CERVERA, POLENTINOS, PERNÍA Y CASTILLERÍA, Froilán de Lózar (3ª Edición)

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2 de marzo de 2016

Glorias pasadas

Lo triste es que nos hemos resignado a hablar en pasado y que hemos dejado que el tiempo teja una maraña de silencio y olvido alrededor de esta tierra nuestra que espera  y desespera. Quedan vestigios de gloria, de una nobleza ya del todo olvidada si no fuese por el empeño y el amor al pasado de nuestra gente, que se niega a arrancar las piedras para deshacerse del ya lejano esplendor. Nuestros pueblos casi deshabitados fueron un día cuna y hogar de apellidos que merecieron honra y reconocimiento. Ahora sus escudos nobiliarios llenos de gules, torres, leones, flores de lis, armas y calderos contemplan el paso del tiempo sin más memoria que unos apellidos y una fecha. Cualquier tiempo pasado fue mejor.


Imagen: escudo nobiliario en la fachada de una casa de Santa María de los Redondo ( siglo XVI). 

© Margarita Marcos
© Gemma Marcos
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17 de febrero de 2016

La isla

Desde el camino que serpentea mansamente  en dirección al Roblón de Estalaya, un ejemplar de roble que dicen ha sobrevivido en la ladera del bosque más de 500 años a pesar de haber sido herido por un rayo, el horizonte es un mar de copas de robles  verdes y fornidos sobre el  fondo azul de un cielo limpio que se refleja en las aguas del pantano de Requejada, el primero en recoger las aguas del deshielo de la Montaña Palentina, que en primavera  alimentan el cauce del Pisuerga, nuestro río más perniano. En los años en que la nieve ha cubierto generosamente las cumbres y laderas, una lengua de tierra se queda aislada  de  la orilla izquierda del pantano en Vañes en dirección a Cervera, formando una isleta que  no escapa  a la mirada plural  del Puente de Polentinos. En la margen opuesta  el Curavacas,  aún moteado de blanco, otea curioso, la Isla.


© Margarita Marcos
© Gemma Marcos
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3 de febrero de 2016

Piedrasluengas

Buscando en documentos antiguos referencias sobre nuestros pueblos, a veces se encuentran noticias y datos curiosos relacionados con su historia y costumbres. Así, por ejemplo, sobre Piedrasluengas, el pueblo más septentrional de Pernía y de la provincia de Palencia, la primera referencia documental parece que es una escritura del monasterio de Sahagún de 1191, por la que Alfonso VIII dona a un tal Pedro Domínguez y a su mujer una extensa heredad desde Avellanedo hasta “terminum de Petris Longis et de Populatione”.


Como buena parte de los pueblos de la Montaña Palentina, Piedrasluengas perteneció hasta tiempos recientes a la diócesis de León y como tal figura en el “Becerro de Presentaciones”, parroquial de la diócesis leonesa de mediados del siglo XIII; según este documento, el concejo del pueblo tiene el derecho de presentar al obispo para su confirmación, al clérigo que hubieran escogido como párroco, pero como tributo eclesiástico deben dar anualmente a la catedral de León “quatro cambas e vn exe”, es decir, un juego de ruedas de carro con su eje. Si como apunta el dicho popular, arar no era la labor principal de los bueyes de Piedrasluengas, ésta debía ser, en cambio, el trabajo de acarrear productos y mercancías.
Según el “Becerro de las Behetrías”, Piedrasluengas era señorío de Don Tello, hijo natural de Alfonso XI y Leonor de Guzmán; más tarde pasó a la jurisdicción de los condes de Siruela y así se mantuvo hasta el final del Antiguo Régimen.
Al establecerse el sistema liberal, el concejo de Piedrasluengas se constituyó en ayuntamiento; el “Diccionario” de Madoz dice que el pueblo tiene oficialmente 5 vecinos y 26 almas, pero noticias fidedignas le atribuyen 10 vecinos y 40 habitantes; los datos del denominado “Censo de la Matrícula Catastral” de 1842, que son los oficiales que recoge Madoz, están manipulados a la baja, como él mismo apunta,  posiblemente con el propósito de aminorar las quintas de reemplazo del Ejército en aquellos desasosegados tiempos, apenas finalizada la guerra carlista y agitado el país por la inestabilidad política.
Pronto Piedrasluengas y otros pueblos constituyeron el municipio de Redondo-Areños, permaneciendo así muchos años, hasta que en 1976 todos los pueblos de Pernía se integraron en el municipio de este nombre, como continúan actualmente.

© Valentín Ruesga Herreros 2016
© José Luis Estalayo
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27 de enero de 2016

Peña Sol al sol

Desde su cumbre el horizonte es un milagro de roca, azul cian y bosques caducos de ramas en letargo que esperan otra vez el milagro de la Primavera. La Sierra de Peñalabra, fronteriza y parapeto de vientos, protege al perniano Valle de los Redondos, un pequeño paraíso rebosante de Historia, historias con minúscula de Hombres y Mujeres con mayúscula de esta tierra que se resiste al olvido y al paso del tiempo, que acoge generosa en sus entrañas arroyos con nombre propio, de una Naturaleza que desborda belleza en cualquier estación del año, pero a la que el invierno y la benéfica nieve bendicen con paisajes sobrecogedores. Debajo del blanco manto rebulle la Vida, ahora en letargo. Nuestra mirada se pierde en el horizonte de cumbres compartidas y vecinas, sobrevolamos a vista de chova el Pisuerga en sus primeros kilómetros en superficie, briosas sus jóvenes aguas, caudal inagotable y fuente eterna de alimento de pastos y ganado, que fluyen veloces a la llamada de la Meseta. A Peña Sol, perniana y palentina, el sol le cede el nombre y hasta el color de la hierba que cubre sus laderas.




© Margarita Marcos
© Gemma Marcos
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6 de enero de 2016

El lobo de Bernardino

Leyendo el romance de “La loba parda”, que a primeros de la década de los ochenta recitaba el vecino de Osorno, Emiliano Melendro a Joaquin Díaz, me vienen a la memoria algunas historias que me contaron más arriba. Al tío Antonio le mataron los lobos un burro en la Vega de Arriba. “Déjale que se joda –decía–, que así aprende para otra vez”.


Mis padres me contaron hace poco que en Olleros una yegua nunca llegaba a casa. Le salían al encuentro los lobos y al animal le servíade parapeto un gran espino. Cansado el dueño de su desobediencia, ignorando que aquel matorro era su vida, lo cortó y una noche la comieron los lobos.
Estos años de atrás, los pastores trashumantes culparon a los lobos de haberles matado cien ovejas en la Sierra de Brañosera y Faustino Varona contaba en una de sus últimas crónicas desde Valderredible, cómo se organizaron batidas en octubre abarcando toda la Sierra Salvada sin haber logrado los vecinos objetivo alguno. Dice nuestro cronista que el pastor de Lantero fue muy explícito al respecto: “sin rezar no cazamos al lobo”.
El tío Basilio, de Areños, suegro de mi padrino, que hacía portes de patatas para Potes y Asturias con una furgoneta que le costó cuarenta y ocho euros (lo perdió todo durante la guerra estableciéndose en Liébana), le tomaba el pelo a Bernardino, ganadero del mismo pueblo: “lobos que andáis por el monte con la boca abría y el rabo escondío, coméile las cabras al tío Bernardino”. Y un día se las comieron.

VER ARTÍCULO COMPLETO
De la serie "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino.

© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo

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30 de diciembre de 2015

La nevada del siglo XXI

Haciendo el especial para el fin de año me tocó recordar una vez más, aunque jamás me olvidaré de ella, la gran nevada que sufrimos los vecinos de la Montaña Palentina; o mejor dicho la sucesión de nevadas que vivímos entre enero y febrero de 2015 los montañeses palentinos.




Lo de enero fue un simple ensayo pero lo gordo llegó en febrero. Pueblos incomunicados, autovías cortadas, gente atrapada y todo ello ante la estupefacción de todos. No sé si es que se nos había olvidado lo negro que es el manto blanco que tanto gusta a a algunos, yo siempre digo que lo odio a más no poder. No me gusta, nunca me ha gustado desde que dejé de tirarme montaña abajo con trineos en mi infancia y luego con los  esquís hasta que me lesione. También, y es una razón más que suficiente, porque mi padre se pasaba el día en la carretera y cuando nevaba mis nervios se ponían de punta.

Pero es que el día a día para vivir y trabajar con la nieve es complicado. No podía entender la paciencia que tenían los que estaban atrapados, también es cierto que ves lo solidaria que puede llegar a ser la gente. He visto como muchos ayudaban y llevaba mantas  a la gente que se quedó atrapada en la autovía. También he visto a algunos no mover ni un dedo mientras otros se afanaban por quitar la nieve; a la UME que dicen que hicieron mucho pero yo la verdad sólo les ví cerca de Gullón ayudando a un vehículo... Sí que he visto a los vecinos de La Pernía crear una red de ayuda e intentarlo todo por salir del aislamiento hasta incluso plantearse hacer una labor de titanes e intentar abrir Pedrasluengas a mano, a pala, hasta que ya justo ese día aparecieron las máquinas y abrieron. Junto a otros compañeros lo pude cubrir, parecíamos auténticos muñecos de nieve y confieso que también pasé un poco de miedo entre los neveros de dos metros, pero tenía un perro del Greim que no se separaba de mi lado.

He visto en Barruelo a los voluntarios de Cruz Roja llevar medicinas a los vecinos que no podían salir de sus casas -no lo he visto pero sí me lo han contado también que lo hicieron los pernianos- y tantos y tantos ejemplos de solidaridad vecinal. También he recogido alguna imagen curiosa como la creación de un iglú junto a mi casa, la de dos niñas en una segunda planta asomadas a su ventana porque no podían salir de su casa o la de unos jóvenes tomando el blanco en manga corta con un metro de nieve.

Los montañeses sabemos lo duro que es nuestro invierno, también es cierto que hemos elegido vivir en el norte pero eso no sirve para ponerlo de excusa y tener a la gente aislada. He de confesar que las primeras semanas de febrero de 2015 han sido de las más angustiosas de mi vida a nivel laboral. Tenía hasta pesadillas y no dormía, y no me duelen prendas en reconocer que lo pasé muy mal pues la situación creo que nos superó a todos.

La guinda ya al envenenado pastel blanco lo puso el fallecimiento de nuestro presidente, Chema Hernández.

Imposible por todas las circunstancias olvidar la nevaona de 2015, la nevada del siglo XXI...

© Marta Redondo
© Pumar59

San Salvador de Cantamuga, Febrero de 2015.
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23 de diciembre de 2015

Savia que alienta y alimenta

Cuando cerramos los ojos con mucha, mucha fuerza, detrás de los párpados se produce toda una revolución de color. Cientos de minúsculas partículas de colores llegan a nuestro cerebro dispuestas a inundarlo  de vida. Así es nuestra Montaña Palentina, una paleta cromática de gentes, paisajes, historias del pasado que darían lo que fuese por tener futuro y hasta un mejor presente.
Cerramos los ojos y al abrirlos esperamos el milagro. Que se hayan desvanecido las carreteras que parecen una broma del destino, que los jóvenes no tengan que abandonar nuestra tierra porque  es imposible pelear contra la nave de los locos en que casi todo lo que toca la política se convierte, que las explotaciones a cielo abierto no desbrocen y aniquilen nuestros montes, que nuestros enfermos no tengan que desplazarse  para recibir tratamiento,q ue nuestros mayores se queden cerca de sus lugares de origen cuando tienen que dejar sus hogares, que las contadas empresas que resisten la crisis no cierren y dejen en la calle y sin futuro a las familias que aún mantienen vivos nuestros pueblos, que el invierno y la nieve no sean trampas de aislamiento en esta época en que la inmediatez es un click sobre un botón y una eternidad cuando no hay rendimiento político que obtener. Y  muchas más cosas que seguramente ustedes añadirían a esta lista con el derecho que otorga ser la savia que alimenta y alienta  el amor a la tierra de nuestros ancestros...


Pero, miren, una de las mejores cosas que tiene vivir en una tierra como la nuestra es que hay algo que no nos podrán arrebatar en ningún caso. Cuando volvamos a abrir los ojos, después de haberlos tenido cerrados con mucha, mucha fuerza, tal vez sea Primavera, o quizás el blanco Invierno, o si me dejan escoger será Otoño, un magnífico Otoño rebosante de luz, de color, de verdes esperanza que tapizarán los prados donde sestea el ganado y que combinan a la perfección con el color de la roca de nuestras montañas, de los líquenes que las envuelven, de los hayedos sonrojados y de los robledales fundidos en ocre. Seguramente abriremos los ojos y contemplaremos un futuro como el de la imagen que ahora contemplan…

© Margarita Marcos
© Gemma Marcos
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16 de diciembre de 2015

Dónde irá el buey que no are

“Dónde irá el buey que no are. A Piedrasluengas” –dice el refranero que rescataba en estas mismas páginas el escritor palentino Germán Barrio–. Pero, aunque parezca increíble, también el buey araba en aquellas pendientes donde los terrenos arcillosos de nuestra tierra van encongiéndose para dar paso al microclima de la Liébana.


Esa luminosidad que deslumbra a los investigadores, es la que surge casi en los límites de nuestra provincia, a un paso de “La Venta Pepín”, primera posada que se alza en territorio vecino y donde tantas veces reparamos las fuerzas al subir de las ferias de Potes, citas a la que acudian todos los lunes del año nuestros ganaderos y comerciantes; lugares y gentes que tantas huellas dejaron y comunicación que sigue viva entre actuales pobladores de ambos lados.

El investigador Eutimio Martino, en el libro “Roma contra cántabros y astures”, publicado en 1982, ya hace referencia a las “deslumbrantes prestaciones de los picos”, y de cómo los indomeñables fueron conquistados por la mitología; el investigador entiende que, al bautizarles con el mito del “escondite de Europa”, los romanos modulan a su manera aquello mismo que hizo exclamar a los cántabros que antes habían de subir al Vindio las olas del mar que no las armas de Roma.
Artículo completo: "Antropología de la ferocidad".
De la serie "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino.

© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo

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9 de diciembre de 2015

Espigüete en sombra

Los atardeceres más increíbles también llevan su nombre. Cae la tarde y el sol derrama sus últimos rayos a los pies del Coloso, de nuestra montaña más emblemática, de la cumbre más palentina,  las más deseada.
Un reto de roca viva que subyuga , desafía, se yergue vigilante sobre el valle  y otea sus dominios hasta donde alcanza la mirada. Unas nubes veloces y pasajeras dejan en sombra su poderosa silueta de pirámide solitaria, ensombrecen esta mole  que los atardeceres iluminan con  luz dorada y generosa. Hacer un alto en el camino, mirar hacia arriba, dejar que el paisaje y la luz nos envuelvan, que nuestra mirada vuele hasta su cumbre. Sentir cómo el viento del  Norte acaricia con su soplo recio cada centímetro de este sueño hecho montaña con la misma ternura con la que los suspiros  mecen las briznas de hierba  y respirar  profundamente. 


© Margarita Marcos
© Gemma Marcos

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2 de diciembre de 2015

La tierra de sus ancestros



No todos sienten igual la llamada de la Tierra. No es que la tierra en la que nacieron y vivieron los nuestros, vaya a librarnos de tantas batallas como debemos traducir, para mantener esa veleta que es la vida de cada uno...
Y si acertamos en ese intempestivo acto de decir adiós a todo lo que somos, porque al marchar se queda allí todo lo que fuimos, todo lo que nos fue forjando; las gentes a las que amamos, los caminos, los ríos, los montes; la casa, con tantas historias y recuerdos...
Es como cerrar de sopetón el libro que sabemos, en el que nos hemos fijado para andar un camino; es como nacer otra vez en un país lejano, donde se vive de otro modo; es como llevarse el libro dentro de uno, y abrirlo allí, frente a otro cielo, y mostrarlo con encendido orgullo a los hijos para que prenda en ellos esa llama de la curiosidad, que a veces prende tanto que los lleva a volar desde lejanos sitios para impregnarse de esas raíces a las que tanto y de tal forma nos debemos.

Ver entrada completa

De la serie "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino.

© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo

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25 de noviembre de 2015

Primavera en Noviembre



El Monumento Natural de las Tuerces es uno de esos lugares que hace de nuestra Montaña Palentina un lugar mágico al que  el paso del tiempo ha añadido belleza y poesía. La erosión  se ha  aliado con el  paisaje y  la roca caliza, meteorizada durante miles de años por el viento inmisericorde que sopla sobre La Meseta, la nieve  y la lluvia,   sugiere  esculturas magníficas en las que la imaginación pone nombre  a la roca viva  en apariencia tan fácil de tallar _ La Mesa , el Dromedario , El Cocodrilo… 

Sopla el Viento a través de las oquedades trepanadas en la roca y arrastra a su paso la semilla de la retama que después del deshielo  estallará en amarillos infinitos en primavera  y competirá con la luz del azul del  cielo que se asoma al verde de los espinos y aulagas , invadido por las abejas que liban de retamas y lechetreznas el dulce fruto de sus flores en una danza interminable .

La primavera es la época perfecta para disfrutar del paisaje increíble que se extiende a los pies de Las Tuerces hasta donde abarca la vista, una atalaya natural de belleza salvaje, un paraje encantado donde Noviembre recuerda a la primavera y sonríe.

© Margarita Marcos
© Gemma Marcos

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18 de noviembre de 2015

Asomados a esta tierra


Desde Polentinos o Resoba, los caminos te llevan hacia el pasado más reciente de estos lugares, recorridos antaño por carreteros y feriantes y, la belleza se manifiesta a cada paso, en cada pueblo.

Cada parada va llena de un halo misterioso que impregnará los huesos del viajero hasta absorverlo por completo. De igual forma que Gabriel García Márquez asegura no idealizar Aracataca, su pueblo natal, y viaja con nitidez por la tierra de sus antepasados, yo vuelvo los ojos a los míos, hurgando con la paleta del recuerdo en esa especie de brasa que, movida por tanta gente, ha devuelto una luz de esperanza a tantos pequeños y acogedores pueblos de la montaña palentina.

De la serie "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino.


© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo
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11 de noviembre de 2015

Poner profundos silencios

De esta montaña nuestra, escribió Juan Carlos Mancebo hace unos años: "Quienes hemos saboreado del refugio de esta rinconada palentina, sabemos de caminos, que nos brindan veredas que se quedan atrás vestidas de crepúsculo vespertino, de alba, de lluvia, de lo que mande el cielo ... ".


Y Carlos Urueña: "Estoy en Aguilar, entre el ensueño del Pisuerga que en rocas campea... ". "¡Tocar!, ¡tocar! ¡Poner profundos silencios!" -escribió mi amigo, el poeta y profesor Manolo Bores, que nació también en San Salvador de Cantamuda.
Si fuera rio, sería Pisuerga tocando la montaña, inquieto navegante hacia la capital de los pintores, esperando paciente la luz crepuscular de Requejada, el paso hacia Salinas, después de haberle echado un pulso al tren, el de La Robla.

.../ Pero si no pudiera ser ni rio ni roca, seguro que sería témpano de silencio flotando sobre cualquiera de estos montes, entrando con el frío de la feria de agosto en los hogares, arrebatando el llanto del labrador, el triste pensamiento del minero, la importancia tan grande de la mujer en todos y cada uno de los menesteres de esta tierra...

© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo

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4 de noviembre de 2015

El caracol del tiempo, en la senda de Ursi

Hay lugares que te traen demasiados recuerdos. En los que sientes esa alegría por volver a un sitio que ha marcado muchas vidas, en el que están tus orígenes y también tus recuerdos. El valle de Santullán y la vista que hay desde el Santuario del Carmen es uno de esos sitios. 

Evocador sin duda su paisaje, desde allí se puede ver no sólo uno de los pueblos que nos ha dado dos grandes artistas Ursi y Hermino Revilla. Ursi tiene allí su senda, gracias al empeño que pusieron José María Hernández y los miembros del Grupo Muriel para recordarle y llenar de esculturas una de las más hermosas rutas. También nuestro querido Chema tiene en Villabellaco su árbol-fuente y mi hermana tiene su ramo de flores al principio de la ruta. Desde allí se ve también el hogar de mi bisabuela, de la que no sólo heredé el nombre, también ese lugar que me sirve de refugio y reunión con mi gente. Evocador, agreste, verde y bello, pero sobre todo un paisaje que genera muchos sentimientos, a nadie puede dejar indiferente. Para mí un lugar muy especial y cargado de recuerdos al que siempre vuelvo y desde el que mi mente vuela y trae bellos momentos.

© Marta Redondo
© Gonzalo Alcalde Crespo

En la imagen de Gonzalo, el caracol del tiempo.
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28 de octubre de 2015

Desde la cima de Tres Mares

Al hilo del reciente artículo "A dos bandas" sobre Tres Mares, podría añadirse que este punto es, sin duda, la mejor y más accesible atalaya desde la que puede verse, sin más que girar la mirada desde Valdecebollas a Peña Labra, toda la Pernía y aun más allá, como si se tratase de un gran mapa en relieve.


El acceso a Tres Mares desde Pernía es laborioso, pero desde Alto Campoo, en Cantabria, se llega sin dificultad. Desde Tres Mares se divisan cuatro pueblos de Pernía, los dos del Valle de Redondo, Tremaya y El Campo; los otros pueblos los oculta la orografía de la comarca. En cambio, se puede reconocer lo más destacado de la geografía perniana: el Pisuerga que escapa de la Cueva del Cobre, las Peñas del Moro, la Peña Tremaya, Abismo, Carazo, Maldrigo, Sierra de Albas y un largo etcétera, cerrándose el panorama con los más lejanos picos de la Peña Redonda, Santa Lucía o el inconfundible Curavacas y detrás la cadena que va desde el Espigüete a Peña Prieta, prolongándose ya fuera de tierras palentinas con los Picos de Europa en la lejanía y en términos más cercanos, con tierras lebaniegas.
Pero además, el mirador de Tres Mares ofrece la posibilidad de ver el bello espectáculo de amanecer, en un día claro de verano, preferentemente. Hemos podido verlo en dos ocasiones, accediendo desde Campoo, y puede asegurarse que el madrugón y la excursión nocturna se compensan con creces con los magníficos juegos de luces y colores que se contemplan desde allí. Merece la pena.

© Valentín Ruesga Herreros 2015
© Pumar59
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21 de octubre de 2015

Entre el cielo y la tierra

Hay paisajes que son la memoria de nuestra tierra, que evocan otros tiempos, otras voces. Cierro los ojos y puedo recordar una por una las montañas que me rodean en un lento giro de 360º, los collados, las sendas que llevan a sus cimas, los pastos ahora dorados donde sestea el ganado y que disputan el ocre a los robles y compiten con el rojo de las hayas. Puedo escuchar el eco de la voz del Pisuerga, ahora pausado y agotado por el estío, que en primavera fluye poderoso e intratable con el brío de las aguas del deshielo que alimenta la nieve de las cumbres.


Hay paisajes que son las voces olvidadas de quienes amaron nuestra montaña, la respetaron y legaron a sus hijos, y estos a los suyos y así hasta que  esta se funda con el cielo en un paisaje único, casi onírico de cielos azules y nubes glaucas o tenebrosas,  de piedra caliza vestida de líquenes añejos, de bosques que esconden el milagro de la Vida con mayúsculas, porque nuestra Montaña Palentina es Vida y está viva. Justo ahí, entre un cielo amenazador que la contempla desde arriba  y la fértil tierra que la cobija.

© Margarita Marcos
© Gemma Marcos

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14 de octubre de 2015

Pico Tres Mares

El Pico Tres Mares es una montaña de Cantabria y de Palencia ubicada en la Sierra de Híjar, entre los valles de Polaciones, la Pernía y Campoo. A lo largo de su historia se ha conocido como "Pico Negro", "Pico de los Asnos" y "Peña Labra".
Su nombre actual de "Tres Mares", es probable que se deba al historiador y genealogista cántabro Ángel de los Ríos, cuya generosidad -atestiguan los biógrafos- le hizo arrojarse a causas justas y perdidas de antemano, y cuya sordera le llevó refugiarse en la Torre medieval de Proaño o construir en su propiedad de Tajahierro, el camino de Palombera. En las vertientes de esta mole tan significativa para nosotros -única montaña en España donde se suscita tal fenómeno-, nacen los ríos Pisuerga, Nansa y Ebro, y los tres van a parar a tres mares distintos: Atlántico, Cantábrico y Mediterráneo.


© Froilán de Lózar".
© José Luis Estalayo

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7 de octubre de 2015

Otoño para siempre

El luminoso verano ha ido desvaneciéndose sigilosamente, sin prisa, y el glorioso otoño ha llegado mostrando su propia belleza y colorido ¡Escuchad!. Se levanta el viento y el aire se asilvestra de hojas de todos los colores.

Las hojas de las sabinas mudan de color junto al camino de la mina, las hayas de las laderas visten de ocres brillantes y rojizos anaranjados la línea del horizonte, los brezos púrpuras van tapizando las descarnadas faldas del monte al que se asoman las raíces casi aéreas de las esbeltas y añosas hayas, y los endrinos ofrecen su frutos, generosos. El arroyo Lombatero discurre por en medio del valle. De repente la paleta de colores con que la Naturaleza colorea el otoño en Santa María , en el Valle de los Redondos, aparece ante nuestros ojos convertida en piedra para le eternidad. Estratos de areniscas que la luz va mudando de color, ondas verticales de colores otoñales salpicadas de pequeñas plantas que desafían a la Vida allí donde la piedra se pintó de Otoño para siempre.


© Margarita Marcos
© Gemma Marcos

Imagen: Ribero Pintado, Santa María de Redondo

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30 de septiembre de 2015

Otoño en la montaña


La montaña palentina, vista hoy desde este marco entrañable del Otoño, conserva ese sabor especial de las antiguas piedras.
Acaso no lo diga todo el nombre, pero la gente viene, la gente vuelve, la gente empieza a conocerla y como el vino que antaño los venteros mezclaban para darlo fuerza, así también se mezclan nuestras gentes con las gentes de fuera y sin miedo al futuro que presagian los libros, juntos recorren las entrañas de esta divina Tierra.

© Froilán de Lózar
© José Luis Estalayo

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Orígenes Montaña Palentina

El autor

Froilán de Lózar. Publicista-Escritor.

Premio de periodismo Ciudad de Palencia; II Premio Internacional de Poesía "Diego de Losada" (Zamora); Premio Nacional de Novela Corta "La Tribuna de Castilla (Valladolid); Finalista Premio de Novela Bubok-Lengua de Trapo, 2016.

La más bella canción: los libros

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