11 mayo 1993

En este tiempo de promesas


¡Cómo pasa el tiempo! Han pasado 18 años desde que se publicaron estas letras y lo subscribo casi todo.

He leído recientemente que la Diputación de León invertirá 300 millones para conservar la Montaña. Me pregunto si será verdad y hasta qué punto van a emerger de su estado actual las reservas de Mampodre y Riaño, o el Parque Nacional de Covadonga. Pero el interrogante me sirve para ponernos como ejemplo: ¿Qué va a pasar con nuestra montaña? ¿De qué modo va a actuar nuestra Diputación para que se dignifique su entorno y cobre sentido la vida en estos lugares?

Ahora es tiempo de elecciones y crecen las posibilidadcs. Algún slogan milagroso bailará en la memoria de los diferentes partidos. Una cosa sí es verdad y sería necesario que no olvidase nadie: la Constitución es de todos y no se puede postergar ni un minuto más un proyecto serio que devuelva la tranquilidad a quienes aquí viven durante todo el año. Se ha hablado -me llega el eco- del término «Denominación de Origen». Zamora lo ha conseguido con el queso. En Tresviso (Cantabria) una mujer ha ganado en dos ocasiones la Feria Internacional del queso de Barcelona, y es posible que a través del conocimiento y la profundización en las zonas rurales se consiga -se esté consiguiendo ya en muchos lugares- el primer paso de una salida que parece necesaria, aunque nadie se pronuncie al respecto.

Ahora que se pone en entredicho el proyecto de un inmenso pantano en Pineda. Ahora que parece resurgir por todas partes un «profundo amor» por la Naturaleza. Ahora que el turismo, aquí, está alcalzando cotas impensables, sería conveniente que nuestros pueblos se pronunciaran, que los alcaldes se movilizasen y que los prometedores de turno se lanzasen con el convencimiento suficiente a reponer todas aquellas estructuras que son la base del mantenimiento de nuestros núcleos. Y no estoy mirando a nadie. Veo lógico que los restantes pueblos defiendan sus postulados, aboguen por el cumplimiento de sus deseos, pero que nadie se equivoque, que nadie margine a la montaña, que se dote a los pueblos de todos los instrumentos necesarios, que nadie diga «no se puede». ¿Es que sólo a través de parques naturales y «cuchufletas» van ustedes a cuidar la Tierra que ahora mismo relegan en cuanto a presupuestos se refiere? Tampoco les están pidiendo trescientos millones para hacer un «Parador de Invierno», ya queda para muestra «El Golobar», en Brañosera. Lo que se pide es básico, es fundamental. Lo hemos repetido hasta la saciedad.

Quienes demandan un pantano, deben también conocer las carestías que en materias como la sanidad, la educación, o el mismo invierno se padecen en la zona. ¿Qué puede esperar el que no da nada? También los pueblos de pocos habitantes necesitan ayuda. A ver qué ofrecen hoy los que nos convocan a hacerlos regidores de esta Tierra. A ver qué dan mañana.

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04 mayo 1993

Carta Puebla






Castilla, tal y como nos lo cuentan, tiene en Brañosera el primer pueblo instituido como tal. Siempre que nos hemos referido a este rincón lo hemos hecho mencionando su Ayuntamiento, el primero de España. El diploma donde así constaba se ha perdido y a lo sumo, sabemos, que hasta el siglo XVIII se localizaba en San Pedro de Arlanza, y allí lo copió un benedictino de Silos. 

Vuelvo a encontrarme con Munio, el de Brañosera, junto a la Peña Rubia, en la Sierra de Hijar. Por Herreruela de Castillería, atravieso el Sestilón y me dirijo al Cueto, a la zaga de mi mentor Felipe Llorente. Después de atravesar el Sendero del Caño, nos abrazamos y él vuelve al pueblo, y yo al encuentro del Conde. Voy buscando el documento. Una señal que verifique aquella historia que sabemos porque nos han ido transmitiendo. El Conde me dicen que está triste estos días porque arrastra sobre el nacimiento de tan importante noticia, el peso de la muerte de un oso pardo alpino. Los ecologistas le han hablado con bastante dureza, ignorando lo que hasta ayer fuera noticia de primera página. 

Ya diviso Barruelo, una cuenca que conoció su mayor esplendor -dicen las lenguas- por el tropezón afortunado de un caballo. Lo cierto es que, allí estaba el Conde Munio, que anduvo de poblado en poblado de la mano de Argilo, buscando el cielo y la merced, y nos dejó a Valero, Fénix, Zonio, Cristóbal y Cervelo para poblarle. Seguramente que, ante aquella carta-testamento, los hijos, regocijados en principio por saberse herederos universales de montes, ríos, fuentes, frutos y valles, comienzan a dividirse el territorio. 
A Valero le tocó Vadinia, situado en las laderas que se inclinan hacia el arroyo de mediodía. Lo de Vadinia lo sé por el libro de «La Braña», donde se cita a García Guinea que basa la existencia del lugar por algunos fragmentos hallados de «terra sigillata». Y así, trato de adivinar, cómo se reparten los demás La Pedrosa, con su casa de campo; Covarrés, en las estribaciones de Valdecebollas, Pamporquero, Valberzoso y Peña Rubia. 

Su padre les deja escrito allí, que sólo paguen el tributo que deben al Conde que estuviere en el Reino. Buena medida, siendo muchos, para que generase riqueza la comarca del Rubagón. Ahora sólo nos queda de su legado, un monte lastimado por especuladores sin escrúpulos y una raza en peligro. Munio Núñez dijo que si alguna vez alguien se burlase de ellos, dentro de los términos de la Villa de Braña-Osaria, pague tres libras de oro. 
Si el mandamiento se hubiera cumplido, sus calles estarían empedradas del preciado elemento. 

Para la sección "Cuaderno de Montaña", del Norte de Castilla, 4 de Mayo de 1993

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Carta de "El Conde de Polentinos"

Como muy bien sabe nuestra familia está unida a Polentinos, Lebanza y toda Pernía.

.../Si bien salimos de Polentinos en 1580 hacia Madrid y luego hacia Lima, siempre todos hemos sabido de donde veníamos. Por ello mi abuelo, séptimo, solicitó la denominación de Polentinos para el título que Felipe V le otorgó en 1716. Y eso ocurrió casi 150 años después de haber dejado la montaña palentina, y en otro continente! Y por eso mi bisabuelo Aurelio, mi abuelo Ricardo, mi padre y yo hemos ido con alguna frecuencia y conocido Polentinos, Lebanza...pero siempre lo hemos hecho lo más "discretamente" posible.

Volviendo a su libro que es el motivo por el que le escribo, es un magnífico libro de historia, costumbres, sociología, pero sobre todo un magnífico libro con el que generaciones futuras conocerán la montaña palentina. Felicidades por este buen trabajo de investigación y seria divulgación...

El Conde de Polentinos

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