La trata de niños






No voy a referirme aquí al hecho en sí de la muerte que a todos nos llega antes o después irremediablemente. Me refiero a la fuerte resonancia que está adquiriendo estos días en nuestro país la noticia de los "niños robados", muertos para los verdaderos padres, a quienes, para que no existieran dudas, les mostraban una fotografía, la misma o parecida siempre, del cuerpo de un recién nacido, para "confirmar" que aquel era su cuerpo y que había muerto inesperadamente durante la noche.

Leo y releo el caso de uno de los afectados en el País Vasco, gaditana de nacimiento, que tras el fallecimiento de su madre, por esas casualidades de la vida, descubre que aquel niño que les mostraron muerto en una foto, no era su hermano. La mujer quería que en la tumba donde descansaba su madre, figurase también junto a su nombre, el de su hermano y cuál no sería su sorpresa que al acudir a la oficina del cementerio para recabar la información, se le anuncia que "a ese niño no se le ha enterrado nunca". "Aquí no consta ningún feto a nombre de su madre".

Y allí prende una chispa que ha puesto patas arriba el suculento pastel que amasaron en aquellos años no lejanos, funerarias, ginecólogos, religiosas y funcionarios del registro civil. Como si los muertos, que no son tales, quisieran motrarse a sus madres verdaderas. Según se desprende de los primeros casos, todo comenzó hacia 1965 y duró 15 años. En ese tiempo estuvo operativa una red para sustraer neonatos y dárselo en adopción a familias que no podían tener hijos. El informe es demoledor. Algunos se vendieron en un millón de pesetas, cuando un piso se compraba por 200.000 ptas y el dinero se repartía entre los implicados. En un tiempo en el que la información corre por doquier y casi todo se sabe, sorprende el silencio tan bien guardado por tantas personas como se vieron implicadas en la trata de niños.

Y es una trama que te aniquila cuando la descifras, porque todas esas caras amables y apesadumbradas, que a la mañana siguiente de dar a luz te anunciaban: "Tu hijo ha fallecido por problemas respiratorios", todas esas personas habían matado de verdad, para tí, para siempre, a tu hijo...

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