CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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29 de enero de 2009

Leyenda y realidad del lobo (II)


A mediados de la década de los ochenta, el naturalista Jesús Garzón, considerado el pionero en la investigación del lobo ibérico, a punto de ratificarse en el Congreso una ley que acabara con las batidas, responde así sobre el tema para una revista nacional:

“Seríamos mucho más pobres culturalmente si desapareciera el lobo. Se desequilibrarían los ecosistemas donde habita, desaparecería prácticamente el mastín español conservado en pureza por los pastores para combatirle y, en suma, se acabaría con una de las referencias de la vida del hombre al que siempre ha estado ligado este animal”.

En aquel momento se contabilizaban en España unos doscientos ejemplares, que se repartían por Sierra Morena, Sierra de San Pedro (entre Cáceres y Badajoz) y la zona situada al oeste de Ciudad Rodrigo, en Salamanca.

Sebastián Moreno, en un amplio reportaje que realiza para Cambio 16, estudia las fobias y misterios que este animal sugiere en las distintas regiones donde habita. Desde el miedo a pronunciar su nombre en pueblos de Galicia, a las supersticiones de las que se hace eco el profesor Grande del Brío al estudiar el lobo que vive en La Cabrera (León). Un pastor que ha visto al lobo, debe abstenerse de mirar a las mujeres embarazadas y a los niños para no transmitirles el llobadio.

Hace pocos años se llevó al cine la historia de Romasanta, un caso de licantropía en el que vivió atrapado el orensano Manuel Blanco, pero los ejemplos más inverosímiles se han ido sucediendo en este apartado a lo largo del tiempo Macedonia, el país europeo con el mayor número de lobos, hace una invitación por internet a los cazadores españoles, explicando cómo se organizan allí las batidas y el éxito de las mismas: “Sólo dos cazadores locales –comenta quien lo publicita– mataron en un año más de doscientos lobos”.

A los pies de la Sierra de la Demanda, en la Rioja, se organizaron varias cacerías en las que no se pudo capturar ningún ejemplar. Allí se han tramitado más de 300 expedientes donde los ganaderos calculan la pérdida de unas 1000 ovejas y varios terneros. Para calmar los ánimos, “Medio Natural” concedió batidas en Mansilla, Villavelayo y Canales de la Sierra, con resultado nulo. “Vemos ovejas muertas día sí, día también, pero luego en las batidas, nada de nada”.

Pero ni aquellos ganaderos ni los afectados en otras regiones, confían en la administración, como denuncia un colectivo de Pastores y Ganaderos del oriente de Asturias a finales de 2006: “Esperamos que las batidas sean realmente para erradicar al lobo y no controlar en la población como se hizo en los años de atrás”.

Luego está la otra parte, la de los ecologistas, que califican la actitud de la administración y de los ganaderos como repudiable, siempre que los informes que manejan los técnicos hablan de daños irrisorios.

Anpba, una asociación protectora de animales, que había denunciado a la Junta por organizar cacerías, interpuso a primeros de 2004 una denuncia ante la Comisión Europea por la cacería que tuvo lugar en la localidad abulense de Sanchorreja donde sólo se abatió un ejemplar. Luego hay casos que sobrepasan toda comprensión, como el que salta a los medios a últimos de año donde Seprona denuncia a un vecino de Mondoñedo que había criado a biberón a un lobo. Quienes, supuestamente, protegen la Naturaleza, requisan a un animal que está siendo mimado por un hombre.


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22 de enero de 2009

Leyenda y realidad del lobo (I)


Procuro distraerme y distraerles con historias que han ido llegando hasta nosotros desde lugares que a su modo las viven y soportan también. En México alcanzaron notable difusión las leyendas acerca de los lobos. Para los indígenas más ancianos el alma de un lobo nunca desaparece de este mundo. Por aquellas tierras, hacia el siglo XVII, toma vida la leyenda de Zaclatán, donde se cuenta la lucha feroz de un hombre y una bestia en la que los dos pierden la vida. Los escritores de allá, impresionados por esa lectura, explican así la estela que se levanta en el lugar del combate para conmemorarlo. En la misma se aprecia al cazador y al lobo abrazados y por debajo la consignación de la leyenda.

Pero tampoco es necesario viajar tan lejos para encontrarnos con leyendas que nos acercan a los lugares y sus gentes, y en las que se explican los miedos de lugar, los vínculos que marcan un determinado comportamiento y donde entre líneas asoma una buena parte de la historia verdadera.

Es el caso de “La Reina loba”, como se la conocía a una mujer en la provincia de Orense, que obligaba a sus súbditos a la entrega frecuente de alimentos, obligación en la que iban turnándose las familias para evitar así su ira.

En Otero de Bodas (Zamora), cuenta la leyenda que su fundador, condenado por la maldición de una muchacha a la que mancilló, mataba a las mujeres con las que se desposaba y para no dejar rastros, echaba sus cuerpos a los lobos.

El Ayuntamiento zamorano de Puebla avanza en un proyecto de recopilación de historias y leyendas que sobre el lobo se van tejiendo en las comarcas fronterizas de Sanabria y el Parque Natural de Monteshinos, en Portugal. En el mencionado proyecto trabajan el naturalista Luis Riesgo y el investigador Joau Pedro Galhano, al parecer, muy volcado desde hace años en la interpretación de las relaciones entre el hombre y el lobo.

Aunque personalmente no le vea justificación a ese dinero que los gobiernos destinan a la conservación de los animales, cuando tanto se lo niegan al hombre para que dignifique el entorno donde vive, si le encuentro cierto sentido a la participación de la Junta de Castilla y León en este Centro del Lobo. La comarca de Sanabria y Carballeda, alberga en la actualidad la mayor población del lobo en la península ibérica y una de las mayores de Europa, y otro tanto sucede en el Parque del País vecino que se alía también para llevar a cabo esta empresa.En Asturias, asímismo, la figura del lobo es controvertida y polémica. En agosto del pasado año, uno de los colaboradores de Félix Rodríguez de la Fuente, el biólogo Carlos Sanz, capitaneó la exposición denominada: “leyenda y realidad del lobo ibérico”. La muestra de Belmonte estaba compuesta por objetos y fotos cedidas por entidades y particulares con las que, probablemente, se pretende suavizar esas voces de la población que afectados por los ataques de la fiera, están pidiendo su cabeza. Los especialistas tratan de demostrar la importante labor que este animal desempeña en el equilibrio biológico de los ecosistemas en los que habita, aunque desde el mismo Fapas se reconoce como una especie ecológicamente muy compleja y que interfiere en muchas ocasiones en los intereses de la gente que vive del campo.
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24 de marzo de 2007

Historia de Lobos


En 1973 tuvo lugar en Suecia la primera reunión Internacional para la conservación del lobo en Europa. Quienes apoyan los movimientos para la conservación del lobo, se muestran satisfechos por la evolución de la especie que en aquellos años atravesaba por su etapa más crítica. Se contabilizaban entonces unos 500 ejemplares, cuando milagrosamente apareció en la televisión el gran defensor de los animales Félix Rodríguez de la Fuente, que ahora el Fapas con su ambicioso y no sé hasta qué punto útil proyecto se propone promocionar, por lo que ha firmado acuerdos con varios ayuntamientos del norte, entre ellos el de San Salvador.


Cada uno saca provecho de las imágenes como puede. Para ellos la audacia del investigador que quiere mostrar cómo viven los lobos y se mete entre ellos, rompe asi el mito de su ferocidad y cuestiona ese universo de dichos que muestran al animal como una fiera: “Ver las orejas al lobo”, “meterse en la boca del lobo”, “El hombre es un lobo para el hombre”, que también, aunque algunos cierren los ojos para decir que quienes popularizaron esta teoría estaban equivocados.

Lo cierto es que los expertos estiman que hay 1500 ejemplares en nuestra comunidad, especie protegida al sur del Duero, y con autorización muy estricta de darle caza al norte, ante el incremento de la especie y el salto de la frontera histórica.

En Noviembre de 2005, la corresponsal de este diario en Guardo, nos traslada al lugar de la escena, cerca de aquella localidad, en Muñeca de la Peña, el ganadero Marcelino Alvarez se lamenta porque los lobos han atacado su rebaño. No es la primera vez que ocurre y, el hombre, desesperado e impotente, le cuenta a la periodista que en los últimos tres años ha perdido por eso motivo 300 reses. Aunque el protagonista haya engordado la cifra para que quienes deban vuelvan los ojos y pongan freno a esta matanza, la pretendida bondad del lobo queda en entredicho.

Los más viejos del lugar recuerdan el caso de dos viajeros que murieron por las dentelladas de los lobos en algún tramo entre Casavegas y Caloca. Alberto, un vecino de Lores que vivió sus últimos años en Cervera, contaba que en cierta ocasión bajó a por provisiones a la Venta Urbaneja y como se echó la noche encima allí le aconsejaron que esperase a la mañana siguiente si no quería encontrarse con el lobo. Pero él tenía ya hecho su plan y lo del lobo eran historias fantásticas. El caso es que le salieron dos lobos, uno arriba y otro abajo del camino, contaba que hasta les lanzó las albarcas para que desistieran, pero ni por esas; cuanto más corría más se acercaban, así hasta que llegó a la entrada del pueblo para ponerse a salvo.

A mí con el lobo me pasa como con el oso. Nunca le he visto y mira que desde mi casa al monte hay cuatro pasos. Ni he visto exhibirlos en la plaza del pueblo como cuentan que eran exhibidos, a saber en qué siglos y en qué pueblo, “reducidos y abozalados, sometidos a apaleos y vejaciones...”

Una cosa es la fantasía, la narración de un hecho aislado, y otra muy diferente utilizarlo como ejercicio habitual en su defensa. Quienes ponen tanto empeño en su conservación, considerándoles como “mantenedores” de la naturaleza ibérica, buscan nuevos argumentos para detener al Ministerio de Cristina Narbona, que ya está pensando en abrir la veda de un animal que mata cada año en nuestra comunidad 2200 ovejas y 220 reses.

Hoy en día van muchos perros con los rebaños, por lo que no es muy fácil que el lobo los ataque. Sin embargo, a lo que no hay derecho es a que un ganadero tenga que esperar una eternidad para cobrar una miseria por los daños que le ha ocasionado el lobo. Otra reflexión: en mi zona se han producido muchas lobadas coincidiendo con cacerías, ese monstruoso negocio (por lo lucrativo que es), que mueven a los animales del monte de un lado a otro. ¿A quién habría que eliminar?


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20 de febrero de 2001

El lobo de Bernardino


Yo insisto en recordar a mis paisanos y amigos la lectura reposada de “Las tradiciones etiológicas palentinas” (Núm. 32 de la Institución Tello Téllez de Meneses, 1972), donde se recoge con minuciosidad la historia de esta tierra, por qué tras determinada sentencia vino un pleito, a qué motivos se deben ciertos nombres, qué explicación puede darse a la fuentecilla que, en el lugar conocido como “las peñas del moro”, en el centro de la vinajera chica, viene mnando desde hace siglos, al revés de las otras, de arriba abajo, cayendo el agua gota a gota en una pila donde no se aprecia desagüe alguno y donde no se derrama nunca el agua. Misterios que Matías nos dejó en verso y que algún día explicará la metafísica.

Los caminos, las costumbres, los frutos... Datos que muestran en una sucesiva e interminable cascada de topónimos el auge y el declive de estos condados, lugares donde, hoy más que nunca, los animales respiran a sus anchas.

Dichas lecturas se publicaron por primera vez en el año 1871, las dos primeras en hojas sueltas, en Vitoria, y la última en Madrid acompañada de un apéndice. Inicialmente se basaron en simples noticias populares, noticias que con posterioridad se fueron ampliando con notas de escritores fidedignos, costumbres y descripción de sitios. Acudo a esta cita porque aquellas lecturas motivaron la semblanza sobre Matías Barrio y Mier ya concluída, aunque a falta de varias correciones y la introducción de algunos datos nuevos que me propongo culminar en breve.

Seguramente, si nos remontásemos más atrás en el tiempo, hallaríamos pasajes y lecturas donde se hace referencia al animal. “Al gavilán, al caballo y al hombre, los doma el tiempo” –dice el refranero. “Rocín de halconero, flaco y macilento”. Otros refranes antiguos describen bienes y productos de nuestra tierra: “En siete cosas se aventaja a todos el suelo hispano: aves e cetrería, caballos, toros, ovejas, vinos, aceites y granos”. Este claro exponente lo encontramos también en algunos romances, como el de “San Antonio y los pajaritos”, al parecer, inspirado en los milagros de santos que tanto proliferan en europa durante la Edad Media. De la antigüedad descuellan sin cesar creencias que convierten al lobo en amuleto. Plinio el Viejo aconsejaba frotar las encías del niño con un diente de lobo para aliviar su dolor. Y en Asturias, las mujeres tenían la creencia de que un diente de lobo protegía contra la inflamación de la mama, lo que allí se conocía como “el mal del monte”.

Leyendo el romance de “La loba parda”, que a primeros de la década de los ochenta recitaba el vecino de Osorno, Emiliano Melendro a Joaquin Díaz, me vienen a la memoria algunas historias que me contaron más arriba. Al tío Antonio le mataron los lobos un burro en la Vega de Arriba. “Déjale que se joda –decía–, que así aprende para otra vez”: Mis padres me contaron hace poco que en Olleros una yegua nunca llegaba a casa. Le salían al encuentro los lobos y al animal le servíade parapeto un gran espino. Cansado el dueño de su desobediencia, ignorando que aquel matorro era su vida, lo cortó y una noche la comieron los lobos.

Estos años de atrás, los pastores transhumantes culparon a los lobos de haberles matado cien ovejas en la Sierra de Brañosera y Faustino Varona contaba en una de sus últimas crónicas desde Valderredible, cómo se organizaron batidas en octubre abarcando toda la Sierra Salvada sin haber logrado los vecinos objetivo alguno. Dice nuestro cronista que el pastor de Lantero fue muy explícito al respecto: “sin rezar no cazamos al lobo”.

El tío Basilio, de Areños, suegro de mi padrino, que hacía portes de patatas para Potes y Asturias con una furgoneta que le costó cuarenta y ocho euros (lo perdió todo durante la guerra estableciéndose en Liébana), le tomaba el pelo a Bernardino, ganadero del mismo pueblo: “lobos que andáis por el monte con la boca abría y el rabo escondío, coméile las cabras al tío Bernardino”. Y un día se las comieron.

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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