencionan las costumbres.

Los toros también intervenían en la fiesta, pero no se mataban. Los vecinos de El Campo, pueblo al que llegamos próximamente en la sección "montaña palentina, la más bella canción de la naturaleza", se citaban para "la Pelea" con los del pueblo vecino de Lebanza y echaban a pelear los toros el 28 de agosto en el paraje de "El Cuquillo", celebrando a continuación una bonita romería, cada año en un pueblo.

Mi abuela Lorenza Simal, que era panderetera y muy querida en San Salvador, me contaba, siendo un adolescente, cómo eran las fiestas de los pueblos entonces, antes de amenizar las verbenas las famosas orquestinas.

Tengo pendiente, lo he prometido, un viaje al mundo de las hilas, aquellas reuniones de invierno en casa de algunos vecinos para tratar el lino o la lana.

En el año 1069 ya se cita este pueblo en el libro "Tumbo de la Catedral de León" y allí aparece como uno de los lugares más importantes de Pernía; Alfonso VIII concede a los obispos de Palencia derechos y heredades sobre este lugar, siendo lugar de realengo. Por esa intensa y dilatada historia, bien puede decirse, a pesar de los quebrantos -que haberlos "haylos" en todas partes- que aquí se les hizo el campo orégano.

De la sección La Madeja, para "Diario Palentino" y Globedia.
Imagen: El Campo, por José Luis Estalayo

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Nota que me remite hoy el escritor Valentín Ruesga
He leído tu artículo "Todo El Campo es orégano" y aunque anónimamente, me veo aludido en él, pues creo que para redactarlo has tenido presente la reseña que sobre El Campo figura en la Web "Pueblos España"; esa reseña la escribí yo y la envié a la Web, que la publicó; aunque la escribí hace algunos años, la considero actual, pues solamente introduciría algunos pequeños retoques; únicamente debe modificarse lo dedicado a la casona; según he podido averiguar recientemente, la casona no la construyó el conde de Rábago, sino que Domingo de Rábago, cuando aún no había recibido el título nobiliario, la compró, ya construida, a Santiago Gómez Inguanzo, vecino de El Campo y miembro de una familia de prestancia en Pernía.

Sirva esto para añadir algo más a la historia de El Campo.

Recibe un atento saludo
Valentín Ruesga, 28/09/2015

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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