28 junio 2008

El Cuevanito de Lores



Jaime Luis Valdivieso, recuerda en 1992 la fiesta del gallo que en 1930 se celebra en Atapuerca, a diez kilómetros de Burgos. Allí la ceremonia de la muerte del gallo se celebraba el domingo de Carnaval, tomando las mozas diferentes nombres: Reina, que era la que portaba el gallo; camarera, cantinera, peregrina, pasieguita...
En la era del pueblo, al son de la gaita, se interpretaban típicas canciones, entre las que destaca “La Danza del cordón”. Al gallo se le enterraba vivo, dejando al descubierto la cabeza, y cada uno de los personajes atrás mencionado recitaba unos versos. El de la pasieguita dice así:

“Pasieguita soy, señores,
que vengo de tierra Pas,
con mi pecherito adelante
y el cuevanito detrás .”

En 1945, el Instituto de Musicología convoca un concurso a nivel nacional, que llega a interesar a mi entrañable amigo, Luis Guzmán Rubio, entonces maestro de Tremaya, llevando a revisar todas las recopilaciones realizadas por su padre en el norte de Palencia. El concurso pedía una serie de datos que su progenitor no había observado: nombre de quienes dictaron los temas, edad, motivo del empleo...etc, y no fue tarea fácil, pues algunos de los protagonistas habían fallecido. Lo cierto es que se presenta y obtiene el II Premio que dedica a la memoria de su padre, abriéndosele el camino para las colecciones que llegarían después: “Pernía”, “Nuestra Señora del Castillo”, “Así cantas tú” y otras que merecen distinción en los años 1947, 1948, 1950 y 1951.

Cuatro meses antes de fallecer inesperadamente, el 27 de marzo de 1944, su padre, Guzmán Ricis, llega al pueblo de Lores y con la ayuda, entre otros, de Braulia Diez y Manuela Rodríguez recoge un conjunto de tonadas como “El pericote”, “La Carrasquilla”, “Dale la vuelta labrador”, “El trepeletrepe” y otras que dan lugar al baile del “Cuevanito”, con el que la Sección Femenina recorre España y América.

Para su interpretación se utilizan las albarcas y el cuevanuco a la espalda. El cuerpo de los mozos va en posición recta, con los brazos caídos y cruzados atrás; el de las mozas va ligeramente inclinado hacia delante, por el peso del cuévano que portan y que sujetan con sus brazos. El argumento de la coreografía, donde se cita el destacado papel de Uca Valles, narra cómo un mozo pasiego llega al pueblo de Lores a pretender a una moza. Los padres lo ven con buenos ojos pero la muchacha no accede a los deseos del pasiego argumentando que no quiere llevar el cuevanito atrás.

“Un pasiego jura y vota,
que ha de llevarme a Pas.
Yo le digo que no quiero
llevar el cuevanuco atrás.”

El éxito que alcanza aquellos días este baile, no está exento de polémica. En las vecinas comarcas de Cantabria, se denomina el baile del “Cuevanuco”. Para aclarar su orígen, interviene el investigador cántabro Adriano García Lomas que, natural de Arenas de Iguña, estudia la carrera de minas, ejerciendo en Guipuzcoa y posteriormente en Palencia, donde publica en 1956 “el nánago que se quebró el corazón”, además de otros interesantes trabajos sobre el folklore y la lengua de Cantabria. Es curioso y significativo, pero parece que el Trepeletre es también recogido en el mismo tiempo que el Pericote y en la misma localidad, aunque en los pagos vecinos dicen desconocer su origen.


1 comentario:

  1. Comentarios en Periodista digital
    Atrayente, agradable y muy clara la explicación. Es intersante notar que nos ha antecedido un historia rica y variada, que está saliendo a luz gracias a estos recuerdos tan gratos que nos haces, Froilán.
    01.11.08 @ 14:21 [PD]

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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