CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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30 de diciembre de 2015

La nevada del siglo XXI

Haciendo el especial para el fin de año me tocó recordar una vez más, aunque jamás me olvidaré de ella, la gran nevada que sufrimos los vecinos de la Montaña Palentina; o mejor dicho la sucesión de nevadas que vivímos entre enero y febrero de 2015 los montañeses palentinos.




Lo de enero fue un simple ensayo pero lo gordo llegó en febrero. Pueblos incomunicados, autovías cortadas, gente atrapada y todo ello ante la estupefacción de todos. No sé si es que se nos había olvidado lo negro que es el manto blanco que tanto gusta a a algunos, yo siempre digo que lo odio a más no poder. No me gusta, nunca me ha gustado desde que dejé de tirarme montaña abajo con trineos en mi infancia y luego con los  esquís hasta que me lesione. También, y es una razón más que suficiente, porque mi padre se pasaba el día en la carretera y cuando nevaba mis nervios se ponían de punta.

Pero es que el día a día para vivir y trabajar con la nieve es complicado. No podía entender la paciencia que tenían los que estaban atrapados, también es cierto que ves lo solidaria que puede llegar a ser la gente. He visto como muchos ayudaban y llevaba mantas  a la gente que se quedó atrapada en la autovía. También he visto a algunos no mover ni un dedo mientras otros se afanaban por quitar la nieve; a la UME que dicen que hicieron mucho pero yo la verdad sólo les ví cerca de Gullón ayudando a un vehículo... Sí que he visto a los vecinos de La Pernía crear una red de ayuda e intentarlo todo por salir del aislamiento hasta incluso plantearse hacer una labor de titanes e intentar abrir Pedrasluengas a mano, a pala, hasta que ya justo ese día aparecieron las máquinas y abrieron. Junto a otros compañeros lo pude cubrir, parecíamos auténticos muñecos de nieve y confieso que también pasé un poco de miedo entre los neveros de dos metros, pero tenía un perro del Greim que no se separaba de mi lado.

He visto en Barruelo a los voluntarios de Cruz Roja llevar medicinas a los vecinos que no podían salir de sus casas -no lo he visto pero sí me lo han contado también que lo hicieron los pernianos- y tantos y tantos ejemplos de solidaridad vecinal. También he recogido alguna imagen curiosa como la creación de un iglú junto a mi casa, la de dos niñas en una segunda planta asomadas a su ventana porque no podían salir de su casa o la de unos jóvenes tomando el blanco en manga corta con un metro de nieve.

Los montañeses sabemos lo duro que es nuestro invierno, también es cierto que hemos elegido vivir en el norte pero eso no sirve para ponerlo de excusa y tener a la gente aislada. He de confesar que las primeras semanas de febrero de 2015 han sido de las más angustiosas de mi vida a nivel laboral. Tenía hasta pesadillas y no dormía, y no me duelen prendas en reconocer que lo pasé muy mal pues la situación creo que nos superó a todos.

La guinda ya al envenenado pastel blanco lo puso el fallecimiento de nuestro presidente, Chema Hernández.

Imposible por todas las circunstancias olvidar la nevaona de 2015, la nevada del siglo XXI...

© Marta Redondo
© Pumar59

San Salvador de Cantamuga, Febrero de 2015.
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Sección de orígenes ©A dos bandas.





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20 de marzo de 2015

El simulacro

Aunque el tiempo amaina considerablemente la sensación que nos dejó febrero, me niego a dejar pasar esta ocasión sin contestar a quienes la semana pasada hacían balance en Cervera de Pisuerga sobre el último temporal; desde luego, la mayor nevada de lo que va de siglo y una de las más grandes en muchos años, posiblemente, calculando el mes de incomunicación con Palencia que vivió Piedrasluengas, mayor que la que vivimos en San Salvador en 1981, una semana incomunicados, sin luz y sin teléfono en Pernía y quince días cerrados los pueblos de la Castillería.




Será por lo del cambio climático, obedezca o no a ciertas normas que no entendemos de la meteorología, esta vez la nieve ha cubierto villas como Reinosa o Aguilar, convertidos estos puntos en centros de referencia para los medios de comunicación. A través de ellos y a través de quienes pululan por las redes sociales, que son un pulso en nuestro tiempo, aunque algunos se nieguen a admitirlo, hemos sido alertados de la dimensión de la misma: ganaderos que tuvieron que tirar miles de litros de leche, que vieron impotentes como el peso de la nieve hundía sus naves; caballos y corzos enterrados en la nieve; personas, en su mayor parte, mayores, con recursos limitados, taponados por los inmensos neveros.

Dice hoy Antonio, un poeta canario que he añadido a mis colaboradores que "aquí estamos los soñadores, los ingenuos, los que aún creemos en la fuerza de las palabras".

Yo a estas alturas dudo de que las palabras tengan fuerza. Diré más, me lo cuentan por las redes (igual es mentira), que hubo alcaldes que felicitaron a la Junta por su labor, cuando es evidente que fallaron las previsiones, que no se destinaron las máquinas necesarias, que rozamos nuevamente el abandono.

Dicen algunos, movidos por no sé qué razones, que no fue para tanto, que hubo otros inviernos peores, que las redes han creado la alarma social, que todo ha sido una exageración.
Vamos que, todo ha estado bien, que apenas se ha notado la nieve, que hay cosas más importantes esperando.
Aquí el asunto es lamer el culo a todo el mundo. Sigan ustedes ejerciendo ese derecho, que poco más necesitamos para que se cierren definitivamente estos y tantos otros pueblos.

La Madeja, en "Diario Palentino" y "Globedia"
Imagen: Nevaona, por @Pumar59


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13 de febrero de 2015

Después de la tormenta, llega la reflexión

Ahora culpamos a todo el mundo, al del tiempo, que pronosticó que nevaría, y nevó, sí, pero no nevó tanto como decía; o al contrario, llegaba un temporal que era evidente en los monitores de los meteorólogos y que luego un viento norte desvió hacia otro sitio. Culpamos al mundo, culpamos a quien sea, sin darnos cuenta que nadie colmará nuestras ansias de arreglarlo todo con un soplo.


La nieve no la echa ningún partido político, eso es evidente; ni al tiempo le puede detener ninguna ideología. Los inviernos como este pasaron hace 50 años y no es cuestión de atrincherarse con un millón de máquinas.
Pero hay que educarse también para las ausencias, para los peligros, para las situaciones intempestivas que vienen de otros puntos y de las que no se puede culpar a quien lleva la máquina. Nadie se lanza a tumba abierta, en una ruta peligrosa, cuando sigue apretando la tormemta y la ventisca no te deja ver las balizas de señalización.

Hemos pasado de no decir nada a explotar en una demanda acelerada de servicios y, claro, todo tiene una explicación. La carretera se abre de abajo hacia arriba y tiene su lógica, si lo miran, porque para qué necesitamos que abran con urgencia los pueblos si los enormes neveros que se forman no nos dejarán llegar al ambulatorio más cercano? Pero sí hay muchas cosas que demandan atención. En San Salvador, a las afueras, al lado de mi casa, alguien ha aparcado una máquina de la Junta, una buena máquina de tubos, que es una forma de acometer los neveros, pero está aparcada y enterrada en la nieve por alguna avería, triste paradoja, y lleva un año allí, sin que ninguna autoridad local ni provincial se haya preocupado en repararla y reservarla para un nevada como esta.

Ocurre que tenemos fijación en la dichosa frase "ya no nieva como antes", y la misma jugada que el ordenador le hace al meteorólogo, nos la ha hecho a nosotros, ilusos, que teníamos casi asegurado por falta de costumbre que nunca nevaría como en el 54 del pasado siglo. Que nunca más nevaría tanto.
Y nos equivocamos.

Imagen, Piedrasluengas, 2015.
Imagen cedida a Orígenes por Miguel Gutiérrez, de un vecino de Piedrasluengas.

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31 de diciembre de 2013

48 horas de invierno



El cuartel general de invierno está ubicado en Saldaña.
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En algunas zonas -¿qué esconderá el Puerto?-, las máquinas quitanieves apenas avanzaban. La ventisca impedía ver el camino, las máquinas se salieron en varios puntos de la carretera y en algunos lugares donde habitualmenle se forman grandes neveros, se tardaron cuatro horas en recorrer trescientos metros.
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Quienes iban al frente de las máquinas luchaban denodadamente tratando de encontrar el coche de Valentín Trueba. El personal estaba exhausto, llevaba veintidós horas rompiendo nieve. El último empujón llegó de la mano de Garrido, un funcionario de la  Junta que conoce bien el camino.
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Valentín Trueba, el joven que pasó cuatro días incomunicado estaba muy cerca de Piedrasluengas, un kilómetro le separaban de las luces del pueblo, pero con la nieve no valen cercanías, cuando se cierra el cielo y se intensifica la ventisca. Motivados por las llamadas de socorro que se recibían desde Potes, se llegó a tiempo de salvarte la vida. El muchacho fue cargado en la pala de la máquina y se le llevó en ella hasta el punto donde se encontraba la ambulancia, varios kilómetros más abajo.
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En la Venta Pepín me contaron, la semana pasada, que quienes llevaban la máquina de Potes comentaron lo siguiente: 'Vamos a bulto". "Si caemos, caemos". "El problema es que nó se ve".
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En Brañosera y Barruelo se hizo uso de una motoniveladora para limpiar el hielo de las calles. ¡Lo nunca visto!
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Las curvas sombrías de las "Matas" y las curvas sambrías del Puerto de Piedrasluengas están limpias. Se ha echado bastante sal y una brigada de gente ha picado el hielo. Me piden que transmita los elogios a la empresa Zarzuela.
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Fermín, un vecino de Herreruela de Castillería, llamó porque tenia una vaca de parto.
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De Vañes se pidieron medicamentos para un toxicómano.
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Se abrió en tres horas la carretera de Resoba, porque había que sacar a una mujer enferma.
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A las siete de la tarde, en la carretera de Guardo a Cervera, se quedó atrapado un camión de frutas "Estalayo" ..
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Un camionero que hace esta ruta habitualmente, quedó atascado en Piedrasluengas.
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En la Espina se suscitó una polémica porque las máquinas tenían orden de llegar hasta un punto concreto. La mujer del restaurante que atiende a los camioneros que llegan de la Magdalena, no dejaba de interrogarse el por qué de aquella controversia suscitada por cuatro kilómetros de diferencia.

De la sección "Fuente Cobre", en Diario Palentino el 23.03.1996
Imagen: @De Pumar

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10 de febrero de 2012

El invierno es cosa seria

Leo en un diario nacional que los inviernos no fueron siempre tan aburridos como ahora. Los actuales hombres del tiempo han encontrado muchos años después la causa de aquellos inviernos tan largos. Se trata de una línea imaginaria que comunica estas tierras con el Mar Cantábrico, el vacío formado por el curso del río Deva y los vientos norteños que chocan en el "boquete" que forma el Peñalabra y la Peña Bistruey. Resulta interesante y divertido verse uno reflejado en tan importantes medios de comunicación y con explicaciones que desbordan nuestro limitado entendimiento. El periodista lo resume así: "Las masas de aire forzadas a elevarse por primera vez en estos puntos, descargan cantidades ingentes de nieve..."


Parece que lo que le mueve a esa rigurosa investigación, es la cita que aparece grabada en el atrio de su iglesia: "Año 1713. A 26 de febrero comenzó a nevar y no cesó hasta el 29 de abril. Ese día había 12 varas".

Hace unos días, en conversación telefónica con el folklorista Luis Guzmán Rubio, recordábamos la copla cantada por Sarai Plaza, recogida en los años 40 por su padre, Guzmán Ricis, lo que viene a justificar con pocas palabras la intensidad de los inviernos en esta zona:

En Camasobres la nieve
borra todos los caminos,
pero jamás borrará
tu cariñito y el mío...

A pesar de todo, sin quitarle la razón a nadie, en los inviernos que llevamos descritos no se habla de una gran cantidad de nieve caída, sino de una gran cantidad de nieve acumulada por el viento, lo que forma neveros espectaculares en algunos lugares como el Vallegón, la Venta Urbaneja, el collado de Areños... El año que alguien se molestó en grabar, sería, sin duda, uno de aquellos en que para atravesar las calles era necesario hacer auténticos túneles, cuando las plantas bajas de las viviendas estaban tapadas por la nieve, como bien recuerdan los más viejos del pueblo de Lores en la gran nevada del 54.

Loable es que nos hayan encontrado y nos sitúen en el mapa correctamente, aunque desde que padecí el invierno en propia carne, yo nunca me lo he tomado a broma.

Imagen: Máquina quitanieves abriendo las calles de Cervera en 1954
Más sobre este tema en nuestro blog "Curiosón"
"Grabado en piedra en 1713"


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17 de diciembre de 2005

¿De qué color es la nieve?



No me gusta exagerar las historias. Como ustedes me pregunto de qué color es la nieve, porque, como la vida, la nieve representa colores en la memoria de la gente. Alguna vez he contado, incluso he publicado en algún libro, las tremendas nevadas que cubrieron los pueblos de la montaña. Que no es cuento, que no es materia de novela... De esto sabe mucho Ignacio cuando subía con la correspondencia detrás de la máquina y de aquellos momentos conserva instantáneas preciosas.

El Procurador socialista José María Crespo, tirando de la imaginación, les pide que piensen en el posible caos que podría adueñarse de la ciudad de Palencia, si la nieve cubriera sus calles, y se fuese la luz, y el niño se pusiera enfermo. A mí me gusta que los políticos empiecen a imaginarse cosas, pero consciente de que los males de los demás se diluyen y merman a medida que torcemos la esquina y cerramos la puerta de casa. Eso mismo pasa con el hambre en el mundo, con las inundaciones, con el terrorismo. Nos encojen el corazón, no encontramos palabras. Lo explicaba bien el político apostando por esa solidaridad que llena el mundo, cuando todos hacen lo que pueden para contrarrestar esas catástrofes que, rizando el rizo, siempre le caen de lleno al pobre.

Pero yo voy más lejos porque he vivido atrapado en ese invierno de diez días. Mis llamadas obedecen a sentimientos reales de soledad y de impotencia. Sí, sabes que, como dice el refrán, escampará, pero no sabes cuándo. La incertidumbre lo envuelve todo. Y la casualidad. Una enfermedad, un accidente, las cosas pasan cuando menos lo esperas, cuando mayor es la dificultad, y mucho se puede meter uno en el culebrón de los demás, tanto que hasta puede interpretarlo y sacarle chispas al sentimiento de solidaridad, pero nada como vivirlo en carne propia.

Eso es lo que le ocurre a la gente de Celada de Roblecedo, conforme relata Jesús García en un email que remite al diario palentino. Gente mayor que se ve literalmente enterrada por la nieve, incapaces de transpasar los neveros de metro y medio que les conducen a la calle. ¿Cómo llegar hasta la furgoneta del pan o del pescado, que se queda a la entrada de un pueblo, castigado por las competencias que le impiden al maquinista despejar cuando menos la calle principal.?

Desde la redacción de Aguilar, Marta Redondo se hace eco de ese desamparo, tomando la palabra del vecino de Redondo Alberto Espartero: "Hemos llamado a la Diputación y nos ha dicho que no tiene que abrir". "El ayuntamiento nos dice que el tractor no puede y la Diputación que hablemos con el Consistorio. ¿A quién acudimos?".

Un habitual del foro "Salvar la montaña palentina" traslada la pregunta y la información recogida del diario digital. La vergüenza tan grande que sienten los vecinos de Salcedillo que llevan semanas desatendidos. "La pala del alcalde no actúa y nosotros estamos hartos de la actuación de las administraciones".

Pero es ahora, después de muchos años, cuando los medios de comunicación comienzan a llegar tímidamente hasta la noticia real, hasta el lugar de la noticia, hasta la Palencia alejada y profunda: "magnífica combinación de montañas" –refleja el semanal del diario "La Vanguardia"; "sorpresa para el viajero en cada recoveco del camino..." afirmaba hace pocos días en "El Correo" una firma habitual de las secciones de montaña.

Muchas veces el hombre de la calle se pregunta: ¿Dónde está el poder? ¿Quién lo ostenta?¿Quién maneja nuestra barca? Si un procurador pide soluciones para nuestro temeroso invierno y recurre a la imaginación para exponernos la desidia que impera, quién más que él tiene el don de remover la brasa, exponiéndoles a sus señorías la angustia, el miedo, el abandono, todo lo que acompaña al temporal en esa época, sensaciones e historias por las que pasarán todos y cada uno de los habitantes de esta tierra. Qué esperanza les queda a quienes están obligados a vivir bajo esas circunstancias, cuando saben que el Gobierno regional en pleno rehuyó la pregunta de uno de sus miembros, la pregunta angustiosa del representante de los excasos votos de una tierra que expira, de una tierra que muere un poco cada día, esperando soluciones y medidas.

No me gusta exagerar las cosas. Como ustedes me pregunto si merecerá la pena repetir un año tras otro artículos como este, para que quede constancia de un buen motivo para despoblar esto. ¿Y no tienen la culpa de este olvido esos mismos hombres que dictan la normas para garantizar la vida en esta tierra?.

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26 de marzo de 2005

El tributo del invierno

Suelen sugerirnos los grandes pensadores que eliminemos de nuestra mente los malos recuerdos porque son piedras en el camino de la felicidad. Y un refrán dice que “no hay mayor puerto que el de la puerta de casa”.

 

De nuestros puertos sabe mucho Enrique Delgado, barruelano que luego se estableció en Cervera y que para los paisanos de la montaña fue durante muchos años la referencia de la luz, de la vida, de la libertad, porque venía al volante de la quintanieves. En una entrevista que me concedió para "El Norte de Castilla", contaba lo que le dijo Benito Tejerina cuando le encontró un invierno atrapado en su coche en el alto del Vallegón: “Lo he pasado peor aquí que cuando estuve en la guerra, en Teruel”.

En un balance que realiza Sebastián de Miñano sobre la provincia de Palencia, se cita a Camasobres, pueblo habitado entonces por 237 almas, e inmmerso por aquellos años en el oficio de la carretería para el trasnporte de sales, construcción de barriles para harinas y aperos de labor. Un pueblo que produce centeno, mucha hierba y alguna porción de trigo y lino. En el atrio de su Iglesia, grabado en una piedra, recuerda el sacerdote Daniel Fernández en “Apuntes Palentinos” que aparece la siguiente cita:

“Año 1713. A 26 de febrero comenzó a nevar y no cesó hasta el 29 de abril. Ese día había 12 varas”.

Como ocurría a mediados del siglo pasado en Lores, aquel fue un año en el que los habitantes de nuestra montaña se debieron emplear a fondo para hacer auténticos túneles, ya que las plantas bajas de las viviendas estaban cubiertas de nieve.

Hace unos días me llamaban de allá para decirme que en Piedrasluengas este año han tenido que salir por las ventanas a la calle.

Una cadena de televisión hablaba de la cruz que les toca soportar todos los inviernos a los vecinos de Salcedillo, cogidos en medio de la disculpa eterna de las dichosas competencias y otro medio nacional mostraba la estampa de Camasobres, con una nevada que casi volvió a tapar su iglesia y con un espesor de nieve que ya nadie esperaba después de tantos años de sequía.

Rebuscando historias –las tengo a miles repartidas por mi oficina–, encuentro el libro de Gabriel González, donde, en sentido poético, habla del tributo a exigir a los de “Tierra de Campos”, “pues conservamos la nieve que alimentará el pantano”. Y sigue apuntando:

“Van a pagar de momento,
unos mil sacos de hieros
para envernar los ganados.
Para hacer el San Martín,
esto es también necesario,
den mil arcos de cebollas
y otros mil ramos de ajos...”



Y llevando la anécdota al punto más alto: ...si los de Campos hicieran oídos sordos y no se hiciese frente al pago de esos tributos que decidirían en Concejo, propone desviar el agua de Cueva Cobre al Ebro.

Bromas aparte, quienes pagan con creces el tributo del invierno son estos últimos pueblos de Palencia, afectados por el infierno de la nieve, y en muchos casos, olvidados por las autoridades que apelan de contínuo a las competencias no acertando a dirimir en qué lado se encuentran, si pertenecen a esta provincia, si vendrá alguien a despejarlos el camino; si mientras llegan, no pasará nada que rompa la aparente calma.

A los periodistas de esta casa les interesa rescatar ante todo y antes que otra cosa, el estado de ansiedad en el que se han venido debatiendo las almas que habitan Salcedillo, pueblo palentino que ha visto el camino abierto gracias a las máquinas quitanieves de Cantabria. Los ganaderos, con buena lógica, han puesto el grito en el cielo ante el desconcierto y la apatía que se percibe en sus respectivos municipios. Por una parte, la normativa les obliga a construir las naves fuera de las localidades y, ante un invierno crudo como este, se las ven y se las desean para llegar a atender a los animales.Las autoridades locales ni sal, ni máquinas en condiciones, ni caso.

Estamos hablando de hechos que se repiten cada año. Una cosa es que implique más esfuerzo y compromiso llegar a estos lugares, y otra que nuestras autoridades se lo tomen con tanta pachorra. A mí no me gusta lo de hablar de soluciones de todo tipo para los nuestros en otras comunidades, pero comprenderán que uno se separa, se anexiona, se congratula al fin con aquellos que le tienden la mano cuando llega la urgencia.

Y, finalmente, eso será lo que suceda con la Sanidad, con la Educación, con el invierno y, al fin, con todo. Pueblos palentinos que, como Treviño, acabarán dudando razonablemente de su condición de castellanos y volverán los ojos, lo más lógico, a quienes les presten los servicios.


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15 de enero de 2005

La tempestad y los Gobiernos


Frente a todos los miedos y las necesidades, hay algo que, paradójicamente, avanza y se sitúa a nuestro favor: me refiero a la comunicación.
El 19 de Noviembre, los responsables de este diario llevaron a la portada un titular que bien podría provocar la risa de cualquier turista. La risa se convertiría en carcajada monumental en el caso de que este incidente llegara a oídos de esos concursantes de "gran hermano" que ignoraban la existencia de Palencia. Manda huevos, los mismos que luego por soltar cuatro chorradas, o insultar a diestro y siniestro a medio mundo, se ganarán miles de euros.



Antes de la nevada que colapsó Burgos y dejó a medio norte temporalmente aislado, tres vecinos de "El Golobar" estuvieron incomunicados por la nieve una semana. Esto no es nuevo ni allí ni en otros lugares de nuestra zona norte. Es probable que la prensa lo resalte mucho y los afectados tiendan a exagerarlo, pero quienes no han pasado nunca por una historia parecida no saben hasta qué punto penetra ese estado de incomunicación, esa sensación de alejamiento. La mismas carcajadas me provocan a mí las protestas airadas de quienes se han visto sorprendidos por una tormentilla a las afueras de Madrid, que no alcanza ni con mucho la peligrosidad que adquiere aquí por el terreno, la señalización, los pantanos y la falta de medios.

Yo me indigno porque, sinceramente, todo el encono que depositamos nosotros en estas líneas de periódico, le sirven al ejecutivo para diseñar un Plan de Emergencia que, no entiendo por qué, casi nunca llega a los pequeños pueblos.

El Plan de Protección Civil de Castilla y León se compone de más de 250 máquinas quitanieves (Palencia, 15), excavadoras, motoniveladoras y cargadoras, que se ponen en marcha para evitar la acumulación de nieve y la formación de placas de hielo.

Y es lógico que la mayor parte de ellos vayan destinados a los lugares donde mayor tránsito se da, pero sin olvidar a los pueblos más alejados. ¿Qué ocurre?

Pues que las competencias están en manos de otros organismos, en el caso que nos ocupa, de la Diputación, y cada uno se defiende como puede de la quema achacando la situación a los contrarios en la política, a la escasez de medios, a la imposibilidad de hacerlo más rápido porque no amaina el temporal o no se ha previsto en otros casos la magnitud que luego alcanza. Lógico esto, porque de momento la adivinación no es un título como para que los afectados vengan exigiendo responsabilidad por ello.

Jesús Guerrero, portavoz del PSOE en la Diputación habla de "atasco monumental" en la carretera que da acceso al Golobar. Y Enrique Martín, el presidente, le responde que fue algo puntual debido a una situación muy concreta.

Si es verdad que se contaron mil vehículos, que me parece una cifra muy abultada, la Diputación, que tanto clama por el norte, debería plantearse en serio la apertura de las instalaciones que se habilitaron en la sierra de Brañosera, puesto que los responsables de la Institucion provincial en épocas pasadas nos dejaron con la miel en los labios y nadie se ha acercado en estos años tanto como Enrique Martín, todo sea dicho. Que Enrique no atribuya importancia a la incomunicación de tres vecinos está mal, pero hay que reconocer el esfuerzo que el organismo palentino viene realizando en todos los campos y en todas las comarcas.

Resumiendo: el presidente del Gobierno pidió perdón y prometió remedios. La Junta nos envió una quitanieves nueva valorada en 300.000 euros y se puso en marcha un plan de viabilidad para luchar contra el invierno. Pero que nadie se tome al pie de la letra todo lo que dicen o todo lo que leen. Está en boca de todos que al invierno no se lo come el lobo y que no sirven para nada las valentías ni los coches fantásticos. Los planes son bonitos pero conviene tirar de la precaución, de la paciencia, de la sensatez y de la calma.

Si tuviéramos la posibilidad de poder comprar el tiempo, nos mataríamos unos a otros y da la impresión de que la lluvia que no cae o la nieve que tapa los caminos es obra del gobierno de turno.


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13 de marzo de 2004

Invierno siempre, en todas partes



Un moderador de Internet pide a sus visitantes que dejen en el foro fotografías y notas sobre el grosor que ha alcanzado la nieve en sus respectivos pueblos y ciudades. Y es curioso, pero la gente se muestra generosa, describiendo en pinceladas cortas el fenómeno del invierno.

Desde los dos centímetros que alguien estima que cubrieron Bilbao, hasta los 90 de Santiago de la Espada (Jaén). Un internauta que reside en Bélgica habla de las ventiscas que se generan en Elsenborn (Altas Ardenas) donde la nieve ha alcanzado un grosor de cien centímetros.

En un relato titulado “El engaño”, que alguien se ha molestado de traducir de la edición francesa y colgarlo en la red, el autor se fija en el invierno de 1860.

Fue tan duro –señala– que en las llanuras de la Normandía Baja cayeron grandes nevadas y se heló el Oise. Hubo en particular un nevasco tan grande el día de Navidad, que casi enterró a la ciudad de Beamont.

Y basta con fijar los ojos en la hemerotecas, para rescatar historias sorpendentes. En el año 1009, por ejemplo, hubo grandes nevadas en todo el centro de España, y en el 1113, hacia el mes de abril, una crecida del Tajo se llevó todos los puentes que encontró a su paso.

Una de las nevadas más grandes que relata la historia, fue la de febrero de 1433. Afectó a toda Castilla y estuvo nevando sin cesar durante cuarenta días seguidos, “que non se falla por crónica que otra tanta en ningún tiempo cayese”. Al otoño siguiente, en el de 1434, las lluvias torrenciales anegaron Madrid y Guadalajara, lloviendo a cántaros desde el 29 de Octubre hasta el 7 de Enero”. Para compensar o descompesar, todo depende, según nos cuentan las “Crónicas de Don alvaro de Luna” en 1446; “hubo unos soles muy fuertes y el calor muy grande”.

Matías Escudero, en la “Crónica de Almonacid de Zorita” cuenta que en el invierno de 1529–30 hizo tanto frío que el Tajo se heló y pasaban por encima las gentes y las mulas”.

La Reina Isabel II quedó atrapada por la nieve nueve días en Pajares en 1864. Fue a mediados de Abril, cuando un temporal desatado ya en primavera, tras un invierno con poca nieve, sorprendió a la comitiva cuando regresaba a Madrid tras una visita a Oviedo.

Pero los asturianos están obsesionados con el año 1888, el año de “la nevaona”, la mayor que se recuerda en aquella región, pese a que el Instituto Nacional de Meteorología explique la que nevada de 1954, la más intensa del siglo XX, pudo haberla superado en algunas comarcas.

Repasando estos días “La Nueva España” encuentro que la nevada de 1888 tuvo efectos devastadores en zonas de montaña, tras quince días y quince noches nevando sin parar. El pueblo de Pajares fue el más afectado, pues quince personas perdieron la vida a causa de un alud que dejó sepultada media localidad durante cinco días, pereciendo asímismo centenares de cabezas de ganado.

En Leitariegos, un alud causó la muerte a cinco hombres y un niño y el frío hizo estragos entre la cabaña ganadera.

Avanzando en el tiempo, encuentro que nevó en Junio de 1943 y en 1945 una copiosa nevada dejó incomunicada aquella comunidad con la Meseta durante diez días. En Busdongo (León)quedó atrapado un tren cargado con cerdos. Al cabo de los días el hambre hizo presa de los porcinos, que empezaron a devorarse unos a otros, lo que obligó a proceder a su inmediato sacrificio.

En nuestra montaña, uno de los inviernos más crudos que se recuerdan fue el de 1954 y los asistentes a un funeral en la localidad de Lores describen como en casa de Manuela la gente sale por la ventana que da al corral.

El día 5 de Noviembre de 1918 se cerró el Puerto de Piedrasluengas, quedando atrapados varios carreteros lebanenses, cargados de mercancías para el invierno. El puerto se abrió el 23 de abril. Dice un refrán: “Por San Martín no carretea más que el ruín” y hasta el Santo les falló ese año.

Según los datos oficiales el día más frío, en varios lustros, fue el 19 de enero de 1979. Ese día a las ocho de la mañana y en Cervera, marcaba el termómetro –17º. Durante la noche había descendido a –21º.


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22 de noviembre de 2001

Nunca como ahora


Nadie se preocupó tanto como ahora de la nieve y sus circunstancias. Nunca como ahora se sopesó el aislamiento. Si contabas que en tu pueblo la gente, aprovechando los inmensos neveros, tocaban los tejados, estabas alucinando; eras un soñador, cuando no un loco. Ahora sí que alucino yo con la nueva ola de periodistas que describen impresionados una incomunicación de dos jornadas. En mi tierra hubo pueblos que vivieron quince días sin ver asfalto. Quince días a oscuras, sin luz y sin teléfono, buscando a tientas los caminos que se fueron creando a fuerza de muchas pisadas lentas y repetidas. A mí me gustaría que cayera una nevada de cinco metros por igual en muchos lugares, no sólo porque la nieve es buena, sino por satisfacer una curiosidad que tengo. Aunque ahora mismo tampoco tendría sentido la experiencia. Llegarían máquinas de todas partes.

Y todos hablarían por los codos de ello.

De la seccion del autor para la prensa: "Impresiones".
Imagen: Rosario Yukatán desde Valberzoso
Imagen: Vecinos de los pueblos de Palencia y Liébana abriendo la carretera a Pala, en el libro del autor: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", Edit, Aruz, 2ªedicc Julio de 2009


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14 de diciembre de 1997

Nieve, hiele y duele [II]

Pilar Cernuda: "España no funciona" 


"La nieve es buena". Siempre lo dijo mi gente, quienes más perjudicados se vieron por ella. Parece que fue ayer cuando se tocaba a Concejo y cada vecino, con su pala untada de brea y sebo, salían a los caminos e iban mordiendo los neveros, que en muchos lugares pasaban de tres metros, hasta dar vista a la carretera general.

Que se lo pregunten a José Luis Pérez, de "Venta Campa", conocedor y amante de la nieve, que formó parte de la expedición de César Pérez de Tudela para localizar a varios montañeros extraviados en el Naranjo de Bulnes.

Que se lo pregunten al escritor y amigo barruelano Francisco Merino Bravo [1], que dirigió el CIT de aquella localidad, organizando excursiones en invierno a los pueblos cercanos, competiciones de esquí...etc. Que se lo pregunten a Enrique Delgado, durante muchos años al frente de las máquinas. En una entrevista que le hice hace unos años me contaba: [2]

"En el Vallegón encontré otra vez un coche de San Salvador que había bajado a coger el autobús de Burgos. Estaban totalmente tapados por la nieve. Recuerdo también cuando recogí a Benito Tejerina. Se había quedado sin habla. Se agarraba como una lapa a la cuña y no había forma de soltarle. Me contó que había estado en Teruel en la época de la guerra, pero que lo había pasado peor allí..."

Ellos sí que saben de la nieve. La nieve es mala para quien, haciendo caso omiso de las advertencias, se lanza tumba abierta a combatirla. Y eso es lo que hemos hecho cientos de automovilistas estos días. Y en base a ese bloqueo de 20 horas, Pilar Cernuda deja su comentario habitual y escribe:

"España no va bien. No va bien cuando son tantos los periodistas insensibilizados que dan más espacio al futbol y a las declaraciones de Garaicoechea, que a las informaciones sobre el tiempo".

La crónica personal de esta muchacha no tiene desperdicio, porque desde el principio al fin demuestra que desconoce el fondo y la forma del elemento blanco y como prueba de su total desconocimiento, con la ira a flor de piel por un tiempo que estuvo ante una de las muchas colas que se hicieron, deja para otro día la información general y hace primicia de un asunto que la afecta, que la maltrata, que es para ella insoportable:

"No va bien España cuando la Guardia Civil se ha demostrado incapaz de atender a tantos coches y camiones bloqueados, cuando no han llegado a su destino las quitanieves, cuando la sal para derretir la nieve se echaba lentamente a paladas, cuando no existía maquinaria eficaz para desbloquear autovías y carreteras de primer orden".

Posiblemente, todos tuvieron su motivo importante para salir de viaje: el camionero, que arriesga muchos millones de pesetas; los representantes, los escolares y quienes van a su trabajo. Y todos ellos acusan a la Guardia Civil porque no les prohibió el paso (a saber lo que hibieran dicho de habérselo prohibido), y a Protección Civil porque no anduvo lista a remediarlo.

Nadie se echó las cuentas que salieron.

La culpa es siempre de los demás, que no pronosticaron bien, que no advirtieron convenientemente, que no mandaron a raudales las máquinas quitanieves y los camiones de sal.

Por eso digo que la nieve es buena para diferenciarnos, porque después de esta muestra insignificante y este apabullamiento de los medios más poderosos, seguimos siendo ciudadanos de segundo orden, hechos así para el padecimiento e ignorados por esos periodistas que se alarman por veinte horas que se ven atrapados para terminar asegurando entonces que España no funciona.

______
  • [1] 25/11/2008.- Durante el último pleno barruelano también se aprobó por unanimidad el dedicar una calle a Francisco Merino Bravo, que recientemente ha fallecido y que dará su nombre a la hasta ahora denominada como La Cerrada.
  • [2] De Lózar, Froilán: Sección "Protagonistas de la Montaña Palentina", en el Norte de Castilla, 22/10/1995


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13 de diciembre de 1997

Nieva, hiele y duele [I]

Iñaki Gabilondo: Gabinete de crisis 



He regresado a casa. La nieve esta vez ha cubierto los campos y ha dejado un aviso previo a estos paisanos míos, que siguen en la brecha con lo puesto. Varias veces estuve a punto de suspender el viaje, desde que a las siete de la mañana, Iñaki Gabilondo sugirió en su programa de la "Cadena Ser" un gabinete de crisis.

No sé cómo explicarlo, Mariano. De pronto me veo incompleto. Sé que este diario llega a muchos puntos de España, tiene grandes colaboradores, facilita una completa y exhaustiva información de la provincia y su dirección está abierta a todas las cartas, a todas las tendencias...

Estoy orgulloso de objetivar conmigo mismo y subjetivar luego hacia ustedes, que debe ser como Nuria Donat me dejó escrito. ¡Qué bien lo haces, Nuria! ¡Cómo te mueves entre líneas!, ¡cómo tomas las curvas de los intolerantes!, ¡con qué respeto y gracia te comportas! Hace tiempo ya que mi padre, uno de los lectores más viejos del periódico, te colocó en el listón más alto y te prometo que no he podido relevarte. Me conformo con estar a tu sombra y a la sombra de tanta gente buena como firma aquí al lado.

Pero me veo incompleto. No por llegar más lejos con mi nombre, sino por llegar más lejos con los problemas y las historias de esta provincia nuestra a la que me debo por entero. No estoy haciendo ni más ni menos que lo que un buen padre hace con su hijo; que lo que un buen hijo hace por su tierra. Conducirle por el camino más seguro, ayudarle a que los demás comprendan ese camino que se toma, y publicitarla constantemente: en el bar, en el comercio, en todos los rincones. Esa es una labor ardua y muchas veces incomprendida, que saben muy bien (porque han pasado por ella), todos y cada uno de los corresponsales y colaboradores del diario.

No me veo incompleto por nada que tenga relación con el medio, en cuanto a su estructura y argumentos, sino porque, como me dijo un lector hace unas horas (yo creo que con buena intención), a Madrid no llegamos. Nuestro trabajo es encomiable. Nuestro poder es limitado.

Los editoriales de los periódicos y los Medios de Comunicación que viven en torno a la capital de España cargaron tinta y culparon al Gobierno de las inclemencias atmosféricas. El PSOE pidió la comparecencia en el Congreso del director General de Tráfico y el director de Protección Civil, ante lo que calificaron de estrepitoso fracaso. "¿Cuántas máquinas quitanieves fueron habilitadas? ¿Cuántos camiones de sal?" -se preguntaban desde el editorial de uno de estos medios.

No sé todavía cómo explicarles a ustedes que me siento incompleto por el tratamiento de tercera que se le da a mi tierra en esos mismos diarios que hoy claman a los cielos. Y que piensen que las máquinas quitanieves son poderosos artilugios que van de cien en cien y que pueden llegar a los 120 kilómetros por hora. Docentes que escribieron con el Santo delante para que nieve donde siempre y que nieve en abundancia por aquello de los bienes, y porque donde ya nevó antes están habituados.

Y por eso mismo y para no perder el hábito, vengo y me encuentro con los pueblos de La Castillería cerrados, levemente incomunicados, pero incomunicados, con el Santo en la trébede para que no aparezcan raras enfermedades y tengamos que pedir un helicóptero con apenas 8 dedos de nieve.

Y esto ha sido una bolita que ha generado la crisis de un gabinete y un apedreamiento constante en los telediarios. ¿Comprenden ahora por qué siento que me falta algo?

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5 de marzo de 1996

El invierno de Trueba

Un muchacho joven, de camino hacia el Parador de Fuente Dé, ha sido la causa de que se nombrara Piedrasluengas (por cierto, perfectamente), en todos los telediarios y emisoras. Un periódico nacional relataba en contraportada la experiencia vivida por Agustín Trueba, cántabro de 29 años, que ignorando el duro invierno palentino, se aventuró por nuestro puerto quedando atrapado en algún lugar entre el pueblo que lleva el mismo nombre y Camasobres.



La nieve de febrero no suele dejar tanta huella como la de noviembre, pero el lunes, cuando establecía contacto con San Salvador para conocer más detalles, el pueblo estaba tapado, lo mismo que Agustín en su vehículo, que conocía así el grito del silencio, "cuando nadie habla de tí", de tu pueblo, de tu causa y debes sobrevivir bajo mínimos como lo ha hecho esta gente durante toda su vida. El periodista ocasional, los grandes medios, ya se han olvidado de la historia. Este asunto ocupó un espacio condensado de su apretada agenda y ahora mismo están esperando otra noticia a mil kilómetros de distancia con la que impresionar a sus lectores.

Si alguien revisa los archivos de este periódico comprobará que hemos hablado muchas veces de la nieve, que estos pueblos han vivido incomunicados y que han sido tratados durante años como simples objetos de decoración. Ni quienes conducían las máquinas eran conscientes del ahogo que se padecía en un radio de cincuenta kilómetros cuando, por lo general, cumplida su labor, dejaban el trabajo y regresaban a sus casas para emprender la faena al día siguiente. No es la primera vez que nos dejan sorprendidos. "Este camino pertenece a ta Diputación". "Esto pertenece a Obras Públicas". "Esta carretera no es competencia nuestra". Estas controversias se suscitan a menudo. Así, por ejemplo, el presidente de la Asociación 'Peña Escrita', Telésforo Redondo, de Santibáñez de Resoba, se quejaba en diciembre de 1990 del aislamiento sufrido en aquella zona durante cinco días, acudiendo finalmente en su auxilio el tractor pala del Ayuntamiento de Cervera. En San Salvador se suscitaba también una fuerte polémica cuando se puso grave una vecina y el alcalde no dio permiso para utilizar el tractor del Ayuntamiento y poder llegar hasta Cervera. Cuando se trata de una vida, yo pienso que se coge la máquina que sea, se la pone en la carretera que sea y que sea lo que Dios quiera, porque de otro modo los pueblos están siempre pendientes de recibir tas "competencias" adecuadas que les libre de esos encierros peregrinos.

Pero se consuela uno de lo lindo viendo la casa del vecino.

En 1993 la nieve caída en Avila provocó una agria disputa entre los diferentes representantes políticos; unos, que no se había retirado a tiempo; otros, que no se había utlizado la máquina más apropiada. Lo cierto es que los representantes políticos están en la capital asentaditos y la nieve está aquí, sabemos que viene y va como la vida y contra ese efecto no se puede hacer nada.

Después de varios años y de varias premoniciones fallidas, el invierno llega en 1996 a la montaña palentina de la mano de Valentín. A lo mejor mañana, un editor oportunista le compra los escritos a Trueba, que suena bien-, y hace con ellos un diario. Serviría eso, acaso, para darnos en el morro a quienes durante tantos años hemos tratado de demostrárselo, sin haber notado un cambio generoso en la forma de proceder de nuestros gobernantes.

Imagen: @Pumar59
De la serie "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino.


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4 de marzo de 1995

Negra nieve

Hace unos meses tuve ocasión de visionar un video impresionante. El lugar: la Venta Morena. El protagonista, un videoaficionado, cuyo Land Rover se había quedado aprisionado a unos palmos de la primera casa, junto a un nevero inmenso.




Contarlo es fácil. Hay que ver trabajando a las máquinas quitanieves con toda la potencia, aunque a un ritmo demasiado lento como para llegar a ningún sitio a tiempo. No se puede hacer más.

La grabación, que a fuerza de insistir sobre la misma escena, llega a cansar un poco, es interesante para demostrar a nuestros perezosos gobernantes la situación que aquí se implanta en los meses de invierno. Ya cuentan a este respecto los más ancianos del lugar que, en este punto, se formaban neveros de hasta cinco metros que había que palear en tres cortes o alturas. Se sabe que un año el Puerto de Píedrasluengas estuvo cerrado todo el invierno. Obras Públicas pidió a los pueblos que salieran voluntarios para abrir el camino a pala. Varios camiones los recogieron en la Venta Campa y los llevaron hasta las Peñas de la Hoz, donde comenzaron a abrir hasta llegar al empalme de Polaciones. Ya en Piedrasluengas les dieron pan, escabeche enlatado y vino para reponer fuerzas. El responsable del camión quedó de acuerdo en subir a buscarles por la tarde, pero espera que te espera, allí no volvió nadie y no les quedó más remedio que regresar andando desde el empalme de Palencia. "Así nos lo pagaron".

Otra anécdota muy curiosa, como toda la vida que rodeó a este personaje, es la que cuentan de un invierno muy duro, cuando se corrió la noticia de que a Honorio se le quemaba la casa. Los vecinos, como pudieron, con mucha dificultad por el temporal de frio y los inmensos neveros, se pusieron en camino hacia el lugar y ya cuando estaban a punto de llegar a la casa, les vocearon para que se volvieran. Al parecer, la mujer había barrido la cocina y al arrimar la escoba a la lumbre, esta se había prendido, pasando el fuego a las tablas del suelo. Los de Ia casa, en un primer momento, veían humo y no sabia de dónde procedía.

Hay otras muchas historias sobre las que ya nos hemos pronunciado, que pudieran servir para aplacar la realidad feroz de los inviernos en estos apartados lugares de provincia, pero debemos insistir en la realidad para que se procure poner fin a ese aislamiento de semanas, con la disculpa siempre de los distintos departamentos de la Administración que rehuyen competencias para lavar así su imagen.

Convendría que todos aquellos que nos gobiernan, de quienes depende la ayuda necesaria, experimentasen en su carne el invierno, porque, frente a estos casos anecdóticos, se han vivido otros muchos dramáticos, donde la vida humana dependía de la llegada de las máquinas, de la responsabilidad y el aguante de los hombres que las manejaban en condiciones adversas, acaso también ignorados en buena medida por quienes les mandaban a la odisea.

@para Diario Palentino y Globedia

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1 de agosto de 1991

Nieve en la prehistoria

"¿Las regiones atacadas por las nevadas no están en lugares que conocen temperaturas baje cero y heladas durante tres o cuatro meses al año, desde que los osos campaban por sus respetos en la península? ¿Cuándo vamos a dotar de una suficiente estructura de limpiezas de carreteras y mantenimiento de los servicios a estas poblaciones?".




Estos son algunos de los interrogantes que Lidia Falcón se hacía unos meses atrás en un diario nacional. Los mismos o parecidos interrogantes que se hacen las gentes que viven al norte de Palencia. Son situaciones que se repiten cada año y que vienen a recordamos nuestra insignificante fuerza para hacer la llamada de rigor a quienes rigen los destinos de esta provincia.

Ahora que ya ha pasado todo ese remolino de promesas, conviene recordar a quien proceda, ahí está la mandanga, la situación, el trato tan desigual que se dispensa al que está arriba, que está lejos, que está como siempre solo ante el lobo del invierno, tiritando, encerrado -como bien señala Lidia- en un aislamiento prehistórico. Y conviene recordársero ahora en verano, cuando estos núcleos de montaña tornan a la imagen de cielo, trozo de candela, chuletilla a la brasa, fiestas y ferias. Ahora que la temporada está lejana, que no olvidada para siempre; ahora que parece imposible e innecesa-ría una máquina quitanieves, porque, como un negocio más, no se mira a las personas, se mira a la productividad, al rendimiento, al dinero que cuesta y lo que va a dejar o lo que va a suponer para una Diputación Provincial su mantenimiento y puesta a punto.

Y no nos engañemos: lo que pasa con la nieve pasa también con los hospitales. Aquí son pocos, los médicos son muy especiales y muy caros, y así, los pobres y los pocos, se quedan siempre a la puerta de la justicia, a la sombra de la disculpa. Son conscientes de su mal momento, de su mal enclave, y asumen las negociaciones de los poderes públicos sin un reproche. Se les niega un poco de todo para volver dentro de unos años a buscar el filón de su discurso. Hasta los medios de comunicación más renombrados, sabedores más o menos de estos temas, les dan la espalda, porque en esta sociedad que estamos creando, cada uno busca lo que considera más importante, y no está el negocio de la venta en unos pobres prados, en unos pobres pueblos.

Sorpresa mayúscula, cuando en el telediario de las 3 de la tarde, en la primera cadena de televisión, a mediados de primavera, el locutor, Mariñas, menciona "Piedrasluengas" con cadenas. Milagro, diría yo, haciendo justicia a tantas ausencias como nos deparó la historia. Como si de una lotería se tratase, por casualidad sonó la flauta. Son muchos los artículos en los que hemos hecho referencia al invierno en esta zona; importantes por lo que atrás se dijo, y sobre los que volveremos, es probable, si podemos, cuando regrese el frío.

Quienes presiden la cartera de Turismo en Castilla y León, tienen buena disculpa para no hacer nada, o hacer poco y que se note mucho. En diciembre de 1982, hace ahora más de 8 años, Eduardo Barrenechea, hablaba en "El País" de las 40 hurdes de España; es decir, aquellas que acarrean la fama de la suma pobreza y el subdesacollo en nuestro país. En Palencia eran dos las villas afectadas: Saldaña y Cervera.

Cervera no ha tenido muy buena fama nunca, esa es la verdad, para qué vamos a engañarnos, pero tal vez todos los chiringuitos, bares musicales y merenderos que se han abierto en los últimos años, cambien un poco aquella imagen tercermundista que Eduardo creyó hallar en su estudio aproximativo.

Lo cierto es que el Turismo de Invierno, que a todas luces parece una hazaña arriesgada y ridícula, viene a suplirse con creces en la época estival. Sabemos que Cervera sin Ruesga y los pueblos de alrededor no sería ni la mitad. El Parador Fuentes Carrionas parece otro incentivo: los condumios de los pueblos cercanos remueven al personal de sus asientos, tal es el caso de "La Taba", que recientemente se abriera en San Salvador. Todos estos motivos unidos, animados por la promoción del Románico que se ha venido desarrollando en los últimos años, y los campamentos de verano ponen el movimiento deseado a esta comarca tan azotada por el invierno. ¿Qué hacer con el invierno? He aquí el dilema tan agudo que se nos plantea, pregunta que le planteamos a la Junta, al presidente de la Diputación, el presidente del Gobierno.

El invierno es agua pasada, dirán. El invierno es capítulo lejano. Ahora tenemos entre manos la carretera, eso sí que es señal de abandono total, eso sí que es padecer el invierno en lo más alto del verano. Si con la carretera comarcal Burgos-Potes, desde Cervera a Piedrasluengas no puede hacerse nada, vale más que levanten el culo y se vayan a otro lugar, porque aquí, el personal sigue metido en el invierno de la Prehistoria, sin amparo, sin recursos, sin nada. La Diputación reparte veinticinco mil ptas. acá y veinticinco mil ptas. allá para Cultura, dinero que no llega para nada por sí solo y que se gastará en todo menos en Cultura, porque faltando lo necesario. fallando lo más útil, careciendo de lo más elemental, no se puede hacer turismo ni cultura.

Por lo demás, ya se está creando un buen armario para el 92 •• Así nos lucirá el pelo. Aquí no llega el sol ni a tiros y todavía hablan en Palencia de promoción turística por medio de unas cuantas cíntas de vídeo.

Al fin y al cabo, para grabar invierno solamente.

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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