Historia de un repetidor

Buscando documentos en Cervera para el libro que llevo entre manos por encargo de una editorial, me di de bruces con la historia que protagoniza José Benito Barreda, funcionario municipal y corresponsal en la década de los sesenta de este diario y del diario Alerta.
En la crónica que publica el diario cántabro el 24 de febrero de 1967, Barreda da cuenta del repetidor de Tv que se ha instalado en la Peña Barrio y empuja algunas opiniones personales que son motivo de escarnio por parte del regidor en aquellos momentos, a la sazón don Tomás Fraile, y que le llevan a abandonar la corresponsalía de la villa.



Entresaco el párrafo que origina la polémica y que el alcalde califica de injurioso. Dice así: 
Todos estamos convencidos de que la TV, aparte de ser un medio de distracción, es también un elemento importante de expresión cultural, por cuyas razones las Coorporaciones Locales, Provinciales y Nacionales le vienen dedicando una gran atención, invirtiendo elevadas cantidades en mejora y superación de este servicio. Pero si esta dedicación especial de los organismos oficiales no se ve coronada con la eficaz realización de los trabajos que hayan de ejecutar las empresas instaladoras, no solamente se perjudica a los miles de televidentes al privarles de la posibilidad de disfrutar de un buen servicio, sino que, los propios fondos públicos sufren inadecuadamente una inversión malsana, tomando casi el carácter de malversable, si no se comprueban los trabajos dejándoles en la cómoda postura de la pasividad”.

Aquella deficiencia se prolongó durante varios años y la opinión que motiva el enfado del alcalde, era la opinión de la mayoría del pueblo en paseos y tabernas.

Aquello genera en su ánimo esa sensación de soledad que le acomete a quien no gana nada en esto, matando al mensajero, como suele decirse y como así ocurrió.

El corresponsal busca el alivio en el director de la publicación, entonces Francisco de Cáceres, solicitando un gesto de favor, una palabra de ánimo, una revisión del escrito para dar con aquella ofensa grave que él no encontraba, a fin de obtener también razonamientos que le ayudasen a enfocar futuras crónicas.

Pero la respuesta del director le deja mudo. “Tampoco he de ocultarle que, de haber pasado por mis manos, no le hubiera dejado decir las cosas que allí expresa”. Y le da la puntilla cuando dice: “Es una lástima que los españoles no sepan escribir ni criticar más que ofendiendo”

Señor director, yo veo el problema en quien lo lee, no en quien lo escribe. ¿Lo ha leído el ofendido? ¿Se lo han contado?. El que se lo ha contado, ¿es amigo o, es contrario?

Nos molesta que hablen bien. Nos molesta que hablen mal. Nos molesta que hablen.

Claro que, cómo nos vamos a extrañar de que ocurriera esto en tiempos de Franco si hoy día sigue ocurriendo. Esto me recuerda una noticia que difundió la Agencia EFE. El 8 de mayo de 1945, por primera vez en seis años, la censura británica permite decir que “hace un día variable, casi con sol y algo caluroso, aunque se registran chubascos”.

Artículo publicado en la sección del autor "Vuelta a los orígenes", en Diario Palentino"
Imagen: Froilán de Lózar

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