Vamos p'al pueblo



Un empeño que parece tranquilizar un poco a la comarca de Omaña, por ejemplo, es el de Israel Martínez, que con sus iniciativas ha logrado atraer a cuatro parejas jóvenes al municipio de Urz, perteneciente al ayuntamiento de Riello.

Sólo que, en éste caso, se entiende el ánimo de los nuevos pobladores por su cercanía a León.

Hace unos días, nuestro diario nos hacía un guiño con el anuncio de que 170 familias estaban interesadas en instalarse en la Montaña Palentina, movimiento vinculado al proyecto "Abraza la Tierra" al que se sumaba un grupo de acción local de nuestra montaña.

No quiero poner en entredicho nada, ni valorarlo hasta que no se conozca el verdadero alcance de la misma, porque todos sabemos las dificultades por las que ahora pasan las personas que viven en tantos pequeños pueblos de nuestra provincia.

Y todas las carestías que no se solventaron en tiempos de bonanza, tampoco ahora se repararán, dado el tiempo de recortes que nos está tocando. La apisonadora del Gobierno no hace distingos entre quienes tienen mayores medios para la subsistencia y entre los que tienen el cinturón apretado desde que nacieron, donde se engloban estos pequeños ayuntamientos, al no disponer de recursos para obras y servicios.

Entre los puntos favorables con los que cuentan quienes han puesto su vista en estos pueblos para vivirlos, está el alquiler adsequible de la vivienda y, principalmente, la tranquilidad que aporta el medio. Esto ya es obvio y está claro. No se necesita la publicidad para ésto, porque al pueblo se le quiere o no se le quiere. Venir para experimentar en ese aspecto, cuando hay gente que le del pueblo no le va ni en pintura, y es respetable, pues son ganas de perder el tiempo, por más programas educativos que se hagan al efecto.

Y abro este comentario con el ejemplo de La Omaña, porque es conveniente saber que estamos a muchos kilómetros de la capital, a unos cuantos de una asistencia sanitaria que nos de confianza, a otros tantos de un centro educativo... Y así el resto.

Que nadie nos mienta sobre esa realidad, porque nos ahogaremos a la primera de cambio, por más tranquilidad y ensueño que nos ofrezca el pueblo al que lleguemos.

Imagen: Estación de Vado, por José Luis Estalayo

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