Guardo en sus nombres (I)



Escribo con el corazón en este papel de 125 años. Con pasión también, porque la vida está hilvanada de recuerdos. Confieso que he tardado más de un mes en abrir el libro que desde Guardo me remite mi buen amigo Jaime García Reyero. Además de las ocupaciones diarias, algo me impedía abordar esta historia, que es la apasionante historia de cientos de personas que desde los más diversos puntos, incluída Francia, Argentina, Italia y México... vinieron a repoblar Guardo.Gentes de Valladolid, Santander, Barcelona, Bilbao, Burgos, Zamora, Salamanca; andaluces, gallegos; gentes sobre todo de León y de Asturias.Vidas como la de Agustín Monge Llorente que nació a principios del pasado siglo y que fue alcalde en sucesivas ocasiones, que le tocó lidiar en los momentos más decisivos y complicados de la historia de la villa. En 1953, momento en el que echa a andar la factoría de Explosivos Riotinto, la villa crece a un ritmo vertiginoso, a una velocidad imposible de controlar.


Se necesitan viviendas para dar cobijo a tantos y tantos obreros como acuden para trabajar en sus minas y en su industria. Se necesitan escuelas y servicios. Se declara urbanizable toda la zona de huertas de la margen izquierda del río Carrión, conocida como Vegarredonda. Estoy haciendo la crónica al revés, porque mientras Guardo crece sin parar, se inicia el éxodo en todos los pueblos del contorno, llegando hasta la situación agónica que ahora padecemos y en la que ni el revulsivo del turismo rural, ni la llegada de San Glorio lograrán contenerla.

Al remover la historia, uno palpa el gozo y el dolor de gentes que lo dejaron todo para repoblar esto. Y en ese arel de sentimientos, no olvidamos el sacrificio de quienes dejaron su vida en las minas, donde se trabajaba, como en el resto del mundo en aquellos momentos, en condiciones muy precarias.

Ferroviarios, labradores, molineros, artesanos... Comerciantes como Santiago Merino Blanco, natural del pueblo perniano de Lores, al que nuestro escritor enclava entre los más pudientes, pues era uno de los pocos guadenses que tenía sirvienta en aquellos años y que se arruinó durante las huelgas salvajes de 1916 y 1917 porque todo lo que vendía era fiado y, como los mineros estuvieron una larga temporada sin trabajo, no pudieron pagarle.

El empresario maderero Gregorio de Cossío y Cossío, también de Lores, conoció a la joven de Mantinos Braulia de Cossío y dejó Bilbao para venir a Guardo, donde regentó el famoso “Comerción”, ayudado por sus paisanos Pablo Blanco, de Lores y Matías Morante, de San Salvador. De San Salvador de Cantamuga eran los taxistas Juanito Pérez Merino y José Rubio Diez y es sobradamente conocido por muchos montañeses el nombre del cerverano Tomás García Macho,Hermano de Valetín, fundador del complejo hotelero del mismo nombre en Aguilar de Campoo, que regentó hasta su jubilación el Bar Central. Muchos de los que vieron crecer esta villa y contribuyeron a ello, procedían de los pueblos cercanos de La Peña, Los Cardaños, Camporredondo, Muñeca, Velilla...

Pero quedan algunas notas interesantes que les haré llegar en la próxima entrega para cumplir así con el agradecimiento a quien les ha traído a la memoria, autor que durante los últimos años ha ido destapando con paciencia y entrega el baul de su historia.

Monumento al Minero de Guardo. Figura de bronce de 4 m de alto erigida sobre un pedestal de hormigón en el que se representan escenas mineras. El conjunto, que está completado por un estanque, fue inaugurado en julio de 1975, y la escultura es obra de Jacinto Higueras Cátedra. Constituye un homenaje a la figura del minero y es considerado el monumento más emblemático de la villa.

Imagen: Wikipedia

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