14 octubre 1999

Del amor y otros puertos

Cuando se ama de verdad, no se pierde nada. Eso es lo que le ocurre al poeta Carlos Frübert de Burgos, premio Francisco Javier Martín Abril, 1999; reconocido y laureado en numerosos certámenes, entre ellos el Juan de Baños, Jorge Manrique o Botijo de Oro de Dueñas…

Cuando se ama se superan todas las cruces de la vida, porque la vida es un cúmulo de soledad y anhelo, de conquista y derrota, donde al hombre se le muestran diferentes caminos, todos aparentemente buenos a sus ojos, y todos, querido lector, tú bien lo sabes, con tramos difíciles, montañas que se nos hacen desmesurados picos; puentes rotos, cuando mueren aquellos que te ponían más fácil cada mañana el reto; carreteras cortadas, cuando los cimientos se resienten; extenuado el hombre de luchar contra la tempestad, buscando la compañía que le alivie, una voz que le devuelva el estímulo, una mano que le ayude.

Cuando se ama, uno lo entrega todo, no hay una despensa de reserva donde se puedan esconder trocitos de uno mismo. Muy pocos se plantean dejar rescoldos escondidos para lucir después heroicidades, porque sabemos que allá donde vayamos, allá donde culmine nuestro viaje, todos los seres con los que tropecemos habrán pasado o pasarán por circunstancias similares. El poeta lo sabe y descolla el fenómeno con esa seguridad que da el haber vivido, aunque suba con frecuencia la niebla a los barrancos y las gargantas abrasadas miren los cauces secos de los ríos.

Así es como vamos conjugando lo que vemos con lo que vimos; aquellas gentes, aquellos pueblos, los viejos caminos donde fuímos enterrando las penas, donde conjugamos los primeros deseos. Vivimos y morimos un poco cada día y es verdad que cerramos los ojos en ocasiones convencidos de que ya no quedan asideros, de alguna manera derrotados por las circunstancias que nos van envolviendo; cuando tampoco nos sirven las palabras de apoyo que nos remiten con todo el sentimiento aquellos que nos quieren. El poeta responde a la emociónque nos embarga, porque vivimos en penumbra. Vamos lentos, con miedo a tropezar. Hay noticias de paz que no acaban de darse, como si nos negáramos el tiempo breve que vivimos. Todo ese cúmulo de ausencias provocan la soledad en el hombre que canta, porque se sabe pequeño para hacer frente a tanto dolor.

Como el otoño duerme la luz entre sus brazos
acuño tu recuerdo con mi canción amante,
y bogan por el viento las velas de las nubes
como navíos tristes perdidos en los mares…/

Quienes admiramos su trabajo y nos lanzamos a potenciarlo en la medida de nuestras fuerzas, debemos buscar el equilibrio en las buenas noticias. En el mundo existen también personas que se entregan a una noble causa, y en la vida de cada ciudad, de cada barrio, muchas personas trabajan en silencio para hacer realidad pequeños sueños: el arreglo de un local, la operación de un niño, la donación de un órgano, la compañía a un enfermo… Yo quiero enviar a mis lectores las plegarias de este poeta burgalés y, al mismo tiempo, con su permiso, proyectarme en una nueva ventana donde, pase lo que pase, sólo les daré buenas noticias.

© Froilán de Lózar para Diario Palentino14/10/1999



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10 octubre 1999

¿Qué es la Montaña palentina?


Jaime García Reyero
En esta ocasión tengo que dar un toque de atención y a la vez de admiración a mi buen amigo y siempre defensor de nuestra tierra norteña palentina, Froilán de Lózar, siempre empeñado en poner de relieve todo lo bueno qu estas tierras dan, de denunciar a grito corito todos sus males, así como el olvido y las muchas espaldas que dan a la montaña palentina.
         Froilán es como el moro que, subido a lo más alto del minarete de nuestras montañas, grita una y otra vez a los cuatro vientos con su pluma.
         Nuestra tierra necesita más oídos, más atenciones, más realidades y menos proyectos y rpomesas hueros.
         Bien por Froilán de Lózar, por sus artículos en este Diario Palentino y por sus libros que, entre sus páginas, destila el mejor zumo de palentinismo. Sin embargo, hay algo que quiero exponer aquí y que Froilán no ha tratado en profundidad, quizá porque siempre se ha volcado en su parcela natal, la Pernía. Me estoy refiriendo a la desunión, al individualismo latente y palpable que hay entre los pueblos de la Montaña.
La pelusa entre localidades se da en todos los pueblos, comarcas, provincias y regiones. Pero aquí se paladea más que en otros lugares.
La rivalidad no es buena compañera para nadie, porque no se trata de competir, sino de progresar juntos.
         Aquí no se protesta porque no se hace tal o cual calle o carretera, sino porque se la hacen al vecino. Aquí, se calla demasiado y sólo se habla en las reuniones de amiguetes. Así, nos da la sensación de que la Montaña Palentina está fragmentada en reinos taifas tontos.
¿Qué es la Montaña Palentina? ¿Dónde empieza? ¿Dónde acaba? ¿Qué pueblos en realidad la forman? Cada vez resulta más difícil definirla.
Se habla de la Montaña Palentina cuando en realidad sólo se está refiriendo a una zona de ella. Se escribe de la Montaña Palentina cuando sólo se cita a una parte, olvidándose (no sé si con intención o ignorancia) del resto. Vemos cómo surgen asociaciones bajo el techo y la denominación de la montaña, cuando en realidad sólo aglutina a unos pocos, dejando de lado a los demás. O unas asociaciones hacen la competencia boba a otras de la misma comarca. Surgen y se apoyan iniciativas, pero siempre procurando que no te las pise el vecino.
         Se da el nombre genérico de Montaña Palentina a lugares que no lo son. Unos usan y deletrean el Carrión, cuando en realidad son Pisuerga y viceversa. Unos se escudan en el Oso o en el urogallo para frenar la marcha de otros; pero, cuando hay que acelerar el paso, ni osos, ni urogallos, ni pajaritos belloteros que valga. De carcajadas y me quedo corto. Y claro, siempre aderezado todo con el perejil de la política, que acude a todas las salsas para marcar aún más las discrepancias. ¿Por qué no se hizo en su día el pantano de Vidrieros? Este año de sequía todos nos hemos acordado de él. Y si mal no recuerdo, las protestas mayores venían de los lugares que no tienen que ver con el Carrión. Cuando se protesta sin cimientos, tarde o temprano, el culo suele quedarse al aire.
         Sí, amigo Froilán, en nuestra montaña, como en otras tierras, se dan nacionalismos de a peseta, o localismos retrógrados, como en todos los sitios, pero aquí son más acentuados o demasiados.
         Esto hace que los inconvenientes a la hora de crecer o de enterrar los olvidos, que nos ahogan, sean pedruscos en nuestro camino.
         Así evitan que esta parte tan hermosa de Palencia llegue puntual a la estación por donde pasa el tren del desarrollo que todos deseamos.
         Hay que acabar de una vez por todas con esas gilipolleces de celos geográficos.
         Hay que aunar sudores y colocar todas nuestras fuerzas sobre la misma palanca. Hay que, desde la primera localidad hasta la última, remar a un solo grito, porque remando cada uno a su aire, la piragüa se nos irá al fondo.
         Es necesario más hermanamiento entre nuestros pueblos, hacer una sola Mancomunidad de localidades de la montaña y así, cuando surja un problema gordo, se pongan todos de la mano a solucionarlo con prontitud.
         Todos esos nubarrones que he expuesto y que cubren la Montaña Palentina, dan la sensación de que van a dispersarse pronto y se abrirán claros deseados.
         La noticia, aparecida días atrás de la posible fusión de las dos asociaciones más potentes de la Montaña Palentina, con presidencia en Barruelo de Santullán y Acade, ubicada en Velilla del Río Carrión, que abrirán sus puertas y unirán sus manos para caminar juntos.
         A ellos también se les fusionará Proder Vega – Valdavia, con sede en Saldaña.
Esta unión supondrá un paso de gigante para el hermanamiento de fuerzas y lugares en la Montaña Palentina.
         Esperemos que esto sea pronto realidad y el ejemplo cunda para poder llevar esta tierra al puerto que todos deseamos.
         Dios lo quiera.


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08 octubre 1999

Notable y popular

  • En el tercer aniversario de su muerte

Cada persona lleva su pasado al libro de la vida. Y en el pasado está la vida de los nuestros. A medida que pasan los años, unas imágenes se difuminan más, otras aparecen más nítidas; las primeras se escapan, las segundas se instalan en alguna parte del cerebro, indican que vivimos intensamente una época, que conocimos otra forma de vida, que degustamos un poco el ambiente y las tradiciones del momento.
En Cervera de Pisuerga, frente al Museo Etnográfico, donde se citan artilugios de antaño, Juan y Piedad Isla quisieron rendir homenaje a sus paisanos, que fueron amigos, parientes, conocidos, miembros todos de esa gran familia que es un pueblo.
Allí estaban el retrato y la sipnosis de Froilán de la Hera, natural de Areños; Julio Rodríguez Herrero, de Villarramiel, que regentó el Hotel Rubio de Cervera; el practicante Emilio Lagar Lorenzo, que atendió más de mil partos; el almacenísta Amérito Pérez; Filo, la planchadora; Manuel Otero, el barbero.

Allí estaba la semblanza del abogado y director de banca, Mariano Cajigal Macho, que escribía a primeros de siglo un artículo en este periódico pidiendo lo que ahora Piedad le ha dado: "Sí, amigos y paisanos, yo busco un historiador que nos hable de las vicisitudes de nuestros antepasados, de su lucha por la vida, de sus hazañas guerreras, de sus instituciones sociales y familiares, de tantas y tantas cosas que serían para nosotros, sus descendientes, timbres de gloria y escuela de enseñanzas, porque, como dijo el filósofo, la historia es la maestra de la vida".

Allí estaban también la panadera de Celada de Roblecedo, que tuvo once hijos y que fabricaba el pan a los vecinos que traían su harina; el relojero que llegó de Orense; Aquilina de la Hera, que dejó su espíritu vagando en el restaurante de las afueras, motivo de alabanzas que, incluso alguno de los clientes más allegados hizo verso:

"El que busca bienestar y confort,
y quiere saborear lo mejor de lo mejor,
sin duda, sin titubeo, y con toda decisión,
le ves marchar paso firme, camino del Resbalón".

Otro tanto cuentan las crónicas de Tomás "El Sevillano", los hermanos Gallo, Manolo Nestar, Mariano Doce, Tomás Contreras, apodado el tio pedorro, que anunciaba: "Vendo medias para clérigos de lana", o "Vendo gorros para criaturas y criaturos". 

Por Cervera de Pisuerga pasó, proveniente de La Vega de Saldaña, el cura Don Saturio, cuyo primer destino fue Resoba, y que ejerció como coadjutor 46 años en la villa norteña. El tío Garabito, empresario de minas; Basilio y María, de la fonda "La Deseada"; Teodora Gómez, la perruca; Tomás Ibáñez, el tío mosquito y tantos y tantos otros que vinieron antes que ellos y que dejaron un lugar, un libro impreso que de alguna manera ha recuperado para la historia de Palencia esta palentina, Piedad Isla, reportera que fue de la Agencia EFE, metida hasta los tuétanos, por su oficio de fotógrafo al que se entregó con las mejores artes, en el devenir de todos los pequeños y grandes pueblos del norte de Palencia.

Es una satisfacción, debió serlo para ella, recibir en vida un homenaje de su tierra, aunque todos no acudan, porque los homenajeados ya no viven y algunos de los paisanos han habilitado líneas rojas que se estiran y que no se rompen, que se engordan por asuntos que causaron llagas y que dejaron huellas y pesares.
Todos no acudirán, parece norma escrita, pero todos son conscientes de lo que supone pregonar lo nuestro con la devoción y el desinterés que en esta encomiable tarea ha puesto Piedad Isla.

Imagen: Gente Digital

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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