24 febrero 1998

Un refugio en la Sierra


Los hijos de Felipe Calvo, a través del “Diario Día” me hacen llegar un libro editado por la Diputación de Palencia, en homenaje póstumo a ese gran humanista y Académico palentino que fue su padre.

En uno de los artículos, “El mejor establo del mundo”, el profesor hace referencia al refugio que en 1974 se comenzó a construir en la Sierra de Brañosera.
“En aquel paraje impresionante –cita en un artículo remitido a este diario– al que se llega por una carretera labrada en la roca, una roca de varios kilómetros que ofrece a ambos lados hermosos brezos y sabrosos arándanos, en aquél paraje —digo— alguien, no sé quién, trató de hacer un refugio de montaña para hombres, cuando, por lo visto, lo que allí se necesitaba era un redil y una cabaña”.

El 15 de febrero de 1998, hace sólo unos días, Angel Casas Carnicero nos cita en el artículo “Recuerdos de Brañosera”, publicado en el Norte de Castilla: “Froilán de Lózar escribe que ahí se gastaron mil millones y que no hubo transparencia. Está equivocado en ambas cosas, pues no llegó a la décima parte de la cifra que indica…” Recurre a la perífrasis y concluye el comentario sin señalarnos la cantidad exacta que se quedó en la Sierra.
Ni esa cantidad, ni una mucho más pequeña exime de culpa a los responsables, pero he de aclararle que la cifra que me atribuye no es un invento mío, y apareció en la prensa palentina con anterioridad al artículo que cita. Es más, en un escrito remitido por el Grupo Socialista palentino a los medios de comunicación, se decía textualmente:
“Según información de la Junta Vecinal que cedió los terrenos para la construcción —unos 6500 mts. Cuadrados— se invirtieron en la edificación unos 250 millones de pts de aquella época (hoy –por 1992–, seguramente, más de 2500).” En ese mismo comunicado se añade lo siguiente:
“Se gastó lo justificable y lo no justificable, en una iniciativa turística de alcance, y de enormes expectativas para toda la zona, pero al fin el parador nunca llegó a ponerse en marcha, sin que, ni la Junta Vecinal, ni los ciudadanos hayan recibido explicación razonable del por qué”.
Y esa es, Señor Casas, la falta de transparencia a la que siempre me he referido.
Por ese motivo tiene usted razón en una cosa: “Felipe Calvo y Froilán de Lózar han criticado sin grandes conocimientos de la cuestión”. ¿Qué mejor ventanilla que la suya para deleitarnos con la historia y así encontrar las vías de solución si las hubiera?
El mismo Felipe Calvo, al final del artículo que ahora publica el Organismo que usted mismo presidió (he de reconocer que a mí me lo hubieran censurado), resume de la mejor manera la impresión tan desagradable que le inspira aquel hostal convertido en cuadra de caballos:

“Hace un mes que vengo retrasando el escribir lo escrito. Creía que el tiempo y la estación templarían esta invocación a la autoridad, moderarían la forma, suavizarían la condena… Lo siento. No espero más; va como está. Quiero que los responsables —ya veréis cómo sale a relucir Fuenteovejuna— tengan tiempo de emendalla: detener el vandálico despojo, y darlo cometido, reparando así el agravio social del abandono”.

Si a la falta de información usted la denomina transparencia, resulta que entonces no le damos el mismo significado ambos a la palabra.
Cada uno habla de la que conoce y, la montaña en la que yo crecí y en la que Vd de alguna forma –acaso limitada por la distancia– gobernó, no conoció bajo su mandato mejoras que la sacaran del olvido. Hizo lo que pudo, lo comprendo; lo que supo, lo que estaba a su alcance en ese momento y no sé lo que pasó entonces en otras partes de Palencia.
Le admiro a usted como palentino profundo que me confieso. Leo y conservo sus artículos, porque atesora muchos recuerdos, encuentros valiosos con gentes de dentro y de fuera de nuestra provincia. He ahí su “Memoria viva”: Los Gürus de Brañosera, Palentinos con nombre, La triste agonía de minas de Barruelo, La utilización de Castilla y León, las carreteras de la provincia, Caminando por el norte, La Transhumancia, la cultura, los sindicatos, los médicos…etc.

Pero hemos de reconocer, alguien debe hacerlo, que allí se enterró mucho dinero y nadie hasta la fecha nos ha explicado nada. Ocurre que, los gobernantes estaban lejos, todavía más que ahora, donde al fin se quiere percibir una especie de puente con las vías de comunicación que anuncian y ahora la puesta en marcha de este refugio o parador de invierno. Aunque le parezca increíble, entre los mismos montañeses todavía queda gente interesada en no mover las cosas: “Turismo sí, pero poco; calidad de vida sí, pero en pequeñas dosis; Hospital sí, pero dónde”.
Muchos de esos caramelos que los políticos nos han puesto en la boca a lo largo de años —sin poner en duda que lo hicieran con la mejor de las intenciones— se nos están volviendo amargos. Los que gobernaron con anterioridad se disculpan o ponen una detallada información a nuestro servicio, para que desterremos lejos la idea que nos acecha del olvido. Y nos consolamos con emplastes, qué remedio nos queda, si las carreteras eran parches y ahora no llegan a caminos. Antes, porque no había; ahora, porque no acaba de llegar lo prometido y mañana porque ya será tarde y habrán muerto los que todavía ponen su puchero de patatas a la lumbre.

Todas las reflexiones vienen a confluir al mismo punto, pero quienes viven en estas latitudes saben que hace falta algo más que buenas intenciones, que no curan las palabras, que los proyectos del calado de aquél, vistos así, sumen a cualquiera en la impotencia y en el grito.
Soy el menos indicado para ir en busca de culpables, pero más allá del dinero real invertido y de la transparencia demostrada, me preocupa su futuro. Porque del logro de esa y de otras historias que aún están pendientes, depende el futuro de mucha gente, el futuro de una tierra por cuyas entrañas me gustaría adentrarme dentro de unos años en su compañía, y sonreir juntos ante la obra terminada de un refugio que estaba por los suelos.?

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23 febrero 1998

Diana de Gales




No conocí a la princesa, pero un ramalazo de pesar tocó mi frente al conocer la noticia de su muerte. Fue un instante, yo creo que todo el mundo, de alguna forma, se vio implicado en él, debido, en parte, a su asídua presencia en todos los medios de comunicación del mundo.

Diana no era una princesa como las nuestras, ni como las demás. Muchos se apresuraron a descalificarla, no sólo como princesa, sino también como mujer, anteponiendo al deseo de querer vivir su propia vida, el hecho de ser hija de padres divorciados. No vi entonces a ninguno de sus detractores mencionar lo que para ella debió suponer el abandono del mundo de la moda, donde, tal vez, quién sabe, sin ceñirse a las duras disciplinas de un reinado, ni meterse en la piel de aquellos personajes de leyenda, hubiera tomado otro rumbo su vida.En 1993, en la ventana rosa de los diarios españoles, se difundía la noticia que hablaba de una lady Di desnuda junto a la piscina a los 16 años. Los sabuesos de la prensa sensacionalista se pasaron por los morros una foto, supuestamente suya, por la que se pedían o se negaban ocho millones de pesetas. ¿Cuántos millones se pedirán mañana por las fotografías tomadas después del accidente?

El trabajo del paparazzi que la siguió en París, no puede compararse con la foto que obtuvo en 1994 el premio Pulitzer. A Kevin Carter, el fotógrafo sudafricano que se suicidaría después de obtener el premio, le sirvió una niña sudanesa moribunda como mensaje que conmovería al mundo, tratando de alcanzar un cercano centro de asistencia ante la atenta mirada de un inmenso buitre. ¿Intuía el paparazzi semejante final de la princesa, como el buitre intuía los vanos esfuerzos de la pequeña sudanesa?Porque, el mensaje final sobrecogía en ambos casos.

Casi por igual conmovería al mundo: la niña, símbolo de la miseria y del olvido, en una tierra llagada por el hambre; la mujer, objeto del deseo, rica y bella, pero incapaz de romper con aquel seguimiento de las cámaras. La niña, una más entre millones de niñas, desnuda sin remedio; la mujer, una y única, elegida entre pocas para llevar a sus hijos hasta el trono de un país que no la tuvo mucho en cuenta hasta después de muerta. La niña sudanesa, en cuclillas, rozando la tierra con su vientre, su cara contra el suelo; la princesa, entre los hierros de un lujoso automóvil, al final de una fiesta.En los últimos meses, Diana ha sido el escenario donde se han venido desarrollando las más diversas manifestaciones.

El escritor cubano Cabrera Infante, reciente premio Cervantes, vecino de la princesa, toma parte en el libro “Expediente Lady Di” , donde también colaboran el historiador Paul Preston, y los españoles soledad Gallego y Javier Pérez Royo. Los expertos detectan un virus informático, bautizado con su nombre, que reproduce en la pantalla del ordenador las primaras estrofas de la canción de Elton John: “Adiós, rosa de Inglaterra” .Diez mil millones lleva recaudados ya el disco que en homenaje a ella grabaron artistas de la talla de Pavarotti y Paul McCartney. En Mallorca se prepara el escenario de una película sobre el último año de su vida, que incluye, cómo no, su romance con el egipcio Dodi Al Fayed y en la que —según afirmaron Gabrielle Beaumont y Christopher Toyne, —directora y productor respectivamente— no habrá supuesto embarazo ni referencias a las hipótesis que circularon sobre su muerte. El Reino Unido ha lanzado al mercado más de cien millones de sellos que representan la vida de la princesa, incluída su niñez. Y allí mismo se estudia la creación de un jardín donde se invertirán cinco mil millones, para que sirva de estímulo y recuerdo a los miles de seguidores que siguen añorándola.

Como en todas las historias, brotan a raudales también las controversias, las tiranías: personajes ruínes que crecen a su sombra, como el alemán André Engelhardt, quien, acaso, para que se cumpliera la escritura (la muerta al cielo y el vivo al dinero), acudió a la oficina de patentes de Munich (allí trabaja, curiosamente, el hijo de un palentino de Castrejón de la Peña) para registrar, un día después de su muerte, la marca “lady Di”.El Conde Spencer, hermano menor de la difunta, que predicó moral y apuntó con el dedo a la prensa del corazón, no pudo ponerse como ejemplo, porque muy cerca bullía la denuncia que le catalogaba como incontrolable adúltero.Finalmente, no faltó la voz anónima y misteriosa, una mujer de Sheffield, que confesó haber visto anunciada la tragedia: “Sentí que Dios me dijo: Estoy trabajando en el corazón y en el espíritu de esta nación. Estoy haciendo un trabajo que, por el momento, no se ve. Pero está ocurriendo más rápido de lo que puedes creer. Y, como un signo, habrá un día, muy pronto, en el que toda la nación estará de luto. Y toda la nación tenderá flores en las ciudades”. Ante tal avalancha de noticias, nos preguntamos: ¿Confiaron a alguien su secreto más íntimo?¿Presentían, acaso, el final que tuvieron?¿Lo buscaron?¿Se lo buscaron otros?

No es su muerte lo que me preocupa, lo que debe preocuparnos. Todos tenemos que morir y no está lejano el día —porque la vida es sueño—, sino el hueco que deja, la obligación que sin necesidad se impuso de hallar una respuesta justa a todas aquellas personas que, como la niña sudanesa de Kevin Carter, agotados de andar, sin ropa, sin hogar, sin patria, mueren sin remedio haciendo insignificantes nuestras cuítas.

El mundo es una red: unos quedan atrapados, otros aprenden a caminar sobre ella; unos la tienden con fines altruistas y benéficos, otros aprovechan las dificultades del camino para que te rindas y, así, sometido a sus pies, te entregues a su juego o mueras bajo el dardo envenenado de su lanza. Estoy al lado de Moliére cuando dice: “Si por otra parte, poseyeseis cien bellas cualidades, la gente os miraría por el lado más desfavorable”.

©Froilán de Lózar para Diario Palentino

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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