Muelas de molino


Cuando Gonzalo Alcalde describe los términos de San Juan y Santa María de Redondo en los albores de los años ochenta, nos transmite a la perfección su estado de ánimo, esa sensación de bienestar que deleita todos los sentidos, al tocar y recorrer este jardín botánico que da cobijo a robles, hayas, abedules, álamos, fresnos, acebos, amargosos, avellanos, mostajos... etc.


No sólo por el enclave de los caseríos situados bajo Cueto Mañín, Cuchillón y Tres Mares; no sólo por encontrarse en las proximidades de Cueva Cobre, la que hasta hace muy pocos años se consideró como el nacimiento del Pisuerga. También y sobre todo por la cita de los diez molinos harineros y la industria de la carretería. Pero esa emoción que se percibe a lo largo de la obra del académico palentino, ya la sintieron sus propios moradores quienes, sopesando la importancia de aquellas historias, pusieron a buen recaudo en los Archivos de la Diputación de Palencia, una valiosa documentación de la entidad administrativa que entonces constituían estos dos pueblos: el concejo del valle de Redondo, en la actualidad, perteneciente al municipio de La Pernía.

El trinitario Basterra Adán me envía desde Salamanca una amplia información recogida en los mencionados archivos y, en concreto, un estudio sobre la fabricación de muelas de molino, publicada en 2003 por la Institución Tello Téllez de Meneses. Este perniano me hace llegar este trabajo con el ánimo de que lo difunda como estime conveniente, puesto que el objeto es, sencillamente, el público conocimiento de su contenido.

Entre ese legado fundamental, Vicente se detiene en el convenio y concierto subscrito en el siglo XVIII, entre los Concejos del Valle de Redondo, Brañosera, Celada de Roblecedo, Salcedillo y Herreruela, para la fabricación de muelas de molino. Se constata la importancia que tuvo la fabricación de piedras de molino en la zona Occidental de la Montaña Palentina: las serranías de Peñalabra, las Sierras de Corisa e Hijar, y el promontorio de Valdecebrollas, en términos de Castillería. Lugares donde abunda la roca pudinga o conglomerado, también conocida por los lugareños como piedra de grano.

El origen de dicha cantería se regula ya en unas Ordenanzas de finales del siglo XVI o principios del XVII y según el estudio en cuestión adquirió tanta importancia que llegó a rivalizar en los siglos siguientes con otras muelas de molino fabricadas en lugares tan distantes como Segovia, La Rioja y Navarra, de manera que les obliga a ponerse de acuerdo para evitar ciertos excesos que dañaban su comercialización. La riqueza que generaba esta actividad, se distribuía entre el vecindario y, dependiendo de la abundancia de este tipo de roca en cada término, variaba el número de piedras que se permitía elaborar a cada vecino. Se deduce la necesidad de este convenio por el número significativo de Concejos, cinco y, por otro lado, el procedimiento jurídico con el que se realizó: «Para su cumplimiento dieron poder a las justicias y jueces de SM competentes de ser fuero, para que ellos les compelan y apremien, como si fuese por sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada y renunciaran todas y cualesquiera leyes, fueros y derechos de su favor con la general en forma».

A la emoción del primero se une el anhelo del segundo y, a pesar de la trasncendental historia que los tres manejamos, tenemos la impresión de que, ni siquiera hoy, después de haber hablado tanto sobre tantas tradiciones y legados importantes de estos núcleos, ni siquiera estando situados en pleno Parque Natural Fuentes Carrionas-Fuente Cobre, donde tantas leyes protectoras se citan, recibimos la atención necesaria que reactive y potencie la figura de estos lugares.

Mucho se habla de la despoblación, de planes que la frenen, de decisiones orientativas, pero el tiempo avanza en contra y el silencio afecta, como siempre, a las zonas más desfavorecidas.

Nuestra alegría, ese vigor que parece generarse en tu cuerpo al admirar los pueblos desde tan altas cimas y las historias importantes que en ellos se tejieron, ya no contagian a nadie. Ni a muchos de los que viven en ellos que se limitan a esperar su declive como la cosa más natural del mundo.


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