No voy a caer en formulismos, incluso después de ver luciendo en varios pueblos de la parte leonesa, pancartas en apoyo a una estación que se resiste. Tal vez se quede en un sueño para toda la vida, como la carretera que nos mete en la comunidad vecina, que eso sí que es una vergüenza regional y nacional que no parece importarle a nadie. Esto viene a colación por las palabras que debió pronunciar la Consejera y que hacían referencia a "la necesidad de crear un producto turístico que incluya servicios y alojamientos de calidad." Lo primero y más urgente es dotar a estos pueblos de unas carreteras decentes, para que vengan los de fuera y no se acaben marchando los de dentro.
No basta la promoción verbal hacia el Románico o el Patrimonio Natural que atesoramos. Es preciso que quienes rigen los destinos de esta Comunidad se dejen de carantoñas con el Oso Pardo y pongan manos a la obra como están haciendo nuestros vecinos cántabros por la parte de Ojedo.
Como no me llegaba el sonido, mientras gesticulaban los distintos invitados de honor, observé cómo se congregaba la turba en el stand de Valladolid, el único que repartía pastas. Y no me sorprendió para nada la eximia promoción de León, la tierra del pregonero estrella.
En algo si estoy plénamente de acuerdo con Calleja, donde dijo: "...si se ven hormigas las sortearemos para no pisarlas, pero primero son las personas... y eso está por encima de todo".

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